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20 jul. 2010

Una reflexión sobre el próximo Premio Nacional de Literatura

Una reflexión sobre el próximo Premio Nacional de Literatura
Un país sin identidad exige a sus escritores triunfos en el exterior como condición para otorgarles reconocimiento. Lo experimentaron la Mistral, Neruda, Huidobro, Bolaño y ahora Isabel Allende
Arturo Alejandro Muñoz | Para Kaos en la Red | Hoy a las 2:21 |
www.kaosenlared.net/noticia/reflexion-sobre-proximo-premio-nacional-literatura
ESTA LITERATURA NUESTRA de las últimas siete décadas, que tomó del brazo al país y lo guió en su andar histórico mostrando de forma esquiva sus virtudes para que sus carencias no fuesen descubiertas, sufre hoy un nuevo vendaval que la sacude.

¿Merece o no merece el Premio Nacional de Literatura la escritora Isabel Allende? ¿Qué tan importante puede ser –o llegar a serlo- ese mentado premio que, por cierto, para las grandes casas editoriales europeas y norteamericanas carece de peso específico, tanto como para el público lector que habita en otros continentes?

En Chile, letras y patria, nación y versos, han marchado a la par con el mismo paso somnoliento que permiten los devaneos de una inasible búsqueda de identidad. Enfundadas en una capa de ingenua lucubración política, patria y letras han alcanzado en su caminar los portales del nimbo que abren las puertas a la nada toda.

Desde el ‘Frente Popular’ a la ‘Escoba Ibañista’ y la ‘Revolución en Libertad’, siguiendo luego el tímido y fracasado intento de ‘Revolución a la chilena’, para llegar finalmente –dictadura y genocidio de por medio- al ‘despertar del jaguar’ que dormía (y sigue bostezando) en medio de farallones y altas cumbres cordilleranas, nuestro país vivenció avances y retrocesos tanto en su economía como en sus quehaceres literarios en perfecta relación dialéctica –una se explica a partir de la otra y viceversa- , lo cual hizo necesario que muchos de nuestros escritores y vates obtuviesen el reconocimiento extranjero, pagando costos personales ignominiosos en algunos casos, para luego recibir tardíamente las palmas nacionales.

Así, Gabriela Mistral, que delataba a comienzos de los años de administración del Frente Popular la vergüenza que vivía el país por aquellos miles de pies infantiles descalzos, vio cómo Chile le volvía la espalda para permitirse mirarla de frente sólo cuando, en Estocolmo, la academia le otorgó el Nobel…siete años antes que la patria reconociera la calidad de la insigne escritora entregándole –casi con rubor- el Premio Nacional de Literatura.

Neruda por su parte tuvo más suerte y mejor reconocimiento, aunque debió llevar sus zapatos por innúmeros países para solidificar en Chile un prestigio cuyo reconocimiento internacional aún no encuentra parangón entre nuestros escritores. El gran parralino era consciente de que la patria sólo aplaudía a quienes el resto del mudo hubiese premiado y vitoreado con antelación. Cuando esto ocurre, aseguraba Neruda a sus amigos más íntimos, entonces y sólo entonces los chilenos entregan su aprobación, aunque en más de una oportunidad lo hacen vertiendo críticas negativamente apologéticas por la simple insana costumbre nacional de echarle pelos a la sopa.

Si Roberto Bolaño hubiese permanecido y muerto en Chile, sus obras seguirían amontonadas en algún baúl ignoto. Eso lo aseguro sin dilación. Nacido en Santiago, desde muy joven Bolaño llevó una existencia trashumante. A los 15 años estaba viviendo en México, donde comenzó a trabajar como periodista y se hizo troskista. En 1973 regresó a su país y pudo presenciar el golpe militar. Se alistó en la resistencia y terminó preso. Unos amigos detectives de la adolescencia lo reconocieron y lograron que a los ocho días abandonase la cárcel. Se fue a El Salvador; allí conoció al poeta Roque Dalton y a sus asesinos.

En 1977 se instaló en España, ejerciendo (al igual que hizo después en Francia y otros países) una diversidad de oficios: lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendimiador. Hasta que, en los 80, pudo sustentarse ganando concursos literarios. A fines de los años 90 la suerte empezó a estar de su lado: su novela Los detectives salvajes (1999) obtuvo el premio Herralde y el Rómulo Gallegos, considerado el Nobel de Latinoamérica. Falleció en el mes de julio el año 2003, y recién luego de su deceso Chile mostró real interés en su producción escritural cuando desde el extranjero (España, México, Argentina y Estados Unidos) comenzaron a arribar a los diarios y radios nacionales las excelentes críticas y comentarios de las obras de Bolaño.

Mientras tanto, al interior de nuestro país, los críticos literarios desmenuzan mefistofélicamente las obras de los autores nacionales que no han querido –o no ha podido- emigrar a tierras más civilizadas, usando para ello el cedazo mediático basado en la posición social, política o religiosa de los autores. El país, desgraciadamente compuesto por una enorme masa desinformada, sigue esa envolvente marea sin detener el avance de los depredadores que habitan en la prensa perteneciente a los dos consorcios que dominan la información en nuestra república, para quienes todo o gran parte de lo que sea completamente chileno –al menos en literatura- resulta gris, lento, plañidero y resentido…o audaz, irrespetuoso y grosero, según la vara con que se mida (v.gr.: comercial o fundamentalista beata).

Agradezcamos la ventura de contar con otros autores de fuste que no nacieron en nuestro suelo, pues de haber sido así, ¿qué habría pasado, por ejemplo, con la producción literaria de Kafka, de Joyce, de Proust, de Kundera, de Fuentes? ¿Qué habría dicho de ellos la crítica nacional? ¿Qué habría prohibido el Consejo Nacional del Libro? ¿Alguna editorial sita en Chile se habría interesado en publicar una o más de esas obras? Seguramente alguien responderá a estas líneas diciendo que se trata de autores cuya calidad es indiscutible, pero…y repito la quemante pregunta, ¿si hubiesen sido chilenos habrían logrado el reconocimiento de nuestras editoriales y de nuestra meliflua prensa especializada antes que el mundo los aplaudiese? ¿Podrían esos autores haber sobrevivido a las plumas y lenguas mordaces de comerciantes de la palabra escrita, de militaristas, pechoños y socialistas renovados?

Por ello es que me atreví a afirmar que patria, política, dólar y letras van de la mano en nuestro suelo, lamentablemente. Isabel Allende es una enorme, una magnífica, una gran escritora. Casi gratuitamente nos otorga prestigio por toneladas en el extranjero, provocando en Chile los consabidos tironeos de chaqueta cuando alguien sube la escalera del éxito.

Es que este asunto de escribir best sellers o escribir mamotretos agotadores que pocos logran deglutir hasta el final, ha sido una cuestión de permanente discrepancia por parte de los críticos, muchos de los cuales acusan a la Allende de inclinarse sólo por la literatura que tiene buena venta. Pero todos –críticos y lectores- debemos entender de una buena vez que es el público –y no los ‘especialistas’ ni los pares- quien determina y decide cuál libro es bueno y cuál no lo es. Así como Buonarotti jamás esculpió ni pintó para un grupo de ‘especialistas’ sino para la humanidad en su conjunto, así también un escritor, un novelista, un poeta, derrama su sapiencia sobre el papel transformándola en historia, drama, romance o ensayo, para que el mundo –y no un exiguo número de críticos pagados por el establishment periodístico- la abrace o la critique.

Comparto plenamente algunos de los juicios emitidos por la escritora, en especial aquellos referidos a la monotonía en la creación literaria que gusta a los críticos nacionales, pero quiero aclarar que lo anterior se debe específicamente a que tal método de narración es el que interpreta a cabalidad el estado depresivo y de frustración perenne que caracteriza a nuestros insoportables y quejumbrosos críticos literarios, lo cual obliga a muchos autores –si están decididos a ‘triunfar’ en este suelo- a seguir esa huella de un método que definitivamente aburriría hasta a un santo, lo que en palabras simples debe leerse como “escribir lo que los críticos quieren que se escriba”.

Afortunadamente, Isabel Allende está muy lejos de todo ello, y con su personal prosapia y redacción, con su imaginería femenina, con su pluma audaz e irreverente, obtuvo lo que pocos han logrado: el aplauso planetario.

Ella cumplió el gran requisito que este país sin identidad impetra a sus poetas y novelistas: vivir y triunfar en el extranjero. Es hora, pues, de que se le conceda el premio menor, ese que pomposamente llamamos Nacional de Literatura, pero que en realidad sólo sirve para llenar algún recuadro en el periódico del día o en el noticiero nocturno de la televisión, pues su jerarquía pocas veces ha alcanzado la estatura que en lugares de verdadera relevancia se exige para su publicación.

Por otra parte, y como reflexión final, tarde o temprano, hoy o mañana, aún viva o quizá ya fallecida, el país finalmente le otorgará a Isabel Allende el controvertido Premio Nacional. ¿Alguien lo discute? Entonces, entregarle ese reconocimiento cuenta con validez plena sólo si ella, de cuerpo presente, puede disfrutarlo. Es hora. Sin duda.

16 jul. 2010

Ella la Encantadora, la Maga de las Palabras...

A ella que con sus historias
nos hace soñar, reír y llorar...
Ella encantadora, hechicera de palabras
grandiosa diva, literata....
Ella manantial puro de sabiduría



Ella agua clara , de la luna heredo la magia,
del sol  la enorme energía de su noble corazón,
estrella azul del firmamento literario,
brillara por siempre su luz en el infinito cielo donde habitan las palabras,
 más clara que la luz del alba
 transparente, frágil, espiritual
Fiel a su raza, peregrina de países inventados,
mujer, amiga, madre, hija , fiel esposa
misterio, magia, ímpetu, alma
el hada alada de las palabras
musa dorada de la expresión
ejemplo de fortaleza, energía, resistencia,
bondad, generosidad,dulzura, franqueza,
mariposa alada de colores no inventados
melancolía, soledad, añoranza
alegría,compañía , invisible amiga de tanta gente solitaria.
Ella canción de inspirado poeta
habla tan solo con mirarla
la maga blanca
nos encanta con su pluma
teje con hilos del alma historias reales envueltas de Magia...
Ella la Maga de las Palabras...

