18 ago. 2018

Isabel Allende en medio de la tormenta



Pese al éxito de su último libro, El amante japonés, el año que pasó fue duro para la escritora. Se separó de Willie Gordon; perdió a su mejor amigo, a su mítica editora Carmen Balcells, y a su perra de 17 años. “Comprendí que nunca más iba a volver a la casa grande, ni al matrimonio ni a la vida anterior. Era una etapa cumplida”, dice hoy desde Sausalito. Ahora está escribiendo su nuevo libro, que inspiró una tormenta y un inmigrante. 

En la Navidad de 2015, ya sin Willie Gordon –su compañero por 27 años, ese hombre alto e imponente que la contenía–, Isabel Allende arrendó junto a su hijo Nicolás Frías y su nuera Lori Barra una Brownstone en Brooklyn, esas casas de cuatro plantas del siglo XIX, victorianas, pegadas unas a otras. La casa estaba cerca de los Barra, los consuegros de Isabel, una familia del sur de Italia que llegó a principios de siglo XX a Nueva York. Finalizaba el año y quedaban pocos días para el 8 de enero, fecha en que la escritora de manera sacra comienza a escribir sus novelas, más por disciplina que por cábala, como ella misma lo confirma. Esta vez no tenía nada en mente. 

 Sin darse cuenta, Isabel estaba en la locación adecuada. Llegó el 7 de enero e Isabel “no sabía de qué mierda iba escribir”, dice tal cual. Se le vino a la memoria esa brownstone vieja con el sótano como una unidad independiente, y sus cuatro pisos incluido el ático. Luego vino la tormenta. El 23 de enero, el paso de “Jonas” dejó 18 muertos en Nueva York y los norteamericanos vivieron el peor temporal de frío y nieve desde 1869. Entonces Isabel se preguntó qué pasaría en esa casa, con una tormenta como esa, todos encerrados, y pensó en quienes serían los personajes. Hasta el momento ya tiene a tres, uno es un inmigrante guatemalteco. La trama se está tejiendo y, qué duda puede caber, será uno de los mayores relatos catárticos de la Premio Nacional de Literatura. “¿Sabes?, fue difícil y muy triste. Nadie quiere empezar de nuevo a mi edad y, además, yo quiero mucho a Willie, es una muy buena persona y me costó tomar la decisión, pero una vez que la tomé… 

Como todo en la vida, una vez que tomo una decisión, ya no miro más para atrás. Y he empezado tantas veces desde el principio, otra vez, en tantas partes, que eso no me asusta mucho”. RUMBO A SAUSALITO El tiempo en Sausalito está ventoso en abril. Las tiendas han ido desapareciendo en reemplazo de cafés y restoranes, pues el flujo de turistas aumenta el fin de semana. Hace sentido que Isabel Allende eligiera ese lugar para echar raíces. Mar, casas encumbradas, arquitectura victoriana, cafés a la calle, estudios de yoga y barbería a la antigua usanza. Desayunar en Poggio, un restorán junto a Casa Madrona, es un buen consejo en Sausalito. La oficina de Isabel está a seis minutos caminando. Hay que irse por calle Bridgeway, que es la costanera, hasta encontrarse con Caledonia. En un santiamén se está frente a la casa esquina, de tejas café y marcos de ventana blancos, construida en 1903 y que perteneció Frank Lindsey un ex alcalde de Sausalito. Ahí está la casa que figura en Google Map como oficina del abogado Willie Gordon (Isabel más tarde aclararía que la casa es de ella). Tras golpear la puerta, abre Chandra Ramírez, su asistente y junto a ella, la escritora. Isabel se ve elegante. Viste un pantalón negro, una blusa de seda verde petróleo y una chaqueta en el mismo tono con toques negros y un diseño amarillo sobre su hombro derecho, y joyas étnicas de diseño de su amiga Tabra, a quien describe y dedica varias páginas en su libro La suma de los días. El toque informal lo dan sus zuecos de cuero, esos que usan las médicos y enfermeras, pero negros. Imagino que los usa porque sabe que se ve bien, pero quiere estar cómoda. Isabel dice que no, pero sí. Es una rockstar. La escritora está seria, pero amable.

 Debe pensar que es una invasión justo en su retiro literario donde su tiempo frente al computador vale literalmente oro. Tras las respectivas presentaciones, ofrece café o té y Chandra va a prepararlos. Ella prefiere un té muy simple. Instalo el trípode. Isabel me sugiere dónde ponerlo para que llegue buena luz y me advierte que es bajita, para que acomode bien la altura de la cámara. Como si no lo hubiera notado. Lo de la estatura en ella es un tema, siempre lo saca a relucir. Me recuerda que solo tenemos una hora para conversar, después tiene una reunión. Me apuro, hay que grabar. “Llegó un momento en que él mismo me dijo que sabía lo que yo quería, pero no me lo podía dar, al decirme eso, yo entendí que él no podía hacer un esfuerzo más grande del que estaba haciendo. Entonces yo le dije: ‘Willie mejor nos separamos’, y él me dijo… ‘bueno’”. ADIÓS A LA TRIBU 

¿Cómo está después de la separación de Willie? 

Después de la separación de Willie se terminó una vida. Era una vida tribal, era una familia grande, en una casa grande con piscina, donde se juntaba todo el mundo, pero los nietos se fueron al college como pasa en este país, se van lo más lejos que pueden de la familia y después se juntan a veces para el día de acción de gracias, pero se pierde el contacto que no sea Facebook y esas cosas virtuales. No es como la familia chilena. Se perdió la tribu. A los pocos días de estar en esa casa enorme donde estaba dando vueltas sola, oía fantasmas en las piezas vacías. Entonces me fui a una casita chica. A los tres días de estar durmiendo en esa casa chica, que ahora es mi casa, comprendí que nunca más iba a volver a la casa grande, ni al matrimonio ni a la vida anterior. Era una etapa cumplida. Ahora empieza otra etapa. Este año ha sido un año de abrirme a nuevas posibilidades y de optimismo yo diría, después de todo lo que pasó el año pasado. Isabel está triste. No es una pose para la cámara. Se nota en sus ojos, debajo de ese maquillaje perfecto, su mirada delata cansancio. Luego mira, quiere otra pregunta. 

 Pero siendo usted una mujer tan independiente, ¿le costó salir de esa especie de zona de confort o costumbre que pueden producir tantos años de matrimonio? 

Yo no soy independiente emocionalmente. Soy independiente en cuanto a mi vida, hago lo que tengo que hacer y no pido ayuda. Emocionalmente siempre he sido dependiente. Siempre he vivido en pareja, me encanta estar enamorada, lo he estado toda la vida y soy muy apasionada y muy romántica. Nuestro matrimonio se fue deshaciendo de a poco, no fue una decisión de un día, me demoré creo que cinco años en tomar la resolución de que era mejor separarse. Willie empezó a deprimirse mucho. Hace tres años murió su hijo menor de una sobredosis de heroína. Y Willie, quien lo había mantenido durante 35 años porque estaba convencido que era una especie de genio no reconocido, se encontró cara a cara con la realidad que todo el resto de la gente veía y que él negaba, y era que el chico era drogadicto. Fue la pérdida del hijo, más la tremenda desilusión de sentirse engañado, de sentir que había vivido todo este tiempo en una especie de fantasía, y eso lo terminó de deprimir. Estaba tomando antidepresivos, terapias. Había mucha ayuda. Pero se fue cerrando y no había manera de ayudarlo. Perdió interés en la pareja, en la vida de familia. Y llegó un momento en que él mismo me dijo que sabía lo que yo quería, pero no me lo podía dar. Al decirme eso, yo entendí que él no podía hacer un esfuerzo más grande del que estaba haciendo. Entonces yo le dije: ‘Willie mejor nos separamos’, y él me dijo… ‘bueno’”. Se encoge de hombros imitando la respuesta de Willie y agrega: “No hubo portazos ni malas palabras ni hostilidad. Aún nos visitamos de vez en cuando, y compartimos el cuidado de nuestra perra”. Viven en distintas casas y tienen una buena amistad. 

Finalmente eso es lo que cree Isabel que tenía con Willie, una buena amistad. “¿Sabes?, fue difícil y muy triste. Nadie quiere empezar de nuevo a mi edad y, además, yo quiero mucho a Willie, es una muy buena persona y me costó tomar la decisión, pero una vez que la tomé… Como todo en la vida, una vez que tomo una decisión, ya no miro más para atrás. Y he empezado tantas veces desde el principio, otra vez, en tantas partes, que eso no me asusta mucho”. Tal como Mario Vargas Llosa, 

¿estaría dispuesta a encontrar el amor nuevamente?

 Claro que sí –dice entusiasmada–, pero es más difícil para una mujer que para un hombre a esta edad. Imagínate, me tocarían unos caballeros de 79 años ¡con cáncer a la próstata!, qué lata –se ríe y luego mira melancólica–. En cambio un hombre puede tener una mujer mucho más joven, y parece que es lo usual.

EL LEGADO DE PAULA 
El 2015 remeció el piso de Isabel. Pero donde más tocó fondo fue sobrevivir a la muerte de su hija Paula, en 1992. Durante toda la agonía, Isabel escribió Paula, libro traducido a más de 30 idiomas. Todo lo que ha recaudado Isabel lo destinó a abrir la Fundación Isabel Allende, cuyo objetivo es ayudar a organizaciones sin fines de lucro en California y Chile, focalizadas en acceso a derechos reproductivos, salud, educación y protección contra la violencia a mujeres y a niñas. 

 ¿Cómo es la Isabel después de tantos años sin Paula?

 Me he repuesto de la tristeza. Nunca estuve deprimida y me doy cuenta que ahora soy otra persona, una mejor que antes. En cierta forma tuve que madurar de golpe y porrazo. Fueron cinco años muy difíciles, la enfermedad de Paula, la muerte de Paula, la desaparición de la hija de Willie que era drogadicta y que acababa de dar a luz, a una chica que hoy se está graduando del college en mayo, eso es algo bueno –Isabel hace una pausa y respira hondo–, han pasado muchas cosas y nada me parece tan grave. Incluso la separación de Willie, ya que no es ni el 10 por ciento del dolor que sufrí con la pérdida de Paula. Estoy preparada para cualquier cosa. Lo único grave que me podría suceder es que le pasara algo a Nicolás, pero todo lo demás es soportable.

 ¿Por qué su fundación no tiene una sede en Chile? 

Es muy difícil, llevo más de 40 años viviendo fuera de Chile. Cuando partí con la fundación estaba con Willie y pensé que mi vida junto a él sería para siempre aquí en California. Luego apareció Lori –su nuera– que transformó la fundación y yo no me la voy a llevar a Chile, mira que lleva años tratando de aprender español y no puede… Si se fuera a Chile sería un pez fuera del agua. Ella tiene a toda su enorme familia Barra en Brooklyn, se visitan todo el tiempo. Hay demasiada cosa familiar. Lori tiene ese carácter fuerte, organizado, y al mismo tiempo un corazón generoso, es la persona más compasiva, capaz de ir a un orfelinato en Nepal o Guajaca, adonde sea. En ese sentido es muy buena, ya que es lo que hubiera hecho Paula con la fundación. 

