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28 sept. 2009

"Me casé con un Pene"

Isabel Allende, autora de La isla bajo el mar, confiesa moverse entre la imaginación, la magia y los sueños

¿Usted cree que hay islas bajo el mar?
En el caso de mi libro, sí. Los esclavos de la colonia francesa de Saint Domingue creían que para ir al paraíso había que bajar al fondo del mar, donde estaba Guinea.

¿Usted tiene, como ellos,sus loas protectoras?
En Brasil me echaron las conchitas ésas, y dijeron que mi loa es Iemanyá, la diosa madre, la del agua y el mar. Dije: son tonterías. Lo volví a hacer en otra ciudad, y salió lo mismo. Así que empiezo ya a creer un poquito.

Entiendo lo de la diosa madre. Siempre dice que va de matriarca.
Porque incluye madre, suegra, abuela, hija. Soy como Marlon Brando en El Padrino.

¿Un poco Corleone?
Sí. Podría asesinar fácilmente a quien haga daño a alguien que yo quiera.

¿De qué es esclava?
Ay, de los sentimientos. Del cariño, por mis padres, por los hijos; de algunas causas: todas las que atañen a la justicia, a la mujer. Y del chocolate negro.

¿A quién le haría un buen vudú?
A Obama. Le colgaría algún fetiche, algún collar para protegerlo de tanto loco suelto que anda por ahí.

¿Y el vudú de los alfileritos?
¿El de la magia negra? A todos los torturadores. Y después, posiblemente a los banqueros, que han quebrado a tanta gente y la tienen en la ruina.

Cuenta que, por ser muy independiente, siempre estuvo obsesionada con que nadie le pagara un restaurante. ¿No tendría que revisar su postura, tal y como está el patio?
Ahora me toca a mí pagarlo [ríe].

Trabajó como periodista. ¿No pudo haber hecho algo de provecho?
Podria haber hecho empanadas. Me habría ido mejor. Hago algunas comidas, pero el que cocina es mi marido, mi gringo.

¿Sigue usando a su perra como despertador?
Sí, mi Olivia, a la que echo horriblemente de menos. Mire, se la voy a mostrar [saca foto de su Olivia]. Ahora, si me pide una foto de los nietos, no la tengo.

Y cuando viaja, ¿cómo se despierta?
Con Willie [su marido], que ronca, y me despierta tempranito.

"La ficción ocurre en el vientre, y si lo proceso demasiado, se me pone duro". ¿Ahora cómo lo tiene?
Vacío, y a punto de empezar a gestar algo, porque nos vamos aproximando al 8 de enero [fecha fetiche en la que empieza a escribir].

Su hijo dice que hay cosas peores que tener una escritora en la familia. ¿Usted lo cree?
Sí, dice que hay cosas peores. Yo podría ser, por ejemplo, un asesino a sueldo. O asesora de Bush.

Ha comentado que Freud opinaría que lo suyo es envidia del pene. ¿Lo echa de menos?

Tengo uno. Quiero decir que me casé con uno, con un pene [ríe]. No es que yo lo lleve puesto.

Su protagonista, Zarité, dice que ha bailado siempre. ¿Usted a qué son se mueve?
Al de la imaginación. Soy más mala para el baile... Es como mover un bus.

¿Huye de la realidad o tiene muchos pájaros en la cabeza?
Pájaros. Miles de pájaros. Según mi padrastro, soy mitómana, todo lo veo torcido, o distinto, o con otro ángulo. O lo exagero. O lo convierto en historia. Me tortura la imaginación. Cualquier cosa la sueño, la revivo, me obsesiona, me pena.

Siempre empieza los libros el 8 de enero y quema salvia. Lo hizo cuando escribió El Zorro. ¿Se ve más cerca del personaje o de Antonio Banderas?

Ay, ojalá estuviera cerca de Antonio Banderas. A lo mejor un ratito... Está buenísimo. Todavía está buenísimo.
¿Y esa importancia que da al helado de coco?

Ya no es importante. Ahora lo es el chocolate. En él hay algo oscuro. Está lleno como de una energía misteriosa.

Misteriosa, para nada: luego se ve a la altura de la cadera.
Después de los sesenta da igual, querida, porque, tengas caderas o no, ya eres invisible. Podrás andar en pelotas en la Plaza de Armas, y no te van a mirar.

Repite y repite que el punto G está en el oído. ¿No tiene usted una anatomía un poco rara?
No, querida, el punto G está en el oído. Se han hecho estudios sobre por qué los hombres ven pornografía, y es porque su erotismo es visual. A las mujeres tienen que susurrarnos en el oído. Eso sí que nos excita. Si Antonio Banderas te susurra en el oído, déjate de cosas [risas]. Aunque te recite la guía de teléfonos.

El caso es que le susurren.
Sí. Mi marido dice que es la única forma de que yo escuche.

¿Hay algo que le gustaría tener?
Piernas largas, veinte años menos y a Banderas un sábado por la noche.

¿Y si llega el 8 de enero y no se le ocurre nada?
Ya me ha pasado. La jodí.

Perfil
Tiene 67 años, un hijo, tres nietos y una perra con la que le gusta caminar. Cuenta que, a pesar de salir a libro cada dos años, tiene tiempo para todo, desde tomarse un café a hacer el amor o ir al cine. Dice tener muchos defectos: "Intrusa, dominante, curiosa, habladora, indiscreta, impertinente... Puedo ir por orden alfabético". Y una única manía: pintarse los ojos. Le encanta hacer collares, y se siente protegida por fuerzas invisibles.

Diario El País
KARMENTXU MARÍN 27/09/2009
Foto: GORKA LEJARCEGI

Conversando en Positivo,con Isabel Allende


video

En esta conversación Isabel nos cautivó con su carisma, humor y sencillez. Esta gran escritora reconoce con humildad que el éxito no ha estado presente siempre en su vida, pues también ha conocido de fracasos y de grandes dolores. Hoy se reconoce en una vida plena, una existencia feliz, en paz, en donde ha aprendido de la absoluta incapacidad de controlar nada, más bien valora el haber llegado a un estado de fluir en forma relajada.

Este fluir tiene que ver con una vida de transeúnte, pues nuestra invitada se define como una eterna desterrada, desde su infancia experimentó el desarraigo, cambiando de casa y de país continuamente. Esto le ha llevado a adquirir una visión más desapegada de las cosas materiales, no así del apego a las personas.
Porque lo que a ella le interesan en realidad son las historias, lo que la gente vivió y cuenta de su vida. Cada persona tiene su propia historia como partes de la vida cotidiana que se entrelazan.

Sus novelas son como un mensaje en una botella que llega al mar y que alguna persona recoge. Ella escribe porque le encanta contar, de esa forma tiene cierto control sobre la vida, las emociones, lo que luego puede compartir.
El realismo mágico con que cautiva en sus historias contiene ingredientes extractados de la vida misma que se funden con la imaginación y lo irreal, tal como en una casa donde los espíritus de las almas que se han ido de este mundo conviven permanentemente con los seres vivos, ante los ojos de una niña increíblemente intuitiva y sensible.

Estos límites real-irreal, sueño-realidad, se encuentran completamente integrados. Tan integrados a su vida como la desgarradora experiencia del fallecimiento de su hija Paula en el año 1993, justo en uno de los momentos en que se encuentra celebrando un gran éxito literario recibe la estremecedora noticia del grave estado de salud en que su hija inesperadamente se encuentra. La felicidad y el dolor unidos y entrelazados como dos partes de un mismo todo, como dos polos de un mismo principio, como parte de una misma canción”gracias a la vida que ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto”.

Las palabras, las letras que Isabel ha plasmado en el conjunto de cartas que por años se escribe con su madre, le permiten definir y contener este inmenso dolor. Se siente vacía, durante tres años no escribe, hasta que vuelve a llenar sus depósitos, alimentándose de la vida que recoge nota a nota en cada uno de sus viajes por el Nepal, India…luego de estos años de gestación llega el nacimiento de “Afrodita” donde nos regala sus reflexiones sobre la comida y el erotismo. Afrodita le habla a los amantes juguetones y también a los hombres asustados y a las mujeres melancólicas a través de cuentos, recetas y otros afrodisíacos.
Así hoy Isabel invita a los hombres a que descubran el punto G en las mujeres, aquel lugar en la oreja femenina, diseñado para acoger el susurro del amante inspirado, palabras lindas, poderosas, provocadoras de risas.