Isabel Allende "La Encantadora"


Pablo Huneeus: "Me gané la enemistad de muchos por postular a Isabel Allende"

Martes 13 de Julio de 2010

Fuente :La Segunda

El sociólogo recuerda la campaña que emprendió solitariamente en 2002 y que produjo un "movimiento de furia".

“Una manera de equivocarse es tener la razón antes de tiempo”. El escritor Pablo Huneeus cita a Marguerite Yourcenar a la hora de recordar los esfuerzos que realizó para postular a Isabel Allende al Premio Nacional en 2002; antecedente de los trámites que actualmente encabeza su ex esposa, Delia Vergara. “Ahora hay un apoyo público bastante notorio”, observa, comprobando que su “equivocación” no fue en vano.

Pero ocho años atrás el escenario no era como el de hoy.

“Se produjo un movimiento de furia. Exclamaron «cómo es posible que una Corín Tellado obtenga el premio». Me gané la enemistad de muchos, entre ellos Enrique Lafourcade. Consideraron que lo que había hecho era una idiotez, una falta de criterio. La postulación no fue bien recibida, sobre todo por los premiables”, recuerda el sociólogo, cuya iniciativa fue valorada por la escritora en su momento. “Surgió como un caballero andante, Pablo Huneeus, quien se movilizó para postularme”, agradeció la escritora en una entrevista de la época. Pese a todo, aseguró que no se volvería a exponer de esa manera.

Hoy, la autora ha expresado su deseo de obtener el premio y cuenta con una activa campaña que incluye a mujeres exitosas, la Cámara de Diputados y la editorial Random House Mondadori, que esta semana hará los trámites de postulación. Huneeus ha decidido mantenerse al margen de todo esto (“no me gusta el lobby”, confiesa), pero tiene confianza en que finalmente se hará justicia con la escritora.

“Ella no complace a los intelectuales porque no cita para demostrar cuánto sabe. Ella está para seducir, encantar. Isabel Allende es la encantadora fundamental”, opina. Y agrega: “Ella tampoco es política. Tiene ideas críticas pero no es de un partido, como lo fue Neruda. Isabel Allende es una escritora independiente y, por lo tanto, es peligrosa. De repente puede dispararle a cualquiera. Me recuerda a Pablo de Rokha. Cuando le dieron el Premio Nacional en 1965 dijo «me lo dan tardíamente, pero no es que me haya vuelto inofensivo». Hasta ahora Isabel Allende no ha dado muestras de sometimiento”.

PD. Si gana el Premio es porque se lo merece, sencillamente Isabel Allende es la mejor y se le hará justicia ahora que podrá disfrutar con alegría y en VIDA algo que hace muchos años debieron concederle el PREMIO NACIONAL DE LITERATURA, Honor a quien Honor merece, ella ya ha ganado el corazón de millones de Lectores que la seguimos lealmente porque  su exquisita Obra Literaria nos alimenta el ánima,nos inspira y nos alienta a continuar creyendo que todo es posible con ánimo, alegría y buena fe. Sus historias nos arrancan una sonrisa, nos sumergen en mundos de ensueño, nos delatan sus más profundos sentimientos, nos hacen reflexionar o nos arrancan una lágrima, la Magia que tiene Isabel Allende la poseen únicamente los que han nacido para nunca olvidarles porque aunque muchos digan lo contrario su Literatura vivirá por siempre...

14 jul. 2010

Isabel Allende Premio Nacional de Literatura 2010...

martes 13 de julio de 2010


Isabel Allende y el Premio Nacional de Literatura:
"Estoy dispuesta a dar la pelea"

A codazo limpio. Así dice la escritora chilena que su generación ha tenido que abrirse paso en un mundo donde "el machismo literario da terror". Por eso, a estas alturas, para ella ganar finalmente el Premio Nacional, sería un símbolo, aunque el costo sea "brutal". Cree que en Chile nos gusta quejarnos de todo, pero que tiene fe en que Sebastián Piñera hará un buen gobierno, porque lo rodea "gente joven y bien preparada".

Texto y fotografías: Mauricio Alarcón C., desde Sausalito, California.
Isabel Allende habla por teléfono tras un mueble de oficina que parece cocina americana. Lleva una blusa negra delgada y, sobre ella, otra más colorida, larga, volátil. La voz es cálida y tiene una cierta modulación redondeada, que la acerca y la aleja del acento chileno. Es un tono claramente moldeado en viajes, donde Chile es una escala frecuente.

Si su entonación fuera caligrafía, diría que la letra es bonita.

Llego siete minutos tarde a la entrevista, así que doy explicaciones a Juliette, asistente de la escritora y filtro para los que quieren acercarse a ella.

Hace pocas semanas, tratando de contactarla para una edición especial sobre San Francisco de mi propia revista, Domingo "El Mercurio", el mail de Juliette decía, simple y amable, que Isabel "anda en un retiro". Debiera saldar cuentas, pienso. En lugar de eso, hablo del tránsito sobre el Golden Gate, entorpecido por un accidente, al parecer, sin consecuencias. Juliette, que es serena, rubia, bonita, asiente, comprende, sonríe. Estamos en una sala con sofá, mesa de centro de madera oscura, dos sillas. Ahí espero a la más vendedora de los escritores chilenos, la autora nacional más traducida y, lo que importa por estos días, la posible candidata al Premio Nacional de Literatura, postulación que ya despierta polémicas de las que, se supone, Isabel no quiere hablar.

Se supone.

Estamos en Sausalito, el primer poblado saliendo a mano derecha, pasado el Golden Gate, al otro lado de la bahía de San Francisco, en el estado de California, donde el día hoy es tibio, soleado, y tiene una suave brisa que justifica quitarse la chaqueta.

Aquí, en el breve Sausalito (8 mil habitantes; apenas 27 líneas en una guía sobre California que tiene 632 páginas), se ve un montón de colinas cubiertas de árboles y casas, muchas victorianas, otras más modernas, todas aquilatadas en varios millones de dólares. Bajo los cerros, el pueblo limita con un muelle silencioso lleno de yates. Aquí en Sausalito, en una esquina con pocos autos estacionados, con aún menos en movimiento, y casi ni una persona estacionada o en movimiento, aquí, bajo dos pinos descomunales, está la oficina donde Isabel Allende ya dejó de hablar por teléfono.

La escritora llega, saluda con una sonrisa que incluye los ojos. Da la impresión de que lo correcto es tutearla. Parece un dato trivial, además de una descortesía, pero apunto la sensación: creo que dice algo de ella.

Isabel se deja caer sobre el sofá crema. Parece algo cansada. Más bien, resignada. Luego explicará que ésta es la tercera entrevista del día, y no será una queja. Pronto se anima. Se ve, es evidente, que está cómoda en este lugar. Aquí trabajó algunos de sus libros, en una pequeña casita de madera que está separada de la principal por el estacionamiento, donde reposa su Lexus con una calcomanía de Obama pegada junto a la patente trasera.

"Éste fue el primer prostíbulo de Sausalito", dice más tarde. Y es evidente que le encanta esto. "Cuando vi la casa, pensé: 'se está cayendo', pero Willie, mi marido, que tiene alma de arquitecto, de constructor, se enamoró. Hubo que encontrar los planos originales y respetar los espacios. Y por fuera no se podía tocar: está considerada patrimonio de la ciudad".

-¿Cuándo descubres que fue un prostíbulo?

-Cuando buscamos los planos, estaba toda la historia de las remodelaciones. Y esta casa, ésta misma, fue el primer prostíbulo de Sausalito. Después fue una fábrica de galletas de chocolate, y más tarde, una iglesia cristiana, de esas extrañas iglesias cristianas que surgen como hongos en este país. Más tarde se dividió en pedacitos y había unas pequeñas boutiques. Algún día voy a escribir un libro sobre la historia de la casa.

-¿Y cuál sería la historia?

-Bueno, tendría que pensarlo. Yo creo que debe estar llena de fantasmas esta casa. A veces me parece que huelo el perfume de las prostitutas, el chocolate de las galletas...

EN EL QUE FUERA UN PROSTÍBULO funciona la oficina donde Willie, el marido abogado de Isabel Allende, tramita causas en favor de trabajadores accidentados, en su mayoría inmigrantes ilegales con pocas probabilidades de ganar. También está aquí la sede de la Fundación Isabel Allende (www.isabelallendefoundation.org), creada en homenaje a su hija Paula y financiada inicialmente con los ingresos generados por el libro "Paula", donde la escritora relató la historia de su hija muerta a los 28 años. Con la Fundación intenta prestar ayuda social a organizaciones que trabajan con niños y mujeres.

"Sausalito era un pueblo de pobres. Aquí estaban los trabajadores de los astilleros. Durante la Segunda Guerra, aquí había unos astilleros que producían un barco de guerra por día. Los trabajadores vivían en unas casuchas de madera. Y siempre fue balneario para la gente de San Franciso que tenía cómo financiarlo. Venían a pasar una parte del verano aquí, porque el verano en San Francisco es el peor invierno que te puedas imaginar".

-¿Tan malo?

-¡Es pésimo! Frío, viento y niebla. Cuando se construyó el puente, Sausalito se convirtió en un suburbio de San Francisco. La gente pobre que vivía aquí se fue. Y ahora, esas mismas cabañas, un poquito remodeladas, cuestan millones. De todos los pueblitos de acá, es el más caro porque es el que está más cerca de San Francisco. En la medida que te alejas del puente, la propiedad es más barata y los terrenos más grandes. Nosotros vivimos como a 25 minutos de aquí, en San Rafael.

Desde el salón donde estamos, luminoso, ventanales amplios, se ve poco hacia fuera. Estamos rodeados de árboles. En el sofá, Isabel mete las manos entre las piernas como cuando uno tiene frío (pero no hace frío) y descansa la espalda en los cojines, mientras explica la forma esquizofrénica en que divide el año, comenzando con su sabida costumbre de empezar a escribir los libros el 8 de enero. "Como mi casa (la de San Rafael) tiene una pequeña piscina, bastante pequeña, pero que atrae a los niños, entonces está abierta todo el verano. Eso hace que sea imposible escribir. Pero cuando estoy en el periodo de escribir, que coincide con el invierno, con la lluvia, con la neblina, todo eso que me encanta porque te mete pa'dentro -dice "pa'dentro"-, ahí me levanto muy temprano y me voy a una casita, supuestamente iba a ser la casita de la piscina, pero ahí es donde trabajo".

