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14 jul. 2010

Isabel Allende Premio Nacional de Literatura 2010...

martes 13 de julio de 2010


Isabel Allende y el Premio Nacional de Literatura:
"Estoy dispuesta a dar la pelea"

A codazo limpio. Así dice la escritora chilena que su generación ha tenido que abrirse paso en un mundo donde "el machismo literario da terror". Por eso, a estas alturas, para ella ganar finalmente el Premio Nacional, sería un símbolo, aunque el costo sea "brutal". Cree que en Chile nos gusta quejarnos de todo, pero que tiene fe en que Sebastián Piñera hará un buen gobierno, porque lo rodea "gente joven y bien preparada".

Texto y fotografías: Mauricio Alarcón C., desde Sausalito, California.
Isabel Allende habla por teléfono tras un mueble de oficina que parece cocina americana. Lleva una blusa negra delgada y, sobre ella, otra más colorida, larga, volátil. La voz es cálida y tiene una cierta modulación redondeada, que la acerca y la aleja del acento chileno. Es un tono claramente moldeado en viajes, donde Chile es una escala frecuente.

Si su entonación fuera caligrafía, diría que la letra es bonita.

Llego siete minutos tarde a la entrevista, así que doy explicaciones a Juliette, asistente de la escritora y filtro para los que quieren acercarse a ella.

Hace pocas semanas, tratando de contactarla para una edición especial sobre San Francisco de mi propia revista, Domingo "El Mercurio", el mail de Juliette decía, simple y amable, que Isabel "anda en un retiro". Debiera saldar cuentas, pienso. En lugar de eso, hablo del tránsito sobre el Golden Gate, entorpecido por un accidente, al parecer, sin consecuencias. Juliette, que es serena, rubia, bonita, asiente, comprende, sonríe. Estamos en una sala con sofá, mesa de centro de madera oscura, dos sillas. Ahí espero a la más vendedora de los escritores chilenos, la autora nacional más traducida y, lo que importa por estos días, la posible candidata al Premio Nacional de Literatura, postulación que ya despierta polémicas de las que, se supone, Isabel no quiere hablar.

Se supone.

Estamos en Sausalito, el primer poblado saliendo a mano derecha, pasado el Golden Gate, al otro lado de la bahía de San Francisco, en el estado de California, donde el día hoy es tibio, soleado, y tiene una suave brisa que justifica quitarse la chaqueta.

Aquí, en el breve Sausalito (8 mil habitantes; apenas 27 líneas en una guía sobre California que tiene 632 páginas), se ve un montón de colinas cubiertas de árboles y casas, muchas victorianas, otras más modernas, todas aquilatadas en varios millones de dólares. Bajo los cerros, el pueblo limita con un muelle silencioso lleno de yates. Aquí en Sausalito, en una esquina con pocos autos estacionados, con aún menos en movimiento, y casi ni una persona estacionada o en movimiento, aquí, bajo dos pinos descomunales, está la oficina donde Isabel Allende ya dejó de hablar por teléfono.

La escritora llega, saluda con una sonrisa que incluye los ojos. Da la impresión de que lo correcto es tutearla. Parece un dato trivial, además de una descortesía, pero apunto la sensación: creo que dice algo de ella.

Isabel se deja caer sobre el sofá crema. Parece algo cansada. Más bien, resignada. Luego explicará que ésta es la tercera entrevista del día, y no será una queja. Pronto se anima. Se ve, es evidente, que está cómoda en este lugar. Aquí trabajó algunos de sus libros, en una pequeña casita de madera que está separada de la principal por el estacionamiento, donde reposa su Lexus con una calcomanía de Obama pegada junto a la patente trasera.

"Éste fue el primer prostíbulo de Sausalito", dice más tarde. Y es evidente que le encanta esto. "Cuando vi la casa, pensé: 'se está cayendo', pero Willie, mi marido, que tiene alma de arquitecto, de constructor, se enamoró. Hubo que encontrar los planos originales y respetar los espacios. Y por fuera no se podía tocar: está considerada patrimonio de la ciudad".