 En La suma de los días cuenta que hizo lo imposible para que Nicolás se fijara en Lori y viceversa. ¿Usted siempre trata de organizar la vida de los demás? ¿Nadie le para los carros? 

Soy lo más intrusa que hay, me meto en la vida de los demás para resolvérsela, lo que es un error fundamental. No me resulta jamás, meto las patas siempre. Pero por un milagro, o por un milagro de Paula, lo de Lori y Nico resultó. Apenas se vieron se enamoraron, llevan 18 años juntos y son muy felices. Lori se parece mucho a Paula, por eso Nico se enamoró. Lori me para los carros, Nico más todavía y Chandra, mi asistente también. Los tres me paran el carro y me cuidan. 

 En varios de sus libros usted ha revelado detalles de su vida privada y la de los demás. ¿Cuál ha sido el costo? 

El costo que he pagado en la vida es porque ese es el destino o porque esa fue mi personalidad. Se podría decir que son mis dos divorcios. Pero no, tal vez me hubiera divorciado igual si no tuviera el trabajo que tengo. No siento que haya pagado algún costo. Todo lo contrario. He tenido una suerte loca. Los libros me han dado relaciones en el mundo. Yo puedo ir a cualquier parte y habrá gente que me va a recibir con cariño –mueve los brazos y dice– ¡eso es impagable! No he pagado por el éxito, al contrario; el éxito es un bono, me ha dado mucho en la vida.

 ¿Alguna vez se ha autocensurado? 

Sí, me he autocensurado. Nunca describo tortura porque no quiero meterle ideas en la cabeza a un sicópata. En cambio describo en detalle el amor, el sexo, para que por favor aprendan algún día algo estos caballeros. También me he censurado cuando escribo memorias. Entonces lo que hago es mandar a traducir lo que he escrito al inglés, y se los muestro a Nico, Willie, Lori o a mis nietos que no leen en español. Si ellos me piden sacar algo, lo saco. Pero si me piden cambiar algo, no lo hago. Lo dejo como está. Tengo mucha conciencia que la vida de los demás no me pertenece, mi vida es pública, la de ellos no. Por otra parte, no tengo un editor que me dice: “Saca esto de la página 40”. Nadie toca mis libros. Nadie me obliga a hacer nada. Esa libertad inmensa para hacer lo que quiero en el tiempo me lo dieron los lectores. 

 Usted es de izquierda. Sin embargo, recibió el Premio Nacional de Literatura por parte de Sebastián Piñera y muchos de los que la critican vienen de su mismo sector político.

 Estoy muy agradecida de Sebastián Piñera porque el Premio Nacional de Literatura lo consiguió él y su ministro de Educación del momento, entonces nadie podría decir que fue una cosa política. Eso fue muy bueno, porque ser reconocida en Chile era importante para mí. Ser profeta en la propia tierra es difícil, en Chile es donde tengo los peores enemigos en los críticos, en ninguna parte del mundo tengo tanta crítica negativa, lo que no es raro. He hablado con otros escritores de Irlanda u otros países chicos y me han dicho lo mismo. Cuando venimos de países pequeños siempre hay un poco de envidia, porque hay poco espacio y piensan que uno se está tragando todo el oxígeno y no queda aire para los demás. No se dan cuenta que si gano un lector no solo va a leer libros míos; gano un lector para mí y todos los demás, pero así no se entienden las cosas en Chile. 

 Pero algo le debe afectar. Bueno, no me llega mucho. Tú me dices ahora cómo te afecta la envidia, o mi mamá de repente desde Chile me dice, “Ay mijita, ¡aquí hay otro envidioso!”. Pero yo no las leo, y el mundo chico que vivo es de escribir, investigar y apasionarme con algo, eso no me llega, y la gente no es tan mala tampoco para estar mandándome las malas críticas. El editor tiene la obligación de mandarlas pero no las leo, no hay ni tiempo. “En Chile es donde tengo los peores enemigos en los críticos, en ninguna parte del mundo tengo tanta crítica negativa, lo que no es raro. Cuando venimos de países pequeños siempre hay un poco de envidia, porque piensan que uno se está tragando todo el oxígeno”. 

 ISABEL, MICHELLE Y CHILE 
El miércoles 27 de abril, Isabel publicó en El Mercurio una columna criticando la oposición de una parte del Congreso chileno a la ley de aborto. “Si los hombres tuvieran guagua, el aborto sería un derecho”, escribió. Dice que lo hizo motivada por la próxima votación del Senado.

 “Como ya he dicho a menudo, nadie es pro-aborto, tal como nadie es pro-quimioterapia o pro-amputación. Son medidas extremas ante una situación crítica. Si la educación sexual desde la pubertad y los anticonceptivos gratuitos estuvieran al alcance de todos, menores de edad tanto como adultos, el aborto no sería necesario, salvo en ciertos casos imprevisibles. Como mujer, exijo tener control sobre mi cuerpo, mi fertilidad y mi destino”, declaró. 

 La Iglesia Católica dice que los defensores del aborto tienen una disonancia al defender los derechos humanos, donde el primer derecho es a la vida. Sin embargo, están a favor del aborto. ¿Cuál es su opinión?

 Podemos dar vuelta su pregunta. Mucha de la misma gente que defiende el derecho a la vida desde el instante en que el óvulo es fertilizado no se interesa mayormente por los derechos humanos en Chile o el mundo; incluso muchos ignoraron e ignoran hasta hoy los asesinatos y otras atrocidades cometidas durante la dictadura.

 La escritora tiene la nacionalidad estadounidense y recibió la Medalla Presidencial de la libertad de manos de Barack Obama, el mayor honor que puede recibir un ciudadano norteamericano.Con orgullo, muestra una foto que tiene con el mandatario. 

Lo conoce desde antes de que fuera Presidente y siente por él, dice, un enorme cariño. “Ahora estoy muy metida en la política de los Estados Unidos por las elecciones –suspira–. ¡Uf! Cuando se presentó Trump como candidato, la gente dijo: este es un payaso. Yo me asusté altiro. Él tiene ciertas características que son muy fáciles de reconocer: carisma, la habilidad de conectarse con una necesidad, y la gente está muy enojada y asustada. Él alimenta el susto y la rabia. El hecho de que llegara hasta aquí te dice mucho sobre el país y lo mucho que están desconectados los otros políticos con la gente. Tengo mucho miedo con Trump porque veo que no es él solamente, sino un sector de la población. Pero hay descontento en cierta parte de la población por los inmigrantes. La gente les echa la culpa a los inmigrantes por la falta de trabajo, cuando la culpa la tienen las corporaciones que han sacado todos los trabajos para hacerlos en la India o en la China, Sri Lanka o no sé dónde, y a la tecnología. Esto es una revolución tecnológica como la Revolución Industrial. El país tiene que adaptarse y esa gente está sufriendo. El inmigrante no es una persona que viene a aprovecharse del sistema. Es una persona que está saliendo de una situación desesperada. Uno no deja lo que ama a no ser de que esté desesperado.

 ¿Cómo ve la situación actual del gobierno de Chile?
 Le tengo un tremenda admiración, respeto y cariño a la Michelle. Creo que es una persona excepcional y todo este problema que ha habido con lo que hizo el hijo –recalca molesta–… hay que ser bien pelotudo para hacer una cosa como esa cuando su madre es Presidenta de la República. Creo que ella no sabía nada de eso. Se llevó la sorpresa y ha tenido que pagar. Yo la entiendo, 
¿qué haría yo si Nicolás hace una cosa así?, bueno, estaría con el corazón dividido. Chile en este momento está en una situación política que es muy parecida a lo que se vive en otras partes. La gente no cree en la institución política, en sus representantes. “En Estados Unidos tampoco hay líderes. Hay una crisis de los partidos, yo creo que el partido demócrata o la izquierda en Chile también están en crisis. 

¿Quién hay en la izquierda en Chile para reemplazar a la Michelle?”. ¿Cree que la derecha en Chile está destinada a desaparecer porque hoy no hay líderes? 

¡No! No creo que la derecha vaya a morir nunca en ninguna parte. Siempre hay una parte de la población que quiere conservar y con lo cual se siente cómodo, en todas partes y, ¿ por qué va a morir la derecha? No. Lo que pasa es que tiene que cambiar. Es lo que pasa aquí con el Partido Republicano. Está quebrado por Trump. Pero tiene que cambiar, adaptarse a lo que hay y, eso le va a pasar a la derecha chilena. Pero no hay líderes. En Estados Unidos tampoco hay líderes. 

Hay una crisis de los partidos, el partido demócrata o la izquierda en Chile también están en crisis. ¿Quién hay en la izquierda en Chile para reemplazar a la Michelle? ¿Cómo ve a Chile desde afuera? Desde afuera se ve muy bien, porque se ve un país donde la gente está yendo en busca de oportunidades. Hay más venezolanos en Santiago que en Caracas y van de Perú, Colombia y de todas partes. Es un país que tiene estabilidad política, económica y social. Pero fíjate que lo que una de las cosas que más me revientan de Chile, y quizás la que más, es el clasismo, esas castas como en la India y que son muy poco permeables. Tú naces de un cierto apellido para abajo y hagas lo que hagas te quedaste abajo. Tal vez puedas tener una situación económica pero en materia de clases no eres aceptado –se lleva las manos a las sienes– eso me revienta y es algo que en Chile todavía no ha cambiado.

El tiempo de la entrevista ha concluido. Su felicidad vuelve al rostro cuando ve entrar a su perra Dulce, que viene de la peluquería. Presenta a Lori, su nuera. Es alta, delgada, de pelo crespo. Chandra nos toma una foto con mi celular. Ahora Isabel debe estar escribiendo. Y, aunque esté rodeada de fotografías, paredes blancas y afuera de su estudio en Sausalito seguro hay un sol radiante, está metida dentro de una tormenta. La que inspira su próxima novela.