En la pequeña casita que ya no fue la de la piscina, Isabel tiene primeras ediciones de sus libros y un rinconcito para meditar. Mientras escribe, puede pasarse ocho horas encerrada, hasta que la llaman. Su marido, su hijo. "Me llaman para que me pare, porque si no, ya estoy muy vieja: me paro y tengo todos los huesos fosilizados", dice y subraya "fosilizados" con una carcajada.

"¿QUÉ VAS A HACER EN AGOSTO?", pregunto con mala intención.

En agosto debiera anunciarse el ganador del Premio Nacional de Literatura, al que la escritora está siendo postulada por un grupo de mujeres, periodistas, escritoras, encabezadas por la ex directora de la revista Paula, Delia Vergara, y que ya ha recibido el apoyo de varios ex presidentes.

Una postulación que hasta antes de esta entrevista, Isabel se había mostrado reacia a asumir. Ni siquiera había dado muchas señas de querer tratar el tema.

La pregunta, entonces, es malintencionada. En agosto, la escritora va a estar en Brasil. Ésa es su respuesta. Va a estar en Brasil, en la feria del libro que se hace en Paraty, una isla frente a Río de Janeiro, donde el que va a publicar es Willie, su marido, que escribe novelas policiales.

La miro con atención. Nada. Parece no caer en cuenta de la fecha. Repasa su plan. "Primero me voy a Chile, el 25 de julio, y luego voy a Paraty. Después voy a estar cinco días en Jamaica, y luego me vengo para acá".

-El Premio Nacional es en agosto...

-¿Qué época es exactamente, sabes?

-No.

"Averíguame, porque sería bueno al menos saber para estar enterada", dice, y nada delata que le incomode el tema. "Yo sé que hay una verdadera controversia en este momento en Santiago, en Chile, por el premio. Y hay una movilización fuerte -enfatiza la palabra "fuerte"- de un montón de mujeres que sienten que esto ya no tiene nada que ver conmigo. Tiene que ver con desafiar el machismo. ¿Cómo es posible que se le haya dado a tres mujeres en la historia del premio, que a Gabriela Mistral se lo dieran cinco años después del Nobel? Bueno, a Pablo Neruda también", se distrae y remata: "Ya me sobrepasó por completo la cosa".

-¿Estás dispuesta a dar la pelea...?

-Estoy dispuesta. Y es un costo brutal para mí...

La vez anterior que Isabel Allende sonó fuerte para el premio, el año 2002, la polémica también se desbordó. La escritora se quejó de que la mayoría de los cuestionamientos eran a la persona, más que a la obra.

"Eran ataques súper personales. Salieron en la televisión un señor Uribe, la Marta Blanco y no sé quién más... Yo nunca vi el programa, pero me lo comentó todo el mundo en Chile... Me lo comentó mi agente, la Carmen Balcells. Todos decían que había sido atroz. Absolutamente atroz. Que se dijo de todo. Y voy a tener que exponerme a eso, imagínate, de nuevo".

-Pero has tenido vocación de dar la pelea...

-Mira, he dado muchas peleas en mi vida, pero nunca han sido peleas personales. Son peleas por ideas. Yo por una idea o por una causa, me juego entera, no me importa. Pero en lo personal, me hieren las cosas. Pero, en general, la gente ha sido generosa, cariñosa. Y en Chile sobre todo. Cuando dicen: "En Chile te han tratado tan mal", no. No nos equivoquemos: los literatos chilenos me han tratado mal. Pero la gente en Chile me ha tratado bien siempre. Incluso antes de que fuera escritora, cuando escribía en la revista Paula. ¿Quiénes eran mis enemigos? Cuatro gatos que se ofendían.

-¿Es sólo un asunto de intelectuales?

-No es una cosa de LOS intelectuales, que es una gran generalización. Son unas pocas personas que tienen una gran visibilidad, porque tienen mucho acceso a los medios.

-¿Ellos te atacan personalmente?

-Yo no sé. No sé. La crítica no me molesta -dice, y ahora sí está evidentemente molesta. Las palabras se le tropiezan. Chocan. Se empujan-. Lo que me molesta es la actitud mezquina. No entender que por cada libro que yo vendo, gano un lector que nos sirve a todos. Cualquiera que tenga éxito en cualquier campo, le abre cancha a los demás. En Chile, el único éxito que se permite es el de los futbolistas. Cualquier otro... te chaquetean. Si eres reina de belleza, te acostaste con el jurado. Cualquier cosa que hagas, ¡ah, la copiaste!. Si eres rico, ¡ah, robaste!

-¿Cuál es la crítica que más te ha dolido?

-Hay algunas que me sacan los choros del canasto, por estúpidas. Por ejemplo, que soy un fenómeno de marketing. Eso es no tener idea de lo que están hablando. Algunas personas creen o se les metió en la cabeza que yo vendo libros porque mis editores hacen una campaña de marketing. Mis editores publican, qué sé yo, mil libros al año. ¿Por qué le van a hacer campaña a uno solo? ¿Por qué de los mil vende uno y no los mil...?

-¿Se cuestiona la calidad...?

-¿Tú crees que con una campaña de marketing puedes sostener un producto durante treinta años si no tiene calidad? Ahora, ¿de dónde voy a sacar yo los medios o las conexiones para hacerme una campaña de marketing? Ellos pensarán que tengo una agencia de publicidad que trabaja para mí... Están enfermos de la cabeza. ¿Y por qué no ponen ellos una campaña de marketing, a ver si pueden vender algo? -Y remarca la palabra "algo"-.

-El tema de la calidad te molesta...

-No, porque eso es completamente subjetivo. Mis libros se estudian en las universidades americanas. Son lectura obligada en la secundaria. Si te mostrara mi currículum, verías los premios. Entonces, que me discutan la calidad, eso es subjetivo. A ellos podrán no gustarle mis libros, pero a mí puede ser que tampoco me guste Kafka. Me da rabia porque es... quitarle mérito al éxito ajeno, porque con eso te sientes mejor tú, que eres pequeño. Es una pequeñez de espíritu. El chaqueteo. En Chile nos encanta que el otro lo pase pésimo.

-¿Y sientes que el Premio Nacional ahora es un símbolo?

-Yo creo que sí. Son las mujeres las que han impulsado esto. La Delia Vergara y las mujeres periodistas, premios nacionales también. Mujeres. Mujeres, porque va más allá el cuento...

-Te gusta eso.

-Claro que me gusta. Me encanta, Me encanta porque la pelea ya no es mía. La pelea es de todos. Me encanta.

-Antes habías estado mucho más reticente.

-Estaba completamente reticente, porque no quería volver a exponerme a lo que ya pasó. Pero esta vez, cuando la Delia me dijo: "Te vamos a presentar de todas maneras", entendí que había llegado el momento. Ahora, es posible que no me lo lleve. Todo esto es muy prematuro. Primero, la candidatura todavía no se ha presentado. Y después, puede que no me lo lleve también.

-¿Hay que hacer campaña?

-No, no tengo que hacer campaña y ese premio lo decide un jurado, y ese jurado incluye a otros premios nacionales. Yo no sé muy bien quiénes son el jurado, pero sé que son mis enemigos de todas maneras.

-¿Está mal aspectado entonces?

-Está mala la cosa -, y estalla en una carcajada.

HE LEÍDO QUE ISABEL ALLENDE se escribe cartas todos los días con su madre, la Panchita.

"No, me escribo con mi mamá varias veces por semana, pero ya no todos los días porque tenemos Skype. Mi mamá me notifica cada gol que mete Chile".

-Es tu informante.

-Mi mamá tiene 90 años y si tú la vieras... Está más inteligente que nunca. Ojalá el cuerpo fuera el cuerpo de una mujer 20 años menor, porque la cabeza la tiene mejor que nunca.

-¿Y a quién se le ocurrió lo de Skype?

-A mí. Mala idea, porque me quedé sin las cartas. Echo mucho de menos las cartas. Mi mamá me escribe, de todas maneras, pero ahora ya tendría un paquete así de grande -dice y dibuja un paquete realmente grande con las manos-.

Se toma el pelo justo detrás de la nuca: lleva un collar y unos aros. Los fabrica ella misma, mientras escribe. Más bien, cuando se bloquea y deja de hacerlo: tiene, junto a su escritorio, una caja de piedrecitas de colores, pelotillas, que va uniendo. "Cuando hago cosas con las manos, se me va la mente. Son como unas vacaciones. Luego puedo volver a escribir", dice. "En la época en que escribo, hago collares para todo el mundo".

Su madre también escribe. Nunca menos de tres hojas, por los dos lados, en cada carta. "Puede escribir seis páginas seguidas, sin corregirse una sola palabra. Ya nadie escribe así porque estamos todos con el e-mail y el twitter y con la estupidez. Ella todavía cuida lo que va a decir, para que el adjetivo sea original, irónico, para que sea una manera nueva de decir algo. Yo creo que la escritora de la familia debió haber sido ella. Es mucho mejor que yo".

-¿Nunca intentó...?

-No. Pertenece mi mamá a una generación en que era más difícil también. Yo pasé por el periodismo, me he tenido que ganar la vida. Es distinto. Pero mi mamá tiene un gran talento. Pinta muy bien. Tiene un gran sentido del color. Tira cuatro manchas y hace un ramo de flores maravilloso. Pero siempre fueron "los cuadritos de la Panchita" -dice y el homenaje se convierte en análisis de una época-. Yo creo que no se daban las circunstancias. Si me hubiera pasado a mí, como me pasó con la escritura, lo peleaba a muerte. Y me hago el espacio a codazo limpio. Pero en esa generación no hacían eso. Siguieron siendo siempre "los cuadritos de la Panchita".

-Una choreza...

-Un hobby.

-Lo tuyo, en cambio, fue a codazos.

