18 ago 2018

Entrevista



Recibo innumerables cartas de lectores, académicos y periodistas con respecto a mi trabajo y, dado que es imposible responderle a todos, espero que la siguiente sección—una recopilación de preguntas realizadas durante entrevistas que me han hecho en los últimos años-sea útil. Quienes tengan interés en aprender más sobre mi vida y mi trabajo quizás también deseen leer_ Isabel Allende: Vida y Espíritu _de Celia Correas Zapata.

 Q. Eres famosa por tu narrativa. ¿Pero hay otros géneros literarios que también te interesaría explorar? 

A. Escribí obras de teatro en mi juventud y me encantó el ambiente del teatro. También intenté escribir cuentos para niños, cuando mis hijos eran pequeños,pero no he vuelto a hacerlo. Yo les contaba historias todas las noches, un entrenamiento estupendo, que he procurado mantener con mis nietos. En el año 2001, escribí La Ciudad de las Bestias, el primer libro de una trilogía para niños y jóvenes, que siguió con El Reino del Dragón de Oro y El Bosque de los Pigmeos. He escrito artículos humorísticos durante años, y creo que es el género más difícil de todos. Nunca he probado la poesía y no creo que lo haga.

 Q. ¿Escribes en español? 

 A. Sólo puedo escribir ficción en español, porque para mí es un proceso orgánico que sucede en mi lengua materna. Afortunadamente, tengo excelentes traductores en todo el mundo.

 Q. ¿Trabajas en estrecha colaboración con tus traductores? 

He notado que Margaret Sayers Peden ha traducido la mayor parte de tus libros al inglés. A. Margaret y yo siempre estamos en contacto; creo que tenemos una conexión telepática. Ella hace un trabajo espléndido y no me imagino corrigiéndoselo. En la mayoría de los otros idiomas ni siquiera sé quién traduce mis libros; los editores se encargan de eso. Margaret se jubiló en 2010 y ahora mi traductora al Inglés es Anne McLean. 

 Q. ¿Podrías explayarte más sobre lo que has dicho sobre escribir ficción para contar una verdad, cómo utilizando mentiras se puede llegar al fondo de una realidad? 

A. Tomemos por ejemplo una guerra. Pueden haber millones de artículos de prensa, fotos, testimonios, etc. sobre esa guerra, que nos informan, pero una buena obra de ficción, como Por Quien Doblan las Campanas, de Hemingway, o La Guerra y La Paz, de Tolstoy, puede sintetizarla y hacernos participar en los hechos, nos muestra la esencia, la verdad. La novela es ficción, un atado de mentiras, pero en una buena novela esas mentiras reflejan una realidad. La primera “mentira” respecto a la ficción es que el autor cuenta los hechos desde su perspectiva y los ordena, ya sea cronológicamente y en otra forma, selecciona una parte del todo, decide qué es importantes y el resto lo omite. La realidad no es así, vivimos en el caos y sin mucho control, pero para comprender la vida tenemos que ordenarla. Al escribir, al contar, uno hace la vida más comprensible. Como escritora acepto que la ficción es una forma de mentira, eso me libera, me permite hacer casi cualquier cosa, lo que no puede hacer un cronista o un periodista, por ejemplo. Al crear una historia me parece que camino en círculos y cuanto más grande sea el círculo, más abarco y más posibilidades tengo de encontrar partículas de la verdad. 

 Q. ¿De dónde viene tu inspiración? 

 A. Soy una cazadora de historias; tengo buen oído para escuchar. Todo el mundo tiene una historia y todas son interesantes si son bien contadas. Leo los periódicos y a veces alguna viñeta enterradas en las páginas puede inspirarme. También me inspiran los viajes, mi familia, mi propia experiencia de vida. 

 Q. ¿Cómo funciona la inspiración?

A. Me paso diez, doce horas al día sola escribiendo, sin hablar con nadie, ni siquiera contesto el teléfono. Soy sólo un medio o un instrumento de algo que está sucediendo fuera de mi control, son voces que hablan a través de mí. Estoy creando un mundo que no me pertenece. Y en ese largo y paciente ejercicio diario de escribir he descubierto mucho sobre mí misma y sobre la vida. He aprendido. A veces no sé lo que estoy escribiendo y vengo a saberlo mucho más tarde, después de que el libro ha sido publicado y un crítico lo explica… o hacen la película.

 Q. ¿Puedes hablar sobre los personajes? 

A. Al desarrollar un personaje, por lo general busco a una persona que me pueda servir como modelo. Con esa persona en mente es más fácil crear un personaje creíbles. Las personas son complejas y contradictorias, tienen muchas facetas y no todas están a simple vista. Así deben ser los personajes. Quiero que los personajes tenga vida autónoma en el libro y a menudo me doy cuenta de que no los controlo y la historia se mueve en direcciones inesperadas; mi trabajo es escribirla sin tratar de meterla a la fuerza en una idea preconcebida. Escribo sin un plan, dejándome llevar por la historia y los personajes. 

 Q. ¿Escribes en una computadora? 

A. Sí, pero tomo notas a mano todo el tiempo, por eso llevo una libreta en la cartera; cuando veo u oigo algo interesante, lo anoto. Recorto artículos de periódicos y apunto las noticias que oigo en la tele y las cosas que me cuenta la gente. Cuando empiezo un libro releo mis notas, a ver si encuentro algo que pueda servirme. Escribo directamente en mi computadora sin guión. Una vez que termino el libro en la pantalla, lo imprimo por primera vez y lo leo. Recién entonces sé de qué se trata. El segundo borrador tiene que ver con lenguaje, tensión, tono y ritmo. 

 Q. ¿Que hace que una historia tenga un buen final? 

A. No lo sé. En un cuento corto es distinto que en una novela. Un cuento corto viene entero; hay solo un final apropiado. Y lo sabes, lo sientes. Si no puedes encontrar ese final, no tienes el cuento y es mejor no seguir trabajando en él. Un cuento corto es como una flecha: necesita la correcta dirección desde el comienzo, velocidad, mano firme, hay que saber adónde apunta. Con una novela nunca se sabe, es un trabajo paciente y de todos los días, como hacer un tapiz de muchos colores. Se avanza lentamente bordando por el revés, con un patrón en la mente, pero cuando lo das vuelta puede ser que encuentres otra cosa, muy diferente. Es una experiencia fascinante, porque tiene vida propia. En el cuento corto uno controla todo. Se escriben millones de cuentos cortos y muy pocos llegan a ser memorables, en cambio con las novelas al menos uno recuerda el tema. Hay muchas novelas memorables. En un cuento corto la forma es fundamental: cómo se cuenta. En una novela puedes cometer errores y muy pocas personas los notarán. Respecto al “buen final”, lo único que puedo decir es que los finales felices normalmente no me funcionan, prefiero finales abiertos y dejar el resto a la imaginación del lector. 

 Q. ¿Que escritores te han influenciado más? 

 A. Pertenezco a la primera generación de escritores latinoamericanos que se criaron leyendo otros escritores latinoamericanos. Antes de mi generación las obras de los autores latinoamericanos no había sido bien distribuidas. En Chile, por ejemplo, era muy difícil leer a otros escritores de América Latina. Mis influencias más importantes han sido todos los grandes escritores del Boom de la literatura Latinoamérica: García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Borges, Paz, Rulfo, Amado, etc. Muchos novelistas rusos también me han influenciado: Dostoyevsky, Tolstoy, Chekhov, Nabokov, Gogol, y Bulgarov. Los escritores ingleses que han tenido más influencia en mi durante mi adolescencia fueron Sir Walter Scott, Jane Austen, las hermanas Brontë, Charles Dickens, Bernard Shaw, Oscar Wilde, James Joyce, D.H. Lawrence, y Virginia Woolf. Me encantaban las novelas policiales y leí todos los libros de Agatha Christie y Conan Doyle. También algunos autores americanos que eran muy conocidos en español, como Mark Twain, Jack London, F. Scott Fitzgerald y muchos otros. Me acuerdo de la huella imborrable que me dejó_Matar a un Ruiseñor_de Harper Lee. he vuelto a leerlo por lo menos cada diez años. Descubrí la fantasía y el erotismo en Las Mil y Una Noches, que leí en el Líbano a los catorce años. En ese momento y en ese lugar, las niñas no tenían vida social al margen de la escuela y la familia, ni siquiera íbamos al cine. Mi único escape de una vida familiar problemática era la lectura. Mi padrastro tenía cuatro misteriosos volúmenes empastados en cuero en su armario que mantenía cerrado con llave, libros prohibidos, que yo no debía mirar porque eran “eróticos”. Por supuesto, encontré la forma de hacer una copia de la llave y entrar en el armario cuando él no estaba. Me alumbraba con una linterna, no podía marcar las páginas y leía rápidamente, saltando páginas en busca de las partes cochinas, con las hormonas alborotadas y la imaginación enloquecida por esos cuentos fantásticos. Cuando algún crítico me ha llamado la Sheherazade Latinoamérica me siento muy halagada. Las feministas americanas y europeas, que leí en mi juventud, me dieron un lenguaje articulado para expresar la rabia que sentía contra el patriarcado en que vivimos. Empecé a trabajar en Paula, una revista feminista chilena, afilando mis ideas y mi pluma para desafiar el sistema machista. Fue el mejor momento de mi vida. Siempre me han gustado las películas, y a veces una imagen o una escena o un personaje se me queda adentro por años y me inspira cuando escribo. Por ejemplo: la magia en Fanny y Alexander o la historia dentro de una historia de Shakespeare Enamorado. 