Isabel Allende: ‘La ficción es verdad, las noticias falsas son censura’


El 24 de marzo la escritora chilena exitosa Isabel Allende recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Gante, Bélgica. Gie Goris la visitó en San Francisco, donde discutieron intensamente las historias y las mentiras, las mujeres y el poder, la política y la migración. ‘La fuerza de las mujeres no reside en el poder o en la fuerza física, sino en la resiliencia y la compasión.’ GIE GORIS . 
10 ABRIL 2017 
Isabel Allende escribió grandes éxitos como La casa de los espíritus, Eva Luna, Paula, El amante japonés y De amor y de sombra. Más adelante en el 2017 sale Más allá del invierno, la historia de una refugiada guatemalteca y un periodista chileno que viven una noche terrible en Nueva York. Con ese título, Isabel Allende refiere a L’Été de Albert Camus: ‘En lo más profundo del invierno, finalmente aprendí que dentro de mí se encuentra un invencible verano’. El 24 de marzo, la Universidad de Gante le otorgó a Isabel Allende el doctorado honoris causa por el gran impacto que ha tenido su obra en la sociedad. Se le otorgó sin concertación alguna con la facultad de Letras, provocando múltiples reacciones críticas acerca del realismo mágico, que sería pasado de moda, de las consecuencias nefastas del exotismo y de la relación complicada entre las cifras de venta y el valor literario. ‘La mayoría de los comentarios sobre mi trabajo, los hacen en idiomas que no entiendo’ ‘La mayoría de los comentarios sobre mi trabajo, los hacen en idiomas que no entiendo’, me dijo la escritora durante la conversación que tuvimos a principios de este mes en Sausalito, San Francisco. 

Isabel Allende escribe sus libros en español, pero luego se ven traducidos a 35 idiomas. En el mundo entero, millones de lectores los devoran. Su casa, donde tenemos la primera parte de nuestra conversación, funcionaría sin problema como continuación de La casa de los espíritus. A finales del siglo XIX la casa servía de burdel de lujo, después se convirtió en una iglesia pentecostal y más tarde en una fábrica de chocolate. Hoy en día aloja las oficinas de Isabel Allende y de la Fundación Isabel Allende. Esta fundación invierte anualmente alrededor de un millón de dólares en proyectos fomentando la igualdad de oportunidades para las chicas, la igualdad salarial y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. 

 Isabel Allende cuenta la larga historia de esta fundación – todo es una larga historia con Isabel Allende – en la segunda parte de la conversación, acompañada por unos excelentes sushis, sake y helado de té verde. Isabel Allende: Guardé los beneficios de Paula, el libro que escribí sobre la enfermedad y la muerte de mi hija Paula Frías, en una cuenta especial. Ni sabía qué iba a hacer con el dinero. Después de su fallecimiento, no lograba volver a crear obras nuevas. El bloqueo del escritor, creía. Pero un amigo hablaba de un depósito vacío. Me aconsejó volver a llenar el depósito de historias e imágenes. ‘Es terrible que hasta una madre se quiera deshacer de su hija porque una chica sería inferior, sería una carga.’ Con este propósito, hice un viaje por la India. Algún día, bajo el sofocante sol de Rajastán, el motor del coche se sobrecalentó y el conductor tuvo que pararlo. Mi amiga y yo nos quedamos en la sombra de una acacia grande, juntas con unas mujeres de allá. No nos entendíamos, pero intentábamos expresarnos con gestos. Les regalamos las pulseras que acabábamos de comprar. 

A la hora de continuar nuestro camino, una de las mujeres me siguió para darme un paquete a cambio. Quería decirle que no lo podía aceptar, pero no me hizo caso. Abrí el paquete y descubrí con espanto un recién nacido. El conductor devolvió el paquete a la mujer y nos dijo que subiéramos al coche. Cuando otra vez expresé mi consternación, el conductor contestó: 

‘Era una chica. ¿Quién quisiera una chica?’

 Fue en este momento exacto cuando supe qué hacer con los beneficios de Paula. Es terrible que hasta una madre se quiera deshacer de su hija porque una chica sería inferior, sería una carga. Fue en la original casa de los espíritus donde Isabel Allende se dio cuenta por primera vez de que las mujeres tenían menos oportunidades y menos derechos que los hombres. Isabel Allende y su mamá vivían en la casa de su abuelo. Como consecuencia, a la hora de tomar decisiones, su madre dependía de los hombres. ‘Muy joven, me convertí en una persona rebelde y, cuanto más crecía, cuanto más me oponía a toda forma de autoridad.’ Un cargo de periodista para una revista feminista le permitió canalizar la ira de una forma constructiva. Sin embargo, dejó el periodismo y pasó a la ficción. 

¿Por qué?
 Isabel Allende: Es que soy más bien una mentirosa, y no una fuente confiable de hechos. Ya como periodista no investigaba, no ejercía periodismo como tal. Yo contaba historias. El periodismo es un mundo inmediato y apresurado. La literatura me da la libertad para decir la verdad sin estar restringida por las evidencias, ni por los hechos, ni por la parcialidad de mi propia opinión. Lo que es más, no funciona la ficción que no tenga raíz en la realidad. Al lector le hace falta una base de verdad y de credibilidad, si quieres que se rinda a la ficción. ‘La ficción que escribo se basa en investigaciones profundas. Ellos propagan mentiras a fin de ocultar la realidad. “Hechos alternativos” y “noticias falsas” son formas contemporáneas de la censura de las dictaduras de los años sesenta.’ 

¿Entonces, los hechos alternativos del nuevo presidente norteamericano son también una forma de ficción?

Isabel Allende: No, son mentiras. La ficción que escribo yo se basa en investigaciones profundas. Ellos propagan mentiras a fin de ocultar la realidad. “Hechos alternativos” y “noticias falsas” son formas contemporáneas de la censura de las dictaduras de los años sesenta. Por el contrario, el arte se distingue por querer mostrar la vida y darle sentido. Es una manera de buscar la verdad. Al Día Internacional de la Mujer se le presta cada vez más atención. 

¿Le alegra? 

 Isabel Allende: Lamento que necesitemos un día así. No necesitamos un día del hombre. El hombre y la masculinidad ya tienen su lugar en la sociedad y no suscita la polémica. En cuanto a la mujer y a la feminidad, es otra cosa. Luego en los EE.UU. eligen como presidente un tal Donald Trump, un presidente misógino que por sorpresa supo convencer al 51 por ciento de los votantes femeninos. Mientras que la otra candidata, Hillary Clinton, quería encarnar la emancipación exitosa.

 Isabel Allende: Hillary Clinton no representaba tanto a las mujeres norteamericanas, sino al statu quo del sistema, incluidas todas las ventajas de la élite. Hillary no declaraba nada nuevo, mientras que Trump claramente proponía un cambio – un cambio negativo, creo yo, pero un cambio, de todo modo. El género no ha jugado ningún papel en este asunto. ‘Si de algún escritor se dice que es importante, se trata de un escritor masculino de piel blanco. Si no, se añade que el escritor es una mujer, que es negro o latinoamericano…’

 ¿El género tendría que ocupar el centro de cada debate o política? 

 Isabel Allende: El género no tendría que ocupar el centro en sí, pero es una preocupación que siempre tiene que estar presente. Sin embargo, no se elige a alguien por ser mujer, por su raza, su color de piel, su origen étnica o su religión. Lo que verdaderamente importa es el programa y las competencias del candidato. Lo mismo vale para la literatura. Si de algún escritor se dice que es importante, se trata de un escritor masculino de piel blanca. Si no, no falta la mención que se trata de una mujer, que es negro o latinoamericano… El adjetivo disminuye la importancia o el valor de su literatura y a la vez confirma una norma que para los “demás” no está alcanzable. 

 ¿Cómo de importante ha sido Michelle Bachelet, la primera presidenta femenina de Chile y de Latinoamérica, elegida dos veces? 

 Isabel Allende: La primera vez que fue elegida, acabó con todos los tabúes del Chile conservador y católico. Es una mujer, una madre soltera, una socialista y una atea. El primer tema que trató en calidad de presidenta era la violencia familiar. La segunda vez que ganó las elecciones, lo debía a la fuerza de su propia personalidad, a pesar de que los partidos políticos que le apoyaban habían perdido la confianza del pueblo. La popularidad débil de su gobierno no es una moción de censura contra ella, sino contra los miembros de su gobierno. Ella es una mujer extremadamente fuerte.

 ¿Cómo define usted a una mujer fuerte?

 Isabel Allende: La fuerza de la mujer no reside en el poder o en la fuerza física, sino en la resiliencia y la compasión. Cada vez que la oprimen, se levanta. Miles de veces. Se encarga de otras personas, incluso cuando nadie se encarga de ella. Las mujeres fuertes no son líderes, son personas que unen. En Chile, muchas veces el padre está ausente. La mujer, sin embargo, siempre constituye el apoyo de la familia y de la comunidad más amplia.

 ¿El objetivo del feminismo no es crear más espacio para mujeres para que puedan expresarse, también fuera de la familia tradicional? 

 Isabel Allende: El núcleo del feminismo es poder tomar las mismas decisiones que toman los hombres. Las mujeres debemos tener el derecho de elegir una vida de ama de casa, pero también una vida de presidenta o de militar. De tomar decisiones en cuanto a nuestra salud reproductiva, pero también en cuanto a nuestras competencias intelectuales o artísticas. Las mujeres todavía debemos luchar por nuestros derechos o decisiones. A los hombres no les resulta tan problemático. 

 ¿Usted cree que la marcha de las mujeres, después del juramento del presidente Trump, fue un paso en la buena dirección para ampliar las posibilidades?

 Isabel Allende: Claro. Fue una marcha alegre y clemente que ha unido a millones de personas. Fue más una celebración que una protesta amarga, aunque esta marcha ha sido posible por la elección de Trump. Él representa la misoginia. Es una amenaza para todo lo que las mujeres hemos adquirido. Si el presidente se jacta de agresión en contra de mujeres, ¿quién evitará que esto se vuelva la norma en la sociedad? Es un ataque directo y brutal a los derechos de las mujeres, tenemos que resistir. Y tendremos que persistir en ello. 

 Parece que persistir no es fácil. En América Latina, los gobiernos de izquierda retroceden para ceder su lugar a los partidos de derecha. 

Isabel Allende: Ya tengo una edad suficiente para saber que las cosas cambian. Durante mucho tiempo, Chile ha sido la sociedad más conservadora de Latinoamérica. Pero también fue el primer país con un presidente marxista [Salvador Allende, un familiar de su padre]. Después, el país vivió bajo el mando austero de la extrema derecha y de la dictadura liberal [de Augusto Pinochet] y, más tarde, eligió a la primera presidente femenina del continente. Ahora, la izquierda se cambia de nuevo por la derecha. ‘Lo que a mí me da esperanza, es que los jóvenes no participan a las elecciones, porque los partidos y las instituciones de hoy tienen sus raíces en el siglo XIX, mientras las necesidades de la época en la que vivimos, la época de información y comunicación, no se ven cumplidas.’ 

 ¿Aún queda esperanza, o solo resignación?

 Isabel Allende: Lo que a mí me da esperanza, es que los jóvenes no participan a las elecciones, porque los partidos y las instituciones de hoy tienen sus raíces en el siglo XIX, mientras no se cumplen las necesidades de la época en la que vivimos, la época de información y comunicación. 

¿Por qué le da esperanza? 