Aquel susurro que con sutileza y encanto consiga en la mujer la sensación de sentirse especial, única y completamente segura con su hombre, que venció el temor y descubrió el poder que tiene la palabra en el momento y punto exacto.A las mujeres las invita a descubrir el amor, mantenerse activas, trabajar, tener hijos, amigos, perros, darse a los demás, enamorarse de lo que hacen, trascender la existencia individualista y melancólica.

Fuimos conociendo a una mujer que irradia y transmite con encanto y agudeza una pasión intensa por la vida. Porque Isabel se define como una monógama en serie, en una relación de 21 años con su marido Willie Gordon, está vigente ese amor que se alimenta con inteligencia y gracias a dosis permanentes de imaginación, de sobrepasar experiencias límites y de buscar apoyo si ha sido necesario para superar los trances difíciles. Han sido claves los espacios de intimidad abrigados en el silencio, pues para ella preservar tiempos destinados a esta comunión en pareja es primordial.

Un vínculo esencial en la vida de nuestra invitada ha sido la relación con su madre, porque siendo ambas muy diferentes, se adoran. En esta relación profunda, la más antigua en su vida, ha sido vital la correspondencia mediante cartas, que pese a las distancias geográficas ha conservado la cercanía emocional entre ellas: en el compartir sus sueños, recetas, quejas, sentimientos, todo aquello que forma parte del lenguaje madre-hija.

Podría decirse que otro de los vínculos potentes para Isabel es el que mantiene con Chile, como Neruda “…por una razón o por otra, yo soy un triste desterrado. De alguna manera o de otra, yo viajo con mi territorio y siguen viviendo conmigo, allá, lejos, las esencias longitudinales de mi patria”. Isabel extraña, quizás con nostalgia, en estas visitas el Chile Nerudiano, de los bosques fríos del sur que el poeta describe. Se encuentra hoy con un Chile dividido, materialista, exitista. No obstante estos encuentros le permiten expresarse e interactuar con el acento y el idioma en el que escribe, con el sentido del humor propio de la cultura y que ella entiende y comparte tan bien.

Sobre la imagen que ella reconoce tienen en el extranjero sobre el país, señala que se ve muy bien desde afuera ya que se percibe como un país desarrollado, con estabilidad política, económica, con más educación y preocupación por problemas sociales y mejor que muchos países del continente y europeos.
Este idioma compartido un día a sus cuarenta años, la llevó a escribir su primera novela. Isabel se inició como periodista con un gran entrenamiento. Su ritual en la producción literaria se inicia con el tomar notas de los aromas, colores, sabores de los lugares que recorre y que más tarde formarán parte de su historia. Luego en su estudio frente a la computadora, va recogiendo e integrando una a una las notas que se entrelazan en el argumento, cuando estas notas se acaban ha llegado al primer manuscrito que luego será revisado y corregido antes de la versión final.

Esta versión final que muchas veces ha recibido importantes indicaciones desde los mensajes de los sueños. Los que escribe y recuerda, los interpreta y le sirven para entender y guiar tanto lo que pasa en su vida como los argumentos de sus libros.

Porque el sentido de la vida y la espiritualidad para nuestra invitada tiene que ver con la convicción de que no hay separación entre el estar despierto o soñando, entre lo real y lo irreal, entre la vida y la muerte, todo está integrado, esto le permite estar abierta al misterio y a lo que no conoce.
Una parte importante en la vida de Isabel y que le ha dado muchas satisfacciones ha sido la labor solidaria apoyando a 40 fundaciones a quienes entrega parte fundamental de sus ingresos económicos, pues señala que no quiere heredar riqueza a sus hijos y nietos, ya que espera darles como base una buena educación para que luego ellos mismos construyan su propio futuro.

Con la misma convicción que en sus planteamientos personales, nuestra invitada asevera que frente a la crisis financiera mundial, observa un cambio importante que es el sentido de comunidad que se ha generado. Pues ya no es tan prioritario ser rico, estar sano, tener sabiduría, inteligencia o conocimientos si todo ello no se comparte con los demás. Observa que los jóvenes actualmente aspiran a realizarse en el trabajo comunitario, con un compromiso con la ecología y con el cuidado del medio ambiente, esto refleja una nueva espiritualidad que se expresa con una mayor creatividad.

Isabel anima a los jóvenes a que trabajen en lo que amen, que sea una actividad que se realice con pasión, no hacer concesiones para ser feliz. En su experiencia, una vez que encauzó su vocación literaria su vida cambió. También destaca la importancia de correr riesgos pues actualmente existe un temor a sufrir, a arriesgarse, a ser lastimado, de esta forma se vive una vida neutra, para ella es vital arriesgarse pues se puede acertar.

Entre los anhelos de Isabel están que como humanidad logremos terminar con toda forma de violencia, hacia los niños, las mujeres, la naturaleza, los animales. Sueña con que todos entendamos la belleza, salirnos de lo mezquino, lo pequeño, lo feo; abrirnos a lo luminoso, lo etéreo, bello, amable, alegre, conectarnos a lo bello sería maravilloso, nos dice....
como si fuera una nueva historia de realismo mágico que se expande a muchas ediciones por todo el mundo y en todos los idiomas, porque al igual que sus novelas sus anhelos nos hablan en el idioma universal asentado en el corazón de la humanidad.

"De su vida y su obra, de lo que la mueve a escribir. De todo habló la escritora Isabel Allende en una entrevista exclusiva realizada ayer en el programa Consando en Positivo de nuestra emisora.

Nota de Radio Universidad de Chile
En una íntima conversación con Edgardo Vogel y Antonio Estévez, la novelista iberoamericana más popular del último tiempo se explayó sobre su inspiración a la hora de escribir y sobre el éxito que logran sus textos. Algo que, confiesa, nunca es premeditado.

Para Isabel Allende cada obra es un ejercicio íntimo, y a la vez una apuesta: una botella lanzada al mar"Uno escribe y es como tirar un mensaje en una botella, se lo lleva el mar, no se sabe a qué orillas llega, ni qué náufrago va a agarrar la botella, a veces nadie y otras mucha gente. Me sorprende mucho cuando voy a un país donde no habría puesto los pies normalmente y me encuentro con gente que ha leído un libro mío, pero cuando lo escribo no es esa la propuesta, ni siquiera la misión, escribo porque me encanta contar, nada más y porque al escribir tengo cierto control de mi vida", indicó la novelista.

La entrevista fue grabada un 2 de agosto, el mismo día en que la escritora celebraba su cumpleaños, hecho que sirvió para ahondar en su historia personal. Una vida llena de viajes por el mundo, pero también marcada por la dictadura y la imposibilidad de entrar a chile en esos años.De hecho Isabel Allende compara la nostalgia del Chile que dejó al irse del país con el que se encuentra ahora. Son dos naciones distintas, dice. "Cuando no podía volver a Chile había una nostalgia, a veces paralizante. En 1989 para el plebiscito volví y me encontré con otro Chile, yo recordaba el Chile Nerudiano, el Chile pobretón, el Chile solidario y me encontré con un Chile dividido, materializado, modernizado, exitista, entonces esa nostalgia se termino.

Afuera nunca echo de menos a Santiago, echo de menos el mar, el bosque frío del sur del país", recordó Isabel Allende. Y hablando de cambios a través del tiempo, estamos en un momento de colapso económico mundial, marcado la crítica a la concepción neoliberal. Trastornos que eran predecibles, según la escritora. Sin embargo, se manifiesta optimista por la oportunidad para construir una sociedad más solidaria, como una de las lecciones de la crisis."Creo que el mundo ha pasado por esto varias veces y estos son cambios fundamentales, me acuerdo cuando cayó el muro de Berlín y todo el mundo estaba celebrando el fin del comunismo y yo dije el fin del comunismo no significa el triunfo del capitalismo tan malo son el uno como el otro cuando no tienen límites.

Cómo se va a dejar a los empresarios que ellos se autocontrolen la codicia, es imposible, era lógico que tenía que caerse el mercado, era lógico que pasara todo lo ocurrido en materia económica en Estados Unidos y en el mundo, pero espero que salgamos con un cambio muy importante, en primer lugar el sentido de la comunidad", comentó la escritora. Su obsesión mientras escribe, los papeles amarillos que rodean su escritorio cuando investiga, la forma en que sus sueños le ayudan a terminar sus obras, su relación con dios y varios otros asuntos que ayudan a desentrañar a este personaje fueron parte de esta conversación."

