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4 jun. 2013

Amor, Isabel Allende


Para quienes nos consideramos fieles a las letras de Isabel Allende, Amor no nos regala nada que ya no sepamos de la autora, lo que no implica que su lectura no sea placentera y no nos rememore muchas de las escenas románticas que encausan sus obras. Amor es una recopilación de fragmentos que se agrupan según la vivencia asociada al amor: tenemos el despertar, el primer amor, la pasión, los celos, los amores contrariados, humor y eros, la magia del amor, el amor durable y el amor en la madurez. Siendo honestos, Amor no pasa de la anécdota para quienes no disfruten de Isabel Allende y no hayan leído sus novelas. Porque es un libro hecho de pedazos de otros libros.

No un libro de cuentos, no una novela, no nada. Es un libro estructurado, claro -con una portada maravillosa, hay que decirlo-, que quienes ansían nuevas historias de la chilena, les aseguro, devorarán como yo lo hice, porque son tantas las historias que nos ha contado esta mujer, que tener un pequeño recuerdo de las mismas, ese que nos refresca la memoria y nos hace sonreír, es un pequeño tesoro. Debo destacar que Amor está compuesto por fragmentos de Eva Luna, Cuentos de Eva Luna, El plan infinito, La casa de los espíritus, Hija de la fortuna, La isla bajo el mar, Inés del alma mía, Retrato en sepia, El Zorro, Afrodita, De amor y de sombra y La suma de los días, dejando fuera a Paula, El cuaderno de Maya, la trilogía del Águila y el Jaguar y Mi país inventado.

A mi parecer, Amor no busca otra cosa que abrir el camino a lo que será Ripper, la nueva novela de la autora a editarse, esperemos, este 2013. Es un llamado de atención, un “no me olviden, que aquí estoy, más vigente que nunca”. Amor es también una oda al marketing, porque vamos, ¿editar un libro de fragmentos de historias de amor para el 14 de febrero? Pero da igual, porque es Isabel Allende y se lo perdonamos todo, porque letra que escribe se convierte en una historia maravillosa que llena de sensaciones y sonrisas. En Amor no nos falta eso, por supuesto, porque los fragmentos funcionan como gestores de recuerdos -en caso que hayas leído los libros, claro está-, y te dejan con ganas de más. En las introducciones a cada capítulo, Isabel plasma cortos, divertidos y sinceros pensamientos referentes a cada temática, que también nos dejan con un gusto a poco, con un “menos fragmentos y más introducciones, por favor” colgando de la boca, porque nos hacen recordar su pluma ligera, aguda, deslenguada y provocadora; nos hacen querer saber más de ella, de su pasado y de sus anécdotas. Pero bueno, es lo que tenemos por el momento, y a quienes nos refugiamos en las historias de esta encantadora narradora -con esa cualidad tan impresionante de escribir como si estuviese conversando contigo con un café en la mano-, no nos queda más que esperar para la salida de Ripper en los próximos meses. Por el momento, a seguir leyendo fragmentos e inventos tan extraños y entrañables como este recordatorio de la vigencia de Isabel Allende: Amor.

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