 Isabel Allende: Sé que esta generación tomará las riendas en unos diez años y cambiará mucho. Cambiará la manera de elegir y de tomar decisiones. La juventud reaccionará, como reaccionaron las mujeres. La campaña de Bernie Sanders ha mostrado que esta reacción ya está en marcha. La decepción del Partido Democrático como entidad del establishment se debe traducir en la construcción de algo nuevo, dentro o fuera del partido. Uno de las cuestiones centrales en la política contemporánea es la migración. Tanto en Europa como en los EE.UU. hay partidos políticos que tienen mucho éxito creando un clima de ansiedad alrededor de los inmigrantes y los refugiados. 

Usted también es una inmigrante en este país. 
¿Cómo experiencia esta nueva tendencia?

 Isabel Allende: Hoy, muchísimas personas emigran. La mayoría huye de la guerra y de la violencia, pero también del hambre y de la pobreza. Se requiere una respuesta a escala mundial. El enfoque más importante sería acabar con el abismo entre los have y los have-not. Mientras no pongamos fin a esta oposición, mientras dejemos que siga creciendo, los conflictos violentos serán inevitables. En un mundo donde las fronteras ceden ante los capitales, los bienes y los conocimientos, es intolerable que se fortalezcan ante las personas.

 Este es el siglo de la migración y de la verdadera mundialización para todos. Para la mayoría de las personas la migración no es una elección.

 Isabel Allende: Yo tampoco quería irme de Chile en el 1973. Pero después decidí huir a Estados Unidos. Los refugios se van porque quieren sobrevivir. La situación en Guatemala es tan brutal, hay mucha violencia de bandas, muchísima corrupción y pobreza, que muchas personas no tienen más remedios que huir de su país. Muchas veces quienes se marchan son los jóvenes, los que tienen el coraje o la fuerza de hacerlo. Los ancianos, los enfermos y los débiles se quedan atrás. ‘La gente prefiere vivir en un lugar donde se puedan sentir en casa, donde hablen el idioma y donde tengan relaciones, a donde no tienen ni derechos, ni historia, ni familia.’

 ¿Usted dice que la migración presenta un beneficio al país de acogida, pero que es lo peor que pueda ocurrirle al país de origen? 

 Isabel Allende: Sí, la migración es un síntoma de un problema más profundo y mucho peor. A los que huyen de Siria les gustaría quedarse en Siria. Cada familia guatemalteca que conozco hubiera querido quedarse allá. La gente prefiere vivir en un lugar donde se puedan sentir en casa, donde hablen el idioma y donde tengan relaciones, a donde no tengan ni derechos, ni historia, ni familia. La violencia o la injusticia que hacen huir a esa gente tienen que solucionarse allá. Además, tendríamos que poner menos énfasis en las diferencias y las fronteras. 

Todos somos humanos. Tenemos las mismas necesidades, ansiedades y esperanzas. Pero la gente necesita un arraigamiento local o, por lo menos, la sensación de pertenecer a un grupo o una comunidad.

 Isabel Allende: Sí, estoy consciente de esto, pero yo creo en la evolución. Ya no vivimos en la época de las tribus. Aunque la historia no sea una línea recta, en sus oscilaciones veo una tendencia hacia un mundo más democrático, inclusivo e informado. Hoy en día, más familias que nunca pertenecen a una clase media y viven cómodamente. El año 2017 toca fondos, con la aparición abrupta de un nuevo tipo de nacionalismo y de la extrema derecha, pero no creo que la tendencia general cambie. 

Una de las identidades comunitarias que volvió a aparecer en los últimos años es la identidad religiosa. Pero la religión se considera ahora como una ideología política, menos como una espiritualidad.

 Isabel Allende: No estoy religiosa, pero veo la importancia de la religión para otras personas. A mucha gente le hace falta creer en algo. Pienso que la creencia en un tal dios puede ser el primer paso hacia la construcción conjunta de un mundo mejor. Personalmente desconfío de las religiones organizadas, porque tienen el poder de convertir a las personas en fanáticos. 

La religión puede tornarse en un arma terrible de opresión de la gente, pero también puede constituir una fuerza benéfica. La espiritualidad es un elemento bastante importante en sus libros. 

 Isabel Allende: Cuento historias que me importan a mí. Para hacerlo, busco la conexión con la esperanza, la ansiedad o la consciencia colectiva. Esta conexión se logra al estar a solas para escribir. A lo mejor se aplica también a los místicos o a los monjes. No es algo racional, es algo intuitivo. Las historias que cuento no son mensajes ocultos, sino experiencias que quiero transmitir. Los cuentos son la esencia de la lengua y la cohesión de la gente depende de los cuentos. La música es un cuento, la historia es un cuento. Y cada cuento nos ofrece comprensión. 

En cuanto a sus referencias literarias, usted menciona, por supuesto, a los escritores del boom latinoamericano, como García Márquez y Vargas Llosa, pero también a escritores rusos del siglo XIX, como Turguénev y Bulgákov. Sin embargo, la literatura de estos autores rusos es mucho más oscura y exigente que la suya.

 Isabel Allende: ¿No se debe a su cultura en general? ¿Los rusos no son mucho más dramáticos que los latinoamericanos? América Latina es un continente caracterizado por la explotación, la violencia y la opresión. Pero al mismo tiempo, es un continente de colores y de olores, de música y de celebraciones. Incluso en Oaxaca, uno de los estados de México, caracterizado por la violencia y la pobreza aguda, la gente sigue reuniéndose para celebrar la vida y la muerte con música, baile y flores coloridas. ‘Escribo en español porque una novela no surge de la cabeza, sino del vientre.’

Usted ya lleva varios años sin vivir en esta realidad. ¿Es la razón por la que guarda más este tono latino que la mayoría de los escritores latinoamericanos jóvenes? 

 Isabel Allende: Mis padres viven en Chile, tienen 101 y 96 años, pues, viajo a Chile con frecuencia. En los EE.UU. también estoy en contacto constante con muchos emigrantes latinoamericanos. Escribo en español, porque una novela no surge de la cabeza, sino del vientre, donde reina el idioma materno. Sueño en español, juro en español. Cuando rezo, rezo en español. He aprendido el valor de los cuentos en la cocina de la casa de mi abuelo. Siempre sonaba una radio. En las demás partes de la casa estaba prohibida, por miedo de la vulgaridad que introduciría en el hogar. Escuchaba con ganas el radioteatro que se emitía entre las canciones. Para mí, los cuentos son una brújula que me ayuda a encontrar mi lugar en el universo. 

 Traducción: Jan Lievens

Isabel Allende y Roger Cukras: “Me siento amada, deseada como nunca”



La novelista chilena describe así su relación de casi un año con el abogado neoyorquino, con quien ya tiene planes de convivir a partir de diciembre. Una historia de amor y pasión a los 75 años, que la autora de La casa de los espíritus relata con detalles y también deja ver sus propios temores. “Soy brutalmente independiente y privada para muchas cosas. Por ejemplo, me carga compartir el baño. Tengo un jardín secreto... Eso Roger tendrá que entenderlo y respetarlo”. 

En agosto cumplió 75 años y aunque una vez más no se celebró para evitar ser el centro de atención, este nuevo año encontró a Isabel Allende llena de entusiasmo, sana, lanzando su reciente libro Más allá del invierno, investigando para una próxima publicación y, sobre todo, ¡enamorada! “¡Volví a los 17!, siento que me queda tanto por vivir. Con esa felicidad, curiosidad, ganas de jugártela y de correr riesgos que te pasa cuando te enamoras”, confiesa muerta de la risa la escritora chilena y Premio Nacional de Literatura, que ha vendido más de 65 millones de libros. Y apunta como responsable de esa sensación juvenil a Roger Cukras; el abogado neoyorquino también de 75, con quien en octubre cumplirá un año de relación y con quien tiene proyectado en diciembre iniciar una vida en común.

 Un romance intenso que partió como un simple flirteo por mail en mayo de 2016, cuando Roger —dos hijos, especialista en derecho fiscal y socio del bufete Ingram de NY— manejando camino a Boston, escuchó una entrevista radial a Isabel, de quien ya había leído varios libros desde que cayó en sus manos La casa de los espíritus. El jurista que llevaba casi tres años viudo, cautivado con la “creatividad y lucidez” de su escritora favorita, decidió que una vez que llegara a su destino le escribiría un mail, convencido eso sí de que ella jamás le respondería. La novelista, por su parte, venía saliendo de un proceso personal complicado: se había separado de William Gordon —tras 28 años casados— y había enfrentado la muerte de dos de sus mejores amigos y de su adorada mascota Olivia, quien la acompañó durante 17 años. “La perra murió justo cuando nos separamos; fue una metáfora del fin de nuestra relación.

Con Willie lloramos por ella lo que no lloramos por nosotros. Fue una relación de 28 años y nos separamos bastante viejos. Me sentí en uno de esos inviernos por los que pasan los protagonistas de mi libro, pero sabiendo que saldría de ahí, porque nada se compara con lo que viví en el pasado. Ya me ocurrió lo peor, murió Paulita, lo que me pase ahora no es ni la mitad de lo que ya viví”, dice sobre su hija mayor, que el 6 de diciembre cumplirá 25 años desde que partió por un cuadro de porfiria. Esa fecha la pillará iniciando sus vacaciones tras una ardua gira de promoción de su última publicación por 24 ciudades de Estados Unidos. “No había pensado nada en particular. Siempre para esa fecha vamos con mi hijo al bosque donde esparcimos sus cenizas y pasamos buena parte del día”. Isabel comenzaba entonces una nueva etapa. 

Estaba acomodándose a la soledad e instalándose en una casa más pequeña que compró a 15 minutos de la de su hijo Nicolás Frías, en San Francisco, luego de que junto a Willie vendieran la residencia que tenían y regalaran los muebles de esa enorme construcción ubicada en la colina de uno de los sectores más exclusivos de San Rafael. Un hecho que significó para Isabel un verdadero acto de liberación. “Me deshice del 90% de lo que tenía. Desprenderse de lo material fue maravilloso. Un cambio tan violento de vida como ese al final te energiza, entusiasma, es como una aventura. Me encanta mi casa más pequeña, con decirte que me paro en ciertos puntos, ¡y la veo completa!”. 

CORRESPONDENCIA SEDUCTORA 

 En ese proceso estaba, cuando comenzó a recibir varios mails de su admirador. “Tuvo la paciencia de escribirme cada mañana y noche durante cinco meses y sin conocerme. Se convirtió en algo adictivo. Lo primero que hacía al despertar era abrir el teléfono para ver si me había escrito; ¡ni un solo día dejó de hacerlo! Y no eran mensajes románticos ni me sentí acosada; era de una delicadeza y finura extraordinaria”, recuerda. Tras meses de intensa correspondencia, la escritora fue invitada en octubre del año pasado a una gala en Nueva York sobre derechos reproductivos, hasta donde viajó acompañada con personal de su oficina. “Ahí dije: ‘es hora de conocer a este señor’ y lo invité a la comida. Al día siguiente de ese primer encuentro, pensé: para qué darle más vueltas al asunto, ¡y lo confronté! Le pregunté sus intenciones y le aclaré que a mis 74 no tenía tiempo para perder. En inglés suena menos violento (ríe), pero él tuvo el valor de quedarse. En su caso, ¡yo habría salido corriendo!”. LAB_2785 —

¿Qué le respondió? 