Publicado por Conversando en Positivo en 8:59
Conducción:Edgardo Vogel ,Antonio Estévez

27 sept. 2009

Por qué somos tan desconfiados?

domingo 27 de septiembre del 2009 Columnistas

Bernard Fougéres bernardf@telconet.net
¿Por qué somos tan desconfiados?
Viví mi infancia en un pueblito cuyo nombre poco importa. Dormíamos con la puerta de la casa abierta, mis padres daban dinero en préstamo sin firmar papel, la palabra de uno era tan sagrada como la firma oficial. No se le hubiera ocurrido a nadie rayar un automóvil, arrancar plantas, maltratar a un animal, todo el mundo se conocía, existía solidaridad.

Ahora tenemos miedo de salir, las casas están enrejadas, tienen guardianes. Andamos inquietos, seguros puestos, vidrios cerrados. Se disparan sistemas antirrobos, desaparecen antenas, los accesorios lucen remachados, los homicidios son pan diario. Nos hablan de escopolamina, aconsejan nunca entablar conversaciones con desconocidos cuando me encanta saber algo de quienes me abordan con gentileza en el supermercado. Tuvimos que crear el término “secuestro express”, los consulados acreditados ponen en guardia a los turistas. Internet se convierte en trampa en la que nos pueden extorsionar, engañar con e-mails desgarradores, entrar en confianza para lastimarnos. Soy muy ingenuo, pronto a la compasión, creo en la bondad del ser, razón por la que me llevo tremendos chascos. Me identifico con todos, soy indulgente con las faltas amorosas, no juzgo a nadie. ¿Cómo puedo saber si en tan voluminoso correo existe siempre buena fe sobre todo cuando ventilan problemas personales? Comprendo por qué los diarios exigen el número de cédula mas existe la posibilidad de una falsificación. Podemos inventarnos nombre, apellido, razón social, hobbies. El famoso Facebook se convierte en vitrina donde cualquier cibernauta encuentra datos nuestros. Me da pena cuando aquellos enlaces hablan de religiones, pues Dios no maldice a nadie ni por internet. Jamás acepto invitaciones para ser miembro de estos grupos que comparten fotografías, opiniones, entablan supuestas amistades.

No me acostumbro a la idea de desconfiar de todos en general, de nadie en particular. Suelo ahora contestar los correos con prudencia sobre todo si se trata de asuntos personales. Rechazo las cadenas que me prometen bendición o me amenazan con maldición eterna. Recibí hace tiempo un mensaje que enumeraba a las personas que, por haber negado a Dios, habían muerto de un modo horrible (entre ellos John Lennon). Recordé que Pedro renegó tres veces de Jesús y no por eso fue maldecido. Desconfiar es la peor miseria en un mundo donde debería reinar el amor como ley suprema. El fin de nuestra civilización no llegará solamente por el recalentamiento global del planeta sino por el enfriamiento paulatino de los corazones. Cada uno vivirá, como ya sucede en ciertos países, dentro de una burbuja. Me da la piel de gallina la frase de Darwin: “Dado que se producen más individuos de los que pueden sobrevivir, tiene que haber en cada caso una lucha por la existencia de un individuo con otro de su misma especie”. ¿Quién habrá dicho: “Paren el mundo, yo me quiero bajar”? Mafalda de Quino tiene la última palabra: “¿No será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?”. Dijo también: “Lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Quizás explica que amaneció un buen día diciendo: “Hoy entré al mundo por la puerta trasera”.
Diario El Universo

Reflexión
Estoy de acuerdo con esta profunda enseñanza hoy en día que manejamos mas tecnología que los jóvenes y no tan jóvenes tenemos acceso a mucha información, la cadena de malas intenciones crece y decae en apurado descenso el amor y el respeto a todo lo existente, nos envuelve una atmósfera de maldad trastocada, de racismo oculto, de inclemencia solapada vivimos de la misma manera que anteriores generaciones pero con mas hipocrecía. Si hablas mucho de amor te llaman cursi, si te conmueve el dolor ajeno te tachan de falso y mentiroso, si pretendes llevar un mensaje de paz se mofan de tu buena voluntad, porque los seres humanos estamos tan acostumbrados a lo malo que cuando vemos algo o alguien bueno siempre desconfiamos pensamos que todo lo hace por propio beneficio. El mundo actual funciona así la ambición, el egoísmo a subido a limites insospechados de ese anhelo de poder nacen las guerras en las que mueren tantos inocentes, damos la espalda al mundo porque pensamos que ya vendrá alguien mas ha ayudarles, nos cansamos de entregar mensajes de amor y tolerancia pero jamás los ponemos en práctica somos una sociedad hipócrita. Si tan solo la cuarta parte de los priviligiados con riquezas compartieran con los pobres, el mundo fuese un lugar mejor, pero el egoísmo crece junto con los avances tecnologicos, nadie ha inventado bombas de paz, armas de alegría, o misiles que expandan bondad, lo mejor es predicar con el ejemplo porque las palabras al fin y al cabo se las lleva el viento. No se trata de ir por ahí abriéndole el corazón a todo el mundo se trata de aprender a dar y a darse sin esperar nada a cambio, y valorar todo lo que Dios nos ha regalado, aprender a decir Te Quiero, Te Extraño, Te Necesito, Te echo de Menos, que no nos de tanto miedo Amar y enseñar a otros que lo más bello de este mundo es gratis aunque suene repetitivo, recordemos que la semilla que sembremos hoy será la cosecha que recibiremos mañana.
Si en vez de dar golpes diéramos caricias,si en vez de dar gritos expresáramos Amor,el mundo esta carente de besos y abrazos y saturado de violencia porque hasta hoy es lo único que hemos sembrado.
Y tú que Sembrado Hoy?

La Mejor Escritora de los últimos tiempos y orgullo de Latinoamérica

ISABEL ALLENDE:
"Los trogloditas manejan el mundo"

Publicada en "Punto Final" N° 523 (28 de junio del 2002)


Cuando ya se acerca la fecha de dar a conocer el próximo Premio Nacional de Literatura, las postulaciones y opiniones sobre tal o cuál postulante comienzan a llenar las páginas de los suplementos culturales y literarios de los diferentes periódicos. Entre los postulantes de este año se encuentra la escritora Isabel Allende, que si bien tiene no pocos detractores en nuestro país, sobre todo en el ambiente literario, nadie puede desconocer su prestigio a nivel mundial. Para saber su opinión respecto a estos asuntos y otros temas de interés, Punto Final conversó con la destacada escritora nacional.
Siendo una permanente candidata al Premio Nacional de Literatura
¿Qué importancia le asigna a este galardón? ¿Qué lugar ocupan los premios en la vida de un escritor, ya sea un premio nacional, nobel, municipal, etc. Es un premio algo de vida o muerte para un artista?
No soy una permanente candidata a este premio. Es la primera vez que sucede, gracias a que Pablo Huneeus presentó mi candidatura. Nunca he postulado a un premio, me siento más que satisfecha con la respuesta de mis lectores, que no son pocos y tampoco son parcos en su entusiasmo. No sé si los premios son importantes, tal vez no lo sean en general, pero a veces son simbólicos. Una obra no se extiende ni perdura por los premios, sino por su calidad. Sólo el tiempo puede decidir si algo tiene valor.
Si fuera suya la decisión de otorgar el Premio Nacional ¿A quién se lo daría este año?
A mí.
Usted es la escritora chilena que más vende en el mundo ¿A qué atribuye esto, considerando las críticas que recibe permanentemente, tanto de algunos de sus pares chilenos y de críticos como Harold Bloom, por ejemplo?
No lo sé y no me corresponde averiguarlo, pero las críticas negativas no me angustian, porque son mucho menos que las positivas. Mis libros se venden en 30 idiomas y, por supuesto, no tengo idea qué dicen los críticos en la mayoría de esas lenguas. Tal vez dicen horrores... y tal vez me echan flores, vaya una a saber. Mi oficio es escribir, no llevar la cuenta de las opiniones ajenas, sobre todo en el campo de la crítica, que siempre es subjetiva.

¿Está al tanto de lo que se está escribiendo en Chile actualmente? ¿Qué escritores chilenos se encuentran entre sus lecturas? ¿Ha leído a Hernán Rivera Letelier, Patricio Manns, Alejandra Costamagna, Roberto Bolaño o Luis Sepúlveda?
No vivo en Chile y afuera no es fácil conseguir las obras de algunos autores nacionales, pero cuando voy a Santiago recorro las librerías y compro las obras de escritores chilenos. He leído algunos de los que usted menciona y otros, como Ana María del Río, Marcela Serrano, Damiela Eltit, etc.
Generalmente una creación literaria permanece en el tiempo producto de la vinculación de ésta con los factores permanentes del desarrollo de la historia del ser humano a través de las distintas épocas.