 Q. ¿Qué pasa cuando empiezas una novela? 

 A. Estoy totalmente en el limbo, no tengo idea a hacia dónde se va la historia, lo que va a pasar o qué significa. Sólo sé que tengo una conexión profunda con el tema, aunque en ese momento no pueda explicarlo. Debo contarlo porque es importante para mí, o lo fue en el pasado o lo será en el futuro. 

Q. ¿Editas mucho? 

 A. Sí, corrijo el lenguaje y la tensión, pero no la trama. Me gustaría que los personajes se casaran, tuvieran muchos hijos y fueran felices para siempre, como en los cuentos de hadas, pero nunca sucede de esa manera. 

 Q. ¿Puedes hablar sobre los elementos sanativos de la escritura y, específicamente, de escribir Paula? 

Supongo que ese libro Paula fue algo muy difícil y doloroso. 

 A. Cuando estaba escribiendo Paula, mi asistente entraba en mi oficina y me encontraba llorando. Me abrazaba y me decía, “no tienes que escribir esto,” pero el llanto me hacía bien, era como lavar las heridas. Escribir fue mi forma de llevar luto. Escribí esa memoria con lágrimas, pero fueron lágrimas sanadoras. Al terminar, sentí que el espíritu de mi hija vivía en mi corazón y ella no sería olvidada,porque mientras existiera el libro y alguien lo leyera, Paula sería recordado. Eso tiene la escritura: preserva la memoria, por eso le escribo diariamente a mi madre, para que nada se me olvide. 

 Q. Cuando leí Paula, me llamó la atención cuánto revelabas sobre ti misma. La gente no suele hablar de ese tipo de dolor. Tu experiencia con la muerte, la enfermedad, y la tragedia fue un regalo para muchas personas.

 A. Me siento vinculada con los lectores que me han escrito después de leer ese libro. El dolor es universal. Todos experimentamos sufrimiento, pérdidas y muerte. Recibo cartas de médicos que me dicen que ya no verán a sus pacientes en la misma forma que lo hicieron antes de leer el libro, y de jóvenes que se identifican con Paula y que por primera vez consideran su propia mortalidad. Muchas de las cartas son de mujeres jóvenes, que todavía no han sufrido una pérdida real, pero sienten que no son parte de una familia o que no tienen apoyo en sus comunidades; se sienten muy solas y desean una conexión con un hombre, como la que Paula tenía con su marido. Recibo cartas de madres que han perdido a sus hijos y piensan que se van a morir de pena. Pero uno no muere. La muerte de un hijo es el dolor más antiguo de la humanidad. Las madres han perdido hijos desde hace milenios. Solamente unas pocas privilegiadas pueden esperar que todos sus hijos vivan. 

 Q. Muchos críticos consideran a Paula como tu mejor libro. ¿Tu dirías que escribir Paula te afectó en una forma más profunda que todos los otros libros? 

 A. Si, todo lo demás fue un ensayo. Y cuando terminé Paula me costó mucho volver a escribir ficción. ¿Sobre qué podría escribir que fuera relevante para mi? Pasé un par de años bloqueada, pero al fin pude empezar a escribir de nuevo. 

 Q. ¿Tu crees que un escritor elige de que va a escribir o que las historias te eligen a ti? 

 A. Las historias me eligen a mí. 

 Q. ¿Entonces eres primero narradora y después escritora? 

 A. Sí. Narrar es la parte más divertida. ¡La escritura es mucho trabajo! 

 Q. ¿Tu formación como periodista te ayuda? 

 A. Sí. Trabajo con emociones y relaciones, pero el lenguaje es la herramienta. La historia es siempre sobre alguna emoción muy profunda que es importante para mí y que quiero transmitir al lector, para eso trato de utilizar el lenguaje en forma eficiente, como aprendí en mis tiempos de periodistas. Entonces tenía poco espacio y tiempo para atrapar al lector y se necesitaba mucha habilidad para no dejar que se escapara. Eso intento hacer en una novela: crear tensión. Del periodismo también aprendí cosas prácticas, como investigar un tema, hacer una entrevista, observar, hacer preguntas, atreverme a hablar con la gente en la calle. 

 Q. ¿Cuando hablas de abrirte a la experiencia, te estás abriendo a un mundo mágico? ¿Son en realidad los espíritus los que vienen y te sugieren palabras, imágenes, y escenas? 

 A. Sí, en cierta forma. Por supuesto también hay un proceso intelectual, pero la narración tiene algo de magia, porque uno accede a otro mundo. En el silencio y la soledad de la escritura uno se conecta con la historia colectiva y ya no se trata solamente de un caso particular, sino con algo universal. No invento nada. Parece que en cierta forma descubro cosas que pertenecen a otra dimensión, que ya están ahí y mi trabajo es encontrarlas y escribirlas. Me han sucedido cosas en mi vida y en mi trabajo que prueban que todo es posible; acepto el misterio de la existencia, sin negar lo que no puedo explicar . Me imagino que las personas que oran o meditan durante largas horas, o que pasan tiempo solas en un convento o en otro lugar tranquilo, terminan oyendo voces y viendo visiones, porque la soledad y el silencio crean la base para ese tipo de conciencia. A veces escribo algo, convencida de que es sólo producto de mi imaginación, y meses o años más tarde descubro que era cierto. Siempre me asusto cuando eso sucede. Me entra la duda de si acaso las cosas ocurren porque las escribo… ¡debo tener cuidado con lo que escribo!. Según madre, es muy arrogante de mi parte pensar que tengo semejante poder, lo que pasa es que puedo ver lo que otras personas no ven por falta de tiempo, viven ocupadas, en el ruido del mundo. Mi abuela no escribía, pero dicen que era clarividente, adivinaba y presentía cosas; supongo que todos tenemos esa capacidad, pero no la desarrollamos; tal vez sólo es cuestión de ser más conscientes, estar más atentos a la realidad.

Q. Tu padrastro te llamó mitómana.

 A. Dice que soy mentirosa, pero lo dice un poco en broma. Paula fue la primera memoria que escribí y se supone que en una memoria se dice la verdad, pero él y mi madre estaban en desacuerdo con muchas cosas que conté. Mi perspectiva es distinta a la de ellos. Por ejemplo, sostienen que mi infancia no fue tan mala como la conté. La memoria es subjetiva. 

 Q. Joyce Carol Oates habla de una memoria luminosa, como si entrara en un determinado lugar y lo iluminara. Pienso en las diferentes maneras que recuerdas los acontecimientos de tu niñez. Por ejemplo, tienes un recuerdo espantoso de ser colgada en un aparato destinado a fomentar tu crecimiento, a pesar de que tu padrastro lo recuerda como un aparato seguro. Quizás solamente recuerdas lo que sentías. A pesar de que fuera seguro, tu sentías el terror de estar colgando del cuello.  
A. Exactamente. Hay mucho de eso en mi escritura. Recuerdo una hecho pero no puedo recordar un lugar o una fecha o una persona o un nombre. Sólo me acuerdo de la emoción, o de algo que me sorprendió o conmovió.

 Q. Mientras que algunas personas recuerdan la fecha o lo que llevaban puesto. 

 A. O sólo recuerdan el hecho concreto. Yo tal vez sólo recuerde lo que fantaseaba sobre el evento-mi propia versión de la verdad. 

 Q. Pero al final, como en Eva Luna, primero dices una cosa y luego dices– 

 A. “Tal vez no sucedió de esa forma.” Siempre tengo la sensación de que tal vez las cosas fueron de otra manera. Tengo cincuenta versiones de cómo conocí a Willie, mi marido. Él dice que son todas verdaderas. 

 Q. En tus primeras novelas, que se refieren al caos político de América Latina, el gobierno no es de fiar. Hay una sensación kafkiana que hagas lo que hagas, pueden acabar contigo, no conoces las reglas, las reglas cambian todo el tiempo y a menudo con efecto retroactivo. El mundo está cambiando, es poco confiable. 

¿Ves al mundo de los espíritus como un lugar más confiable? ¿Es en el mundo de los espíritus que El Plan Infinito tiene sentido y no en el mundo real? 