 —Quedó desconcertado; después me mandó un mensaje pidiéndome perdón por no responder; que lo pillé de sorpresa y que por supuesto quería explorar algo más que la amistad. Entonces lo convidé a dormir, ¿qué otra cosa iba a hacer? —Ah, sin rodeos. —¡Para qué iba a perder tiempo! 

 —¿Cómo ha sido enamorarse a los 75? 

 —Igual que a los 45 cuando me enamoré de Willie. Quizá la única diferencia es que este hombre está más enamorado de mí que yo de él. Es la primera vez que me pasa, ¡se volvió loco! Vendió su casa, se está deshaciendo de todo y en diciembre se viene a vivir conmigo a San Francisco. Roger estuvo casado 48 años con una mujer que adoraba, que murió de un cáncer largo y espantoso. Estaba muy solo, con un tremendo vacío en el alma. Es un caballero, con una vida organizada, ordenada, a quien de repente, ¡le cayó esta tromba latinoamericana encima! Y el tipo con el corazón abierto y valentía, decidió que era lo que quería hacer y con quien quería estar, ¡listo! Compré una casa chica pensando que viviría sola con mi nueva perrita (Dulce), que tiene solo un dormitorio y que creí no compartiría con nadie. 

 —¿Le gusta o le asusta la idea?

 —¿Qué es lo peor que puede pasar?, que no resulte, que sufriremos un montón, ¡y qué importa! Lo peor es no vivirlo, no darle una oportunidad. ¿Qué voy a perder? Al contrario, ganaré una experiencia, la posibilidad del amor. Al cerrarte vives a medias, por tenerle miedo al miedo. Eso sí reconozco que como no hemos convivido, no sé si esta pasión y romance resistirá el golpe de la rutina y la domesticidad.

 —Además cada uno traerá sus mañas, ¿cuáles son las suyas?

 —Soy brutalmente independiente y privada para muchas cosas. Por ejemplo, ¡me carga compartir el baño! Tengo un jardín secreto en mí donde no entra nadie, ni mi mamá. Eso Roger tendrá que entenderlo y respetarlo.

 —¿Qué
 guarda
 ahí? 

 —Historias, las emociones más fuertes, los miedos… Uno de mis mayores temores es depender; no quiero hacerlo con nadie y eso para un hombre es duro, puede sentirse rechazado. Debo trabajar eso; abrirme, para que Roger pueda entrar en parte. Me cuesta pedir ayuda, consejos, porque aún puedo valerme sola. Más adelante cuando ya no pueda, tendré que hacerlo nomás. Por suerte están mi hijo y mi nuera (Lori Barra) que son mis pilares; me sostienen sin hacerlo notar. Lori viaja conmigo para las giras de libros, es mi manager, amiga, guardaespaldas; me defiende. Es fantástica; nunca me hace sentir que no soy capaz de hacer algo. Nadie quiere ser una carga. —Es casi una fijación suya ese tema. —¡Me cuesta! Quizá porque desde muy chica tuve que valerme sola. El otro día le contaba a Roger que desde los 17 me mantengo sola, que nunca le he pedido nada a nadie y de eso me he sentido siempre orgullosa. Sin embargo, a mi edad eso no es tan importante. Ya no necesito dar batallas contra molinos de viento si nadie me está atacando.  

 VULNERABLE Y ENAMORADA 
 “Nunca me había sentido amada de esta manera, atendida, deseada”.
 Así Isabel resume su primer año de relación con Roger Cukras. Y continúa: “Me siento como una reina. Roger saca mi parte más vulnerable; ese lado suave y dulce que la gente no ve porque suelo ser irónica. Tengo un disfraz, sin embargo con él me permito toda la vulnerabilidad que quiera porque me siento segura. Hasta ahora tenemos una relación a larga distancia, nos comunicamos por Facetime varias veces al día y nos visitamos. La experiencia de vivir juntos ha sido esporádica y siempre como luna de miel. Así no alcanzas a establecer una rutina, es lo que nos falta probar. Y como te decía, si no resulta, ¡no resulta!, pero démosle la chance. Roger quiere casarse para que me quede en la relación. Le aclaré que el matrimonio no garantiza nada; ¡ya me he divorciado dos veces!”.

 —¿Se casaría igual?

 —No estoy para matrimonio, sería ridículo.

 —¿Por qué? —Ay no, ya me casé antes. El me lo pide, ¿pero para qué? 

 —Roger dejó todo por seguirla, ¿hasta dónde se la jugará usted? 

 —El riesgo que corro es traerlo e incorporarlo a mi vida que es súper ocupada y que no dejaré porque me encanta escribir, contar historias, aun cuando las personas de mi edad suelen estar más desocupadas. El seguirá trabajando desde San Francisco y viajará cada tanto a Nueva York. Tampoco pretende abandonar sus actividades y tiene razón. Yo vivo atareada, no podré contenerlo. Mira, no sé cuantos años me quedan. Mi mamá tiene 97, ¡ni Dios quiera yo llegue a esa edad! Tampoco sé cuántos años podré vivir con Roger, a lo más diez. Hay que sacarle el jugo a ese tiempo y no me refiero a irse a Hawaii, sino seguir con la vida que tienes, pero llena de entusiasmo, alegría y acompañada.

 —Y su ex Willie, ¿aceptó bien su nueva relación?

 —Somos muy amigos. El tiene una mujer maravillosa, Carmen, a quien conoció en su época de colegio, ¡imagínate lo larga de esa relación! Willie ya cumplió 80, está bien, sano, enamorado, contento.

 A propósito de su madre Francisca Llona, Isabel cuenta que estuvo una semana con ella a fines de agosto, cuando vino a Chile a promocionar su último libro. “Tiene 90 con la cabeza de 50, sin pérdida de memoria, de atención ni de curiosidad por la vida. Sigue irónica, divertida, fantástica, pero el cuerpo no le funciona, necesita asistencia para todo. Y mi padrastro (Ramón Huidobro) tiene 101; todas las mañanas se levanta, ducha, afeita, se viste de embajador y se sienta a mirar la pared. Continúa activo, pero no sé si vale la pena vivir tanto. Hay cuatro personas que los atienden día y noche; es toda una infraestructura para vivir con decencia y refinamiento. Me fui con pena porque el tiempo corre y veo cómo se deterioran en cada visita a Chile. Mi mamá es el amor más antiguo de mi vida, perderla será muy duro”. 

 —¿Está preparada? 

 —¿Para qué? Cuando ocurra, lo sufriré a fondo. La vida está llena de pérdidas, me ha tocado recuperarme de muchas, hasta de países y de lugares en que después de establecerme, debí partir. Me adapto fácil, estoy más sola, libre y desprendida. 

 —¿No hay nada que la amarre entonces? —Sí, el afecto por mis padres. Le escribo a mi mamá todos los días y la llamo día por medio; eso me ata. También Roger, mi hijo Nicolás, mi nuera Lori, mi perra Dulce y los nietos aunque en un segundo círculo porque ya no me necesitan. Los niños en EE.UU. cuando salen del colegio se van a otros estados, se separan de las familias y ya no los ves más. 

 —¿Le presentó Roger a sus padres? 

 —Sí, en una anterior visita me acompañó y se los presenté. Fue cómico. Estaban los dos sentados en lo que ellos llaman el ‘sillón del amor’. Y llego con este caballero que no conocían y le digo al tío Ramón “este es mi nuevo pololo, Roger”. Y él me mira y me dice: “¡¿cómo?!, ¡otro más!” No tiene memoria del presente, sino del pasado y me ve cuando era joven. A mi mamá le encantó. Roger la encontró beautiful, preciosa y eso la conquistó. 

 —¿Y su pareja conocía Chile?

 —Fue a la Patagonia argentina y después cruzó a Chile, pero no tenía una idea clara. Lo llevé al desierto de Atacama, ¡le fascinó! También la familia, aunque no habla español; será siempre un bicho raro.

 —Vino en plena temporada de campaña presidencial, ¿vio muy encrispado el ambiente? 

 —El país está mucho mejor de lo que los chilenos creen. Visto desde fuera, está muy bien, con estabilidad política, social, económica, y los problemas que existen y en que nos ahogamos, son menos que en otras partes. Pero el chileno tiene un carácter sombrío, nos echamos para abajo, todos se quejan de la política, del tráfico, pero siempre hemos sido iguales. 

 —¿Hoy no ve más razones para estar enojados? 

 —¿Por qué habría más razones que antes? ¿Acaso es peor la corrupción que la tortura?, ¿lo que pasa hoy con la dictadura? Son los problemas propios de un país que evoluciona. Que Sebastián Piñera sea hoy el mejor posicionado para llegar a La Moneda, Isabel Allende lo atribuye a que el gobierno de Michelle Bachelet y los partidos de la Nueva Mayoría están muy poco unidos. “Tampoco tienen un programa. Tuvieron su chance y la desaprovecharon. Veamos cómo le va a Piñera en la segunda vuelta, aunque tampoco está tan claro que gane él”. 

 De salir electo el ex mandatario, asegura que su mayor aprensión es el retroceso de leyes como la de despenalización del aborto o matrimonio igualitario. “Por supuesto que tengo ese temor al igual que mucha gente. Son derechos adquiridos que se pueden perder. Lo mismo ocurre aquí en Estados Unidos. Después de tener derecho al aborto en todas sus formas, ahora están restringiéndolo y tratando de acabar con las clínicas para la mujer. Pero estas cosas van y vienen, es la ley del péndulo. Si miras la trayectoria de la humanidad, estamos mejor que antes. Nací en plena Guerra Mundial, cuando no existían los derechos humanos; en medio del holocausto, bombas atómicas y del peor genocidio de la historia. Desde entonces hemos tenido crisis horrendas, pero vamos siempre para adelante”.

 —¿Qué hay de cierto que piensa establecerse en Chile?

 —Siempre está esa posibilidad, pero tengo a mi hijo, nietos, Roger, mi vida y trabajo en Estados Unidos. Por ahora prefiero seguir teniendo un pie aquí y el otro allá.

Entrevista



Recibo innumerables cartas de lectores, académicos y periodistas con respecto a mi trabajo y, dado que es imposible responderle a todos, espero que la siguiente sección—una recopilación de preguntas realizadas durante entrevistas que me han hecho en los últimos años-sea útil. Quienes tengan interés en aprender más sobre mi vida y mi trabajo quizás también deseen leer_ Isabel Allende: Vida y Espíritu _de Celia Correas Zapata.