-A codazo limpio no más. Que es muy propio de la generación mía, que se tuvo que abrir paso en un mundo muy machista. Nosotros somos la generación de transición entre las mujeres como mi mamá y nuestras nietas, prácticamente. Y en el campo literario, por lo menos para mí, ha sido muy difícil. Cuando publiqué "La casa de los espíritus", no había una sola voz femenina en la literatura latinoamericana. No era porque no estuvieran escribiendo, sino porque estaban ignoradas por la crítica, por los profesores, por los otros escritores, por los editores, por los distribuidores...

-Es curioso que sea así en un mundo que, por naturaleza, se supone que debiera ser más abierto de mente...

-El mundo de la literatura, como muchos ámbitos, como el mundo de la ciencia, está controlado por hombres. Muy machista, muy machista. Las páginas literarias de cualquier medio en el mundo están controladas por hombres. El currículum de una universidad, ¿quiénes lo deciden? Un montón de caballeros que generalmente ya están ñoños -dice, ligeramente molesta. Aletea-. Entonces, ahora que hay muchas más mujeres escribiendo, ahora que se sabe que más mujeres que hombres leen ficción, ahora que hay más profesoras de literatura, empieza a haber crítica hecha por mujeres, empieza a haber un espacio. Un espacio ganado en Estados Unidos, en Europa y en otras partes. Pero en Chile el machismo literario da terror.

-¿Le sirve de algo a la literatura escrita por mujeres el mote de "literatura femenina"?

-No. -Lo dice con velocidad, con firmeza, con precisión.-Porque la literatura, como todo, cuando le pones adjetivos, lo disminuyes. ¿Por qué cuando se habla de literatura se parte de la base que es escrita por un hombre blanco? Si la escribe un hombre negro, es literatura "afroamericana". Si la escribe una mujer es "literatura femenina".

-¿Hay que superar ese concepto?

-Claro, y ese concepto se está superando. Más y más. La gente de tu generación lo cuestiona. Tú papá no lo habría cuestionado. Hay una evolución para todo. Y a nosotros, a mi generación, le tocó lo más difícil. Pero yo miro pa'trás con felicidad. Yo digo: "Por cada golpe que recibí, pude dar dos". Lo pasé chorísimo. Conocí las mujeres más extraordinarias, dimos la pelea juntas. Cuando se creó la revista Paula, en el año 67, éramos cuatro gatos, cuatro mujeres jóvenes, muy jóvenes, ni 30 años teníamos, que sacudieron a la sociedad chilena. Con una revista, imagínate. Haber podido pasar por eso y que esas mujeres todavía estén ahí, haciendo cosas, es maravilloso.

-¿Ser pionera es un mérito que se te reconoce o una cuenta que sigues pagando?

-Yo creo que todo el mundo reconoce el mérito que eso tuvo. Esto fue un fenómeno periodístico único.

A pesar de sus frecuentes conversaciones vía Skype con su madre, la principal informante de Isabel Allende sobre lo que pasa en Chile es Berta: "Es mi hermana. Lleva con mis padres 34 años. Es más viva. Siempre dice: "Usted no oiga a nadie, óigame a mí que soy la voz del pueblo".

Cuenta que la Berta tiene una relación personal con Ricardo Lagos, al que invita a comer. Gracias a ella pudo dimensionar la magnitud del terremoto en Chile. "Es de Iloca. Su familia perdió todo. Cuando terminé de hablar con ella, llamé a mi agencia para que me consiguieran un pasaje para irme a Chile".

-¿No te informas a través de Facebook? ¿Twitter?

-No, no podría atenderlo. Tengo un Facebook súper-súper privado con mis nietos solamente. Híper secreto, porque si no, no me puedo comunicar con ellos: dos ya van a estar en la universidad y no contestan el teléfono. O text message o twitter, o esas estupideces que usan, así que... bueno: Facebook".

-¿Pero lees medios chilenos?

-Títulos más que nada. (Tengo) una idea generalizada. No estoy en el detalle de la política. Más o menos me entero del Martín Rivas por la Berta, y cosas de ésas. Pero voy a cada rato. Y cuando voy, hablo con los amigos, me actualizo. Pero siempre tengo mucha conciencia de que voy a un cierto medio. Yo no voy a visitar a los mapuches al sur, no estoy con los mineros del norte.

-¿Y cuál es tu visión del país?

-Nosotros en Chile lo único que hacemos es quejarnos. De todo: del gobierno, del clima, del país. Es como el deporte nacional, pero Chile, desde fuera, se ve espectacular de bien. Tiene estabilidad política, económica y social. Es cierto que tiene problemas de pobreza, pero comparado con el resto del mundo o con el resto de América Latina, qué decir: no son tan graves. Ahora, con el terremoto, echamos para atrás un montón, pero hay los medios y hay la capacidad para superar eso también. Y hay la intención sobre todo de superarlo. Yo tengo fe en que el gobierno de Piñera va a ser un buen gobierno. Creo que viene con un montón de gente joven súper bien preparada, y que tienen buenas intenciones. No creo en absoluto que esto sea un retroceso. No. La Concertación estuvo 20 años en el poder e hicieron un trabajo extraordinario. Yo creo que este señor va a hacer un trabajo muy bueno también.

-¿Se dramatizan cosas como el cambio de gobierno?

-Todo es tremendo y hay mucha división en Chile por lo que pasó con la dictadura. El país quedó herido como con un hachazo y hay facciones casi irreconciliables.

-Se convirtió en una forma de ver el mundo.

-Pero la generación joven ya no está en eso. Ya eso es historia antigua para ellos. Están en otra cosa. Todo el sueño socialista, y qué sé yo, ha cambiado completamente. Ya no son como eran en los años setenta. Y yo creo que, francamente, el país está muy bien. Y creo que este señor Piñera va a hacer un gran trabajo.

-¿Pero faltan también muchas cosas por resolver, no?

-De partida, me gustaría que fuera un país menos machista. Y hay ciertas cosas a las que hay que ponerle fin. A la violencia doméstica. Hay que resolver el problema mapuche, el problema indígena. Es un diez por ciento de la población. ¡Es mucha gente! Es tan grave como el problema de la extrema pobreza. Les debemos históricamente tanto. ¡Si les quitamos todo! Lo otro que hay que hacer es integrar el país. Está todo centralizado en Santiago todavía. Una cosa que me encantaría hacer, y que pienso planearla, tal vez el próximo año, es hacer una gira. Pero no una gira rápida, sino para estar con la gente. Cuando yo voy, aquí en Estados Unidos, a cualquier parte, me rodeo de gente. Eso necesito hacer en Chile.

-¿No te dan ganas de volver a Chile?

-Me encantaría írmelos llevando a todos para allá. De a poco.

-¿No es una posibilidad?

-No, porque no creo que pueda llevarme a mi nuera americana, que no habla español, a unos nietos que van a hacer su vida aquí, que no hablan castellano".

-¿E irte sola no es una alternativa?

-No, jamás. Pero me quedo más y más en Chile.

NO HABRÁ LIBRO DE ISABEL ALLENDE EL 2011. El próximo 8 de enero, en lugar de buscar una primera frase, la escritora intentará iniciar un año sabático. El plan es descansar de todo.

"Lo que voy a hacer es que tengo libre el calendario para todo el próximo año. Me voy a tomar un año sabático. Primera vez en toda mi vida. Lo voy a hacer porque siento que estoy reciclando las mismas ideas. Ya necesito exponerme a nuevas cosas. Salir de mi zona cómoda y empezar a recibir cosas".

-¿Es una necesidad de qué tipo?

-Espiritual yo creo. Una inquietud del alma, de ¡ya basta! Todo esto es burbuja. Todo esto es material. Y de esto no queda nada después. Yo siento que el espíritu, el alma de uno, necesita su espacio, necesita atención.

-¿Tienes un déficit...?

-Llevo muchos años con una práctica espiritual, pero necesito tiempo. El tiempo es muy importante.

-¿Qué práctica espiritual?

-No tengo ninguna religión. Le tengo terror a las religiones. Creo que son la fuente de horrorosas violencias en el mundo, y ha sido siempre así. Pero necesito, como todo el mundo, una práctica espiritual, algo que me ponga en contacto con el alma. Medito todos los días. Tengo un grupo de cinco mujeres y yo, que formamos un círculo. Estamos siempre en contacto.

Se levanta y toma una foto donde salen sus amigas, de las que ya ha hablado en el libro "La suma de los días", donde cuenta sus días en California. De paso, veo otras fotos. Isabel con Michelle Bachelet. Con Oprah. Con Antonio Banderas (tiene también un afiche del español encarnando al Zorro, al que le lanza besos adolescentes, junto a la entrada). Hay una foto con Obama y otra con el elenco de la versión fílmica de "La casa de los espíritus" (Jeremy Irons y Meryl Streep, entre otras estrellas) junto a la entrada. Muestra otra foto de su círculo de amigas, vestidas con trajes elegantes. Era el matrimonio de la menor de ellas. Las sonrisas gigantes.

-¿Y qué planeas hacer en este año sabático?

-Nooooo...-. Alarga la respuesta, riendo-. Va a ser un año libre. No me voy a poner metas.

-¿Viajar?

-No tengo idea. Estoy abierta a lo que venga. Quiero llenar esos depósitos que están un poco vacíos. Eso le da terror a mi familia porque, como tengo una energía espantosa... Willie dice que soy un huracán en una botella, destapas la botella y queda la escoba. Le da terror que yo no tenga nada que hacer y empiece a mover los muebles...

-¿Crees que va a funcionar lo del año sabático?

-¡No!-suelta sin pensarlo-. No creo, pero voy a tratar de que funcione.
 
Texto y fotografías: Mauricio Alarcón C., desde Sausalito, California..
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Isabel Allende Premio Nacional de Literatura 2010.

Y finalmente la escritora aseguró estar “dispuesta a dar la pelea” por el Premio Nacional de Literatura; que quiere “desafiar al machismo”; y que ya no le importa “el costo personal” que esto pueda traer.

Al menos así lo afirmó en una extensa entrevista con la Revista Ya, donde, entre otras cosas, explicó su resquemor, en primera instancia, con la postulación al galardón “el 2002 también sonó mi nombre, pero hubo ataques súper personales, más que a la obra. Y voy a tener que exponerme a eso, imagínate, de nuevo”.