¿Piensa usted que su literatura contiene elementos, tanto en argumento como en estilo, que trascenderán por muchos años?
Llevo más de dos décadas escribiendo y todos mis libros se siguen imprimiendo y se estudian. No sé si mi trabajo será trascendente, eso lo sabrán nuestros nietos en el futuro.
En sus libros siempre está presente Chile y su historia más reciente. De hecho "La Casa de los Espíritus" ha sido una obra importante para que el mundo no pierda la memoria de lo ocurrido en nuestro país, lo que demuestra un sentido social y hasta político en su obra

¿Qué le diría a los que la acusan de ser una escritora light o snob?
Los que me acusan de ser una escritora "light" están celosos porque vendo libros y me descalifican porque en general son unos carcamanes que no respetan el intelecto femenino. Esta acusación sólo existe en Chile. Afuera mis novelas se estudian en universidades y tengo varios metros lineales de tesis y libros que se han publicado sobre mi trabajo. Por otra parte, en Chile existe el mito del "marketing". Demuestra una gran ignorancia el suponer que se pueda vender libros en gran escala con pura publicidad. Los desafío a que vendan cualquier cosa con "marketing". Mis editores hacen la misma publicidad a mis libros que a los de otros escritores, porque les interesa vender todo lo que publican.

¿Por qué unos se venden bien y otros no?
No se sabe, pero a menudo tiene que ver con calidad de la obra. No partamos de la base de que los lectores son tontos y se tragan cualquier lesera.

¿Cómo le gustaría ser recordada dentro de las páginas literarias chilenas en cien años más?
No pretendo que se me recuerde. Cuando me muera espero irme a otra dimensión, donde nada de esto importe. Espero que mi fantasma no tenga la tentación de volver a la tierra para leer las páginas literarias del Mercurio.

¿Cuál es su vinculación actual con Chile? ¿Qué le han parecido estos doce años post tiranía militar?. Se lo pregunto en cuanto al aspecto cultural, social y económico.
Voy a Chile a menudo y me comunico con mi madre a diario; ella me mantiene informada y me manda revistas y libros. Procuro estar enterada del acontecer nacional, aunque lógicamente no estoy en los detalles, porque vivo en California. Desde afuera el país se ve mucho mejor que desde adentro. A los chilenos nos gusta quejarnos y nos refocilamos en todo lo malo que sucede. Criticar al Gobierno es el segundo deporte nacional, después del fútbol. Las cicatrices de la dictadura aún son visibles. Me parece que Chile no puede convertirse en un país desarrollado mientras exista la tremenda desigualdad económica, que nos coloca más o menos a la par con Zimbawe. En el plano cultural seguimos estando muy aislados y, a falta de referencias, seguimos creyéndonos el ombligo del universo. Somos conservadores, tenemos una especie de censura mental, nos falta audacia, debemos abrir la imaginación y salir de las fronteras, conectarnos con el resto del mundo, alimentarnos de nuevas ideas. Nos friega el machismo, la lejanía, la mezquindad y el chaqueteo. En vez de apoyar a los creadores, los aplastamos. Eso no le hace ningún bien a la cultura.

¿Qué le falta a Chile, en su opinión, para ser hoy un país plenamente democrático?
Para empezar hay que cambiar la Constitución y deshacerse de los senadores designados. El Congreso no puede estar controlado por los secuaces de Pinochet.
En su opinión, y considerando la caída de los muros y la existencia de un mundo globalizado donde se pretende imponer una cultura hegemónica

¿Piensa que aún existe una oportunidad para la concreción de la Utopía que un día ilusionaron a millones de personas?
No entiendo esta pregunta. ¿Se refiere a la utopía socialista? Si es así, creo que el mundo está cambiando muy rápido y nadie sabe para dónde vamos, pero la respuesta del futuro no es el capitalismo salvaje. Hay demasiados pobres en el mundo y el número sigue creciendo. Hay que encontrar soluciones políticas y económicas para la creación de un mundo globalizado donde los recursos alcancen para todos, de otro modo nos vamos a devorar unos a otros como ratas hambrientas en una jaula. Espero que lo logremos, a pesar de que en este momento no tenemos líderes. Los hombres que manejan el mundo son unos verdaderos trogloditas.
ALEJANDRO LAVQUEN

24 sept. 2009

Lo mío es cazar Historias

Isabel Allende: "Lo mío es cazar historias"
Domingo 16 de Agosto del 2009
Entrevista Escritora superventas
En su casa de San Rafael, California, o en el departamento de sus padres, en Providencia, Isabel Allende es la misma mujer cálida, acogedora, de sonrisa amplia y ojos brillantes y expresivos. La misma que se fotografía con el personal de la cocina de un restorán en el que celebra con un almuerzo familiar sus 67 años. O que saluda de beso a la gente que la reconoce en las calles de Iquique, mientras su madre, Panchita Llona, le lleva la delantera en el recorrido turístico.
La misma que hace más de 25 años sorprendió al mundo con La casa de los espíritus y empezó a tejer la mejor de sus historias, la de su propia vida. Aunque su visita a Chile no contemplaba la promoción editorial, Isabel Allende aceptó esta entrevista pocos días antes del lanzamiento de La isla bajo el mar (Editorial Sudamericana). Sobre la mesa, junto a dos tazas de té, un ejemplar del libro autografiado para el "tío Ramón", su padrastro.
Ya entrenada en la investigación histórica, que ha dado frutos como Hija de la fortuna , Inés del alma mía y El Zorro , esta vez su interés se trasladó al Caribe, a la antigua colonia francesa en Saint-Domingue, hoy Haití, donde a fines del siglo XVIII estalló la revolución de los esclavos y más tarde la declaración de independencia de "la primera república negra". Dividida en dos partes, La isla bajo el mar abarca desde los años 1770 a 1793 en Saint-Domingue y luego desde 1793 a 1810 en Luisiana, hasta donde llegaron los franceses que huían de la sangrienta revolución. Pero el libro no sería de Isabel Allende si no tuviera una protagonista fuerte, digna y generosa, y una o varias historias de amor. La esclava Zarité es quien guía esta vez el relato y su voz la que se oye en algunos capítulos alternados con la narración general.

-¿Qué fue primero, el personaje o la trama?
-El lugar no me había llamado la atención hasta que hice la investigación por el Zorro. Fui a Luisiana, me metí al Caribe, y me fascinó la historia de los negros libres en Nueva Orleans, una cultura que creó el jazz, que es muy sui géneris, muy diferente al resto de los Estados Unidos. Al investigar sobre eso descubrí que el sello lo pusieron los refugiados franceses que escaparon de Saint-Domingue. Eran como diez mil personas blancas con sus familias, concubinas y esclavos y muchos de ellos llegaron a ser libres. Había una cultura de gente libre de color que mandaba a sus hijos varones a educarse en Europa y volvían profesionales, y a las niñas a un agregado que tenían las ursulinas, donde recibían la misma educación que las niñas blancas. Luego me puse a investigar Saint-Domingue, la colonia, y era tan brutal lo que estaba pasando en la isla que me sumergí en esa investigación. El personaje de Zarité surgió, no sé si era un sueño o si ya estaba despierta imaginando, pero la vi tan claramente que no tuve ningún problema en encontrar su voz y en definirla.

-Tus libros se han ido alternando entre dos grandes vertientes, las memorias y las novelas con investigación histórica. ¿Sientes que en ambos casos hablan de ti, de tus preocupaciones?
-No podría escribir sobre algo que no me toca profundamente. ¿Por qué escojo un tema, por qué siempre estoy escribiendo sobre mujeres? Porque siempre hay una búsqueda de la libertad, de la independencia. En el fondo, una se proyecta en lo que escribe y, aunque no quieras, entre líneas sale quién uno es. Pero es más difícil la memoria, porque ahí no soy sólo yo, sino que tengo que pedirles permiso, una vez que termino el libro, a todos los demás que salen en él. Eso me quita libertad. En La suma de los días uno de los hijos de Willie simplemente no quiso aparecer y yo tenía que respetarlo. En la novela puedes hacer lo que quieras.