 Q. Eres famosa por tu narrativa. ¿Pero hay otros géneros literarios que también te interesaría explorar? 

A. Escribí obras de teatro en mi juventud y me encantó el ambiente del teatro. También intenté escribir cuentos para niños, cuando mis hijos eran pequeños,pero no he vuelto a hacerlo. Yo les contaba historias todas las noches, un entrenamiento estupendo, que he procurado mantener con mis nietos. En el año 2001, escribí La Ciudad de las Bestias, el primer libro de una trilogía para niños y jóvenes, que siguió con El Reino del Dragón de Oro y El Bosque de los Pigmeos. He escrito artículos humorísticos durante años, y creo que es el género más difícil de todos. Nunca he probado la poesía y no creo que lo haga.

 Q. ¿Escribes en español? 

 A. Sólo puedo escribir ficción en español, porque para mí es un proceso orgánico que sucede en mi lengua materna. Afortunadamente, tengo excelentes traductores en todo el mundo.

 Q. ¿Trabajas en estrecha colaboración con tus traductores? 

He notado que Margaret Sayers Peden ha traducido la mayor parte de tus libros al inglés. A. Margaret y yo siempre estamos en contacto; creo que tenemos una conexión telepática. Ella hace un trabajo espléndido y no me imagino corrigiéndoselo. En la mayoría de los otros idiomas ni siquiera sé quién traduce mis libros; los editores se encargan de eso. Margaret se jubiló en 2010 y ahora mi traductora al Inglés es Anne McLean. 

 Q. ¿Podrías explayarte más sobre lo que has dicho sobre escribir ficción para contar una verdad, cómo utilizando mentiras se puede llegar al fondo de una realidad? 

A. Tomemos por ejemplo una guerra. Pueden haber millones de artículos de prensa, fotos, testimonios, etc. sobre esa guerra, que nos informan, pero una buena obra de ficción, como Por Quien Doblan las Campanas, de Hemingway, o La Guerra y La Paz, de Tolstoy, puede sintetizarla y hacernos participar en los hechos, nos muestra la esencia, la verdad. La novela es ficción, un atado de mentiras, pero en una buena novela esas mentiras reflejan una realidad. La primera “mentira” respecto a la ficción es que el autor cuenta los hechos desde su perspectiva y los ordena, ya sea cronológicamente y en otra forma, selecciona una parte del todo, decide qué es importantes y el resto lo omite. La realidad no es así, vivimos en el caos y sin mucho control, pero para comprender la vida tenemos que ordenarla. Al escribir, al contar, uno hace la vida más comprensible. Como escritora acepto que la ficción es una forma de mentira, eso me libera, me permite hacer casi cualquier cosa, lo que no puede hacer un cronista o un periodista, por ejemplo. Al crear una historia me parece que camino en círculos y cuanto más grande sea el círculo, más abarco y más posibilidades tengo de encontrar partículas de la verdad. 

 Q. ¿De dónde viene tu inspiración? 

 A. Soy una cazadora de historias; tengo buen oído para escuchar. Todo el mundo tiene una historia y todas son interesantes si son bien contadas. Leo los periódicos y a veces alguna viñeta enterradas en las páginas puede inspirarme. También me inspiran los viajes, mi familia, mi propia experiencia de vida. 

 Q. ¿Cómo funciona la inspiración?

A. Me paso diez, doce horas al día sola escribiendo, sin hablar con nadie, ni siquiera contesto el teléfono. Soy sólo un medio o un instrumento de algo que está sucediendo fuera de mi control, son voces que hablan a través de mí. Estoy creando un mundo que no me pertenece. Y en ese largo y paciente ejercicio diario de escribir he descubierto mucho sobre mí misma y sobre la vida. He aprendido. A veces no sé lo que estoy escribiendo y vengo a saberlo mucho más tarde, después de que el libro ha sido publicado y un crítico lo explica… o hacen la película.

 Q. ¿Puedes hablar sobre los personajes? 

A. Al desarrollar un personaje, por lo general busco a una persona que me pueda servir como modelo. Con esa persona en mente es más fácil crear un personaje creíbles. Las personas son complejas y contradictorias, tienen muchas facetas y no todas están a simple vista. Así deben ser los personajes. Quiero que los personajes tenga vida autónoma en el libro y a menudo me doy cuenta de que no los controlo y la historia se mueve en direcciones inesperadas; mi trabajo es escribirla sin tratar de meterla a la fuerza en una idea preconcebida. Escribo sin un plan, dejándome llevar por la historia y los personajes. 

 Q. ¿Escribes en una computadora? 

A. Sí, pero tomo notas a mano todo el tiempo, por eso llevo una libreta en la cartera; cuando veo u oigo algo interesante, lo anoto. Recorto artículos de periódicos y apunto las noticias que oigo en la tele y las cosas que me cuenta la gente. Cuando empiezo un libro releo mis notas, a ver si encuentro algo que pueda servirme. Escribo directamente en mi computadora sin guión. Una vez que termino el libro en la pantalla, lo imprimo por primera vez y lo leo. Recién entonces sé de qué se trata. El segundo borrador tiene que ver con lenguaje, tensión, tono y ritmo. 

 Q. ¿Que hace que una historia tenga un buen final? 

A. No lo sé. En un cuento corto es distinto que en una novela. Un cuento corto viene entero; hay solo un final apropiado. Y lo sabes, lo sientes. Si no puedes encontrar ese final, no tienes el cuento y es mejor no seguir trabajando en él. Un cuento corto es como una flecha: necesita la correcta dirección desde el comienzo, velocidad, mano firme, hay que saber adónde apunta. Con una novela nunca se sabe, es un trabajo paciente y de todos los días, como hacer un tapiz de muchos colores. Se avanza lentamente bordando por el revés, con un patrón en la mente, pero cuando lo das vuelta puede ser que encuentres otra cosa, muy diferente. Es una experiencia fascinante, porque tiene vida propia. En el cuento corto uno controla todo. Se escriben millones de cuentos cortos y muy pocos llegan a ser memorables, en cambio con las novelas al menos uno recuerda el tema. Hay muchas novelas memorables. En un cuento corto la forma es fundamental: cómo se cuenta. En una novela puedes cometer errores y muy pocas personas los notarán. Respecto al “buen final”, lo único que puedo decir es que los finales felices normalmente no me funcionan, prefiero finales abiertos y dejar el resto a la imaginación del lector. 

 Q. ¿Que escritores te han influenciado más? 

 A. Pertenezco a la primera generación de escritores latinoamericanos que se criaron leyendo otros escritores latinoamericanos. Antes de mi generación las obras de los autores latinoamericanos no había sido bien distribuidas. En Chile, por ejemplo, era muy difícil leer a otros escritores de América Latina. Mis influencias más importantes han sido todos los grandes escritores del Boom de la literatura Latinoamérica: García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Borges, Paz, Rulfo, Amado, etc. Muchos novelistas rusos también me han influenciado: Dostoyevsky, Tolstoy, Chekhov, Nabokov, Gogol, y Bulgarov. Los escritores ingleses que han tenido más influencia en mi durante mi adolescencia fueron Sir Walter Scott, Jane Austen, las hermanas Brontë, Charles Dickens, Bernard Shaw, Oscar Wilde, James Joyce, D.H. Lawrence, y Virginia Woolf. Me encantaban las novelas policiales y leí todos los libros de Agatha Christie y Conan Doyle. También algunos autores americanos que eran muy conocidos en español, como Mark Twain, Jack London, F. Scott Fitzgerald y muchos otros. Me acuerdo de la huella imborrable que me dejó_Matar a un Ruiseñor_de Harper Lee. he vuelto a leerlo por lo menos cada diez años. Descubrí la fantasía y el erotismo en Las Mil y Una Noches, que leí en el Líbano a los catorce años. En ese momento y en ese lugar, las niñas no tenían vida social al margen de la escuela y la familia, ni siquiera íbamos al cine. Mi único escape de una vida familiar problemática era la lectura. Mi padrastro tenía cuatro misteriosos volúmenes empastados en cuero en su armario que mantenía cerrado con llave, libros prohibidos, que yo no debía mirar porque eran “eróticos”. Por supuesto, encontré la forma de hacer una copia de la llave y entrar en el armario cuando él no estaba. Me alumbraba con una linterna, no podía marcar las páginas y leía rápidamente, saltando páginas en busca de las partes cochinas, con las hormonas alborotadas y la imaginación enloquecida por esos cuentos fantásticos. Cuando algún crítico me ha llamado la Sheherazade Latinoamérica me siento muy halagada. Las feministas americanas y europeas, que leí en mi juventud, me dieron un lenguaje articulado para expresar la rabia que sentía contra el patriarcado en que vivimos. Empecé a trabajar en Paula, una revista feminista chilena, afilando mis ideas y mi pluma para desafiar el sistema machista. Fue el mejor momento de mi vida. Siempre me han gustado las películas, y a veces una imagen o una escena o un personaje se me queda adentro por años y me inspira cuando escribo. Por ejemplo: la magia en Fanny y Alexander o la historia dentro de una historia de Shakespeare Enamorado. 

 Q. ¿Qué pasa cuando empiezas una novela? 

 A. Estoy totalmente en el limbo, no tengo idea a hacia dónde se va la historia, lo que va a pasar o qué significa. Sólo sé que tengo una conexión profunda con el tema, aunque en ese momento no pueda explicarlo. Debo contarlo porque es importante para mí, o lo fue en el pasado o lo será en el futuro. 

Q. ¿Editas mucho? 

 A. Sí, corrijo el lenguaje y la tensión, pero no la trama. Me gustaría que los personajes se casaran, tuvieran muchos hijos y fueran felices para siempre, como en los cuentos de hadas, pero nunca sucede de esa manera. 

 Q. ¿Puedes hablar sobre los elementos sanativos de la escritura y, específicamente, de escribir Paula? 

Supongo que ese libro Paula fue algo muy difícil y doloroso. 

 A. Cuando estaba escribiendo Paula, mi asistente entraba en mi oficina y me encontraba llorando. Me abrazaba y me decía, “no tienes que escribir esto,” pero el llanto me hacía bien, era como lavar las heridas. Escribir fue mi forma de llevar luto. Escribí esa memoria con lágrimas, pero fueron lágrimas sanadoras. Al terminar, sentí que el espíritu de mi hija vivía en mi corazón y ella no sería olvidada,porque mientras existiera el libro y alguien lo leyera, Paula sería recordado. Eso tiene la escritura: preserva la memoria, por eso le escribo diariamente a mi madre, para que nada se me olvide. 

 Q. Cuando leí Paula, me llamó la atención cuánto revelabas sobre ti misma. La gente no suele hablar de ese tipo de dolor. Tu experiencia con la muerte, la enfermedad, y la tragedia fue un regalo para muchas personas.

