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21 jul. 2011

La Virtud de Isabel Allende

La virtud de Isabel Allende18 de julio de 2011, 8:40 am

Darletis Leyva González
darletislg@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas.- Hace muy pocos días en una conversación con una amiga y en esos temas de libros que casi siempre uno trata de aludir, en busca de nuevas pistas, cité, sin dar muchos detalles de mi conexión espiritual, a la Allende. De pronto una expresión de alegría y un brillo en los ojos se perfilaron en el rostro de mi amiga quien no dudó en declarar: “Isabel Allende, ella es mi escritora favorita, yo adoro su obra y siempre la tengo de cabecera”.

No era la primera vez que el diálogo con alguien se ponía más animado al mencionar la literatura de Isabel Allende. Comprendí entonces que no estaba sola en ese fascinante mundo donde quedé atrapada hace ya más de cinco años.

Confieso que llegué a la obra de esta mítica mujer un día común; iba tras la ruta de un buen escritor; su nombre había retumbado en mi oído alguna que otra vez y quizás eso fue decisivo para que me apropiara de su novela De amor y de sombra, 1984, en cuanto me la propuso la bibliotecaria de la Sala Minerva de la oriental provincia cubana de Las Tunas.

Estaba ante el talento de esta señora y aún sin abrir la portada del libro tenía una extraña y especial sensación. En verdad, hasta ese instante nunca había tenido un escritor preferido, aunque había leído buenos libros. Mi vínculo fraternal con la obra de Isabel Allende comenzó a tejerse en las páginas de aquel texto, la segunda novela que escribió, éxito que consolidó el alcanzado con su debut en La Casa de los Espíritus, 1982; una obra movida por el amor y donde narra la convulsa situación política de su patria, Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Quiso la vida establecer mi atracción hacia la literatura de esta escritora, con alma y oficio de periodista, nacida en Lima en 1942. Es su manía de cautivar con la historia de su vida, esa conexión con el mundo espiritual, que roza lo incognoscible y es tan cierta que vive más allá de los ojos y de lo simple. Por eso La Casa de los Espíritus, 1982, no me pareció quimera, exageración y todas esas reales fantasías, que vagan en las páginas, me tomaron de la mano hasta llegar al final.

Desde su California querida escribe hoy rodeada de los fantasmas que habitan en su espacio, de las cartas de su madre, de los recuerdos y al calor de su amado Willie.

Puede que el secreto de su prosa esté en ese género anecdotario que parece conversación, el cual permite el descanso y la continuidad lógica. Isabel, vislumbra en sus páginas esa sensibilidad y fortaleza que necesita el individuo para subsistir, aún cuando la vida le ha golpeado muy duro. Ella vive entre el dolor, pero lo domina; un reflejo es su libro epistolar Paula, 1994, esa popular novela por la que también se le conoce en el mundo y la cual convoca, con ese don suyo de enseñarnos a crecer sin ser muy evidente, al renacer espiritual, a mirar de frente los sufrimientos...

Aunque algunos críticos tildan a Isabel Allende de mala escritora, a su obra de feminismo caduco y le ven como un fenómeno meramente comercial, esos calificativos son frívolos y vacíos frente al calor que irradian los más de 51 millones de ejemplares vendidos y la traducción de su obra a más de 27 idiomas. Podrían parecer cifras superficiales, pero la preferencia que alcanza su estilo es impresionante, no por casualidad es considerada hoy una de las escritoras de lengua española más leída en el mundo entero.

El prestigio de su extensa carrera ha sido reconocido con los más importantes reconocimientos del planeta, pero uno muy especial le sorprendió en el 2010, el Premio Nacional de Literatura de Chile, su amado país, galardón que le robó una conclusiva revelación: "Este premio es lo más importante que he recibido en mi vida".

Los libros de la Allende tienen intrínseco ese humor que no disimula ni cuando persigue el matiz periodístico o literario. En una ocasión confesó que se acostumbró a escribir de esta manera cuando era periodista y ahora, gracias a eso, puede ver la historia "detrás" de cada asunto, una visión alternativa.

Su obra ha sido clasificada en el movimiento literario conocido como Post-Boom, aunque algunos estudiosos prefieren el término "Novísima literatura". Este movimiento se caracteriza por la vuelta al realismo, una prosa más sencilla de leer pues se pierde la preocupación por crear nuevas formas de escribir (meta-literatura), el énfasis en la historia, la cultura local, entre otros.

Recorrí las páginas del libro de memorias Mi país inventado, 2003, viví Retrato en Sepia, 2000, La Suma de los días, 2007, y aunque me falta mucho camino por andar en su literatura siento, con solo seis de sus obras leídas, que conozco su estilo desde toda la vida y que nuestro vínculo será por siempre.

Estoy al encuentro de La gorda no es de porcelana, 1984, Evaluna, 1987, Cuentos de Evaluna, 1989, El plan infinito, 1991, Afrodita, 1997, Hija de la fortuna, 1999, La ciudad de las bestias, 2002, El reino del dragón de oro, 2003, El bosque de los pigmeos, 2004, Los amantes del Guggenheim, 2004, El zorro: Comienza la leyenda, 2005, Inés del alma mía, 2006, La isla bajo el mar, 2009, El cuaderno de Maya, 2011, entre otras obras.

Por la recurrente satisfacción y espontaneidad que provoca su obra sé que llegarán en el momento oportuno y seguirán tejiendo insospechadamente los hilos entre su literatura y yo. Ella ya ganó su eternidad como hito de su tiempo y como mujer virtuosa conquistó la fama sin socavar sus mejores dones: la sensibilidad, el humanismo, el humorismo, la sencillez y la naturalidad.

1 comentario:

Taty Cascada dijo...

Mi querida Isabel, mi compatriota admirada. Agradezco tan bello Blog construido para hablar de su obra.
Te escribo desde la tierra que la vio crecer, con sus anécdotas de los trogloditas en la revista Paula.
Un beso.

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