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9 jun. 2011

"No creo en Dios y no caigo en fundamentalismos"

"No creo en Dios y no caigo en fundamentalismos"
La autora de "La isla bajo el mar" decidió descansar durante un año. Se define como la matriarca de la familia y anhela seguir enamorada de su esposo Willie. Isabel Allende describe a La Verdad su más reciente novela, "El cuaderno de Maya"
Llega el 8 de enero de 2011 e Isabel Allende prefiere no vaciar sus ideas en ningún papel o computadora. Decide tomarse un año sabático para "recargar las pilas y descansar", aún sabiendo que "descansar" le resulta más difícil que escribir. "Nunca lo había hecho, pero es necesario", confiesa. Se encuentra realizando un viaje al alma, al pasado y a los recuerdos dolorosos.

Para alegría de sus lectores, en 2010 mantuvo la tradición de comenzar una historia en la misma fecha y creó El cuaderno de Maya, la novela más moderna de su lista, disponible ya en los mercados editoriales hispanos. Desde su residencia en California teclea para conversar con La Verdad vía correo electrónico. Responde todas las preguntas, a excepción de una que exige su opinión sobre la política venezolana actual. Se limita a hablar de su obra más reciente y de algunos aspectos de su vida familiar.

"Mi nueva protagonista es una chica americana de 19 años que vive en Berkeley. Ella se mete en problemas graves con drogas y alcohol, y luego se ve envuelta en un caso criminal. Para ponerla a salvo, su abuela (chilena) la envía a una isla pequeña en el archipiélago de Chiloé, al sur de Chile, donde Maya se encuentra con un ambiente rural. Allí madura, crece, vence sus adicciones y descubre un secreto de su pasado".

Con este libro, que nació "casi en un segundo" y sin mucha investigación previa, la autora de La casa de los espíritus pretende conquistar a un público más joven. No sabe si los maestros de escuela lo tomarán como referencia después de encontrarse con la violencia impresa. "Lo que sí deseo es que los muchachos se lo pasen de mano en mano".

Sus memorias

A pesar del bum de su nuevo lanzamiento, la chilena no puede ocultar su amor por la memoria. Está consciente de que se trata de un género poco atractivo, pero le sirve para mantenerse invicta ante sus fanáticos. "Así comencé y, tal vez, así termine. Quienes leen la obra de un autor suelen interesarse por su vida, sus fuentes de inspiración y su trabajo".

Explica que al escribir una memoria se la imagina como una novela. "Cuento los momentos más luminosos y los más oscuros. Por supuesto, evito esas enormes zonas grises de todos los días, pues no importan. Trato a los miembros de mi familia como si fueran personajes y todos saben que son reales. Me gusta la forma cómo se identifican con ellos y con la historia".

Su preferida es Paula, dedicada a su hija fallecida a los 28 años, y por gustarle tanto en 2008 entrega una continuación titulada La suma de los días. Al final de esas páginas se despide diciendo: "Fin, por ahora...". Cuenta que una semana después de la publicación de esa memoria, todo había cambiado.

"Los nietos son adolescentes, Juliette tiene novio y planea casarse, Sabrina cumplió 17 años y es muy independiente, Nico y Lori nunca tuvieron sus propios hijos, los hijos de Willie, mi esposo, ya no usan drogas; Ernesto y Giulia viven a una cuadra de nosotros y Olivia, mi perra, está más gorda y más vieja... una compañera perfecta. Me encantaría seguir hablando de ellos".

Mientras pueda...

La jubilación no pasa por la mente de Allende, quien ya tiene 68 años. "Seguiré escribiendo mientras tenga lectores". Según ella, la escritura la sumerge en "otro mundo". Le toma unos seis meses, luego otros seis más para corregir y editar. "Algunas de mis novelas históricas han requerido varios años de investigación y por lo general las hago mientras estoy en otro proyecto. Cuando indagaba el tema de La isla bajo el mar redactaba La suma de los días".

De algo sí está segura: "Nadie me verá sentada en una mecedora, tejiendo calcetas para los bisnietos. Mi ideal sería tener a los miembros de mi familia y a mis mejores amigos viviendo todos juntos en una gran propiedad, rodeada de muros altos y con guardaespaldas, para que no se escapen. Sin embargo, ya no me siento responsable por el bienestar de mis descendientes".

Se define como la matriarca y lo único que desea es seguir enamorada de Willie. Al preguntarle qué le falta, responde: "Soltar los remos, dejarme llevar tranquilamente por la corriente y aprender a navegar a la deriva, sin tratar de controlar todo. Estoy aprendiéndolo".

Más de cerca

¿Su relación con Willie sigue siendo tan estable? ¿Cuál es la fórmula?

Con Willie tengo una relación apasionada y amistosa. Nos llevamos muy bien. La convivencia no puede ser mejor, porque estamos siempre juntos, pero cada uno tiene su espacio físico, emocional e intelectual. Al estar unidos se multiplica la energía. Nos alimentamos mutuamente con ideas y sentimientos. Tuvimos buena suerte al encontrarnos, reconocernos y atrevernos al amor, pero hemos tenido mucha ayuda psicológica en los momentos más difíciles de nuestra vida en común; por ejemplo, como cuando murieron nuestras hijas. Una relación tan larga y compleja como la nuestra no se hace sólo con buenas intenciones, hay que ponerle cabeza y trabajo.

¿Cree en Dios, en el Dios de la iglesia, el Cristo crucificado y resucitado?

"No. Y no caigo fundamentalismos".

¿Tiene pensado visitar Venezuela alguna vez? Una buena parte de sus lectores está aquí

"He vuelto a Venezuela varias veces, porque tengo amigos muy queridos y familia. Mi hermano y todos mis sobrinos viven allí".

Después de vivir tan lejos de Chile, ¿Dónde está su corazón?

"Mi corazón está donde está mi familia. Tengo un pie en Chile y otro en California. Me siento de aquí y de allá, sin conflicto interior".

¿Cuál es su recuerdo constante?

"El de mi hija Paula".

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