 A. Me siento vinculada con los lectores que me han escrito después de leer ese libro. El dolor es universal. Todos experimentamos sufrimiento, pérdidas y muerte. Recibo cartas de médicos que me dicen que ya no verán a sus pacientes en la misma forma que lo hicieron antes de leer el libro, y de jóvenes que se identifican con Paula y que por primera vez consideran su propia mortalidad. Muchas de las cartas son de mujeres jóvenes, que todavía no han sufrido una pérdida real, pero sienten que no son parte de una familia o que no tienen apoyo en sus comunidades; se sienten muy solas y desean una conexión con un hombre, como la que Paula tenía con su marido. Recibo cartas de madres que han perdido a sus hijos y piensan que se van a morir de pena. Pero uno no muere. La muerte de un hijo es el dolor más antiguo de la humanidad. Las madres han perdido hijos desde hace milenios. Solamente unas pocas privilegiadas pueden esperar que todos sus hijos vivan. 

 Q. Muchos críticos consideran a Paula como tu mejor libro. ¿Tu dirías que escribir Paula te afectó en una forma más profunda que todos los otros libros? 

 A. Si, todo lo demás fue un ensayo. Y cuando terminé Paula me costó mucho volver a escribir ficción. ¿Sobre qué podría escribir que fuera relevante para mi? Pasé un par de años bloqueada, pero al fin pude empezar a escribir de nuevo. 

 Q. ¿Tu crees que un escritor elige de que va a escribir o que las historias te eligen a ti? 

 A. Las historias me eligen a mí. 

 Q. ¿Entonces eres primero narradora y después escritora? 

 A. Sí. Narrar es la parte más divertida. ¡La escritura es mucho trabajo! 

 Q. ¿Tu formación como periodista te ayuda? 

 A. Sí. Trabajo con emociones y relaciones, pero el lenguaje es la herramienta. La historia es siempre sobre alguna emoción muy profunda que es importante para mí y que quiero transmitir al lector, para eso trato de utilizar el lenguaje en forma eficiente, como aprendí en mis tiempos de periodistas. Entonces tenía poco espacio y tiempo para atrapar al lector y se necesitaba mucha habilidad para no dejar que se escapara. Eso intento hacer en una novela: crear tensión. Del periodismo también aprendí cosas prácticas, como investigar un tema, hacer una entrevista, observar, hacer preguntas, atreverme a hablar con la gente en la calle. 

 Q. ¿Cuando hablas de abrirte a la experiencia, te estás abriendo a un mundo mágico? ¿Son en realidad los espíritus los que vienen y te sugieren palabras, imágenes, y escenas? 

 A. Sí, en cierta forma. Por supuesto también hay un proceso intelectual, pero la narración tiene algo de magia, porque uno accede a otro mundo. En el silencio y la soledad de la escritura uno se conecta con la historia colectiva y ya no se trata solamente de un caso particular, sino con algo universal. No invento nada. Parece que en cierta forma descubro cosas que pertenecen a otra dimensión, que ya están ahí y mi trabajo es encontrarlas y escribirlas. Me han sucedido cosas en mi vida y en mi trabajo que prueban que todo es posible; acepto el misterio de la existencia, sin negar lo que no puedo explicar . Me imagino que las personas que oran o meditan durante largas horas, o que pasan tiempo solas en un convento o en otro lugar tranquilo, terminan oyendo voces y viendo visiones, porque la soledad y el silencio crean la base para ese tipo de conciencia. A veces escribo algo, convencida de que es sólo producto de mi imaginación, y meses o años más tarde descubro que era cierto. Siempre me asusto cuando eso sucede. Me entra la duda de si acaso las cosas ocurren porque las escribo… ¡debo tener cuidado con lo que escribo!. Según madre, es muy arrogante de mi parte pensar que tengo semejante poder, lo que pasa es que puedo ver lo que otras personas no ven por falta de tiempo, viven ocupadas, en el ruido del mundo. Mi abuela no escribía, pero dicen que era clarividente, adivinaba y presentía cosas; supongo que todos tenemos esa capacidad, pero no la desarrollamos; tal vez sólo es cuestión de ser más conscientes, estar más atentos a la realidad.

Q. Tu padrastro te llamó mitómana.

 A. Dice que soy mentirosa, pero lo dice un poco en broma. Paula fue la primera memoria que escribí y se supone que en una memoria se dice la verdad, pero él y mi madre estaban en desacuerdo con muchas cosas que conté. Mi perspectiva es distinta a la de ellos. Por ejemplo, sostienen que mi infancia no fue tan mala como la conté. La memoria es subjetiva. 

 Q. Joyce Carol Oates habla de una memoria luminosa, como si entrara en un determinado lugar y lo iluminara. Pienso en las diferentes maneras que recuerdas los acontecimientos de tu niñez. Por ejemplo, tienes un recuerdo espantoso de ser colgada en un aparato destinado a fomentar tu crecimiento, a pesar de que tu padrastro lo recuerda como un aparato seguro. Quizás solamente recuerdas lo que sentías. A pesar de que fuera seguro, tu sentías el terror de estar colgando del cuello.  
A. Exactamente. Hay mucho de eso en mi escritura. Recuerdo una hecho pero no puedo recordar un lugar o una fecha o una persona o un nombre. Sólo me acuerdo de la emoción, o de algo que me sorprendió o conmovió.

 Q. Mientras que algunas personas recuerdan la fecha o lo que llevaban puesto. 

 A. O sólo recuerdan el hecho concreto. Yo tal vez sólo recuerde lo que fantaseaba sobre el evento-mi propia versión de la verdad. 

 Q. Pero al final, como en Eva Luna, primero dices una cosa y luego dices– 

 A. “Tal vez no sucedió de esa forma.” Siempre tengo la sensación de que tal vez las cosas fueron de otra manera. Tengo cincuenta versiones de cómo conocí a Willie, mi marido. Él dice que son todas verdaderas. 

 Q. En tus primeras novelas, que se refieren al caos político de América Latina, el gobierno no es de fiar. Hay una sensación kafkiana que hagas lo que hagas, pueden acabar contigo, no conoces las reglas, las reglas cambian todo el tiempo y a menudo con efecto retroactivo. El mundo está cambiando, es poco confiable. 

¿Ves al mundo de los espíritus como un lugar más confiable? ¿Es en el mundo de los espíritus que El Plan Infinito tiene sentido y no en el mundo real? 

 A. Es una pregunta difícil. El mundo espiritual es un lugar donde no hay bondad ni maldad. No es un mundo blanco y negro como parece ser el mundo real. No hay reglas estrictas de ningún tipo. En ese sentido, es totalmente distinto ese plan propuesto por un predicador en mi novela El Plan Infinito. En el mundo espiritual hay solamente intención, solo ser,en forma constante y quieta. Y no hay sentido del bien y el mal. Es un lugar seguro porque no hay que tomar decisiones. Lo imagino como un lugar vacío y luminoso donde uno flota y de ese lugar provenen mis historias. Ése es el lugar del amor. Esto suena muy cursi, pero mi vida ha sido determinada por dos extremos: el amor y la violencia. Hay tristeza, dolor, y muerte, pero hay otra dimensión paralela, y es el amor. Hay muchos tipos de amor, pero el que me refiero es incondicional. Por ejemplo, la forma de amar a un árbol. No esperamos que se mueva, actúe, sea diferente, alto o más frondoso. Es solo un árbol y lo amamos tal cual es. Así amamos a los animales y a los niños. Cuando las relaciones se vuelven mas complicadas, empiezan las exigencias: quieres recibir algo a cambio del amor que das, tienes expectativas y deseos, pretendes ser amado tanto como amas. En ese mundo espiritual, que es un mundo de amor, no hay condiciones. Así amo a mis nietos: creo que son perfectos; no importa si crecen o se quedan como están, para mí están completos, los veo como eran cuando recién nacieron, como son ahora, como serán de adolescentes o de adultos. El alma no tiene edad. Quizás eso es lo que quería decir. Cuando amamos tan profunda y completamente, amamos la esencia. 

 Q. Yo creo que estas hablando de la trascendencia , la capacidad de moverse más allá de este mundo real a una comprensión trascendental de sentimientos y emociones. ¿Dirías que tus novelas están definidas por esa característica más que cualquier otra? 

A. Es raro que mi trabajo haya sido descrito como realismo mágico porque mis novela me parecen realistas. Dicen que si Kafka hubiera nacido en México, habría sido un escritor realista. Mucho depende en donde naciste. 

 Q. Irene y Francisco en De Amor y De Sombra tienen que cambiar completamente al final de la novela. Se suben al auto y se miran uno al otro, cada uno preguntándose quien era el otro. No se reconocen físicamente, pero aún reconocen el alma del otro. Esa es una afirmación, que la novela realizada en una forma muy realista

 A. Con mi novela De Amor y De Sombra fue acusada de ser sentimental y demasiado política, pero le tengo simpatía a libro, primero porque la historia es verdadera, se trata de un crimen político cometido en Chile, con personas reales. Segundo porque trajo a Willie a mi vida. Willie leyó ese libro, se sintió tocado, vino a conocerme y finalmente se enamoró de mí. Y por último, porque el libro me demostró el poder de la palabra escrita, cómo en el lento proceso de la escritura uno puede sentir o descubrir lo que no habría forma de saber por otro conducto. A través de la escritura uno se conecta con el conocimiento o el sentimiento colectivo, uno se convierte en medium. 

 Q. Una vez dijiste que por la forma en que te criaron te cuesta escribir escenas eróticas. Comparando la forma en que Francisco e Irene hacen el amor-que es muy metafórica, muy hermosa y volátil- con escenas de libros que le siguieron, parece justo decir que has perdido tu represión, que has desarrollado la capacidad de escribir en una forma sensual. ¿Es ese un acto consiente? 

 A. Cada libro tiene una forma de ser escrito. Cada historia tiene una manera de ser contada, su propio tono. Francisco e Irene son dos personas muy jóvenes que al principio se desean uno al otro y luego se enamoran. En el momento en que tienen relaciones sexuales, están realmente enamorados. También han sido tocados por primera vez en sus vidas por la brutalidad de la muerte, la tortura, la represión y la violencia. Hacer el amor los trae del infierno a la vida, al paraíso del amor. Más tarde, serán destruidos por los acontecimientos. Creo que la escena es como el mito de Eurídice: Orfeo baja del infierno para revivir a su amante. Claro que al escribirla yo no estaba pensando en Orfeo, la conexión la hice más tarde. 