-Zarité pierde a sus hijos y acoge uno ajeno. ¿Es por eso que le dedicas este libro a "mis hijos, Nicolás y Lori", tu nuera, sin mencionar a Paula?
-Lori lleva conmigo doce años, maneja mi fundación, trabajamos en el mismo edificio, vivimos al lado, nos hablamos o nos mandamos mensajes por e-mail varias veces al día por cosas de trabajo, por los niños, por miles de cosas. ¡Es mi hija, pues! Nicolás dice que yo siempre estoy buscando mujeres jóvenes a quienes acoger y a quienes hacerles de mamá, como si quisiera reemplazar a Paula. Y si lo hago es inconsciente, pero reconozco que me interesan mucho las vidas de las mujeres jóvenes, mi fundación se dedica a eso. Creo que la obligación de las mujeres de mi edad que pasaron por el feminismo es proteger a las jóvenes que están en la época reproductiva y están ocupadas de sobrevivir y de sus hijos. ¿No es un lindo papel, ser las ancianas, las brujas? Es cierto, la protagonista no hace ninguna diferencia entre el hijo que cría y los hijos de ella, está dispuesta a sacrificar la vida por ambos. No lo había pensado.

-También está presente el sincretismo religioso, muy propio del lugar y la época que describes, pero da la impresión de que es algo que te identifica.
-Yo no soy una persona particularmente religiosa, pero creo que existe mucho más de lo que podemos ver y que hay una dimensión espiritual en todo lo que existe. No creo en el Dios cristiano, ni en otro, pero habría sido imposible escribir una novela sobre Haití en aquella época sin el vudú. Porque lo que coordinó todo el movimiento de los esclavos fue la religión. Venían de distintas partes de áfrica, hablaban diferentes idiomas, tenían distintas religiones, y les tocó encontrarse en esta isla donde los cristianizaban a la fuerza apenas llegaban. Pero eso era todo, los bautizaban y se acabó, de ahí a explotarlos cuatro o cinco años, hasta que murieran y de ahí a reemplazarlos. Y lo que los mantuvo unidos fueron los ritos, las ceremonias, el tambor, el vudú, el animismo, la idea de que la única liberación posible era la muerte y cuando tú mueres te vas a la isla bajo el mar, que es Guinea. Sin ese elemento que hasta el día de hoy es tan fuerte en Haití, no se explicarían muchas de las cosas que pasaban.

-"El camino de la libertad es tortuoso", escribes. ¿Quisiste hablar de la libertad en un sentido amplio y de los costos que se pagan por ella?
-Si tú optas por la libertad en cualquier sentido, primero que nada tienes que tomar tus decisiones y pagar las consecuencias. Eso tiene un precio, a mí me parece siempre barato. Nosotras fuimos la generación del movimiento de liberación femenina, la generación de puente. Claro, recibimos muchos palos, y costaba salir a trabajar cuando eras discriminada, cuando ganabas la mitad que el hombre pero hacías el doble de trabajo, cuando además tenías que hacerte cargo de la casa, tener niños, había que luchar contra el patriarcado, contra el machismo. Era un precio alto de pagar, pero lo que ganamos fue ¡fantástico!
-En el caso de Haití, se pagó un precio altísimo por la libertad, pero es un pueblo que de alguna manera sigue esclavizado...
-... Por la pobreza. La isla está destrozada. En primer lugar, la deforestaron; en la época de Zarité era un bosque tropical y ahora es un desierto, montañas desérticas. Y es un país extraordinariamente pobre, con mucha corrupción y mucha violencia y muy creativo y de gran colorido. Un país que podría ser estupendo, maravilloso, y que sin embargo no lo es. Pero no es el único país pobre, no se le puede echar la culpa a la revolución. Peor estarían si fueran todos esclavos de los franceses.

-¿Consultaste también fuentes literarias para este libro, como "El reino de este mundo", de Alejo Carpentier?
-Lo había leído antes, por supuesto, pero no volví a hacerlo. Cuando estoy haciendo una investigación, en general voy a fuentes históricas. Aunque a veces en una novela se descubren cosas que no salen en los libros de historia. Pero tuve que averiguar muchas cosas, la legislación, quiénes eran esclavos, qué grados de esclavitud había, cuándo dejan de ser esclavos. Toda esa parte legal es fascinante, y atroz. En la investigación salió todo lo que les hacían a los esclavos, los castigos, las violaciones, las cosas horribles que les hacen los seres humanos a otros seres humanos. Esa parte tan cruel hizo muy pesada la investigación, pero una vez que encontré la voz de Zarité, salió como por un tubo, todo lo vi a través de los ojos de ella.

-Después de libros como "Hija de la fortuna", "Inés del alma mía" o éste, ¿seguirás con la investigación histórica?
-Inés era un personaje real, así que ahí estaba limitada por la información histórica que existía, pero en este libro o en Hija de la fortuna , fue una recreación de una época y el personaje es inventado, puede hacer lo que quiera.

Pero en este momento estoy escribiendo una novela que no tiene nada que ver con lo que he hecho antes, sucede en el 2009 y la protagonista es una niña de 19 años. Una parte va a pasar en Chiloé, otra en Berkeley. Es una novela completamente distinta, contemporánea, actual. Me preguntas para dónde voy, y no sé, no sabía que alguna vez iba a escribir una trilogía infantil o un libro como Afrodita . No sé lo que va a pasar.

-Pero tus libros siempre hablan del amor y los afectos.
-Yo creo que es lo más fundamental en mi vida, y a medida que envejezco me voy desprendiendo de todo menos de eso. Realmente lo que me importa son esos afectos y estar conectada. Lo demás se va perdiendo en la noche de los tiempos.

-¿Cómo te sientes entre ese mundo que se mueve por amor y el mundo literario, que se divide entre los que te atacan o te defienden?
-La verdad es que no pertenezco a ningún club literario, nunca estudié literatura, no estoy muy conectada con ningún grupo de escritores. Nunca participo en jurados para premios ni ninguna de esas cosas, porque no es mi mundo. Lo mío es cazar historias y yo creo que hay una cosa muy de periodista todavía. Estar a la caza de lo que está pasando y tratar de interpretarlo, de contarlo. Y eso es todo lo que hago, ése es mi oficio. Trato de hacerlo con cierta elegancia, me cuido de que el lenguaje sea correcto, pero es la historia la que me interesa, la gente. Y luego, mis libros se traducen. ¿Te imaginas cómo será leer un libro mío en Camboya? Quizás no se pueda traducir el tono, el lenguaje, la sutileza, pero sí la historia humana, el personaje. Eso es lo que hace que el libro sea pirateado en Camboya.

"Fascinada" con Barack Obama
"Hay mucha esperanza de que él pueda cambiar la posición de Estados Unidos en el mundo, involucrar a toda la juventud a hacer cambios fundamentales", cuenta Isabel Allende, quien se declara "completamente fascinada" con el Presidente de Estados Unidos. "él es brillante. él y su familia, su mujer y sus hijas, son gente maravillosa".

23 sept. 2009

Isabel Allende: 'Uno escribe sobre lo que explora en su propia alma'

23/09/2009 13:00:00 -
Elena Del Valle
Isabel Allende: 'Uno escribe sobre lo que explora en su propia alma'


Isabel Allende presentó ayer en el Círculo de Lectores de Barcelona su última novela 'La isla bajo el mar' donde relata la historia de una esclava del Santo Domingo del s. XVIII que logrará la libertad y la felicidad luchando contra la sociedad de esclavitud de la época.

Isabel Allende supo cautivar la atención de todo el público durante la presentación de su 'La isla bajo el mar'. Su cálida voz, su sentido del y su riqueza interior fueron los principales ingredientes para sumergir al auditorio en la magnífica historia que envuelve a la protagonista principal, Zarité.
La protagonista era una esclava mulata de 9 años, que es vendida a un francés, Toulouse Valmorain, dueño de una de las plantaciones más importantes de Santo Domingo.
A lo largo de la novela transcurrirán cuarenta años en la vida de Zarité durante los cuales vislumbrará lo que representó la explotación de los esclavos y una serie de protagonistas la ayudarán a luchar por la libertad tan anhelada para las futuras generaciones.
Isabel Allende le da voz a una luchadora que saldrá adelante en al vida sin vida sin importarle las trampas que el destino le tienda. Zarité es una heroína, una triunfadora que conseguirá abrirse camino para alcanzar la felicidad.

La presentación fue conducida por Pepa Fernández, directora del programa 'No es un día cualquiera' de RNE. Ella dirigió una serie de preguntas a Isabel, que la escritora supo contestar con un gran sentido común y dónde ella misma logró retratarse en muchos momentos de la novela.
Isabel destacó tres aspectos importantes durante la rueda de prensa, uno, es que admitió que tiene mucho en común con Zarité. La escritora afirmó que 'uno escribe de lo que explora en su propia alma, y a mí me gusta desafiar lo que es injusto y sentirme libre como la protagonista'.