-¿Cuándo descubres que fue un prostíbulo?

-Cuando buscamos los planos, estaba toda la historia de las remodelaciones. Y esta casa, ésta misma, fue el primer prostíbulo de Sausalito. Después fue una fábrica de galletas de chocolate, y más tarde, una iglesia cristiana, de esas extrañas iglesias cristianas que surgen como hongos en este país. Más tarde se dividió en pedacitos y había unas pequeñas boutiques. Algún día voy a escribir un libro sobre la historia de la casa.

-¿Y cuál sería la historia?

-Bueno, tendría que pensarlo. Yo creo que debe estar llena de fantasmas esta casa. A veces me parece que huelo el perfume de las prostitutas, el chocolate de las galletas...

EN EL QUE FUERA UN PROSTÍBULO funciona la oficina donde Willie, el marido abogado de Isabel Allende, tramita causas en favor de trabajadores accidentados, en su mayoría inmigrantes ilegales con pocas probabilidades de ganar. También está aquí la sede de la Fundación Isabel Allende (www.isabelallendefoundation.org), creada en homenaje a su hija Paula y financiada inicialmente con los ingresos generados por el libro "Paula", donde la escritora relató la historia de su hija muerta a los 28 años. Con la Fundación intenta prestar ayuda social a organizaciones que trabajan con niños y mujeres.

"Sausalito era un pueblo de pobres. Aquí estaban los trabajadores de los astilleros. Durante la Segunda Guerra, aquí había unos astilleros que producían un barco de guerra por día. Los trabajadores vivían en unas casuchas de madera. Y siempre fue balneario para la gente de San Franciso que tenía cómo financiarlo. Venían a pasar una parte del verano aquí, porque el verano en San Francisco es el peor invierno que te puedas imaginar".

-¿Tan malo?

-¡Es pésimo! Frío, viento y niebla. Cuando se construyó el puente, Sausalito se convirtió en un suburbio de San Francisco. La gente pobre que vivía aquí se fue. Y ahora, esas mismas cabañas, un poquito remodeladas, cuestan millones. De todos los pueblitos de acá, es el más caro porque es el que está más cerca de San Francisco. En la medida que te alejas del puente, la propiedad es más barata y los terrenos más grandes. Nosotros vivimos como a 25 minutos de aquí, en San Rafael.

Desde el salón donde estamos, luminoso, ventanales amplios, se ve poco hacia fuera. Estamos rodeados de árboles. En el sofá, Isabel mete las manos entre las piernas como cuando uno tiene frío (pero no hace frío) y descansa la espalda en los cojines, mientras explica la forma esquizofrénica en que divide el año, comenzando con su sabida costumbre de empezar a escribir los libros el 8 de enero. "Como mi casa (la de San Rafael) tiene una pequeña piscina, bastante pequeña, pero que atrae a los niños, entonces está abierta todo el verano. Eso hace que sea imposible escribir. Pero cuando estoy en el periodo de escribir, que coincide con el invierno, con la lluvia, con la neblina, todo eso que me encanta porque te mete pa'dentro -dice "pa'dentro"-, ahí me levanto muy temprano y me voy a una casita, supuestamente iba a ser la casita de la piscina, pero ahí es donde trabajo".

En la pequeña casita que ya no fue la de la piscina, Isabel tiene primeras ediciones de sus libros y un rinconcito para meditar. Mientras escribe, puede pasarse ocho horas encerrada, hasta que la llaman. Su marido, su hijo. "Me llaman para que me pare, porque si no, ya estoy muy vieja: me paro y tengo todos los huesos fosilizados", dice y subraya "fosilizados" con una carcajada.

"¿QUÉ VAS A HACER EN AGOSTO?", pregunto con mala intención.