 A. Es una pregunta difícil. El mundo espiritual es un lugar donde no hay bondad ni maldad. No es un mundo blanco y negro como parece ser el mundo real. No hay reglas estrictas de ningún tipo. En ese sentido, es totalmente distinto ese plan propuesto por un predicador en mi novela El Plan Infinito. En el mundo espiritual hay solamente intención, solo ser,en forma constante y quieta. Y no hay sentido del bien y el mal. Es un lugar seguro porque no hay que tomar decisiones. Lo imagino como un lugar vacío y luminoso donde uno flota y de ese lugar provenen mis historias. Ése es el lugar del amor. Esto suena muy cursi, pero mi vida ha sido determinada por dos extremos: el amor y la violencia. Hay tristeza, dolor, y muerte, pero hay otra dimensión paralela, y es el amor. Hay muchos tipos de amor, pero el que me refiero es incondicional. Por ejemplo, la forma de amar a un árbol. No esperamos que se mueva, actúe, sea diferente, alto o más frondoso. Es solo un árbol y lo amamos tal cual es. Así amamos a los animales y a los niños. Cuando las relaciones se vuelven mas complicadas, empiezan las exigencias: quieres recibir algo a cambio del amor que das, tienes expectativas y deseos, pretendes ser amado tanto como amas. En ese mundo espiritual, que es un mundo de amor, no hay condiciones. Así amo a mis nietos: creo que son perfectos; no importa si crecen o se quedan como están, para mí están completos, los veo como eran cuando recién nacieron, como son ahora, como serán de adolescentes o de adultos. El alma no tiene edad. Quizás eso es lo que quería decir. Cuando amamos tan profunda y completamente, amamos la esencia. 

 Q. Yo creo que estas hablando de la trascendencia , la capacidad de moverse más allá de este mundo real a una comprensión trascendental de sentimientos y emociones. ¿Dirías que tus novelas están definidas por esa característica más que cualquier otra? 

A. Es raro que mi trabajo haya sido descrito como realismo mágico porque mis novela me parecen realistas. Dicen que si Kafka hubiera nacido en México, habría sido un escritor realista. Mucho depende en donde naciste. 

 Q. Irene y Francisco en De Amor y De Sombra tienen que cambiar completamente al final de la novela. Se suben al auto y se miran uno al otro, cada uno preguntándose quien era el otro. No se reconocen físicamente, pero aún reconocen el alma del otro. Esa es una afirmación, que la novela realizada en una forma muy realista

 A. Con mi novela De Amor y De Sombra fue acusada de ser sentimental y demasiado política, pero le tengo simpatía a libro, primero porque la historia es verdadera, se trata de un crimen político cometido en Chile, con personas reales. Segundo porque trajo a Willie a mi vida. Willie leyó ese libro, se sintió tocado, vino a conocerme y finalmente se enamoró de mí. Y por último, porque el libro me demostró el poder de la palabra escrita, cómo en el lento proceso de la escritura uno puede sentir o descubrir lo que no habría forma de saber por otro conducto. A través de la escritura uno se conecta con el conocimiento o el sentimiento colectivo, uno se convierte en medium. 

 Q. Una vez dijiste que por la forma en que te criaron te cuesta escribir escenas eróticas. Comparando la forma en que Francisco e Irene hacen el amor-que es muy metafórica, muy hermosa y volátil- con escenas de libros que le siguieron, parece justo decir que has perdido tu represión, que has desarrollado la capacidad de escribir en una forma sensual. ¿Es ese un acto consiente? 

 A. Cada libro tiene una forma de ser escrito. Cada historia tiene una manera de ser contada, su propio tono. Francisco e Irene son dos personas muy jóvenes que al principio se desean uno al otro y luego se enamoran. En el momento en que tienen relaciones sexuales, están realmente enamorados. También han sido tocados por primera vez en sus vidas por la brutalidad de la muerte, la tortura, la represión y la violencia. Hacer el amor los trae del infierno a la vida, al paraíso del amor. Más tarde, serán destruidos por los acontecimientos. Creo que la escena es como el mito de Eurídice: Orfeo baja del infierno para revivir a su amante. Claro que al escribirla yo no estaba pensando en Orfeo, la conexión la hice más tarde. 

 Q. En una conferencia mencionaste que no ibas a escribir más cuentos cortos. ¿Estás decidida a no volver a ese género? 

A. No lo sé. No debería decir que nunca voy a hacer algo. Los cuentos cortos son como regalos, te caen del cielo. Una novela es trabajo y más trabajo y un buen día se acabó; dicen que nunca se termina una novela, sino que uno simplemente se da por vencido. Pero un cuento corto es algo que viene de afuera, como agarrarse una gripe. El cuento requiere inspiración. De repente tienes un destello de lucidez que te permite ver un evento desde un ángulo inesperado. No puedes provocarlo. Te vas a algún lugar, ves gente bailando y de súbito entiendes las relaciones entre esas personas, o crees percibir algo que está ahí y nadie más puede ver. Y entonces tienes el material de un cuento corto. Q. Háblanos de los Cuentos de Eva Luna. A. Fueron escritos con la voz de Eva Luna, la protagonista de mi novela anterior. Todos excepto el último, que es la historia de cómo Rolf Carle encuentra a una niña atrapada en el barro y la ayuda a morir, que está narrado desde su punto de vista. Ese hecho realmente sucedió, en 1985 en Colombia, cuando hubo una erupción del volcán Nevado Ruiz y un alud de lodo cubrió un pueblo entero. Miles de personas murieron, nunca se recuperó la mayor parte de los cuerpos y finalmente declararon a todo el lugar como cementerio, tierra sagrada. Entre las numerosas víctimas había una niña de nueve años, llamada Omaira Sánchez, de pelo muy corto, oscuro y rizado y enormes ojos negros. Omaira agonizó cuatro días, atrapada en el barro. Las autoridades fueron incapaces de llevar una bomba para succionar el agua y salvar su vida, sin embargo, los medios de comunicación pudieron llevar cámaras de televisión en helicópteros, aviones, autobuses. En todo el mundo, durante cuatro días, el público pudo ver la agonía de esta niña. 

 Q. Escribes en español, pero vives en inglés en los EE.UU. Me sorprende tu capacidad de tomar algo que la mayoría del mundo ve como una desventaja y convertirlo en una ventaja. La mayoría de la gente se consideraría marginada viviendo en una segunda lengua. 

 A. A mí me parece muy bueno. ¿Quién quiere ser parte de la corriente? El otro día vi en la televisión un programa sobre los problemas que este país va a enfrentar en los próximos diez años: crimen, violencia, falta de valores, destrucción de la familia, embarazo de adolescente, drogas, SIDA. Alguien dijo que los nuevos inmigrantes no tienen estos problemas, porque vienen a este país con las mismas ideas y la fuerza que tenían nuestros bisabuelos cuando inmigraron. Ser marginado es como ser un inmigrante nuevo. Si puedes transformar la marginalidad en algo positivo, en lugar de considerarla algo negativo, es una maravillosa fuente de energía. 

 Q. A menudo hablamos de la voz de la mujer en la literatura, y esa es una perspectiva desde la que tu escribes con mucho éxito. ¿Fue difícil en El Plan Infinito escribir con la voz de un hombre? 

 A. No, no me parece difícil en absoluto. También he escrito desde la perspectiva de un hombre y con la voz de un hombre, en La Casa de los Espíritus. Esteban Trueba narra partes del libro. Con El Plan Infinito fue fácil porque tenía a mi marido para guiarme. Hay más similitudes que diferencias entre los sexos. En esencia, los seres humanos son muy similares, pero estamos estancados en las diferencias en lugar de resaltar las similitudes. Cuando me metí en la piel del protagonista masculino, que está basado en mi marido, Willie Gordon, llegué a conocerlo mejor que si hubiera vivido con él durante treinta años. 

 Q. Este parece un buen momento para que regresemos al mundo de los espíritus, al lugar de partida. ¿Agregarías a las características del mundo espiritual el que no tiene género? 

 A. Probablemente en el mundo de la espiritualidad el género no es un problema, al igual que la raza o la edad no lo son. He sido feminista toda mi vida, luchando por los temas feministas. Cuando era joven, era una guerrera. Ahora pienso que hombres y mujeres, conscientes de nuestras diferencias, debemos explorar juntos las similitudes que nos unen. Pero no me malinterpretes: ¡yo soy feminista y muy orgullosa de serlo! 

 Q. Los críticos definen el estilo de tu escritura como “realismo mágico”. ¿Has escrito todos tus libros con este género? 

 A. Creo que el realismo mágico no es como sal y pimienta que se puede usar en todos los platos. No me ajusto a una fórmula.. El realismo mágico, tan obvio en La Casa de los Espíritus, no figura en mi segundo libro, De Amor y de Sombra que tiene el tono de una crónica periodística. Tampoco hay mucho realismo mágico en El plan Infinito, Afrodita, Hija de la Fortuna o Retrato en Sepia, y varias otras novelas, pero hay bastante en La Ciudad de las Bestias y el resto de la trilogía juvenil, donde reemplza la fantasía, que es la marca de la literatura juvenil. A veces, el realismo mágico funciona, y a veces no. De todas formas, se encuentran elementos del realismo mágico en la literatura de todo el mundo, no sólo en América Latina: en las sagas escandinavas, en la poesía africana, en la literatura de la India (incluso escrita en inglés), en la americana escrita por las minorías étnicas. Escritores como Salman Rushdie, Toni Morrison, Barbara Kingsolver, Amy Tan, Alice Hoffman y muchos otros usan este estilo. Durante un tiempo, en los EE.UU. y Europa, prevaleció un enfoque puramente lógico y práctico en la literatura, pero no duró mucho, porque la vida está llena de misterio y tal vez el objetivo de la literatura es explorar esos misterios. Cuando permites que sueños, emociones, visiones y premoniciones entren a tu vida cotidiana y en tu trabajo como escritor, la realidad parece expandirse. 