La isla bajo el mar de Plaza&Janes
El otro tema del que Isabel habló fue el y en dolor en la vida. Respecto a la relación de estos temas en la novela, ella comentó que, ' lo más fácil de manipular en la vida es el miedo y no hay peor sufrimiento que amar con miedo'.
Y el último tema importante fue la esperanza, este no tan relacionado con la novela, pero sí con una de sus otras obras, 'Paula', donde relata la enfermedad que sufrió su hija y lo que supuso para ella. Respecto a este tema ella afirmó que la esperanza nunca se pierde y es en los momentos más duros donde te das cuenta que emerge de tu interior una fortaleza que nunca creías tener.
Al acabar la presentación, todo el auditorio aplaudió con una gran fuerza a la escritora, muchas admiradoras le dirigieron algunas preguntas sobre sus otras obras y vida, así como posteriormente se quedó charlando y firmando el libro a todos sus seguidores.

17 sept. 2009

Isabel su inspiración la esclavitud y la libertad


Isabel Allende: "Es muy difícil escribir sobre la esclavitud sabiendo que hoy en día sigue existiendo"
La autora chilena narra la azarosa historia de una esclava mulata en el Caribe del siglo XVIII, una época marcada por la explotación

Isabel Allende es una de las escritoras más queridas y respetadas en España, donde la publicación de cualquiera de sus novelas nunca pasa desapercibida. Su nuevo libro, La isla bajo el mar (Plaza & Janés) ya está entre los diez más vendidos y es una de las apuestas literarias más fuertes de este otoño. La escritora chilena está de visita en Madrid, ciudad en la que este miércoles presentó a Zarité, la protagonista de esta historia sobre la esclavitud ambientada en el siglo XVIII. En un encuentro con un grupo de medios, entre ellos ESTRELLA DIGITAL, Allende confesó que escribir todavía sigue siendo una forma de liberarse para ella y un auténtico "viaje al interior del alma".
esther ginés
madrid
Isabel Allende (Lima, 1942) habló este miércoles de derechos humanos, política internacional y feminismo durante la presentación de su última novela, La isla bajo el mar (Plaza & Janés), una obra con la que la autora de novelas como Inés del alma mía, Paula o La casa de los espíritus vuelve a encontrarse con los lectores. Durante su visita a Madrid, la escritora también habló de literatura, pero la trama tan humana de La isla bajo el mar condujo la conversación hacia temas más sociales.
Allende explicó que el contenido de la novela no lo eligió ella, sino que salió a su encuentro en el año 2005, mientras se documentaba en la ciudad de Nueva Orleans para escribir El zorro. "Descubrí una ciudad con un sabor francés, caribeño, todo heredado de la fuerte inmigración francesa que en el siglo XVIII huía de la rebelión de los esclavos en Santo Domingo, lo que hoy es Haití", explicó. Tanto el proceso de documentación como de escritura fueron muy duros para Allende, que incluso llegó a enfermar durante los dos años que tardó en construir la historia de Zarité Sedella, una mulata que a los nueve años es vendida como esclava en una de las plantaciones de azúcar más importantes de Santo Domingo.

"Me puse enferma y por más que me hacían pruebas no sabíamos qué me pasaba, yo creía que tenía cáncer de estómago hasta que un día, al poco de terminar la novela, me curé y hoy estoy perfectamente", comentó la novelista, quien cree que el horror de adentrarse en un tema tan "brutal" como el de la esclavitud fue el causante de su malestar. "Lo peor es que hoy en día hay 27 millones de esclavos en el mundo, muchos más que en otra época, y vemos cómo los niños se convierten en soldados y las niñas son explotadas sexualmente, pero no lo reconocemos", denunció.

El viaje de una esclava hacia la libertad
La protagonista de la historia, que acompañará al lector en un viaje hacia la libertad que dura más de 40 años, se le "apareció" a la autora chilena como si fuera un fantasma. "Yo no creo en esas cosas, pero en cierto modo, tengo la sensación de que Zarité existió...Yo la ví en mi cabeza, la tengo ahí metida, con su olor, su voz y todo", dijo la escritora, una mujer profundamente feminista y que se considera afortunada por gozar de una libertad que no tuvo su madre.

Allende nació en los años 40 en una sociedad patriarcal y conservadora donde, según cuenta, "mi mamá era una víctima y yo sólo sabía que quería ser como mi padre o mi abuelo, pero no como ella. Hasta que a Chile no llegó la palabra feminismo nadie supo qué era lo que me pasaba, por qué yo no quería que me mandaran", explica la autora, que vive desde hace años en Estados Unidos.
Isabel Allende confiesa que todas sus novelas "son un poco feministas" y La isla bajo el mar no es una excepción, ya que presenta a una mujer luchadora que intentará salir adelante a pesar de todas las trabas que el destino le ponga. "Es mujer, mulata y esclava, y ya sólo con eso estabas condenado en el Caribe en esa época", explica la escritora, quien recuerda que la mujer, en pleno siglo XXI, sigue sufriendo en países de África y del sudeste de Asia.

"Se habla mucho de los derechos humanos, pero es siempre desde la perspectiva del hombre; en épocas de conflicto y en determinados países las mujeres son siempre las primeras que pierden", comenta con conocimiento de causa una escritora muy comprometida con estos temas y para quien la libertad es "poder elegir sin presión ni violencia".

Preguntada sobre el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, la narradora opina que "su lección ha sido increíble", aunque recuerda que aún hay mucho racismo subliminal en ese país. "Los que le atacan nunca hacen referencia a su color de piel, pero todavía es un asunto pendiente en EEUU". Para Allende, la gran esperanza es la nueva generación de estadounidenses, para quien "el color de Obama no importa".

Ficción y realidad
Aunque es una novela de ficción, La isla bajo el mar tiene mucha historia documentada, una combinación que agrada a la novelista, quien considera que la novela histórica "gana lectores porque mucha gente que quiere conocer determinadas cosas las busca en este tipo de libros antes que en las bibliotecas". Para ella, es una posibilidad de conectar con un público mucho más amplio, pero siempre manteniendo los elementos de ficción, indagando en el interior de los personajes, en las almas, como suele hacer en su literatura. "La historia la escriben los vencedores y siempre en términos de batallas, pero con la novela tenemos la posibilidad de explorar el mundo de las personas, ver cómo vivía la gente", explica.

Allende, con más de 25 años de carrera a sus espaldas y con obras traducidas a 27 idiomas, confiesa que vive seis meses al año, pues el resto del tiempo lo pasa escribiendo en la más absoluta calma. Su familia, dice, le ha pedido que se lo tome con más calma y que se cuide, razón por la que durante unos días intentó trabajar en la misma casa en la que vive su familia. "Fue imposible con el perro ladrando, mi marido de un lado para otro, los niños corriendo y la comida haciéndose", cuenta entre risas esta mujer menuda para quien escribir es todavía una forma de "liberación" y siempre "un viaje al alma". "Nunca pienso en si mi próximo libro venderá, si lo leerá mucha gente...ese no es mi trabajo, yo me dedico a escribir, pero me considero afortunada porque tengo la certeza de que el siguiente libro me lo publicarán".

"UNA MUJER LISTA" Y GRANDE COMO SU ESPIRITU

La novelista superventas chilena presenta su última novela
Isabel Allende regresa al realismo mágico con 'La isla bajo el mar'

La escritora chilena aborda el asunto de la esclavitud, y en particular la de Haití Escribir sobre la esclavitud la tuvo enferma del estómago hasta el punto final

PEDRO VALLÍN Madrid 17/09/2009 Actualizada a las 00:51h Cultura
El realismo mágico no es sal y pimienta, a veces hay que recurrir a otros aderezos para según qué plato, sostiene Isabel Allende. Aunque sí lo es para este guiso. 'La isla bajo el mar' (Plaza & Janés y Círculo de Lectores), recién llegada a las librerías, es la última novela de la sobrina del malhadado presidente chileno, una de las escritoras más populares de la historia de la literatura en castellano, y aborda la vida de los esclavos haitianos en el siglo XVIII, un asunto para el que recurre a la magia como herramienta narrativa, pues la haitiana es, subraya la autora, una cultura preñada de elementos mágicos y sobrenaturales. Imposible hurtar el cuerpo.