En agosto debiera anunciarse el ganador del Premio Nacional de Literatura, al que la escritora está siendo postulada por un grupo de mujeres, periodistas, escritoras, encabezadas por la ex directora de la revista Paula, Delia Vergara, y que ya ha recibido el apoyo de varios ex presidentes.

Una postulación que hasta antes de esta entrevista, Isabel se había mostrado reacia a asumir. Ni siquiera había dado muchas señas de querer tratar el tema.

La pregunta, entonces, es malintencionada. En agosto, la escritora va a estar en Brasil. Ésa es su respuesta. Va a estar en Brasil, en la feria del libro que se hace en Paraty, una isla frente a Río de Janeiro, donde el que va a publicar es Willie, su marido, que escribe novelas policiales.

La miro con atención. Nada. Parece no caer en cuenta de la fecha. Repasa su plan. "Primero me voy a Chile, el 25 de julio, y luego voy a Paraty. Después voy a estar cinco días en Jamaica, y luego me vengo para acá".

-El Premio Nacional es en agosto...

-¿Qué época es exactamente, sabes?

-No.

"Averíguame, porque sería bueno al menos saber para estar enterada", dice, y nada delata que le incomode el tema. "Yo sé que hay una verdadera controversia en este momento en Santiago, en Chile, por el premio. Y hay una movilización fuerte -enfatiza la palabra "fuerte"- de un montón de mujeres que sienten que esto ya no tiene nada que ver conmigo. Tiene que ver con desafiar el machismo. ¿Cómo es posible que se le haya dado a tres mujeres en la historia del premio, que a Gabriela Mistral se lo dieran cinco años después del Nobel? Bueno, a Pablo Neruda también", se distrae y remata: "Ya me sobrepasó por completo la cosa".

-¿Estás dispuesta a dar la pelea...?

-Estoy dispuesta. Y es un costo brutal para mí...

La vez anterior que Isabel Allende sonó fuerte para el premio, el año 2002, la polémica también se desbordó. La escritora se quejó de que la mayoría de los cuestionamientos eran a la persona, más que a la obra.

"Eran ataques súper personales. Salieron en la televisión un señor Uribe, la Marta Blanco y no sé quién más... Yo nunca vi el programa, pero me lo comentó todo el mundo en Chile... Me lo comentó mi agente, la Carmen Balcells. Todos decían que había sido atroz. Absolutamente atroz. Que se dijo de todo. Y voy a tener que exponerme a eso, imagínate, de nuevo".

-Pero has tenido vocación de dar la pelea...

-Mira, he dado muchas peleas en mi vida, pero nunca han sido peleas personales. Son peleas por ideas. Yo por una idea o por una causa, me juego entera, no me importa. Pero en lo personal, me hieren las cosas. Pero, en general, la gente ha sido generosa, cariñosa. Y en Chile sobre todo. Cuando dicen: "En Chile te han tratado tan mal", no. No nos equivoquemos: los literatos chilenos me han tratado mal. Pero la gente en Chile me ha tratado bien siempre. Incluso antes de que fuera escritora, cuando escribía en la revista Paula. ¿Quiénes eran mis enemigos? Cuatro gatos que se ofendían.

-¿Es sólo un asunto de intelectuales?

-No es una cosa de LOS intelectuales, que es una gran generalización. Son unas pocas personas que tienen una gran visibilidad, porque tienen mucho acceso a los medios.

-¿Ellos te atacan personalmente?

-Yo no sé. No sé. La crítica no me molesta -dice, y ahora sí está evidentemente molesta. Las palabras se le tropiezan. Chocan. Se empujan-. Lo que me molesta es la actitud mezquina. No entender que por cada libro que yo vendo, gano un lector que nos sirve a todos. Cualquiera que tenga éxito en cualquier campo, le abre cancha a los demás. En Chile, el único éxito que se permite es el de los futbolistas. Cualquier otro... te chaquetean. Si eres reina de belleza, te acostaste con el jurado. Cualquier cosa que hagas, ¡ah, la copiaste!. Si eres rico, ¡ah, robaste!