 Q. ¿Provienes de una familia muy inusual. ¿Podrías hablar de tu tío, Salvador Allende, y de cómo influyó tu vida? 

 A. No creo que él influyera mucho mi vida, a pesar de que siempre lo he admirado. Cuando ocurrió el golpe militar en Chile en 1973 cambió la vida de los chilenos y afectó a la mitad de la población de forma drástica. Salvador Allende era primo hermano de mi padre, un “tío” más en una familia numerosa. Lo veía de vez en cuando, en fiestas familiares, vacaciones. Después del golpe militar, cuando me fui de Chile, comprendí que Allende tenía una dimensión histórica. La dictadura militar borró su nombre en Chile, pero en el resto del mundo era un héroe, una figura legendaria. Cuando me fui auto-exiliada a Venezuela, cada vez que decía mi nombre, la gente preguntaba de inmediato si estaba relacionada con Salvador Allende. 

 Q. ¿Alguna vez vas a escribir un libro sobre Salvador Allende? 

 A. No, no lo creo. No soy buena con las biografías y en este caso no podría ser objetiva.

 Q. ¿Crees en el destino o en el karma? 

 A. Creo en el destino. Creo que nos reparten ciertos naipes, y nosotros tenemos que jugar el juego de la vida lo mejor posible. Y a veces los naipes están marcados. 

 Q. ¿Tu crees que lo que le ocurrió a tu tío fue obra del destino?

 A. Sí. Pero eso no significa, que las personas que lo mataron no son culpables. Creo que los torturadores y los asesinos siguen siendo culpables y que debemos tratar de detenerlos. 

 Q. ¿Volverás a Chile alguna vez? 

 A. Vuelvo todos los años para ver a mi madre y me siento muy cómoda allí, pero no creo que pudiera vivir allí, porque tengo un hogar en los EE.UU., donde están mi marido, mi hijo y mis nietos. No extraño a Chile porque ahora puedo ir cuando quiera.

 Q. Empiezas a escribir todos tus libros los 8 de enero. ¿Por qué? 

 A. El 8 de enero de 1981 estaba viviendo en Venezuela y recibí una llamada telefónica diciendo que mi querido abuelo se estaba muriendo en Chile. Empecé una carta para él, que más tarde se convirtió, en mi primera novela, La Casa de los Espíritus. Fue un libro tan afortunado, que decidí mantener esa fecha para empezar mis otros libros, para llamar a la suerte. 

 Q. ¿Puedes contarnos sobre alguna ceremonia que realizas al iniciar un libro nuevo?

 A. El 8 de enero es un día sagrado para mí. Llego a mi oficina muy temprano, enciendo algunas velas para convocar a los espíritus y las musas. Medito por un tiempo. Siempre tengo flores frescas e incienso. Trato de relajarme, de entregarme a la experiencia que comienza en ese momento. Nunca sé exactamente lo que voy a escribir. Puede ser que haya terminado un libro hace meses y haya e planeando algo vagamente, pero ya me ha ocurrido dos o tres veces que cuando me siento frente a la computadora, sale otra cosa. Es como si estuviera embarazada de algo grande, digamos un elefante, que ha estado allí por mucho tiempo, creciendo, y luego llega el momento de dar a luz. Trato de escribir la primera frase en un estado de trance, como si alguien la estuviera escribiendo a través de mí. Esa primera frase normalmente determina el tono del libro, es una puerta que se abre a un territorio desconocido que voy a explorar con mis personajes. Y de a poco, mientras escribo, la historia va creciendo y desarrollándose. No uso un bosquejo, no hablo del libro en proceso, no les leo pedazos a mis amigos. No sé de qué se trata hasta que el primer borrador está listo, y eso puede llevar meses. Me presento ante la computadora diariamente y dejo que la historia se vaya contando a poco. Cuando la doy por terminada la imprimo y la leo de principio a fin por primera vez, entonces la entiendo y empiezo a pulirla y a eliminar todo lo superfluo. No comparto el proceso de la escritura con nadie, y cuando el manuscrito está terminado, se lo muestro a muy pocas personas, porque confío en mi instinto y no quiero otras manos en mi escritura. 

 Q. ¿Qué consejo le puedes dar a aspirantes a escritores ?

 A. Escribir es como prepararse para el atletismo. Para competir hay que entrenar mucho, es trabajo que nadie ve, pero indispensable. El escritor tiene que escribir todos los días, al igual que el atleta necesita entrenar. Gran parte de la escritura nunca será utilizada, pero es esencial hacerlo. Siempre les digo a mis jóvenes estudiantes que escriban por lo menos una buena página por día. Al final del año tendrán un mínimo de 360 páginas buenas. Eso equivale a un libro. 

 Q. Mucha gente que ha leído La Suma de los Días ha preguntado donde pueden encontrar las joyas de Tabra.

 A. Por favor, consulta su página web http://tabra.com. 

 Q. Tengo un manuscrito y me pregunto si usted puede leerlo y me puede ayudar a que sea publicado. 

A. Lo siento mucho, pero no puedo leer manuscritos, no me alcanzaría la vida para hacerlo. Además, si lo hiciera, existen riesgos legales que debo tener en cuenta. Tampoco puedo ayudar para que los manuscritos sean publicados. ¡Me gustaría tener ese tipo de poder! La industria editorial, especialmente en los Estados Unidos, se ha vuelto muy complicada. Es prácticamente imposible que te publiquen sin un agente, a menos que seas un escritor muy conocido. Se publican anualmente guías de los agentes literarios disponibles, que se pueden consultar en una biblioteca.

Isabel Allende: “Mis nietos se escandalizan de que tenga un nuevo novio”


Tres personajes a priori incompatibles, o enormemente distantes, cruzan sus vidas, un invierno, en Brooklyn, bajo la nieve. Es la nueva novela de la chilena –y ciudadana californiana– Isabel Allende (Lima, 1942), Más allá del invierno (Plaza y Janés), que se acaba de poner a la venta con una tirada de 300.000 ejemplares. Lucía, una chilena, vive en la misma casa que su casero, Richard, un profesor universitario solitario. Ambos se encontrarán con Evelyn, una joven tartamuda guatemalteca que atraviesa serios problemas. No es una novela negra, pero hay una parte policiaca. 

Necesitaba algo suficientemente fuerte para provocar un cambio. Lo primero que tuve es la casa de Brooklyn donde sucede la trama, la alquilé unas Navidades, son como castillos, casas muy altas y angostas, de ladrillo marrón, con un departamento separado abajo. Me contaron que eran de la mafia italiana en los cuarenta y cincuenta, y que en la familia de al lado encontraron un cadáver, esa fue la idea inicial. ¿Quién es Lucía? Es la que tiene más de mí, una periodista chilena a la que le toca vivir el exilio. Tiene mi carácter, esa capacidad para el riesgo y la aventura, y está abierta al dolor también. ¿Por qué escribe Richard? Un hombre tan solitario, con un solo amigo, una vida tan cautelosa, necesitaba una válvula de escape. Representa a esa gente que vive sin riesgos, buscando una vida segura, casa segura, trabajo seguro… Pero, así, no hay vida.

Lo que ha vivido Evelyn, o lo que le pasa a Richard, es horrible, pero usted consigue explicarlo sin romper el tono optimista de la novela. Eso lo inspira la frase de Albert Camus que cito: “En medio del invierno, descubrí que había en mí un verano invencible”. Hay un verano invencible en cada uno de nosotros. 

En la vida, pasamos por inviernos que parecen eternos, pero se sale de eso, hay siempre un verano esperando para aparecer.

Estados Unidos vive el invierno de Trump. Yo también estaba viviendo un invierno, me acababa de separar de Willy, tras 28 años, creía que mi vida iba a ser ya sólo trabajo hasta el final, que el amor ya había pasado. Pero todos tenemos la posibilidad de renacer, y yo encontré de nuevo el amor mientras escribía esta novela. Es una de sus novelas más políticas: hay el tema de las dictaduras latinoamericanas, el maltrato a los inmigrantes en Estados Unidos, la violencia de las bandas y las drogas... Esa es la realidad que vivo. Tengo una fundación, trabajamos con niñas y mujeres de alto riesgo. Desde que salió Trump y eliminó tantas ayudas, se nos multiplica el trabajo con los más necesitados. ¿Por ejemplo? Conozco muchos casos como el de la Evelyn Ortega de mi libro. Mucha gente sin papeles que es deportada y sus hijos se quedan en EE.UU., sin padres. Y la policía cada vez tiene más impunidad. El invierno va ser largo. Pero por debajo están todas las fuerzas contrarias. Un montón de ciudades se declaran refugio y no obedecen al Gobierno de Trump, acogen a indocumentados y respetan las leyes ecológicas del tratado de París. Es curioso que EE.UU. ha recibido siempre con racismo y xenofobia a cada oleada de inmigrantes: los italianos, los chinos... y luego los ha integrado con el paso de las generaciones. Supongo que no sigue la actualidad de Barcelona, pero 

¿qué libro le enviaría a Trump?

