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23 sept. 2012

Desaprendiendo

martes, 26 de octubre de 2010

 La incoherencia en los testimonios de la policía librará de la cárcel al fotoperiodista acusado de agredir a dos agentes 

Hoy ha quedado visto para sentencia el juicio contra el fotoperiodista freelance Manuel Moriel Cambres, que fue acusado por agresión y atentado a los agentes de la autoridad, en concreto a tres policías, durante una redada ocurrida en un local de música dominicano en el año 2008.  

En el juicio, la fiscalía pedía 18 meses de prisión para el fotógrafo, que se dedica entre otras cosas a documentar y denunciar los tratos abusivos de los cuerpos de seguridad del Estado hacia la población inmigrante. La defensa, por su parte, ha solicitado la absolución sin cargos debido a que los hechos presentados en la denuncia no se corresponden con la verdad. Según la versión inicial aportada por la Policía, una dotación entró en la madrugada del día 19 de abril de 2008 en el bar de copas y, según el protocolo habitual en los casos de control de tráfico de estupefacientes, procedieron a pedir la documentación a todos los allí presentes, incluido Moriel. Lo que ocurrió fue que éste se resistió a identificarse y agredió a algunos de los efectivos, por lo que se lo llevaron detenido.

Por su parte, el acusado sostiene que fueron los agentes quienes le propinaron una paliza a él. Asegura que cuando la policía entró, reparó en que llevaba una camara, que en realidad eran dos: una colgada del cuello y otra de video oculta debajo de la chaqueta. Al parecer, los agentes, presuntamente tuvieron un comportamiento abusivo porque amenazaron a los asistentes con un "al primero que se mueva le doy un gomazo" y porque a uno de ellos le pegaron una bofetada por hacer un amago de sonreir. Cuando vio que lo que estaba ocurriendo era noticia, Moriel comenzó a grabar, y fue entonces cuando la policia le intentó quitar la cámara. Él se negó a entregar su equipo alegando su profesión de periodista y asegurando que podía mostrar la documentación que le acredita como tal. Y ahí comenzó el rifi rafe. Moriel y sus testigos sostienen que le sacaron a rastras del bar sin haberle permitido identificarse, le pegaron una paliza en el exterior del mismo y le llevaron a comisaría, donde le devolvieron su equipo, que había sido previamente requisado en el establecimiento sin levantar acta alguna de la intervención, pero ya sin las tarjetas de memoria donde había grabado toda la escena. Su carné de prensa, por otra parte, quedó olvidado en el suelo del bar. 

La policía, por su parte, alega que le pidieron educadamente la documentación, algo a lo que él se negó, empujándo a unos, pateando a otros y desobedeciendo la orden de identificarse. No obstante, los agentes han sido incapaces, durante el juicio, de presentar una versión coherente, contradiciéndose en numerosas ocasiones. En opinión de las fuentes judiciales consultadas no han sido nada creíbles, ya que han dado cuatro versiones distintas: El primero ha asegurado que el acusado le empujó contra la barra del bar, el segundo ha dicho que les pateó en el exterior y le rompió su reloj, el tercero, directamente, no se acuerda de lo que pasó y el cuarto suscribe el contenido de la denuncia porque ha transcurrido mucho tiempo desde entonces. Y frente a ellos, los cuatro testigos de Moriel sí han podido dar una versión coherente. Todos han corroborado la versión del acusado, y durante el largo interrogatorio por parte de la fiscalía y del juez, todos han coincidido en que no le permitieron identificarse y que además, cuando se resistió a que le quitaran su cámara, le pegaron. Según las mismas fuentes consultadas, va a ser muy difícil demostrar los cargos de los que acusa a Moriel, tanto por el testimonio contradictorio de los policías como por la verosimilitud y firmeza de las declaraciones de los testigos. No obstante, el fotógrafo no va a conseguir nada en el caso que quiera denunciar el trato de los agentes. No lo hizo entonces porque le aconsejaron no emprender acciones legales hasta contar con una sentencia absolutoria donde se demostrara su inocencia. 

Si lo hubiera hecho en el momento en que ocurrieron los hechos, quizá se hubiera podido demostrar la verdad, pero la policía seguramente "se irá de rositas", según la fuente consultada, porque en estos momentos no hay pruebas que presentar. Sus lesiones por la presunta agresión no fueron examinadas por el médico forense en su día, y también sería difícil demostrar que la cámara fue requisada de forma ilegal. Además, la tarjeta de memoria, llena de imágenes, desapareció tras la intervención.

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