-¿Cuál es la crítica que más te ha dolido?

-Hay algunas que me sacan los choros del canasto, por estúpidas. Por ejemplo, que soy un fenómeno de marketing. Eso es no tener idea de lo que están hablando. Algunas personas creen o se les metió en la cabeza que yo vendo libros porque mis editores hacen una campaña de marketing. Mis editores publican, qué sé yo, mil libros al año. ¿Por qué le van a hacer campaña a uno solo? ¿Por qué de los mil vende uno y no los mil...?

-¿Se cuestiona la calidad...?

-¿Tú crees que con una campaña de marketing puedes sostener un producto durante treinta años si no tiene calidad? Ahora, ¿de dónde voy a sacar yo los medios o las conexiones para hacerme una campaña de marketing? Ellos pensarán que tengo una agencia de publicidad que trabaja para mí... Están enfermos de la cabeza. ¿Y por qué no ponen ellos una campaña de marketing, a ver si pueden vender algo? -Y remarca la palabra "algo"-.

-El tema de la calidad te molesta...

-No, porque eso es completamente subjetivo. Mis libros se estudian en las universidades americanas. Son lectura obligada en la secundaria. Si te mostrara mi currículum, verías los premios. Entonces, que me discutan la calidad, eso es subjetivo. A ellos podrán no gustarle mis libros, pero a mí puede ser que tampoco me guste Kafka. Me da rabia porque es... quitarle mérito al éxito ajeno, porque con eso te sientes mejor tú, que eres pequeño. Es una pequeñez de espíritu. El chaqueteo. En Chile nos encanta que el otro lo pase pésimo.

-¿Y sientes que el Premio Nacional ahora es un símbolo?

-Yo creo que sí. Son las mujeres las que han impulsado esto. La Delia Vergara y las mujeres periodistas, premios nacionales también. Mujeres. Mujeres, porque va más allá el cuento...

-Te gusta eso.

-Claro que me gusta. Me encanta, Me encanta porque la pelea ya no es mía. La pelea es de todos. Me encanta.

-Antes habías estado mucho más reticente.

-Estaba completamente reticente, porque no quería volver a exponerme a lo que ya pasó. Pero esta vez, cuando la Delia me dijo: "Te vamos a presentar de todas maneras", entendí que había llegado el momento. Ahora, es posible que no me lo lleve. Todo esto es muy prematuro. Primero, la candidatura todavía no se ha presentado. Y después, puede que no me lo lleve también.

-¿Hay que hacer campaña?

-No, no tengo que hacer campaña y ese premio lo decide un jurado, y ese jurado incluye a otros premios nacionales. Yo no sé muy bien quiénes son el jurado, pero sé que son mis enemigos de todas maneras.

-¿Está mal aspectado entonces?

-Está mala la cosa -, y estalla en una carcajada.

HE LEÍDO QUE ISABEL ALLENDE se escribe cartas todos los días con su madre, la Panchita.

"No, me escribo con mi mamá varias veces por semana, pero ya no todos los días porque tenemos Skype. Mi mamá me notifica cada gol que mete Chile".

-Es tu informante.

-Mi mamá tiene 90 años y si tú la vieras... Está más inteligente que nunca. Ojalá el cuerpo fuera el cuerpo de una mujer 20 años menor, porque la cabeza la tiene mejor que nunca.

-¿Y a quién se le ocurrió lo de Skype?

-A mí. Mala idea, porque me quedé sin las cartas. Echo mucho de menos las cartas. Mi mamá me escribe, de todas maneras, pero ahora ya tendría un paquete así de grande -dice y dibuja un paquete realmente grande con las manos-.