Trump no sabe ni leer, yo creo. Aquí sus personajes tienen achaques. Porque tienen sesenta años. Pero no hay más remedio que llegar a esa edad. Vienen achaques, pasan cosas... y no es verdad que con la edad te pongas más sabio, si eres tonto te pones más tonto, si eres miserable te pones más miserable. Solo si has sido un sabio joven, de viejo te vuelves más sabio. También es una historia de amor, en el fondo. Me encanta la idea del amor maduro. Yo misma, al decirles a mis nietos que tengo un nuevo novio los he escandalizado. El amor entre gente mayor despierta rechazo, los jóvenes se horrorizan, no pueden creer que a mi edad me haya enamorado. Hay que romper esos tabúes estúpidos, como que una mujer por hacerse mayor deja de ser atractiva o renuncia al placer sexual. Le dedica el libro. A Roger, sí.

¿Sabe cómo nos conocimos? Me escribió un e-mail tras escucharme en la radio. Empezamos a enviarnos e-mails, y me llegaba cada mañana un ramo de flores. A los meses, concertamos una cita, lo encontré agradable y le dije: “Mira, no tengo tiempo que perder, a los 74 años, ¿te interesa algo más que una amistad o no?”. Se tragó de golpe el ravioli y aquí estamos, organizando su mudanza de Nueva York a California. Ataqué como una barracuda. 

Aquí hay algún pequeño elemento mágico, pero casi nada. Bueno, algún orisha, la chamana de Guatemala, que existe de verdad. O lo del ritual de la ayahuasca, una experiencia que yo tuve. 

¿Y fue así? Sí. La misma sensación de que te pones en contacto con algo exterior, que te vas a otro mundo, la sensación física de frío... Se hace en la selva amazónica, yo fui por Manaos. Es un culto religioso, una especie de iglesia establecida que tiene derecho legal a usarla. 

Este es el primer libro suyo que no ha leído Carmen Balcells.

La eché de menos, pero estoy muy contenta con Luis Miguel, que está haciendo un trabajo estupendo. Nadie lo esperaba, creció a la sombra de su todopoderosa madre, y de repente aparece esta persona con una calma impresionante, capaz de unir a la gente y de sacar lo mejor de cada uno. Ningún autor se le ha ido y eso que, apenas se murió Carmen, Andrew Wylie empezó a llamar a todos sus autores. 

 ¿A usted la llamó?

 Claro... pero yo no, jamás, jamás, es un tiburón.

Isabel Allende



Los últimos han sido años duros para Isabel Allende (Lima, 1942). Al final de su relación con Willie Gordon, su compañero durante casi tres décadas, se sumó la pérdida de grandes amigos como su agente, Carmen Balcells. Pero la chilena, la escritora viva más leída en español, se rehizo una vez más y salió del túnel. Lo hizo, en parte, gracias a la literatura, elemento exorcizador de miedos y demonios que ama como a su propia vida. El resultado es «Más allá del invierno» (Plaza & Janés), la novela número veintitrés de su nómina, que estos días presenta en Madrid coincidiendo con la Feria del Libro, donde el jueves firmará ejemplares. 

 ¿Es cierto, como dicen sus editores, que esta es su novela más personal?

No sé por qué dicen eso, tal vez porque sienten que me parezco a Lucía Maraz, una de las protagonistas, pero todas mis novelas son más o menos personales, porque en cada una de ellas hay algo que me ha pasado en la vida.  Pese a que en la Navidad de 2015 aún no tenía nada en mente, mantuvo la fecha del 8 de enero, como siempre, para comenzar la novela.

 ¿Esa disciplina suya favorece la inspiración?

Yo no espero la inspiración. Hay un elemento, sin duda, que es de disciplina, mucho más que de inspiración. No tenía ningún tema el 25 de diciembre del año anterior, pero sabía que el 8 de enero tenía que sentarme a escribir. ¿Sí o sí? Sí o sí. Pero si no tengo tema para escribir una novela, siempre hay tema para escribir no ficción. 

¿Y sobre qué tema de no ficción se hubiera puesto a escribir? 

Habría escrito sobre la vejez, desde la perspectiva de hoy. Porque mi vejez es muy diferente a la de mi madre y a la de mi abuela. Voy a cumplir 75 años, me siento llena de energía, para trabajar, para enamorarme, para vivir en el mundo, para correr riesgos, para todo. 

 ¿Por qué su vejez es distinta de la de su madre? 

 Porque tengo más salud, más libertad, más recursos, más experiencia, estoy más en el mundo, tengo menos miedo, no dependo de nadie. Tengo un entrenamiento para la libertad. 

¿Eso hace que no tema a la vejez? 

 Yo no le tengo miedo a la vejez. Tengo miedo a la decrepitud y espero no llegar a ella, espero morirme antes, no quiero llegar a ser dependiente. 

¿Y le teme a la muerte?

No, nada. Después de que se me murió mi hija se me quitó el miedo para siempre. En agosto cumplirá 75 años. Esta es su novela número 23, ha vendido casi 70 millones de ejemplares en todo el mundo y hace 35 años que publicó «La casa de los espíritus».

¿Qué le sugieren todas esas cifras?

Son números. Uno vive en un círculo muy pequeño, que es el de tu familia, tus amigos, tú misma… Esa es mi vida, y luego hay círculos externos, cada vez más lejanos, que constituyen eso que se podría llamar el éxito que he tenido con la literatura, pero que no afecta en lo personal para nada. Es cierto que ahora tengo muchos más recursos económicos, porque he sido muy pobre. Pero yo no vivo como rica, porque no me interesa. Cuando me da las cifras, es como si fuera otra persona. 

Con 70 millones de libros vendidos, debería tener 70 millones de dólares en alguna parte…
 ¿dónde están? (ríe).

 Al cementerio no te vas a llevar nada, lo único que puedes dejar atrás es la gente que te conoció y que te quiso. Y el buen recuerdo que deje. Pero la memoria es muy corta, muy poca gente trasciende. 

Eso a nivel personal. Pero, a nivel literario, ¿qué hay de la trascendencia? 

 No tengo ningún interés en eso, yo voy a estar muerta, me da lo mismo. La novela arranca con una cita de Camus, que al final pone también en boca de Richard, otro de los protagonistas. Usted ha pasado un periodo duro, en estos últimos años. 

¿Le ha pasado como a Richard, que en medio del invierno aprendió, por fin, que había en usted un verano infinito? 

 No lo aprendí, porque siempre lo supe. Me ha pasado de todo en la vida: exilio, divorcios, la muerte de mi hija… Y siempre he tenido la capacidad de ver lo positivo, que está a la vuelta de la esquina. Cuando murió Paulita fue el peor momento de mi vida. No estaba deprimida, pero sí muy triste, tan triste que estaba paralizada. Mi mamá me dijo: «Este duelo es un largo túnel oscuro que vas a tener que caminar sola, lágrima a lágrima. Lo único que te puedo decir es que sigas caminando, porque al final hay luz». En ese momento era difícil pensar que pudiera haber luz, alegría, risa, y ese túnel parecía un invierno interminable. Sin embargo, cuando empecé a escribir el libro de «Paula», a medida que escribía, iba viendo la luz. Porque la vida seguía su curso. Seguía su curso, y yo no me encerré en esa tristeza, sino que seguí caminando y vi la luz al final. Nunca he perdido esa imagen del túnel. 

Evelyn, la tercera protagonista en discordia de la novela, es una inmigrante ilegal que reside en Nueva York. Aunque la acción transcurre cuando Trump aún no había ganado las elecciones, sí se siente en el relato ese clima de rechazo contra los latinos desencadenado por la campaña del actual presidente. 

¿Cómo se siente usted ahora en EE.UU, después de casi treinta años viviendo allá?

Furiosa, absolutamente furiosa, porque veo que Estados Unidos está perdiendo su posición en el mundo, se está convirtiendo en un país intolerable, imposible. Donald Trump representa a una parte de los Estados Unidos que siempre ha existido. En toda sociedad existe una parte de la población fascista, nacionalista. Pero esa no es la mayoría de Estados Unidos. Que él nos represente me tiene furiosa, pero no inactiva. Este es el tiempo de la resistencia y el activismo, hay que ponerse las pilas. 

¿Se ha llegado a plantear la posibilidad de marcharse de Estados Unidos? 