Pero la autora de “La casa de los espíritus” sabe que ahora es diferente, que hay todo un movimiento ciudadano respaldándola y enfatizó que son las mujeres quienes la han impulsado “Me encanta, me encanta porque la pelea ya no es mía. La pelea es de todos”.

Para ver en detalle la entrevista –que seguramente muchos esperaban- siga este link a la Revista Ya (click aquí).

PD: Recuerda que si deseas apoyar a esta connotada escritora adhiere al Facebook de Giro País “Isabel Allende: Premio Nacional de Literatura 2010”.

http://www.giropais.cl/content/view/880415/Isabel-Allende-da-el-vamos-a-su-candidatura.html#content-top

11 jul. 2010

Isabel y Alejandro...

Cumplido tu Deseo mi Ale-bisabuelete como te llamamos tus cyberamigos con mucho cariño vida mía disfruta de este tu pequeño espacio, un besito viejito querido...Aprovecho para saludar a mi amiga Gilda en su Chilito querido da señales chiquilla...

8 jul. 2010

La Historia más conmovedora que he leído jamás, PAULA...


El tío Ramón no ha inspirado ninguno de los personajes de mis libros, tiene demasiada decencia y sentido común. Las novelas se hacen con dementes y villanos, con gente torturada por sus obsesiones, con víctimas de los engranajes implacables del destino.
Desde el punto de vista de la narración, un hombre inteligente y de buenos sentimientos como el tío Ramón no sirve para nada, en cambio como abuelo es perfecto, lo supe apenas le presenté a su primera nieta en el aeropuerto de Ginebra y lo vi sacar a luz un caudal secreto de ternura que había mantenido oculto hasta entonces. Apareció con una gran medalla colgada al cuello de una cinta tricolor, te entregó las llaves de la ciudad en una caja de terciopelo y te dio la bienvenida en nombre de los Cuatro Cantones, la Banca Suiza y la Iglesia Calvinista. En ese instante comprendí cuánto amaba en realidad a mi padrastro y se borraron de una plumada los celos tormentosos y las rabietas del pasado.
"Por las tardes esta abuela irónica se instala a tejer junto a su nieta y le habla sin importarle el silencio sideral donde caen sus palabras, le cuenta del pasado, repasa los chismes de última hora, comenta su propia vida y a veces le canta desafinado un himno a María, única canción que recuerda completa. Cree que desde su cama ella realiza milagros sutiles, nos obliga a crecer y nos enseña los caminos de la compasión y la sabiduría. Sufre por ella y sufre por mí, dos dolores que no puede evitar.
-¿Dónde estaba Paula antes de entrar al mundo a través de mí?
¿Dónde irá cuando muera?
-Paula ya está en Dios. Dios es lo que une, aquello que mantiene el tejido de la vida, lo mismo que tú llamas amor -replicó mi madre".
"Y entonces pensé que desde siglos inmemoriales las mujeres han perdido hijos, es el dolor más antiguo e inevitable de la humanidad. No soy la única, casi todas las madres pasan por esta prueba, se les rompe el corazón, pero siguen viviendo porque deben proteger y amar a los que quedan. Sólo un grupo de mujeres privilegiadas en épocas muy recientes y en países avanzados donde la salud está al alcance de quienes pueden pagarla, confía en que todos sus hijos llegarán a la edad adulta. La muerte siempre está acechando".
"No ando sonámbula, sólo ando triste".
"Quién sabe... tal vez existen otras vías de comunicación espiritual, no sólo los sueños, y en su terrible invalidez Paula ha descubierto la forma de hablarme. Se me han agudizado los sentidos para percibir lo invisible, pero no estoy loca".
"Las sombras del pasado lo acechan siempre y tan a menudo le dan zarpazos, que ya ni las peores noticias lo quiebran, cae de rodillas, pero al día siguiente vuelve a ponerse de pie".
"Me tienta inventar rituales salvajes de erotismo para adornar mis recuerdos, como supongo que otros hacen, pero en estas páginas trato de ser honesta. En algunos instantes creí tocar el alma del amante y alcancé a soñar con la posibilidad de una relación más profunda, pero al día siguiente tomaba otro avión y la exaltación se diluía en las nubes. Cansada de besos fugaces, la última semana decidí concentrarme en mi trabajo, total hay mucha gente que vive en castidad. No imaginaba que al final de ese atolondrado viaje me esperaba Willie y mi vida cambiaría de rumbo, me fallaron drásticamente las premoniciones".
"Descendimos por un camino de curvas y grandes árboles oyendo un concierto en la radio y tuve la sensación de haber vivido ese momento antes, de haber estado en ese lugar muchas veces, de pertenecer allí. Después supe por qué: el norte de California se parece a Chile, las mismas costas abruptas, los cerros, la vegetación, los pájaros, la disposición de las nubes en el cielo".
"Me lo llevé a la nariz incrédula, no había olido esa mezcla de lavanda y desinfectante desde hacía veinte años y la imagen socarrona de ese viejo inolvidable me sonrió desde el espejo. Es fascinante observar los objetos del hombre que una empieza a amar, revelan sus hábitos y sus secretos".
"A lo largo de nuestras vidas habíamos acumulado experiencias que tal vez nos sirvieron para conocernos y desarrollar el instinto necesario para adivinar los deseos del otro, pero aunque hubiéramos actuado con torpeza de cachorros, creo que de todos modos esa noche habría sido decisiva para ambos. ¿Qué fue nuevo para él y para mí? No lo sé, pero me gusta imaginar que estábamos destinados a encontrarnos, reconocernos y amarnos".
"Empecé por comprar sábanas nuevas y quemar las suyas en una hoguera en el patio, ceremonia simbólica destinada a fijar en su mente la idea de la monogamia. ¿Qué está haciendo esta mujer? preguntó Jason medio asfixiado por el humo.
No te preocupes, deben ser costumbres de los aborígenes de su país, lo tranquilizó Harleigh".
"Hasta entonces no había recibido ningún tipo de límites, se comportaba como un pequeño salvaje capaz de romper los vidrios a puñetazos en un ataque de rebeldía. Tan insondable era el hueco en su corazón que a cambio de suficiente cariño y chacota para llenarlo se dispuso a adoptar a esa madrastra extranjera, que había llegado a trastornar su casa y quitarle buena parte de la atención de su padre. Más de cuatro años de experiencia en el colegio de Caracas tratando con criaturas difíciles no me sirvieron de mucho con Harleigh, sus problemas superaban al más experto y su afán de molestar al más paciente, pero por suerte compartíamos una burlona simpatía, bastante parecida al cariño, que nos ayudó a soportarnos mutuamente".
"En esos momentos recordaba la muletilla del tío Ramón: acuérdate que los otros tienen más miedo que tú, y volvía a la carga. Perdí todas las batallas con ellos, pero milagrosamente gané la guerra".
"La novela es un proyecto de largo aliento en el cual cuentan sobre todo la resistencia y la disciplina, es como bordar una compleja tapicería con hilos de muchos colores, se trabaja por el revés, pacientemente, puntada a puntada, cuidando los detalles para que no queden nudos visibles, siguiendo un diseño vago que sólo se aprecia al final, cuando se coloca la última hebra y se voltea el tapiz al derecho para ver el dibujo terminado. Con un poco de suerte, el encanto del conjunto disimula los defectos y torpezas de la tarea".
"En un cuento, en cambio, todo se ve, no debe sobrar o faltar nada, se dispone del espacio justo y de poco tiempo, si se corrige demasiado se pierde esa ráfaga de aire fresco que el lector necesita para echar a volar. Es como lanzar una flecha, se requieren instinto, práctica y precisión de buen arquero, fuerza para disparar, ojo para medir la distancia y la velocidad, buena suerte para dar en el blanco."
"La novela se hace con trabajo, el cuento con inspiración; para mí es un género tan difícil como la poesía, no creo que vuelva a intentarlo a menos que, como esos Cuentos de Eva Luna, me caigan del cielo. Una vez más comprobé que el tiempo a solas con la escritura es mi tiempo mágico, la hora de las brujerías, lo único que me salva cuando todo a mi alrededor amenaza con venirse abajo".
"La verdadera historia es la de una mujer -y esa mujer soy yo- que observa en una pantalla al hombre que sostiene a la niña. El cuento es sobre mis sentimientos y los cambios inevitables que experimenté al presenciar la agonía de esa criatura. Al publicarse en una colección de cuentos creí que había cumplido con Omaira, pero pronto advertí que no era así, ella es un ángel persistente que no me dejará olvidarla".
"Mi hija quedó atrapada en su propio cuerpo, tal como esa niña lo estaba en el barro. Recién entonces comprendí por qué he vivido tantos años pensando en ella y pude descifrar por fin el mensaje de sus intensos ojos negros: paciencia, coraje, resignación, dignidad ante la muerte. Si escribo algo, temo que suceda, si amo demasiado a alguien temo perderlo; sin embargo no puedo dejar de escribir ni de amar..."
"No puedo describir la emoción que sentí al cruzar los picos majestuosos de la cordillera de los Andes y pisar otra vez mi tierra, respirar el aire tibio del valle, escuchar nuestro acento y recibir en Inmigración ese saludo en tono solemne, casi como una advertencia, típico de nuestros funcionarios públicos. Sentí que me flaqueaban las rodillas y Willie me sostuvo mientras pasábamos el control y luego vi a mis padres y a la Abuela Hilda con los brazos extendidos. Esa vuelta a mi patria es para mí la metáfora perfecta de mi existencia".
"Mi vida está hecha de contrastes, he aprendido a ver los dos lados de la moneda.
En los momentos de más éxito no pierdo de vista que otros de gran dolor me aguardan en el camino, y cuando estoy sumida en la desgracia espero el sol que saldrá más adelante." "Fui a Isla Negra a visitar la casa de Pablo Neruda, abandonada por muchos años, donde el fantasma del viejo poeta todavía se sienta frente al mar a escribir versos inmortales y donde el viento toca la gran campana marinera para llamar a las gaviotas. En la cerca de tablas que rodea la propiedad hay cientos de mensajes, muchos escritos a lápiz sobre las sombras desteñidas de otros ya borrados por los caprichos del clima, algunos tallados a cuchillo en la madera corroída por la sal del mar. Son recados de esperanza para el vate que aún vive en el corazón de su pueblo".