Se toma el pelo justo detrás de la nuca: lleva un collar y unos aros. Los fabrica ella misma, mientras escribe. Más bien, cuando se bloquea y deja de hacerlo: tiene, junto a su escritorio, una caja de piedrecitas de colores, pelotillas, que va uniendo. "Cuando hago cosas con las manos, se me va la mente. Son como unas vacaciones. Luego puedo volver a escribir", dice. "En la época en que escribo, hago collares para todo el mundo".

Su madre también escribe. Nunca menos de tres hojas, por los dos lados, en cada carta. "Puede escribir seis páginas seguidas, sin corregirse una sola palabra. Ya nadie escribe así porque estamos todos con el e-mail y el twitter y con la estupidez. Ella todavía cuida lo que va a decir, para que el adjetivo sea original, irónico, para que sea una manera nueva de decir algo. Yo creo que la escritora de la familia debió haber sido ella. Es mucho mejor que yo".

-¿Nunca intentó...?

-No. Pertenece mi mamá a una generación en que era más difícil también. Yo pasé por el periodismo, me he tenido que ganar la vida. Es distinto. Pero mi mamá tiene un gran talento. Pinta muy bien. Tiene un gran sentido del color. Tira cuatro manchas y hace un ramo de flores maravilloso. Pero siempre fueron "los cuadritos de la Panchita" -dice y el homenaje se convierte en análisis de una época-. Yo creo que no se daban las circunstancias. Si me hubiera pasado a mí, como me pasó con la escritura, lo peleaba a muerte. Y me hago el espacio a codazo limpio. Pero en esa generación no hacían eso. Siguieron siendo siempre "los cuadritos de la Panchita".

-Una choreza...

-Un hobby.

-Lo tuyo, en cambio, fue a codazos.

-A codazo limpio no más. Que es muy propio de la generación mía, que se tuvo que abrir paso en un mundo muy machista. Nosotros somos la generación de transición entre las mujeres como mi mamá y nuestras nietas, prácticamente. Y en el campo literario, por lo menos para mí, ha sido muy difícil. Cuando publiqué "La casa de los espíritus", no había una sola voz femenina en la literatura latinoamericana. No era porque no estuvieran escribiendo, sino porque estaban ignoradas por la crítica, por los profesores, por los otros escritores, por los editores, por los distribuidores...

-Es curioso que sea así en un mundo que, por naturaleza, se supone que debiera ser más abierto de mente...

-El mundo de la literatura, como muchos ámbitos, como el mundo de la ciencia, está controlado por hombres. Muy machista, muy machista. Las páginas literarias de cualquier medio en el mundo están controladas por hombres. El currículum de una universidad, ¿quiénes lo deciden? Un montón de caballeros que generalmente ya están ñoños -dice, ligeramente molesta. Aletea-. Entonces, ahora que hay muchas más mujeres escribiendo, ahora que se sabe que más mujeres que hombres leen ficción, ahora que hay más profesoras de literatura, empieza a haber crítica hecha por mujeres, empieza a haber un espacio. Un espacio ganado en Estados Unidos, en Europa y en otras partes. Pero en Chile el machismo literario da terror.

-¿Le sirve de algo a la literatura escrita por mujeres el mote de "literatura femenina"?

-No. -Lo dice con velocidad, con firmeza, con precisión.-Porque la literatura, como todo, cuando le pones adjetivos, lo disminuyes. ¿Por qué cuando se habla de literatura se parte de la base que es escrita por un hombre blanco? Si la escribe un hombre negro, es literatura "afroamericana". Si la escribe una mujer es "literatura femenina".

-¿Hay que superar ese concepto?