 Sí, claro que sí. Si llega un momento en el que siento que la situación es intolerable, me voy a volver a Chile. Yo sigo siendo ciudadana chilena. Por lo menos allá tengo a mi mamá y a mi padrastro. Pero yo creo que no es el tiempo de irse, es el tiempo de luchar. Si llega el momento en que el país se convierte en una Alemania nazi… habrá que salir. Pero no estamos ahí todavía. Es curioso, porque yo creo que la fuerza de Estados Unidos reside en que es un país de inmigrantes, precisamente. Por supuesto, desde su fundación. Lo que sucede es que ahora estamos viendo que el sueño americano, lejos de ser una quimera, es más bien una mentira. Ahora sí, porque la situación es mucho más difícil. Tiene mucho que ver la globalización, y el hecho de que vivimos en otra época, en la que hay menos espacio. Antes, cualquiera podía hacerse rico en Estados Unidos con trabajo; eso ya no es así. 

Volviendo a la literatura, tengo la sensación de que, ahora que se han cumplido cincuenta años de «Cien años de soledad» o los treinta y cinco que decíamos de «La casa de los espíritus», ya no hay novelas como esas. Es que vivimos un tiempo muy apurado, la gente ya no está acostumbrada a leer novelones. 

Los libros cada vez son más cortos, porque la gente no tiene tiempo de leer. Por cierto, ¿cree que está asegurado el futuro de las letras latinoamericanas con las nuevas generaciones de escritores que están surgiendo?

Claro que sí. La literatura ha cambiado, ya nadie escribe esos libros barrocos, llenos de adjetivos, con frases eternas. La literatura es mucho más urbana, menos politizada, está influida por el cine, por la tecnología, por las drogas y por este mundo globalizado en que vivimos. Pero hay gente que está escribiendo muy bien. Pero ellos tienen a sus espaldas una herencia muy pesada. Se sacudieron la herencia. Nadie quiere escribir como los grandes del «boom». No quieren ser ni siquiera comparados. Les hablas de realismo mágico a los jóvenes de hoy y vomitan. Ya no calza con el tiempo en que vivimos. 

Es necesario un nuevo realismo. 
Y es lo que están haciendo.



Isabel Allende nos enseña ocho verdades sobre al sexo, el amor y la vida



La escritora chilena Isabel Allende ha escrito libros como “La ciudad de las bestias”, “La Casa de los Espíritus” “Eva Luna” y muchas obras más que causaron sensación entre los lectores. La autora a través de sus escritos, nos dejó muchas lecciones y hoy la queremos recordar a través de sus frases.

1.¡Lo hermoso que significa amar!

 “Soy más feliz cuando amo que cuando soy amada. Adoro a mi esposo, a mi hijo, a mis nietos, a mi madre, a mi perro y, francamente, no sé si me quieren. Pero ¿a quién le importa? Amarlos es mi alegría”. 

 2.El punto G 

“Para las mujeres, los mejores afrodisíacos son las palabras. El punto G está en los oídos. El que lo busca allá abajo está perdiendo el tiempo”.

 3.Los problemas de amor

 “Quizás estamos en este mundo para buscar el amor, encontrarlo y perderlo una y otra vez. Con cada amor nacemos de nuevo, y con cada amor que termina recolectamos una nueva herida” 

 4.Cuando aprendemos a amar

 “El amor nos vuelve buenos, no importa a quien amemos, tampoco importa ser correspondidos o si la relación es duradera. Basta la experiencia de amar, eso nos transforma”. 

 5.El miedo en la vida 

“El miedo es inevitable. Tengo que aceptarlo, pero no puedo permitir que me paralice”.

6.La felicidad que nos da la vida 

“La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila y suave. Es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a uno mismo”.

 7.El sexo y los libros 

“Escribir es como hacer el amor. No te preocupes por el orgasmo, preocúpate del proceso”.

 8.La vida es atreverse 

“Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana”.

Isabel Allende, escritora: “Me voy a morir antes de ver el fin del patriarcado (…). Mis bisnietas tal vez alcancen a verlo”


Consagrada internacionalmente y con 70 millones de libros vendidos, la influencia de la novelista nacida en Lima en 1942 supera ampliamente los límites de la ficción literaria. Premio Nacional de Literatura en Chile y Medalla de la Libertad de EE.UU., la autora de Paula dirige además una fundación de apoyo a mujeres y niños vulnerables. Acá habla de sus antiguas y nuevas luchas. 

Fue una activista prematura. Cuando el feminismo aún no asomaba en el Chile de mediados del siglo XX, Isabel Allende ya se empinaba para reclamar sus derechos. “Yo nací en tiempos antiguos, en el fin del mundo, dentro de una familia patriarcal, católica y conservadora”, dijo en una charla TED en el año 2007. “No es ninguna sorpresa que ya a los 5 años fuera una feminista furiosa aunque el término no había llegado todavía a Chile, así que nadie sabía cuál era mi problema”, agregaba la escritora nacida en Lima en 1942. Narradora por naturaleza y figura intelectual de vocación pública, Isabel Allende es autora de 23 libros que la han transformado en referencia internacional. En ellos suele escribir de conflictos sociales y de mujeres valientes y apasionadas. Con 70 millones de ejemplares vendidos en 35 idiomas, “la República de Los Lectores de Isabel Allende es más grande que cualquiera de los países de habla hispana”, como dijo la autora mexicana Sabina Bergman. 

 En México, en 2012, la novelista dio un discurso que llamaba a la unidad de las mujeres del mundo: “Ya es hora de que las mujeres participemos, en iguales condiciones, en la gerencia del mundo. Somos grandes administradoras y nos han dejado de lado por siglos”, dijo la autora de La casa de los espíritus y creadora de una fundación que apoya a mujeres y niños en riesgo. MÁS SOBRE EDICIÓN ANIVERSARIO Angela Merkel, una adulta en la habitación25 JUL 2018 Las tres Bachelet25 JUL 2018 Premio Nacional de Literatura en Chile y Medalla de la Libertad de EE.UU., país donde vive hace 30 años, la influencia de Isabel Allende ha cruzado ampliamente los límites de la ficción literaria. Aun así, su elección como una de las mujeres más influyentes del país la toma de sorpresa, dice vía mail desde su casa en San Francisco: “Es inesperado, porque normalmente las personas influyentes están en la política, los medios de comunicación, la farándula y otras ocupaciones públicas de mucho alcance, no son escritores (el mío es un oficio muy privado)”.

 Ud. es una voz de referencia para miles de mujeres. ¿Cómo asume esa responsabilidad?

 Hago mi trabajo con la máxima honestidad y trato de ser coherente en mi vida, es decir, que mis libros, mi conducta, mis palabras y mi fundación respondan a los mismos principios. La persona que soy se puede ver claramente en lo que escribo, a pesar de que nunca trato de dar un mensaje. Creo que basta con contar una historia y el lector o la lectora sacará sus propias conclusiones. En ese sentido, la responsabilidad que me cabe es tratar vivir con el máximo de decencia, dignidad y compasión. Su literatura está habitada por mujeres fuertes y generosas, y ellas son inspiración para sus lectores. 

¿Qué mujeres la han inspirado a Ud.?

 He conocido mujeres extraordinarias, mi abuela, mi madre, algunas amigas. Las mujeres que más me inspiran son aquellas que llego a conocer a través de mi fundación. Son mujeres que han sobrevivido a terribles traumas y en vez de caer derrotadas, se elevan sobre sus circunstancias y se convierten en líderes. Lo hacen sin perder la alegría y la bondad. Esas son mis protagonistas. Así quisiera ser yo. 

¿Qué dificultades le tocó enfrentar en tanto escritora mujer? ¿Cómo es el machismo en el medio literario?

El machismo se nota en todos los aspectos de la sociedad. En la cultura no es diferente. A las mujeres las han silenciado por siglos y es sólo ahora, con los logros del feminismo y los cambios inevitables en la sociedad, que empiezan a recibir alguna consideración. A una mujer le cuesta el triple que a un hombre para obtener la mitad de reconocimiento. En mi caso, esto ha sido evidente, especialmente en Chile. Nadie es profeta en su tierra, peor si eres mujer. Ud. creó una fundación de ayuda a mujeres y niños. 

¿Cuáles son sus líneas de trabajo centrales?

 La misión de mi fundación es ayudar a mujeres y niños en áreas de educación, protección y salud. En los últimos tiempos trabajamos con inmigrantes y refugiados y nos enfocamos con derechos reproductivos (porque si una mujer no controla su fertilidad no puede controlar nada más en su vida). En mi página web – isabelallende.org- se pueden ver las organizaciones con las que trabajamos. El movimiento #MeToo ha logrado repercusión en todo el mundo. 

¿Cómo valora este fenómeno? 

Es importante. Esto ha sido posible gracias a los medios de comunicación, que hoy nos conectan instantáneamente con el mundo. Por primera vez en la historia los hombres se sienten desafiados en una conducta que fue normal en ellos y tolerada por las mujeres, porque no podían defenderse. Si #MeToo va a sobrevivir, puede ser el principio de cambios radicales en las relaciones de género, pero existe el peligro de que el movimiento se diluya o llegue a ser tan extremista que provoque una reacción contraria a la deseada. En Chile las estudiantes han protagonizado grandes movilizaciones contra los abusos, principalmente en las universidades. 