"Todo parecía reducido de tamaño, con esa suave pátina sepia de las memorias casi olvidadas".
"Me despedí de Michael en la calle y apenas lo perdí de vista me eché a llorar sin consuelo. Lloraba por esos tiempos perfectos de la primera juventud, cuando nos amábamos sinceramente y pensábamos que sería para siempre, cuando los hijos eran pequeños y nos creíamos capaces de protegerlos de todo mal. ¿Qué nos pasó? Tal vez estamos en el mundo para buscar el amor, encontrarlo y perderlo, una y otra vez. Con cada amor volvemos a nacer y con cada amor que termina se nos abre una herida. Estoy llena de orgullosas cicatrices".
"Paula vino de nuevo anoche, la sentí entrar a mi pieza con su paso liviano y su gracia conmovedora, como era antes de los ultrajes de la enfermedad, en camisa de dormir y zapatillas; se subió a mi cama y sentada a mis pies me habló en el tono de nuestras confidencias. Escucha, mamá, despierta, no quiero que pienses que sueñas. Vengo a pedirte ayuda... quiero morir y no puedo. Veo ante mí un camino radiante, pero no puedo dar el paso definitivo, estoy atrapada. En mi cama sólo está mi cuerpo sufriente desintegrándose día a día, me seco de sed y clamo pidiendo paz, pero nadie me escucha.
Estoy muy cansada. ¿Por qué todo esto? Tú, que vives hablando de los espíritus amigos, pregúntales cuál es mi misión, qué debo hacer. Supongo que no hay nada que temer, la muerte es sólo un umbral, como el nacimiento; lamento no poder preservar la memoria, pero de todos modos ya me he ido desprendiendo de ella, cuando me vaya estaré desnuda. El único recuerdo que me llevo es el de los amores que dejo, siempre estaré unida a ti de alguna manera. ¿Te acuerdas de lo último que alcancé a murmurarte antes de caer en esta larga noche? Te quiero mamá, eso te dije. Te lo repito ahora y te lo diré en sueños todas las noches de tu vida. Lo único que me frena un poco es partir sola, contigo de la mano sería más fácil cruzar al otro lado, la soledad infinita de la muerte me da miedo. Ayúdame una vez más, mamá. Has luchado como una leona por salvarme, pero la realidad te va venciendo, ya todo es inútil, entrégate, déjate de médicos, hechiceros y oraciones porque nada me devolverá la salud, no ocurrirá un milagro, nadie puede cambiar el curso de mi destino y tampoco deseo hacerlo, ya he cumplido mi tiempo y es hora de despedirse.
"Todos en la familia lo entienden menos tú, no ven las horas de verme libre, eres la única que aún no acepta que nunca seré la de antes. Mira mi cuerpo dañado, piensa en mi alma que anhela evadirse y en los nudos terribles que la retienen. Ay, vieja, esto es muy difícil para mí y sé que también lo es para ti... ¿qué podemos hacer? En Chile mis abuelos rezan por mí y mi padre se aferra al recuerdo poético de una hija espectral, mientras al otro lado de este país Ernesto flota en un mar de ambigüedades sin entender todavía que ya me perdió para siempre. En verdad ya es viudo, pero no podrá llorar por mí o amar a otra mujer mientras mi cuerpo respire en tu casa. El breve tiempo que estuvimos juntos fuimos muy felices, le dejo tan buenos recuerdos que no le alcanzarán los años para agotarlos, dile que no lo abandonaré, nunca estará solo, seré su ángel protector, tal como lo seré para ti. También los veintiocho años que tú y yo compartirnos fueron muy dichosos, no te atormentes pensando en lo que pudo ser y no fue, en lo que debiste hacer de otro modo, en las omisiones y errores... ¡sácate eso de la cabeza! Después de mi muerte estaremos en contacto tal como lo estás con tus abuelos y la Granny, me llevarás por dentro como una constante presencia, acudiré cuando me llames, la comunicación será más fácil cuando no tengas ante ti las miserias de mi cuerpo enfermo y puedas verme de nuevo como en los mejores momentos. ¿Te acuerdas cuando bailábamos un paso doble en las calles de Toledo, saltando sobre los charcos y riéndonos en la lluvia bajo un paraguas negro? ¿Y las caras espantadas de los turistas japoneses que nos tomaban fotos? Así quiero que me veas de ahora en adelante: íntimas amigas, dos mujeres contentas desafiando la lluvia. Sí... tuve una buena vida.... ¡Cómo cuesta desprenderse del mundo! Pero no soy capaz de llevar una existencia miserable por siete años más, como cree el doctor Shima; mi hermano lo sabe y es el único con suficiente coraje para liberarme, yo haría lo mismo por él. Nicolás no ha olvidado nuestra antigua complicidad, tiene las ideas diáfanas y el corazón sereno. ¿Te acuerdas cuando me defendía de las sombras del dragón de la ventana? No imaginas cuántos pecadillos nos tapábamos ni cuánto te engañábamos para protegernos mutuamente, ni las veces que castigaste a uno por las faltas del otro sin que jamás nos acusáramos. No espero que tú me ayudes a morir, nadie puede pedirte eso, sólo que no me retengas más. Dale una oportunidad a Nicolás. ¿Cómo puede darme una mano si tú nunca me dejas sola? Por favor no te aflijas, mamá...
¡Despierta, estás llorando dormida! Oigo la voz de Willie que me llega de muy lejos y me hundo más en la oscuridad sin abrir los ojos para que Paula no desaparezca porque tal vez ésta sea su última visita, tal vez nunca más oiré su voz. Despierta, despierta, es una pesadilla... me sacude mi marido. ¡Espérame! ¡Quiero irme contigo! grito y entonces él enciende la luz y trata de recogerme en sus brazos, pero lo aparto bruscamente porque desde la puerta Paula me sonríe y me hace una señal de adiós con la mano antes de alejarse por el pasillo con su camisa blanca flotando como alas y sus pies descalzos rozando apenas la alfombra. Junto a mi cama quedan sus zapatillas de piel de conejo.
"Mi hermano se describe en su papel de pastor como gerente del sufrimiento, se le van las horas consolando y tratando de ayudar a los sin esperanza, administrando los escasos recursos disponibles para agonizantes, drogados, prostitutas, niños abandonados y otros infelices de la inmensa Corte de los Milagros que es la humanidad, no le alcanza el corazón para tantas penas"
"Pasa largos ratos a solas con Paula, creo que reza a su lado. Ya no apuesta a que sanará, dice que su espíritu es una presencia muy fuerte en la casa, que nos abre caminos espirituales y va barriendo las pequeñeces de nuestras vidas, dejando sólo lo esencial. En su silla de ruedas, con los ojos vacíos, inmóvil y pálida, ella es un ángel que nos entreabre las puertas divinas para que nos asomemos a su inmensidad."
"Estoy perdida, no sé quién soy, trato de recordar quién era yo antes, pero sólo encuentro disfraces, máscaras, proyecciones, imágenes confusas de una mujer que no reconozco." "¿Soy la feminista que creía ser, o soy esa joven frívola que aparecía en televisión con plumas de avestruz en el trasero? ¿La madre obsesiva, la esposa infiel, la aventurera temeraria o la mujer cobarde? ¿Soy la que asilaba perseguidos políticos o la que escapó porque no pudo soportar el miedo? Demasiadas contradicciones... -Eres todo eso y también el samurai que ahora pelea contra la muerte."  "-Peleaba, Juan. Ya estoy vencida."
Tiempos muy duros, han pasado semanas de tanta zozobra que no quiero ver a nadie, apenas puedo hablar, comer o dormir, escribo durante horas interminables. Sigo perdiendo peso. Hasta ahora estaba tan ocupada luchando contra la enfermedad que logré engañarme e imaginar que podía ganar esta batalla de titanes, pero ahora sé que Paula se va, mis afanes son absurdos, está agotada, así me lo repite en sueños por la noche y cuando despierto al amanecer, cuando voy a caminar al bosque y la brisa me trae sus palabras. En apariencia todo sigue más o menos igual, salvo estos mensajes urgentes, su voz cada vez más débil pidiendo ayuda."
"A pesar de todo ha embellecido, las manos y tobillos más finos, el cuello más largo, las mejillas pálidas donde resaltan dramáticas sus largas pestañas negras, su rostro tiene una expresión angélica, como si por fin hubiera expiado las dudas y encontrado la fuente divina que tanto buscó. ¡Qué distinta es a mí! No reconozco nada mío en ella. Tampoco hay algo de mi madre o de mi abuela, excepto los grandes ojos oscuros un poco melancólicos. ¿Quién es esta hija mía? ¿qué azar de cromosomas navegando de una generación a otra en los espacios más recónditos de la sangre y la esperanza determinaron a esta mujer?"
"Este año ha transcurrido con inmensa lentitud, sin embargo no séudónde se me fueron las horas y los días. Necesito tiempo. Tiempo para despejar confusiones, cicatrizar y renovarme. ¿Cómo seré a los sesenta? La mujer que soy ahora no tiene una célula  de la niña que fui, excepto la memoria que persiste y persevera. ¿Cuánto tiempo se requiere para recorrer este oscuro túnel? ¿Cuánto tiempo para volver a ponerme de pie?"
Guardo la carta que Paula dejó sellada en la misma caja de lata donde están las reliquias de la Memé. A menudo la he sacado con reverencia, como un objeto sagrado, imaginando que contiene la explicación que ansío, tentada de leerla, pero también paralizada por un temor supersticioso. Me pregunto por qué una mujer joven, sana y enamorada, escribió en plena luna de miel una carta para ser abierta después de su muerte, qué vio en sus pesadillas...
¿Qué misterios guarda la vida de mi hija? Ordenando fotografías antiguas la reencuentro fresca y vital, siempre abrazada a su marido, su hermano o sus amigos, en todas salvo las de su matrimonio está en bluyines, con una blusa sencilla, el pelo atado con un pañuelo y sin adornos; así debo recordarla, sin embargo esa muchacha risueña ha sido reemplazada por una figura melancólica sumida en la soledad y el silencio. Abramos la carta, me urgió Celia por milésima vez. En los últimos días no he podido comunicarme con Paula, ya no me visita, antes me bastaba entrar a su pieza y desde la puerta adivinaba su sed, sus calambres o los altibajos de la presión y la temperatura, pero ya no puedo adelantarme a sus necesidades. Está bien, abramos la carta, acepté finalmente. Busqué la caja, temblando rompí el sobre, extraje dos páginas escritas con su caligrafía precisa y leí en alta voz. Sus palabras claras nos llegaron desde otro tiempo:
No quiero permanecer atrapada en mi cuerpo. Liberada de él podré acompañar de más cerca a los que amo, aunque estén en los cuatro extremos del planeta. Es difícil explicar los amores que dejo, lo profundo de los sentimientos que me unen a Ernesto, a mis padres, a mi hermano, a mis abuelos. Sé que me recordarán y mientras lo hagan estaré con ustedes. Quiero ser cremada y que repartan mis cenizas en la naturaleza, no deseo lápidas con mi nombre en parte alguna, prefiero quedar en el corazón de los míos y volver a la tierra. Tengo una cuenta de ahorros, úsenla para becar niños que necesiten educarse o comer. Repartan lo mío entre quienes deseen un recuerdo, no hay mucho, en verdad.
Por favor no estén tristes, sigo con todos ustedes, pero más cerca que antes. En un tiempo más nos reuniremos en espíritu, pero por ahora seguiremos juntos mientras me recuerden. Ernesto... te he amado profundamente y lo sigo haciendo; eres un hombre extraordinario y no dudo que también podrás ser feliz cuando yo me vaya. Mamá, papá, Nico, abuelos: ustedes son lo mejor que pudo tocarme como familia. No me olviden y ¡alegren esas caras! Acuérdense que los espíritus ayudamos, acompañamos y protegemos mejor a quienes están contentos. Los amo mucho. Paula.
El invierno ha vuelto, no deja de llover, hace frío y día a día tú decaes. Perdona por haberte hecho esperar tanto, hija... Me he demorado, pero ya no tengo dudas, tu carta es muy reveladora.
Cuenta conmigo, te prometo que te ayudaré, sólo dame un poco más de tiempo. Me siento a tu lado en la quietud de tu cuarto en este invierno que será eterno para mí, las dos solas, tal como tantas veces hemos estado en estos meses, y me abro al dolor sin oponerle ya ninguna resistencia. Apoyo la cabeza en tu regazo y siento los latidos irregulares de tu corazón, el calor de tu piel, el ritmo lento del aire en tu pecho, cierro los ojos y por unos instantes imagino que simplemente estás dormida. Pero la tristeza me revienta por dentro con fragor de tempestad y se moja tu camisa con mis lágrimas, mientras un aullido visceral, que nace en el fondo de la tierra y sube por mi cuerpo como una lanza, me llena la boca. Me aseguran que no sufres. ¿Cómo lo saben? Tal vez has terminado por acostumbrarte a la armadura de hierro de la parálisis y no recuerdas cómo era el sabor de un durazno o el placer simple de pasarse los dedos por el pelo, pero tu alma está atrapada y quiere liberarse. Esta obsesión no me da tregua, comprendo que he fallado en el desafío más importante de mi existencia. ¡Basta! Mira el despojo que queda de ti, hija, por Dios... Esto es lo que viste en la premonición de tu luna de miel, por eso escribiste la carta. Paula ya es santa, está en el cielo, el sufrimiento la ha lavado de todos los pecados, me dice Inés, la cuidadora salvadoreña, la que está marcada de cicatrices, la que te mima como a un bebé. ¡Cómo te cuidamos! No estás sola de día ni de noche, cada media hora te movemos para mantener la poca flexibilidad que aún te queda, vigilamos cada gota de agua y cada gramo de tu alimento, recibes las medicinas a las horas exactas, antes de vestirte te bañamos y te damos masajes con bálsamos para fortalecer la piel. Es increíble lo que han conseguido, en ningún hospital estaría tan bien, dice la doctora Forrester. Durará siete años, predice el doctor Shima. ¿Para qué tanto afán? Eres como labella durmiente del cuento en su urna de cristal, sólo que a ti no te salvará el beso de un príncipe, nadie puede despertarte de este sueño definitivo. Tu única salida es la muerte, hija, ahora me atrevo a pensarlo, a decírtelo y a escribirlo en mi cuaderno amarillo. Llamo a mi fornido abuelo y a mi abuela clarividente para que te ayuden a cruzar el umbral y nacer al otro lado, llamo sobre todo a la Granny, tu abuela de ojos transparentes, la que murió de pena cuando tuvo que separarse de ti, la llamo para que venga con sus tijeras de oro a cortar el hilo firme que te mantiene unida al cuerpo. Su retrato -todavía joven, con una sonrisa apenas insinuada y mirada líquida- está cerca de tu cama, como están los de los otros espíritus tutelares. Ven Granny, ven a buscar a tu nieta, le suplico, pero temo que no vendrá ella ni ningún otro fantasma a aliviarme de este cáliz de congoja. Estaré sola junto a ti para llevarte de la mano hasta el umbral mismo de la muerte y si es posible lo cruzaré contigo.
¿Puedo vivir por ti? ¿Llevarte en mi cuerpo para que existas los cincuenta o sesenta años que te robaron? No es recordarte lo que pretendo, sino vivir tu vida, ser tú, que ames, sientas y palpites en mí, que cada gesto mío sea un gesto tuyo, que mi voz sea tu voz. Borrarme, desaparecer para que tomes posesión de mí, hija, que tu incansable y alegre bondad sustituya por completo mis añejos temores, mis pobres ambiciones, mi agotada vanidad. Gritar hasta el último aliento, desgarrarme la ropa, arrancarme el pelo a puñados, cubrirme de ceniza, así quiero sufrir este duelo, pero llevo medio siglo practicando reglas de buen comportamiento, soy experta en negar la indignación y aguantar el dolor, no tengo voz para gritar. Tal vez los médicos se equivocan y las máquinas mienten, tal vez no estás del todo inconsciente y te das cuenta de mi ánimo, no debo agobiarte con mi llanto. Me estoy ahogando de pena contenida, salgo a la terraza y el aire no me alcanza para tantos sollozos y la lluvia no me alcanza para tantas lágrimas. Entonces tomo el automóvil y me alejo del pueblo rumbo a los cerros, y casi a ciegas llego al bosque de mis paseos, donde tantas veces me he refugiado a pensar a solas. Me interno a pie por los senderos que el invierno ha vuelto inservibles, corro tropezando con ramas y pedruscos, abriéndome paso en la humedad verde de este amplio espacio vegetal similar a los bosques de mi infancia, aquellos que atravesé en una mula siguiendo los pasos de mi abuelo. Voy con los pies embarrados y la ropa empapada y el alma sangrando, y cuando oscurece y ya no puedo más de tanto andar y tropezar y resbalar y volver a levantarme y seguir trastabillando, caigo finalmente de rodillas, me tironeo de la blusa, saltan los botones y con los brazos en cruz y el pecho desnudo grito tu nombre, hija. La lluvia es un manto de oscuro cristal y las nubes sombrías asoman entre las copas de los negros árboles y el viento me muerde los senos, se mete en mis huesos y me limpia por dentro con sus helados estropajos. Hundo las manos en el fango, cojo tierra a puñados y me la llevo a la cara, a la boca, masco grumos salados de lodo, aspiro a bocanadas el olor ácido del humus y el aroma medicinal de los eucaliptus. Tierra, acoge a mi hija, recíbela, envuélvela, diosa madre tierra, ayúdanos, le pido y sigo gimiendo en la noche que se me viene encima, llamándote, llamándote. Por allá lejos pasa una bandada de patos salvajes y se llevan tu nombre hacia el sur. Paula, Paula...
EPÍLOGO
Navidad de 1992
En la madrugada del domingo 6 de diciembre, en una noche prodigiosa en que se descorrieron los velos que ocultan la realidad, murió Paula. Eran las cuatro de la madrugada. Su vida se detuvo sin lucha, ansiedad ni dolor, en su tránsito sólo hubo paz y el amor absoluto de quienes la acompañábamos. Murió sobre mi regazo, rodeada por su familia, por los pensamientos de los ausentes y los espíritus de sus antepasados que acudieron en su ayuda. Murió con la misma gracia perfecta que hubo en todos los gestos de su existencia.
Desde hacía un tiempo yo presentía el final; lo supe con la misma certeza inapelable con que desperté un día de 1963 segura que desde hacía tan sólo algunas horas había una hija gestándose en mi vientre. La muerte vino con paso leve. Los sentidos de Paula fueron clausurándose uno a uno en las semanas anteriores, creo que ya no oía, estaba casi siempre con los ojos cerrados, no reaccionaba cuando la tocábamos o la movíamos. Se alejaba inexorablemente. Escribí una carta a mi hermano describiendo esos síntomas imperceptibles para los demás, pero evidentes para mí, anticipándome con una rara mezcla de angustia y alivio. Juan me contestó con una sola frase: estoy rezando por ella y por ti.
Separarme de Paula era un tormento insufrible, pero peor me resultaba verla agonizar despacio durante los siete años pronosticados por los palitos del I Ching. Aquel sábado llegó Inés temprano y preparamos los baldes de agua para bañarla y lavarle el cabello, su ropa del día y sábanas limpias, como hacíamos cada mañana. Cuando nos disponíamos a desnudarla notamos que estaba sumida en un sopor anormal, como un desmayo, lacia, con una expresión de infante, como si hubiera regresado a la edad inocente en que cortaba flores en el jardín de la Granny. Entonces adiviné que estaba lista para su última aventura y en un instante bendito la confusión y el terror de este año de quebrantos desaparecieron, dando paso a una diáfana tranquilidad. Váyase, Inés, quiero estar sola con ella, le pedí. La mujer se arrojó sobre Paula besándola, llévate mis pecados contigo y trata de que allá arriba me los perdonen, suplicaba, y no quiso irse hasta que le aseguré que ella la había escuchado y estaba dispuesta a servirle de correo. Fui a avisar a mi madre, quien se vistió de prisa y bajó a la habitación de Paula. Quedamos las tres solas, acompañadas por la gata instalada en un rincón con sus inescrutables pupilas de ámbar fijas en la cama, esperando. Willie hacía las compras del mercado y Celia y Nicolás no vienen los sábados, ese día asean su apartamento, así es que calculé que disponíamos de muchas horas para despedirnos sin interrupciones. Sin embargo mi nuera despertó esa mañana con un presentimiento y sin decir palabra dejó a su marido a cargo de las tareas domésticas, tomó a los dos niños y vino a vernos. Encontró a mi madre a un lado de la cama y a mí al otro, acariciando a Paula en silencio. Dice que apenas entró al cuarto percibió la inmovilidad del aire y la luz delicada que nos envolvía y comprendió que había llegado el momento tan temido y al mismo tiempo deseado. Se sentó junto a nosotras, mientras Alejandro jugaba con sus carritos en la silla de ruedas y Andrea dormitaba sobre la alfombra aferrada a su pañal. Un par de horas más tarde llegaron Willie y Nicolás y tampoco ellos necesitaron explicaciones. Encendieron fuego en la chimenea y pusieron la música preferida de Paula, conciertos de Mozart, Vivaldi, nocturnos de Chopin. Debemos llamar a Ernesto, decidieron, pero su teléfono en Nueva York no contestaba y calculamos que todavía venía volando desde la China y sería imposible ubicarlo.