-Claro, y ese concepto se está superando. Más y más. La gente de tu generación lo cuestiona. Tú papá no lo habría cuestionado. Hay una evolución para todo. Y a nosotros, a mi generación, le tocó lo más difícil. Pero yo miro pa'trás con felicidad. Yo digo: "Por cada golpe que recibí, pude dar dos". Lo pasé chorísimo. Conocí las mujeres más extraordinarias, dimos la pelea juntas. Cuando se creó la revista Paula, en el año 67, éramos cuatro gatos, cuatro mujeres jóvenes, muy jóvenes, ni 30 años teníamos, que sacudieron a la sociedad chilena. Con una revista, imagínate. Haber podido pasar por eso y que esas mujeres todavía estén ahí, haciendo cosas, es maravilloso.

-¿Ser pionera es un mérito que se te reconoce o una cuenta que sigues pagando?

-Yo creo que todo el mundo reconoce el mérito que eso tuvo. Esto fue un fenómeno periodístico único.

A pesar de sus frecuentes conversaciones vía Skype con su madre, la principal informante de Isabel Allende sobre lo que pasa en Chile es Berta: "Es mi hermana. Lleva con mis padres 34 años. Es más viva. Siempre dice: "Usted no oiga a nadie, óigame a mí que soy la voz del pueblo".

Cuenta que la Berta tiene una relación personal con Ricardo Lagos, al que invita a comer. Gracias a ella pudo dimensionar la magnitud del terremoto en Chile. "Es de Iloca. Su familia perdió todo. Cuando terminé de hablar con ella, llamé a mi agencia para que me consiguieran un pasaje para irme a Chile".

-¿No te informas a través de Facebook? ¿Twitter?

-No, no podría atenderlo. Tengo un Facebook súper-súper privado con mis nietos solamente. Híper secreto, porque si no, no me puedo comunicar con ellos: dos ya van a estar en la universidad y no contestan el teléfono. O text message o twitter, o esas estupideces que usan, así que... bueno: Facebook".

-¿Pero lees medios chilenos?

-Títulos más que nada. (Tengo) una idea generalizada. No estoy en el detalle de la política. Más o menos me entero del Martín Rivas por la Berta, y cosas de ésas. Pero voy a cada rato. Y cuando voy, hablo con los amigos, me actualizo. Pero siempre tengo mucha conciencia de que voy a un cierto medio. Yo no voy a visitar a los mapuches al sur, no estoy con los mineros del norte.

-¿Y cuál es tu visión del país?

-Nosotros en Chile lo único que hacemos es quejarnos. De todo: del gobierno, del clima, del país. Es como el deporte nacional, pero Chile, desde fuera, se ve espectacular de bien. Tiene estabilidad política, económica y social. Es cierto que tiene problemas de pobreza, pero comparado con el resto del mundo o con el resto de América Latina, qué decir: no son tan graves. Ahora, con el terremoto, echamos para atrás un montón, pero hay los medios y hay la capacidad para superar eso también. Y hay la intención sobre todo de superarlo. Yo tengo fe en que el gobierno de Piñera va a ser un buen gobierno. Creo que viene con un montón de gente joven súper bien preparada, y que tienen buenas intenciones. No creo en absoluto que esto sea un retroceso. No. La Concertación estuvo 20 años en el poder e hicieron un trabajo extraordinario. Yo creo que este señor va a hacer un trabajo muy bueno también.

-¿Se dramatizan cosas como el cambio de gobierno?

-Todo es tremendo y hay mucha división en Chile por lo que pasó con la dictadura. El país quedó herido como con un hachazo y hay facciones casi irreconciliables.

-Se convirtió en una forma de ver el mundo.

-Pero la generación joven ya no está en eso. Ya eso es historia antigua para ellos. Están en otra cosa. Todo el sueño socialista, y qué sé yo, ha cambiado completamente. Ya no son como eran en los años setenta. Y yo creo que, francamente, el país está muy bien. Y creo que este señor Piñera va a hacer un gran trabajo.

-¿Pero faltan también muchas cosas por resolver, no?