¿Qué piensa de este movimiento? 

Sí, conozco la movilización, especialmente de muchachas estudiantes, que se atreven a todo, desafían con humor y con inteligencia. Celebro lo que hacen. Cada una de estas acciones es un eslabón más en una larga cadena. Todo sirve. Paso a paso vamos alcanzando algunos de los objetivos que se plantearon la primeras feministas. ¡Por Dios, cómo nos ha costado! La incorporación de la mujer en las esferas de poder aún es incipiente; con todos estos movimientos, 

¿aprecia algún cambio?

He vivido 75 años. Nací en un ambiente gazmoño, católico, conservador, clasista y supermachista. Es decir, en la esencia del patriarcado. Todo eso ha sido cuestionado en los años de mi vida y se ha avanzado, pero a un paso mucho más lento del que imaginé, cuando me incorporé al feminismo. Me voy a morir antes de ver el fin del patriarcado, que me parecía inminente cuando yo tenía 20 años, pero para allá vamos. Mis bisnietas tal vez alcancen a verlo. En este contexto, 

¿cómo observa a los hombres? 

He dicho a veces que los machos viejos no tienen remedio, hay que esperar que se vayan muriendo de a poco. Es una exageración, claro. Hay algunos viejos iluminados y otros con el corazón abierto que pueden cambiar. La esperanza son los jóvenes, educados por madres conscientes y progresistas y emparejados con mujeres que no les aguantan tonterías. Ellos están definiendo la nueva masculinidad. Por desgracia, todavía hay demasiadas chiquillas sumisas con pololos mandones. Esas chicas serán mañana esposas furiosas de maridos insoportables. En este asunto, como en tantos otros, cuentan mucho la educación y los medios de comunicación. En los grupos sociales donde hay menos educación, los hombres se aferran al machismo; les asusta el poder femenino, porque se ven desafiados en el papel que tradicionalmente han tenido. Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en exponer los estereotipos y ayudar a crear esa nueva masculinidad de la cual estamos hablando. 

¿Cuáles son las luchas que le interesa dar hoy? 

Sigo lidiando por las causas feministas de mi juventud y ahora me interesa mucho la suerte de los refugiados. El mundo vive una dolorosa crisis de refugiados por razones de violencia y pobreza. Dentro de poco tendremos además millones de refugiados de los cambios climáticos, cuando el agua sea escasa y el hambre obligue a la gente a emigrar.

 ¿Cómo van a enfrentar los países ricos eso? 

No habrá murallas que puedan detener a las masas de gente desesperada. Hay que resolver las causas del problema, mejorar las condiciones de vida en los lugares de origen. Nadie quiere abandonar su casa, su tierra, su familia; si pudieran quedarse en su lugar, lo harían. Los refugiados están escapando de la muerte.

“SOY MONÓGAMA EN SERIE…” ENTREVISTA A: ISABEL ALLENDE

¿Cuál ha sido la lección de vida más importante que ha aprendido?


 Mi vida ha sido una montaña rusa: a veces arriba y de pronto una caída en picada. He aprendido a no sentarme en los laureles cuando me siento triunfante y a no desesperar cuando la situación es desesperada. He aprendido que todo es temporal, todo cambia, eso me da ecuanimidad y calma. Confío en mi instinto y en mi fortaleza para navegar las aguas tormentosas de la existencia. 

 ¿Cómo ha cambiado la posición de la mujer desde su juventud hasta ahora en lo que a autoras se refiere? ¿Fué difícil para usted hacerse un hueco dentro de tantos autores masculinos? 

 Cuando se publicó mi primera novela La Casa de los Espíritus en 1983, dijeron que yo era la primera mujer del boom de literatura latinoamericana y celebraron la novela como algo excepcional porque había sido escrita por una mujer. Los lectores siempre me han tratado bien, pero los críticos han sido especialmente duros conmigo. En las tres décadas que han transcurrido desde entonces hay muchas mujeres triunfando en la literatura, pero para ellas el camino es mucho más difícil que para un hombre. Como tantos otros campo del saber humano, la literatura se juzga con parámetros masculinos. Viniendo usted de una familia pudiente, podría pensarse que ha tenido un camino más amable para entrar en la literatura o las altas esferas.

 ¿Qué consejo daría a jovenes escritores que quisieran hacerse visibles dentro de la literatura y que no tienen contactos, dinero o facilidad para publicar?

 Mi camino en la literatura nunca ha sido fácil y al principio no tuve ningún apoyo. Escribí mi primera novela en exilio, sin dinero para hacer fotocopias del manuscrito, sin ningún contacto en editoriales que pudieran interesarse en ese texto. A los escritores jóvenes les diría que pulan su manuscrito al máximo y cuando estén completamente seguros de que es bueno, recurran a un agente literario conocido. El mundo de las editoriales se ha vuelto muy complicado, los editores reciben cientos de manuscritos, la mayoría de los cuales terminan en la basura sin que nadie los lea. El agente puede colocarlo en las manos adecuadas. El mejor consejo para aspirantes a escritores se lo oí a la escritora Elizabeth Gilbert: no esperes que la literatura dé éxito o dinero, escribe por amor al proceso y porque si no lo haces, las palabras no escritas van a pesarte en el alma.

 ¿Qué opinión le merece la auto-publicación de libros que ofrecen sites como Amazon? 

 La auto publicación es un buen recurso para quienes no consiguen ser publicados por una editorial conocida. Sin embargo, es difícil que los críticos se interesen en esos libros. La distribución es problemática. “Me irrita cuando las mujeres reniegan del feminismo por considerarlo poco sexy; eso denota su ignorancia y egoísmo al desconocer la situación de sus hermanas en el resto del mundo” 

¿Defiende el feminismo? ¿Le gustaría ver más mujeres en puestos de responsabilidad?

 He sido feminista desde que era una adolescente. El feminismo ha evolucionado, pero la lucha por empoderar a la mujer continúa. Me irrita cuando las mujeres reniegan del feminismo por considerarlo poco sexy; eso denota su ignorancia y egoísmo al desconocer la situación de sus hermanas en el resto del mundo. No piensan que pueden perder en un instante los derechos obtenidos por sus abuelas y sus madres, como sucedió en Afganistán, donde las mujeres médicos, abogados, ingenieros, tuvieron que ocultarse bajo una burka y encerrarse en sus casas cuando llegó el Talibán. Las mujeres son las primeras víctimas en tiempos de guerra, constituyen con sus niños el 80% de los refugiados, realizan dos tercios del trabajo en el mundo y poseen menos de 1% de los recursos, todavía en muchas partes son vendidas en matrimonio prematuro, trabajo forzado y prostitución, sufren mutilación genital, maltrato, explotación y abuso, hasta las asesinan con impunidad. 

 Elegir uno de sus libros como el favorito puede ser difícil, pero si tuviera que mencionar el que más le ha costado, ¿cuál diría y por qué?

 El libro más difícil de escribir es el segundo, sobretodo cuando el primero ha tenido mucho éxito, porque la vara que hay que saltar es muy alta. Pero el libro que no quisiera haber tenido que escribir, el más doloroso, es sin duda Paula, una memoria escrita en homenaje a mi hija Paula, cuya muerte prematura me rompió el corazón. 

Si pudiera cambiar 3 cosas para hacer mejorar el mundo, ¿qué cambiaría? ¿qué deseos pediría? 

Vivimos en un patriarcado, la única esperanza de una vida mejor en este planeta es que las mujeres participen plenamente en la gerencia del mundo. De sus múltiples viajes y experiencias, una de las más largas fue en Venezuela

¿Qué opina sobre la actual situación de ese país? ¿Ha tenido la oportunidad de visitarle recientemente?

 No he ido a Venezuela desde hace varios años. Tengo muchos lazos con ese país, una parte de mi familia vive allí, mis hijos se casaron con venezolanos, mi primer nieto nació en Caracas y mis mejores amigos son de allí. Todos se quejan de la situación actual y los jóvenes están emigrando a otras partes, dicen que ya no se puede vivir en una sociedad dividida, donde el crimen y la violencia han pasado a ser parte de la existencia normal, donde faltan productos esenciales y nadie se siente seguro. Sin embargo, creo que esta crisis va a pasar; los extraordinarios recursos naturales del país y el carácter generoso y alegre de la gente no han desaparecido.  

Isabel-Allende-en-caracasCaracas-Venezuela Ha tenido dos matrimonios, ¿qué opina de la monogamia? ¿cree en ella o cree que es parte de nuestra ética judeo-cristiana? 

La monogamia siempre ha sido una imposición que sólo sufren las mujeres. En varias culturas se acepta que el hombre tenga muchas mujeres, pero en muy pocas se tolera que las mujeres tengan varios hombres. En la cultura judeo cristiana, la monogamia se supone que afecta a ambos géneros, sin embargo los hombres tienen mucho más libertad que las mujeres en ese aspecto. En lo personal, puedo decir que soy monógama en serie: varios hombres, pero uno a la vez. La infidelidad me resulta muy complicada. 