La idea de abordar el asunto de la esclavitud, y en particular la de Haití –tal vez el régimen esclavista "más brutal" de la historia, dijo una locuaz Allende–, para ambientar su nuevo relato emocional de reafirmación femenina le salió a la novelista al encuentro mientras se documentaba para otro libro. Sorprendida por ese sabor afrancesado y caribeño de Nueva Orleans, supo que allí llegaron los franceses huyendo de las revueltas de los esclavos de Haití. Decidió indagar qué había ocurrido en el XVIII en La Española para que los hacendados pusieran pies en polvorosa, y así fue como descubrió la existencia de una sociedad en la que medio millón de esclavos malvivían –"apenas vivían cinco o seis años, ni llegaban a reproducirse, era más rentable sustituirlos por carne fresca, tal era el régimen de explotación a que estaban sometidos"–, subyugados por unos 24.000 ciudadanos libres.

La escritora afincada en Estados Unidos asegura que la investigación la turbó de tal forma que enfermó del estómago sin motivo aparente, dolencia que no desapareció hasta que completó la escritura de la novela. Un asunto sórdido, recalcó Allende, que en absoluto está fuera de la agenda: "Hoy hay más esclavos que nunca; 27 millones", entendiendo por esclavos a quienes están privados de libertad, retenidos bajo amenaza de violencia y trabajando sin recibir pago; así las niñas camboyanas, los niños soldado o los trabajadores del carbón en Brasil, mencionó. Pero, en un mundo que, en su opinión, "cuando habla de derechos humanos habla de derechos del hombre", no podía faltar la causa feminista; "presente de algún modo en todas mis novelas", admitió. Zarité Sedella es el nombre de la nueva heroína de Isabel Allende, una esclava indómita que persigue la libertad personal y su sublimación en la solidaridad humana.

En la rebeldía de Zarité hay mucho de la escritora: "Mi mamá era una víctima y yo no quería ser como mi mamá, quería ser como mi abuelo, al que nadie le mandaba. No sabían qué pasaba conmigo hasta que llegó a Chile la palabra feminismo". Recién aterrizada de una conferencia internacional celebrada en Estados Unidos sobre los nuevos caminos del feminismo, Allende habló largamente de lo mucho avanzado desde el mundo de su infancia al de hoy día, pero también del trecho que aún falta por recorrer, en particular en algunas culturas como la musulmana y en continentes pobres como África, para que la mujer pueda darse por satisfecha.

Valiente ante la prensa, Allende entró ayer a todos los ofrecimientos –aun los más perversos– sin zalamerías. Así, preguntada por el estado de la literatura latinoamericana y por el éxito póstumo de su compatriota Roberto Bolaño, lo celebró con parabienes e inmediatamente exorcizó el fantasma que había sido aviesamente convocado: "Él consideraba que yo era una basura, pero eso no le resta a él mérito alguno".
Luego, otro periodista le explicó que Bolaño, dos años antes de morir, dijo que sus literaturas no podían estar más alejadas, pero que ella vendía millones de libros y que "la literatura sin lectores no es literatura". Allende sonrió al oírlo con una mueca complacida y escéptica a un tiempo. Cauta ante el elogio, elegante ante la crítica; una mujer lista.
"Obama es un milagro"
La escritora Isabel Allende habla de racismo y política en la presentación de su último libro

EFE - Madrid - 16/09/2009

La escritora Isabel Allende cree que Estados Unidos sigue pagando aún el precio de "lo que fue la esclavitud" y todavía no se ha podido sacudir "esa culpa terrible". Por eso, considera "un milagro" la elección de Barack Obama como presidente, porque el racismo que hay en el país "es brutal". "Nadie lo menciona, nadie dice la palabra, pero en la oposición hay un elemento de racismo brutal", estas han sido las palabras de Allende en la presentación en España de su nueva novela, La isla bajo el mar ambientada en la colonia francesa de Saint-Dominque, a finales del XVIII, y protagonizada por una esclava mulata que lucha por conseguir la libertad.

La escritora reside desde hace 21 años en California y, aunque afirma que "nunca" se verá "como americana", conoce bien la realidad del país y dice que, "durante varias generaciones", los norteamericanos sentirán "el peso de la culpa de la esclavitud". "Puedo asegurar que el racismo contra Obama es brutal. A muchas personas les irrita ver que esa hermosa familia negra vive en la Casa Blanca", señala la autora de "La isla bajo el mar", publicada por Plaza-Janés y Círculo de Lectores.

A la novelista le "fascina" ver que "la gente joven de Estados Unidos es mucho menos racista". "Fueron los jóvenes quienes eligieron a Obama", destaca. La autora de La casa de los espíritus opina que quizá no se cumplan todas las expectativas que suscitó la elección de Obama y haya que "ceder terreno". "En Estados Unidos estamos en un momento crucial, en el que puede haber cambios significativos o se puede retroceder también". Por eso, le "indigna" la división que existe en el seno del Partido Demócrata en cuestiones como el plan de salud, frente a la derecha "que siempre sabe para dónde va". "Es la izquierda la que no lo sabe, si se puede llamar izquierda a lo que hay en Estados Unidos", bromea.

Apoyo a Bachelet
Allende también se ha referido a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, "una persona extraordinaria" que tras cuatro años de gestión cuenta con el apoyo de más de un 70% de los chilenos, algo "fantástico" en un país en el que la gente "vive quejándose de todo". Y ese apoyo lo consiguió a pesar de ser "la primera mujer presidenta, socialista, agnóstica y madre soltera en el país más conservador del mundo socialmente", ha dicho Allende, quien luego, al presentar el libro en el Centro Cultural Círculo de Lectores, añadiría que Bachelet es "un personaje de novela" sobre el que no se siente capaz de escribir.

La autora ha repasado además la situación en países como Bolivia y Venezuela y los cambios que están experimentando con los presidentes actuales, Evo Morales y Hugo Chávez, respectivamente. "Hay una explicación para estos fenómenos populistas: la desigualdad de oportunidades que se vive en Sudamérica y el racismo contra el indígena", afirma Allende que, sin embargo, conoce venezolanos que fueron a Chile a seguir el ascenso de Salvador Allende y que habían vivido la revolución cubana, "pero que hoy no están con Chávez".

5 sept. 2009

"La ficción ocurre en el vientre"

Entrevista Isabel Allende
"La ficción ocurre en el vientre"

ROCÍO AYUSO 05/09/2009
El País


Con 51 millones de libros vendidos, la narradora chilena es una de las más exitosas del mundo. Desde su casa en California, habla de la trastienda de su escritura, responde a sus críticos y explica la conexión con su nueva novela, La isla bajo el mar, en la cual aborda la esclavitud
Ella dice que no, pero a Isabel Allende le sigue doliendo su último libro. Aunque sea un poco. Ese poco que justifica la tisana caliente con la que calma sus entrañas en lo que a simple vista es una agradable mañana de verano en Sausalito, California (Estados Unidos). La razón de su dolor tiene título: La isla bajo el mar, su última obra. "Me enfermé del estómago. Fue brutal. Estuve mal casi dos años y no me sabían decir de qué. Hasta que terminé de escribir el libro, y ahora estoy sana como un peral", afirma esta chilena menuda de 66 años. Es autora de 19 libros y ha vendido más de 51 millones de ejemplares en 27 idiomas (además de esas otras ediciones piratas que sabe que existen aunque no tiene ni una copia). Pero escribir todavía duele. "La isla bajo el mar es sin duda el libro más doloroso que he escrito nunca. Paula fue doloroso, pero en otro sentido. También fue una terapia, una redención", afirma de la obra que dedicó a su hija muerta. "Pero aquí no hay redención. La esclavitud no tiene redención. Y sigue sin tenerla porque en la actualidad hay millones de mujeres que siguen siendo esclavas".

La isla bajo el mar es Guinea, es ese lugar con el que los esclavos soñaban cuando les sacaban hasta la sangre en las colonias, ese paraíso donde al menos sus espíritus encontraban la paz tras la brutalidad con la que se veían acortadas sus vidas. También es la evocación que hace soportable la vida de Zarité, la protagonista de la última novela de Allende, una joven esclava del Congo que nos hará ver el Saint Domingue de 1770 a 1793, antes de ser Haití o República Dominicana, y el Nueva Orleans de principios del siglo XIX. "Lo que allí pasó en esos años fue para enfermar al más sano", agrega con otro sorbo de manzanilla antes de hacerse ella misma la pregunta sobre qué se le había perdido en ese momento de la historia, en esos parajes, para dedicarle dos años de su vida. Nada o todo. Así son las novelas de Isabel Allende. Semillas que están en ella y que un día, no sabe cómo, florecen. "No me acuerdo si fue durmiendo o recién despertada, pero un día tuve un sueño muy poderoso donde vi a Zarité. Así, como está descrita en el libro, alta, segura. Y ya no la tuve que inventar", recuerda de ese momento de inspiración del que nació un personaje que en su opinión no tiene nada que ver con ella.