Las últimas rosas de Willie empezaron a deshojarse sobre la mesa de noche entre frascos de medicinas y jeringas. Nicolás salió a comprar flores y regresó poco después con brazadas de ramos silvestres como los que Paula escogió para su boda; el aroma de tuberosa y lirios se repartió suavemente por toda la casa mientras las horas, cada vez más lentas, se enredaban en los relojes.
A media tarde se presentó la doctora Forrester y confirmó que algo había cambiado en el estado de la enferma. No detectó fiebre ni signos de dolor, los pulmones estaban despejados, tampoco se trataba de otro ataque de porfiria, pero la complicada maquinaria de su organismo funcionaba apenas. Parece un derrame cerebral, dijo, y sugirió llamar una enfermera y conseguir oxígeno, en vista que habíamos acordado desde un principio que no la llevaríamos más a un hospital, pero me negué. No fue necesario discutirlo, todos en la familia estábamos de acuerdo en no prolongar su agonía, sólo aliviarla. La doctora se instaló discretamente cerca de la chimenea a esperar, atrapada también en la magia de esa noche única. Qué simple es la vida, al final de cuentas... En este año de suplicios renuncié poco a poco a todo, primero me despedí de la inteligencia de Paula, después de su vitalidad y su compañía, finalmente debía separarme de su cuerpo. Todo lo había perdido y mi hija se iba, pero en verdad me quedaba lo esencial: el amor. En última instancia lo único que tengo es el amor que le doy.
Por los grandes ventanales vi el cielo oscurecerse. A esa hora la vista desde el cerro donde vivimos es extraordinaria, el agua de la bahía se torna de un color acero fosforescente y el paisaje adquiere relieve de sombras y luces. Al caer la noche los niños agotados se durmieron en el suelo tapados con una manta y Willie se afanó en la cocina preparando algo de cenar, recién entonces caímos en cuenta que no habíamos comido en todo el día. Volvió poco después con una bandeja y la botella de champaña que teníamos reservada desde hacía un año para el momento en que Paula despertara en este mundo. No pude probar bocado, pero brindé por mi hija, para que despertara contenta a otra vida.
Encendimos velas y Celia tomó la guitarra y cantó las canciones de Paula, tiene una voz profunda y cálida que parece surgir de la tierra misma y que siempre conmovía a su cuñada. Canta para mí sola, le pedía a veces, cántame bajito. Una lucidez gloriosa me permitió vivir esas horas a plenitud, con la intuición despejada y los cinco sentidos y otros cuya existencia desconocía alertas. Las llamas cálidas de las velas alumbraban a mi niña, su piel de seda, sus huesos de cristal, las sombras de sus pestañas, durmiéndose para siempre. Abrumadas por la intensidad del cariño hacia ella y la dulce camaradería de las mujeres en los ritos fundamentales de la existencia, mi madre, Celia y yo improvisamos las últimas ceremonias, lavamos su cuerpo con una esponja, la frotamos con agua de colonia,la vestimos con ropa abrigada para que no tuviera frío, le pusimos sus zapatillas de piel de conejo y la peinamos.
Celia colocó entre sus manos las fotografías de Alejandro y Andrea: cuida a tus sobrinos, le pidió. Escribí los nombres de todos nosotros en un papel, traje los azahares de novia de mi abuela y una cucharita de plata de la Granny y también se los puse sobre el pecho, para que los llevara de recuerdo, junto al espejo de plata de mi abuela, porque pensé que si me había protegido durante cincuenta años, seguro podía ampararla a ella en ese último trayecto. Paula se había vuelto de ópalo, blanca, transparente... ¡tan fría! La frialdad de la muerte proviene de las entrañas, como una hoguera de nieve ardiendo por dentro; al besarla el hielo quedaba en mis labios, como una quemadura.
Reunidos en torno a la cama repasamos antiguas fotografías e hicimos memoria del pasado más alegre, desde el primer sueño en que Paula se me reveló mucho antes de nacer, hasta su cómico arrebato de celos cuando Celia y Nicolás se casaron; celebramos los dones que nos dio durante su vida y cada uno de nosotros se despidió de ella y rezó a su manera. A medida que transcurrían las horas algo solemne y sagrado llenó el ámbito, tal como ocurrió al nacer Andrea en esa misma habitación; ambos momentos se parecen mucho, el nacimiento y la muerte están hechos del mismo material.
El aire se volvió más y más quieto, nos movíamos con lentitud para no alterar el reposo de nuestros corazones, nos sentíamos colmados por el espíritu de Paula, como si fuéramos uno solo, no había separación entre nosotros, la vida y la muerte se unieron. Por algunas horas experimentamos la realidad sin tiempo ni espacio del alma.
Me introduje en la cama junto a mi hija sosteniéndola contra mi pecho, como hacía cuando ella era pequeña. Celia quitó a la gata y acomodó a los dos niños dormidos para que con sus cuerpos calentaran los pies de su tía. Nicolás tomó a su hermana de la mano, Willie y mi madre se sentaron a los lados rodeados de seres etéreos, de murmullos y tenues fragancias del pasado, de duendes y apariciones, de amigos y parientes, vivos y muertos. Toda la noche aguardamos despacio, recordando los momentos duros, pero sobre todo los felices, contando historias, llorando un poco y sonriendo mucho, honrando la luz de Paula que nos alumbraba, mientras ella se hundía más y más en el sopor final, su pecho alzándose apenas en aleteos cada vez más lentos. Su misión en este mundo fue unir a quienes pasaron por su vida y esa noche todos nos sentimos acogidos bajo sus alas siderales, inmersos en ese silencio puro donde tal vez reinan los ángeles. Las voces se convirtieron en murmullos, el contorno de los objetos y los rostros de la familia comenzaron a esfumarse, las siluetas se mezclaban y confundían, de pronto me di cuenta que éramos más, la Granny estaba allí con su vestido de percala, su delantal manchado de mermelada, su olor fresco de ciruelas y sus grandes ojos de añil claro; el Tata con su boina vasca y su tosco bastón se había instalado en una silla cerca de la cama; a su lado distinguí una mujer pequeña y delgada de rasgos gitanos, que me sonreía cuando se cruzaban nuestras miradas, la Memé, supongo, pero no me atreví a hablarle para que no se desvaneciera como un tímido espejismo. Por los rincones de la pieza creí ver a la Abuela Hilda con su tejido en las manos, a mi hermano Juan orando junto a las monjas y los niños del colegio de Madrid, a mi suegro todavía joven, a una corte de ancianos benevolentes de la residencia geriátrica que Paula visitaba en su infancia. Poco después la mano inconfundible del tío Ramón se posó en mi hombro y oí nítidamente la voz de Michael y vi a mi derecha a Ildemaro mirando a Paula con la ternura que reserva para ella.
Sentí la presencia de Ernesto materializándose a través del vidrio del ventanal, descalzo, vestido con su ropa de aikido, una sólida figura blanca que entró levitando y se inclinó sobre la cama para besar a su mujer en los labios. Hasta pronto, mi chica bella, espérame al otro lado, dijo, y se quitó la cruz que siempre lleva colgada y se la puso a ella en el cuello. Entonces le entregué el anillo de matrimonio, que yo había llevado durante un año exactamente, y él lo deslizó en su dedo como el día en que se casaron. Volví a encontrarme en la torre en forma de silo poblada de palomas de aquel sueño premonitorio en España, pero mi hija ya no tenía doce años, sino veintiocho bien cumplidos, no vestía su abrigo a cuadros sino una túnica blanca, no llevaba el pelo atado en media cola sino suelto a la espalda. Comenzó a elevarse y yo subí también colgada de la tela de su vestido. Escuché de nuevo la voz de la Memé: No puedes ir con ella, ha bebido la poción de la muerte.... Pero me impulsé con mis últimas fuerzas y logré aferrarme de su mano, dispuesta a no soltarla, y al llegar arriba vi abrirse el techo y salimos juntas. Afuera amanecía, el cielo estaba pintado con brochazos de oro y el paisaje extendido a nuestros pies refulgía recién lavado por la lluvia. Volamos sobre valles y cerros y descendimos por fin en el bosque de las antiguas secoyas, donde la brisa soplaba entre las ramas y un pájaro atrevido desafiaba al invierno con su canto solitario. Paula me señaló el arroyo, vi rosas frescas tiradas en la orilla y un polvo blanco de huesos calcinados en el fondo y oí la música de millares de voces susurrando entre los árboles. Sentí que me sumergía en esa agua fresca y supe que el viaje a través del dolor terminaba en un vacío absoluto. Al diluirme tuve la revelación de que ese vacío está lleno de todo lo que contiene el universo. Es nada y es todo a la vez. Luz sacramental y oscuridad insondable. Soy el vacío, soy todo lo que existe, estoy en cada hoja del bosque, en cada gota de rocío, en cada partícula de ceniza que el agua arrastra, soy Paula y también soy yo misma, soy nada y todo lo demás en esta vida y en otras vidas, inmortal.
Adiós, Paula, mujer.
Bienvenida, Paula, espíritu.

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