 ¿Qué le gustaría hacer que no haya podido hacer todavía? 

 Vivir en el campo rodeada de animales. 

¿Cómo le gustaría que fuese su próxima vida?

 Atlética

http://www.zurdamagazine.com/entrevista-a-isabel-allende/

Isabel Allende: “Me he enamorado de nuevo a los 75. No hay amor sin riesgo”

La chilena publica 'Más allá del invierno', una obra sobre la capacidad de alegría, esperanza y reinvención que atesoran las personas

 Hace año y medio, cuando vino a Madrid a presentar su penúltimo libro, El amante japonés, Isabel Allende le decía a quien quisiera escucharla mirándole a los iris con sus iris como ascuas: “Estoy abierta al amor”. Tenía 73 años y acababa de romper “triste pero civilizadamente” una convivencia de 28 con Willy, el gringo grande y amoroso de algunas de sus novelas. Ayer, Allende volvió a Madrid con un nuevo libro bajo el ala y un amor nuevo alegrándole las pajarillas. Más allá del invierno (Plaza & Janés), el título de su nueva obra, inspirado en una frase de Camus, es un homenaje a la capacidad de alegría, esperanza y reinvención que atesoran las personas por muy mal que les vengan dadas. “No solo los humanos, sino los pueblos, las naciones, el mundo tiene un verano invencible dentro que puede acabar con cualquier invierno si le damos la oportunidad y asumimos el riesgo”, explica ella y uno, viéndola, no puede por menos que creerla. 

Primorosamente vestida con una casaca color mimosa y maquillada como para una boda, Allende recibe en el claroscuro de una sala de la vetusta Casa de América. "Esta luz es despiadada. Nos vamos a ver como monos en el vídeo", bromea, con las tablas que le otorgan décadas de entrevistas en su larga carrera de estrella global de la literatura. Allende (Lima, 1942) ha despachado millones de ejemplares de sus 23 libros, desde La casa de los espíritus a De amor y de sombra, Cuentos de Eva Luna y Paula, su obra más íntima y también la más querida, aunque solo fuera por el hecho de que, gracias a ella, su fallecida hija Paula está viva en la memoria colectiva. “Aún hoy, 23 años después, recibo cartas de personas enfermas, o que han sufrido una pérdida, o que han llamado Paula a una hija inspirados por ella, y eso es mucho más de lo que alguien puede esperar de una obra”, dice, sus ojos acuosos más húmedos que nunca. 

Los protagonistas de su nueva novela: Lucía, Richard y Evelyn, dos sesentones y una adolescente, son expertos en pérdidas, dolor y desarraigo. Inmigrantes los tres en Estados Unidos, escapando cada uno de su debacle personal y colectiva, que , unidos por una carambola del destino, descubren su verano interno redimidos unos por el amor romántico y todos por la solidaridad con el prójimo. Allende, “extranjera siempre, empezando de nuevo en diferentes sitios toda la vida”, no se muestra desesperanzada ante “la situación actual en la que se cierran las fronteras, porque creo que son circunstancias que van a cambiar. Trump es un accidente y no va a durar mucho. Puede hacer mucho daño, pero no va a destruir el mundo que hemos avanzado en los últimos cien años. Hay movimientos bajo la superficie de gente joven que está cambiando las cosas. 

He vivido lo suficiente como para saber que todo es un péndulo y nada es eterno. Vivimos un invierno de gobiernos, de refugiados, de terrorismo, de miedo, pero el verano invencible está también ahí, y al final ganará la tendencia de más solidaridad, más democracia, más libertad, más educación. Las migraciones no se paran con muros ni leyes, sino resolviendo situaciones terribles en los lugares de origen”. Allende accede gozosa a narrar cómo llegó de nuevo el verano a su propia vida. Al separarse de su pareja, se retiró a una casita de California con su ordenador y su perro, resuelta a vivir sola el resto de sus días. “En esas, un señor de Nueva York me escuchó en la radio de su auto, camino de Boston. Escribió un correo, y otro, y otro, a mi oficina. Al tercero, le contesté yo misma porque lo acompañó de un ramo de flores. Cinco meses después de recibir cada día un correo dándome los buenos días y otro las buenas noches, aproveché un viaje de trabajo para verle. Ahí, en cinco minutos, se armó la cosa, y ahora él está vendiendo lo que tiene para venirse conmigo. O sea, que esas cosas ocurren, son milagros que pasan. 

Sí, me enamoré a los 75 por tercera vez en mi vida, no hay amor sin riesgo”, relata, sin poder ni quizá querer esconder una risa entre boba y cómplice ante la cara entre cómplice y boba de su interlocutora. Así, a la vez animosa y resistente, se muestra Allende, experta en retratar a mujeres extraordinarias que, según ella, copia del natural más que fabula. “Vengo de una cadena de ellas, trabajo con ellas, estoy rodeado de ellas, no tengo que inventarme nada”, explica esta creadora curada de espanto, que no de sorpresas. “Siempre estoy alerta, abierta al misterio de la vida, a las cosas maravillosas que uno espera, y a las trágicas que uno no desea. Lo peor ya me pasó. Cuando me separé de Willy, al que amé muchísimo, la gente me daba el pésame, como diciéndome 'ay, esa pobre señora vieja que se va a quedar sola'. Y yo pensaba, esto no es ni el 10% de lo que pasé cuando murió Paula. Ya nada va a partirme".


 Ya pasó el 8 de enero este año y así empecé un nuevo libro en mi oficina rodeada de mis materiales de investigación.

5 sept 2017

El Amor http://espiritucorazonmente.blogspot.com/2009/08/el-amor.html

Entrevista con Isabel Allende: ‘La vida también es ficción’


Viva conversó con la escritora chilena, quien tiene en librerías el último de sus 23 libros. La novela Más allá del invierno encierra las historias de un amor que llega tarde, una migrante atrapada en un brutal invierno y el misterio de una muerte que tiene que resolverse.

Isabel Allende tiene 75 años y está enamorada. Antes de esta entrevista, han aparecido otras conversaciones suyas en las que, inevitablemente, se asoma su nuevo amor por el abogado estadounidense Roger Cukras. Tras un matrimonio de 28 años con Willie Gordon, la escritora chilena se divorció en el 2015. En ese entonces, igual que siempre, habló a la prensa con franqueza del amor que tuvo que despedir después de tantos años de vida pública. “Al pobre Willie se le murieron dos hijos por drogas y a mí se me murió Paula. Una pareja no resiste tanto dolor”, señaló la chilena en entrevista con Viva desde su casa en California, Estados Unidos.

 “Willie se deprimió mucho y dejó de hacer cualquier esfuerzo por seguir en la pareja. Decidimos que lo más sano era separarnos. Fue una gran idea. Ahora él tiene otra compañera, una persona ideal para él y yo, por casualidad, me cayó Roger en la vida, no lo estaba esperando para nada”. En su más reciente novela, Más allá del invierno (Plaza & Janés), la ficción de sus personajes se cruza con la de su vida. Su novela cuenta la historia de la chilena Lucía Maraz, una mujer madura que le da una oportunidad al amor con un profesora estadounidense, Richard Bowmaster. 

Durante la incertidumbre del romance, ambos conocen a Evelyn Ortega, una migrante guatemalteca que se refugia con ellos de un crudo invierno. Ha escrito sobre el amor a lo largo de su carrera.

 ¿Qué ha cambiado en el tema?

El tema del amor, para mí no ha cambiado, sigue siendo igual. En mis libros tengo niños que se enamoran, tengo jóvenes que se enamoran y, ahora, ancianos. Yo creo que uno se enamora de la misma forma, siempre igual. Las épocas de la vida marcan la forma en que uno desarrolla el amor. Hay una época en la que uno se casa y tiene niños, forma una familia. Hay otros momentos en los que uno está preocupado de tener una carrera, de salir adelante, pagar las escuelas y todo eso que hay que hacer. Después, hay un momento en la vida que es donde estoy yo: cuando uno no tiene esas responsabilidades y puede vivir el amor de una manera diferente.

 ¿Cuál manera?

 Igual que antes, apasionadamente. Con la misma intensidad romántica y sexual pero sin planes. Yo, cuando era joven, hacía planes para casarme, tener niños, voy a hacer esto y lo otro. Mira, yo tengo 75 años y Roger tiene 74. ¿Cuánto nos queda de vida? No sabemos. ¿Cuánto nos queda de vida consciente, de vida sana, de vida con energía, proyectos y propósitos? Hay un deseo de vivir el presente, sin grandes planes porque no sabemos si se puedan cumplir. 

 ¿Conocer a Roger la afectó al escribir la novela? 

 No lo conocía cuando empecé a escribir, él apareció cuando ya estaba casi terminada. El amor no cambia tanto. Cuando me enamoré de Willy yo tenía 45 años, cuando me enamoré de primer marido tenía 15 o 16 años. Siempre ha sido la misma sensación de perder la cabeza, de total pasión.

Eva Luna.