 Q. En una conferencia mencionaste que no ibas a escribir más cuentos cortos. ¿Estás decidida a no volver a ese género? 

A. No lo sé. No debería decir que nunca voy a hacer algo. Los cuentos cortos son como regalos, te caen del cielo. Una novela es trabajo y más trabajo y un buen día se acabó; dicen que nunca se termina una novela, sino que uno simplemente se da por vencido. Pero un cuento corto es algo que viene de afuera, como agarrarse una gripe. El cuento requiere inspiración. De repente tienes un destello de lucidez que te permite ver un evento desde un ángulo inesperado. No puedes provocarlo. Te vas a algún lugar, ves gente bailando y de súbito entiendes las relaciones entre esas personas, o crees percibir algo que está ahí y nadie más puede ver. Y entonces tienes el material de un cuento corto. Q. Háblanos de los Cuentos de Eva Luna. A. Fueron escritos con la voz de Eva Luna, la protagonista de mi novela anterior. Todos excepto el último, que es la historia de cómo Rolf Carle encuentra a una niña atrapada en el barro y la ayuda a morir, que está narrado desde su punto de vista. Ese hecho realmente sucedió, en 1985 en Colombia, cuando hubo una erupción del volcán Nevado Ruiz y un alud de lodo cubrió un pueblo entero. Miles de personas murieron, nunca se recuperó la mayor parte de los cuerpos y finalmente declararon a todo el lugar como cementerio, tierra sagrada. Entre las numerosas víctimas había una niña de nueve años, llamada Omaira Sánchez, de pelo muy corto, oscuro y rizado y enormes ojos negros. Omaira agonizó cuatro días, atrapada en el barro. Las autoridades fueron incapaces de llevar una bomba para succionar el agua y salvar su vida, sin embargo, los medios de comunicación pudieron llevar cámaras de televisión en helicópteros, aviones, autobuses. En todo el mundo, durante cuatro días, el público pudo ver la agonía de esta niña. 

 Q. Escribes en español, pero vives en inglés en los EE.UU. Me sorprende tu capacidad de tomar algo que la mayoría del mundo ve como una desventaja y convertirlo en una ventaja. La mayoría de la gente se consideraría marginada viviendo en una segunda lengua. 

 A. A mí me parece muy bueno. ¿Quién quiere ser parte de la corriente? El otro día vi en la televisión un programa sobre los problemas que este país va a enfrentar en los próximos diez años: crimen, violencia, falta de valores, destrucción de la familia, embarazo de adolescente, drogas, SIDA. Alguien dijo que los nuevos inmigrantes no tienen estos problemas, porque vienen a este país con las mismas ideas y la fuerza que tenían nuestros bisabuelos cuando inmigraron. Ser marginado es como ser un inmigrante nuevo. Si puedes transformar la marginalidad en algo positivo, en lugar de considerarla algo negativo, es una maravillosa fuente de energía. 

 Q. A menudo hablamos de la voz de la mujer en la literatura, y esa es una perspectiva desde la que tu escribes con mucho éxito. ¿Fue difícil en El Plan Infinito escribir con la voz de un hombre? 

 A. No, no me parece difícil en absoluto. También he escrito desde la perspectiva de un hombre y con la voz de un hombre, en La Casa de los Espíritus. Esteban Trueba narra partes del libro. Con El Plan Infinito fue fácil porque tenía a mi marido para guiarme. Hay más similitudes que diferencias entre los sexos. En esencia, los seres humanos son muy similares, pero estamos estancados en las diferencias en lugar de resaltar las similitudes. Cuando me metí en la piel del protagonista masculino, que está basado en mi marido, Willie Gordon, llegué a conocerlo mejor que si hubiera vivido con él durante treinta años. 

 Q. Este parece un buen momento para que regresemos al mundo de los espíritus, al lugar de partida. ¿Agregarías a las características del mundo espiritual el que no tiene género? 

 A. Probablemente en el mundo de la espiritualidad el género no es un problema, al igual que la raza o la edad no lo son. He sido feminista toda mi vida, luchando por los temas feministas. Cuando era joven, era una guerrera. Ahora pienso que hombres y mujeres, conscientes de nuestras diferencias, debemos explorar juntos las similitudes que nos unen. Pero no me malinterpretes: ¡yo soy feminista y muy orgullosa de serlo! 

 Q. Los críticos definen el estilo de tu escritura como “realismo mágico”. ¿Has escrito todos tus libros con este género? 

 A. Creo que el realismo mágico no es como sal y pimienta que se puede usar en todos los platos. No me ajusto a una fórmula.. El realismo mágico, tan obvio en La Casa de los Espíritus, no figura en mi segundo libro, De Amor y de Sombra que tiene el tono de una crónica periodística. Tampoco hay mucho realismo mágico en El plan Infinito, Afrodita, Hija de la Fortuna o Retrato en Sepia, y varias otras novelas, pero hay bastante en La Ciudad de las Bestias y el resto de la trilogía juvenil, donde reemplza la fantasía, que es la marca de la literatura juvenil. A veces, el realismo mágico funciona, y a veces no. De todas formas, se encuentran elementos del realismo mágico en la literatura de todo el mundo, no sólo en América Latina: en las sagas escandinavas, en la poesía africana, en la literatura de la India (incluso escrita en inglés), en la americana escrita por las minorías étnicas. Escritores como Salman Rushdie, Toni Morrison, Barbara Kingsolver, Amy Tan, Alice Hoffman y muchos otros usan este estilo. Durante un tiempo, en los EE.UU. y Europa, prevaleció un enfoque puramente lógico y práctico en la literatura, pero no duró mucho, porque la vida está llena de misterio y tal vez el objetivo de la literatura es explorar esos misterios. Cuando permites que sueños, emociones, visiones y premoniciones entren a tu vida cotidiana y en tu trabajo como escritor, la realidad parece expandirse. 

 Q. ¿Provienes de una familia muy inusual. ¿Podrías hablar de tu tío, Salvador Allende, y de cómo influyó tu vida? 

 A. No creo que él influyera mucho mi vida, a pesar de que siempre lo he admirado. Cuando ocurrió el golpe militar en Chile en 1973 cambió la vida de los chilenos y afectó a la mitad de la población de forma drástica. Salvador Allende era primo hermano de mi padre, un “tío” más en una familia numerosa. Lo veía de vez en cuando, en fiestas familiares, vacaciones. Después del golpe militar, cuando me fui de Chile, comprendí que Allende tenía una dimensión histórica. La dictadura militar borró su nombre en Chile, pero en el resto del mundo era un héroe, una figura legendaria. Cuando me fui auto-exiliada a Venezuela, cada vez que decía mi nombre, la gente preguntaba de inmediato si estaba relacionada con Salvador Allende. 

 Q. ¿Alguna vez vas a escribir un libro sobre Salvador Allende? 

 A. No, no lo creo. No soy buena con las biografías y en este caso no podría ser objetiva.

 Q. ¿Crees en el destino o en el karma? 

 A. Creo en el destino. Creo que nos reparten ciertos naipes, y nosotros tenemos que jugar el juego de la vida lo mejor posible. Y a veces los naipes están marcados. 

 Q. ¿Tu crees que lo que le ocurrió a tu tío fue obra del destino?

 A. Sí. Pero eso no significa, que las personas que lo mataron no son culpables. Creo que los torturadores y los asesinos siguen siendo culpables y que debemos tratar de detenerlos. 

 Q. ¿Volverás a Chile alguna vez? 

 A. Vuelvo todos los años para ver a mi madre y me siento muy cómoda allí, pero no creo que pudiera vivir allí, porque tengo un hogar en los EE.UU., donde están mi marido, mi hijo y mis nietos. No extraño a Chile porque ahora puedo ir cuando quiera.

 Q. Empiezas a escribir todos tus libros los 8 de enero. ¿Por qué? 

 A. El 8 de enero de 1981 estaba viviendo en Venezuela y recibí una llamada telefónica diciendo que mi querido abuelo se estaba muriendo en Chile. Empecé una carta para él, que más tarde se convirtió, en mi primera novela, La Casa de los Espíritus. Fue un libro tan afortunado, que decidí mantener esa fecha para empezar mis otros libros, para llamar a la suerte. 

 Q. ¿Puedes contarnos sobre alguna ceremonia que realizas al iniciar un libro nuevo?

 A. El 8 de enero es un día sagrado para mí. Llego a mi oficina muy temprano, enciendo algunas velas para convocar a los espíritus y las musas. Medito por un tiempo. Siempre tengo flores frescas e incienso. Trato de relajarme, de entregarme a la experiencia que comienza en ese momento. Nunca sé exactamente lo que voy a escribir. Puede ser que haya terminado un libro hace meses y haya e planeando algo vagamente, pero ya me ha ocurrido dos o tres veces que cuando me siento frente a la computadora, sale otra cosa. Es como si estuviera embarazada de algo grande, digamos un elefante, que ha estado allí por mucho tiempo, creciendo, y luego llega el momento de dar a luz. Trato de escribir la primera frase en un estado de trance, como si alguien la estuviera escribiendo a través de mí. Esa primera frase normalmente determina el tono del libro, es una puerta que se abre a un territorio desconocido que voy a explorar con mis personajes. Y de a poco, mientras escribo, la historia va creciendo y desarrollándose. No uso un bosquejo, no hablo del libro en proceso, no les leo pedazos a mis amigos. No sé de qué se trata hasta que el primer borrador está listo, y eso puede llevar meses. Me presento ante la computadora diariamente y dejo que la historia se vaya contando a poco. Cuando la doy por terminada la imprimo y la leo de principio a fin por primera vez, entonces la entiendo y empiezo a pulirla y a eliminar todo lo superfluo. No comparto el proceso de la escritura con nadie, y cuando el manuscrito está terminado, se lo muestro a muy pocas personas, porque confío en mi instinto y no quiero otras manos en mi escritura. 

 Q. ¿Qué consejo le puedes dar a aspirantes a escritores ?

 A. Escribir es como prepararse para el atletismo. Para competir hay que entrenar mucho, es trabajo que nadie ve, pero indispensable. El escritor tiene que escribir todos los días, al igual que el atleta necesita entrenar. Gran parte de la escritura nunca será utilizada, pero es esencial hacerlo. Siempre les digo a mis jóvenes estudiantes que escriban por lo menos una buena página por día. Al final del año tendrán un mínimo de 360 páginas buenas. Eso equivale a un libro. 

 Q. Mucha gente que ha leído La Suma de los Días ha preguntado donde pueden encontrar las joyas de Tabra.

 A. Por favor, consulta su página web http://tabra.com. 

 Q. Tengo un manuscrito y me pregunto si usted puede leerlo y me puede ayudar a que sea publicado. 

A. Lo siento mucho, pero no puedo leer manuscritos, no me alcanzaría la vida para hacerlo. Además, si lo hiciera, existen riesgos legales que debo tener en cuenta. Tampoco puedo ayudar para que los manuscritos sean publicados. ¡Me gustaría tener ese tipo de poder! La industria editorial, especialmente en los Estados Unidos, se ha vuelto muy complicada. Es prácticamente imposible que te publiquen sin un agente, a menos que seas un escritor muy conocido. Se publican anualmente guías de los agentes literarios disponibles, que se pueden consultar en una biblioteca.

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