-De partida, me gustaría que fuera un país menos machista. Y hay ciertas cosas a las que hay que ponerle fin. A la violencia doméstica. Hay que resolver el problema mapuche, el problema indígena. Es un diez por ciento de la población. ¡Es mucha gente! Es tan grave como el problema de la extrema pobreza. Les debemos históricamente tanto. ¡Si les quitamos todo! Lo otro que hay que hacer es integrar el país. Está todo centralizado en Santiago todavía. Una cosa que me encantaría hacer, y que pienso planearla, tal vez el próximo año, es hacer una gira. Pero no una gira rápida, sino para estar con la gente. Cuando yo voy, aquí en Estados Unidos, a cualquier parte, me rodeo de gente. Eso necesito hacer en Chile.

-¿No te dan ganas de volver a Chile?

-Me encantaría írmelos llevando a todos para allá. De a poco.

-¿No es una posibilidad?

-No, porque no creo que pueda llevarme a mi nuera americana, que no habla español, a unos nietos que van a hacer su vida aquí, que no hablan castellano".

-¿E irte sola no es una alternativa?

-No, jamás. Pero me quedo más y más en Chile.

NO HABRÁ LIBRO DE ISABEL ALLENDE EL 2011. El próximo 8 de enero, en lugar de buscar una primera frase, la escritora intentará iniciar un año sabático. El plan es descansar de todo.

"Lo que voy a hacer es que tengo libre el calendario para todo el próximo año. Me voy a tomar un año sabático. Primera vez en toda mi vida. Lo voy a hacer porque siento que estoy reciclando las mismas ideas. Ya necesito exponerme a nuevas cosas. Salir de mi zona cómoda y empezar a recibir cosas".

-¿Es una necesidad de qué tipo?

-Espiritual yo creo. Una inquietud del alma, de ¡ya basta! Todo esto es burbuja. Todo esto es material. Y de esto no queda nada después. Yo siento que el espíritu, el alma de uno, necesita su espacio, necesita atención.

-¿Tienes un déficit...?

-Llevo muchos años con una práctica espiritual, pero necesito tiempo. El tiempo es muy importante.

-¿Qué práctica espiritual?

-No tengo ninguna religión. Le tengo terror a las religiones. Creo que son la fuente de horrorosas violencias en el mundo, y ha sido siempre así. Pero necesito, como todo el mundo, una práctica espiritual, algo que me ponga en contacto con el alma. Medito todos los días. Tengo un grupo de cinco mujeres y yo, que formamos un círculo. Estamos siempre en contacto.

Se levanta y toma una foto donde salen sus amigas, de las que ya ha hablado en el libro "La suma de los días", donde cuenta sus días en California. De paso, veo otras fotos. Isabel con Michelle Bachelet. Con Oprah. Con Antonio Banderas (tiene también un afiche del español encarnando al Zorro, al que le lanza besos adolescentes, junto a la entrada). Hay una foto con Obama y otra con el elenco de la versión fílmica de "La casa de los espíritus" (Jeremy Irons y Meryl Streep, entre otras estrellas) junto a la entrada. Muestra otra foto de su círculo de amigas, vestidas con trajes elegantes. Era el matrimonio de la menor de ellas. Las sonrisas gigantes.

-¿Y qué planeas hacer en este año sabático?

-Nooooo...-. Alarga la respuesta, riendo-. Va a ser un año libre. No me voy a poner metas.

-¿Viajar?

-No tengo idea. Estoy abierta a lo que venga. Quiero llenar esos depósitos que están un poco vacíos. Eso le da terror a mi familia porque, como tengo una energía espantosa... Willie dice que soy un huracán en una botella, destapas la botella y queda la escoba. Le da terror que yo no tenga nada que hacer y empiece a mover los muebles...

-¿Crees que va a funcionar lo del año sabático?

-¡No!-suelta sin pensarlo-. No creo, pero voy a tratar de que funcione.
 
Texto y fotografías: Mauricio Alarcón C., desde Sausalito, California..
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