"Un día tuve un sueño muy poderoso donde vi a Zarité, alta, segura. Y ya no la tuve que inventar"

"En mis libros hay una porque soy de la opinión de que el mundo es más de lo que vemos"presencia de la muerte muy fuerte

"Lo del realismo mágico era antes. No sé hacia dónde evolucionamos, pero hay una generación urbana de autores que se reencuentra"

Rascando más hondo es fácil dar con el momento en el que la semilla de La isla bajo el mar fue plantada en el seno de la escritora chilena. Data de la investigación que hizo para El Zorro (2005). Fue entonces cuando descubrió la existencia de esa Nueva Orleans de principios del XIX donde existía una clase media negra, libre y educada, fruto de la llegada de los más de 10.000 exilados que salieron huyendo de la revolución de Haití, "un colectivo que incluía a las familias blancas, sus concubinas de color y los hijos de sangre mezclada". El tema, obviamente, se quedó con ella. "Te hace entender todo el odio y el resentimiento racial que existe en este país", afirma de ese Estados Unidos al que mudó su residencia en 1988 y donde tiene su hogar. Y en cuanto a que Isabel Allende, sobrina del asesinado presidente de Chile Salvador Allende, nacida en Lima en 1942, que se exilió en 1975 a Venezuela, periodista, feminista y una de las escritoras más populares en español de las últimas décadas, no se parece a Zarité, habría mucho que hablar. Menciona la palabra libertad y sus ojos se iluminan.

"Tienes razón. Me parezco a ella en esa búsqueda de la libertad que siempre me ha motivado. Mi obsesión desde pequeña con ser independiente, que nadie me mandara, que nadie me pagara la cuenta en el restaurante, que nadie me pregunte dónde he estado", deja salir de su estómago liberando lo que queda del libro en su interior.

Isabel Allende encontró la libertad en sus libros. Primero en esos que leyó de chica, cuentos de hadas, clásicos rusos o, por siempre, las obras completas de Shakespeare. "Las leí incluso cuando no podía entenderlas, cuando para mí no eran más que historias de amor", se deleita. Henri Troyat y su Mientras la tierra exista le hizo pensar que quería escribir. Pero fue bastantes años más tarde y cuando no sabía muy bien qué hacer con su vida cuando encontró su propia voz. "La literatura me dio esa voz que se va profundizando o afianzando con cada libro. Puedo decir con certeza que mi vida cambió con La casa de los espíritus. Sin su éxito completamente milagroso nunca sería escritora. Antes me sentía muy frustrada, atrapada en un destino mediocre. Pero La casa de los espíritus me dio la oportunidad de escribir y con cada libro encuentro un universo nuevo, un sitio donde me siento cómoda", afirma cual declaración de independencia de ese momento en el que se separó para siempre de la sociedad "católica, conservadora, patriarcal y cerrada" en la que se crió.

La isla bajo el mar también acerca a la escritora una vez más a ese mundo espiritual que tanto le interesa. O le intriga. Aquí es el vudú, las loas. En La casa de los espíritus fue esa carta que se puso a escribir a su abuelo moribundo la que instigó el cambio. En Paula, su hija, fallecida en 1992 víctima de un ataque de porfiria. "En mis libros hay una presencia de la muerte muy fuerte porque soy de la opinión de que el mundo es más de lo que vemos. Se muere mi hija y no puedo creer que se muera todo. No hablo de religión ni de fantasmas pero, como dice mi madre, la inteligencia es ser capaz de ver las cosas detrás del espejo", intenta explicar de ese otro hilo de conexión que enlaza su obra. Libertad, espiritualidad y maternidad. Ésa es la tercera constante que se repite con Allende y a mucha honra porque, como la escritora no se cansa de repetir, sus logros no son sus libros sino el amor que comparte con los suyos. "Para mí la maternidad es muy importante. Soy madre, abuela, suegra, hija y matriarca", asegura en esa oficina que comparte con su segundo marido, el abogado y ahora también escritor William Gordon, rodeada de las diferentes ediciones de sus libros así como de las fotografías de todos aquellos que significan algo en su vida.

Se trata de una oficina excesivamente ordenada, como quien dice para las visitas, aunque Allende recibe más bien pocas. Hasta la llegada del verano la escritora se encierra en esa caseta junto a la piscina que reserva para escribir en su casa de San Rafael (Estados Unidos). Una hibernación literaria que empieza como un reloj cada 8 de enero. "El 7 saco todo lo que tiene que ver con el libro anterior para que no me contamine y me encierro con el nuevo", dice de unas jornadas en ocasiones de hasta 12 horas desde que su perra Olivia la despierta temprano ("a las 6.30 ya estamos en pie") hasta que su esposo la llama para cenar y disfrutar juntos del atardecer y un vaso de vino. A veces ni eso. "Si Willie tiene algún programa, me dan las 12. Uno ya no tiene vida", suspira. Es un proceso metódico y donde sólo conviven con la escritora su ordenador, el diccionario de sinónimos, el de inglés-castellano para evitar los anglicismos propios de alguien que lleva tanto tiempo en Estados Unidos y el silencio. Con mayúsculas. Un extraño silencio que no acepta el sonido de una radio ni una nota de música, pero es inmune al ruido que puedan hacer sus nietos en la piscina. Ése hasta le gusta para escribir. También invita a su retiro al resultado de toda la investigación que ha ido recopilando sobre su futuro libro, un proceso de dos años que en esta ocasión incluyó la obra de Alejo Carpentier y la de Madison Smartt Bell, Toussaint-Louverture: A Biography. Siempre prefiere buscar sus referencias históricas en otras novelas más que en libros de texto o buscadores de Internet. "Una información más orgánica", dice. Y lo suyo sigue siendo las anotaciones y los subrayados. Nada de complicarse la vida con tecnologías más modernas. La domina la misma razón que la frena a la hora de escribir en inglés. "La ficción ocurre en el vientre y si lo proceso demasiado se me pone duro", afirma, como si no supiéramos todavía que Allende escribe desde sus entrañas.

Eso no evita las críticas. Los que la descalifican por ser demasiado popular. O esos otros que ni la llaman escritora y prefieren el término de "escribidora". La autora no pierde el tiempo con esas críticas, segura de que no pueden acabar con su marcado sentido de la independencia. "Por eso he sido tan feliz en California. Porque a nadie le importa un pepino lo que haga", se explaya, alejada de las críticas más sarnosas. Le alegra haber escrito de todo, "ficción, infantil, memorias; cada libro es un experimento", y sabe sus limitaciones. "Me costaría mucho escribir la historia de una señora de un suburbio de Chicago", reconoce. Lo suyo, admite, es mágico. Como la realidad. No confundir con un tipo de literatura. "Lo del realismo mágico era antes. Ahora no sé hacia dónde estamos evolucionando, pero sí sé que existe una generación urbana de escritores que se reencuentra. La de Gabriel García Márquez no era urbana", perfila de las nuevas voces de la literatura latinoamericana influidas por lo visual y por lo inmediato.

Para Allende, los años de profesión no hacen el proceso más fácil. Quizá si siempre hiciera lo mismo. Pero cada libro tiene sus necesidades. Y hay que encontrar esa voz que a veces no aparece. Como tras la muerte de su hija, que no pudo escribir durante tres años. O cuando empezó esa otra novela, una historia que transcurría en la Segunda Guerra Mundial y en los años de la resistencia española mezclada con los recuerdos de su madre. "No pude dar con el tono", se lamenta del reciente fracaso. En ese momento, todo a la papelera y a empezar de nuevo. "Si no lo boto de la computadora tendré la tentación de reutilizarlo y nunca queda bien". La edad tampoco facilita las cosas. "A mi edad la gente se jubila", dice con un mohín, aunque no suena muy convencida de que ése sea su futuro. De momento piensa bajar el ritmo. En lugar de un libro por año, uno cada dos para tener más tiempo para su familia. Pero abandonar la literatura, nunca. "Hay algo maravilloso en el lenguaje. ¡Cómo nos vamos a comunicar tan sólo por mensajes de texto!", se rebela de un medio en el que encuentra su nirvana. Menos cuando duele. Pero eso es pasajero. "Cada novela se queda conmigo hasta el próximo libro. Y luego, chao pescao".

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