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2 jun. 2010

Isabel Allende Premio Nacional de Literatura, Chile te lo debe Isabel ojala al fin te lo den y se dejen de tanta critica...

¿Isabel Allende para el Premio Nacional de Literatura? Ampuero a favor, De la Parra lo rechaza

Martes 1 de Junio de 2010

Fuente :La Segunda

Roberto Ampuero y Marco Antonio de la Parra discrepan en "La Segunda" sobre la posibilidad que la escritora gane el Premio Nacional de Literatura

Ampuero: "Es hora de superar el Machismo"

Pese a sus intenciones, Roberto Ampuero no puede estar completamente conectado a Chile. Sus tareas académicas en Iowa y su compromiso con un nuevo libro, que por estos días escribe en Berlín, lo han obligado a tomar cierta distancia con los aconteceres de este lado del planeta. Es por esto que renunció al Consejo de la Cultura a través de una carta que le envió al Presidente desde Estados Unidos el 13 de mayo.

Pero la distancia no lo priva de opinar apasionadamente sobre la próxima entrega del Premio Nacional, galardón que lo llevó a escribir una columna en defensa de la escritora Isabel Allende.

“Se está cometiendo una injusticia con ella, la más universal de los chilenos, por el solo hecho de que tiene éxito planetario y carece de lobby local. Para algunos en Chile el éxito es imperdonable”, acusa el escritor, quien ve algo de machismo detrás de las elecciones de este reconocimiento literario.

“Confío que a partir de este Bicentenario se acabe con la discriminación en el Premio Nacional. No puede ser que en setenta años sólo tres mujeres lo hayan obtenido. Es hora de superar el machismo y darle el Premio Nacional a Isabel. Ella es una autora con una obra sólida, prestigio internacional incomparable y un exorbitante número de lectores en el mundo”.

Por estos días, Ampuero tiene también puestos sus ojos en Chile debido a la reedición de “Los amantes de Estocolmo” (Editorial Norma), el libro más vendido en nuestro país en el 2003, año de su publicación.

“La nueva edición muestra la vigencia de esta historia sobre celos, infidelidad e incomunicación de una pareja moderna, cosmopolita.

Pienso que se la sigue leyendo porque aborda un tema tabú en nuestra sociedad”, analiza el autor. Para él, la importancia del libro radica en que contribuyó en su momento a abordar el tema del engaño conyugal. Pero es más que eso. En 310 páginas, la obra coquetea también con el género policial y la crítica política.

—Uno de los personajes dice que Chile es un país carrusel porque siempre gira en el mismo lugar. ¿Sigue siendo así?

—Me angustia que Chile siga siendo un país carrusel que no alcanza el desarrollo en espiral, donde los problemas y las caras se repiten en exceso. Esto lo alimentan la falta de movilidad social y el clasismo.

—¿Quién te gustaría que protagonizara la adaptación de la novela en el caso hipotético de que fuera llevada al cine?

—Jajaja. El actor ideal es Richard Gere ¿o no?

De la Parra: "No doy mi voto a Isabel Allende" (columna)

Confieso haberme entretenido mucho con la ISABEL ALLENDE periodista y sus cartas a los trogloditas. Cuando apareció “La casa de los espíritus” compré una de sus primeras ediciones y me divertí muchísimo en sus dos primeros tercios, sufriendo la lenta captura del tedio hacia el final de la novela. Hay quienes aseguran haber vivido lo contrario y sentirse molestos por estar leyendo un subproducto “garciamarquiano”, alegrándose al final de cierta referencia política a la situación chilena.

Luego me aburrí soberanamente con “De amor y de sombra” y, a partir de dos o tres visitas a libros posteriores, me di cuenta de que la literatura de Isabel Allende no era lo mío.

Confieso que, a raíz de su éxito, alguna vez intenté de nuevo la aventura de leerla, volviendo a tener que aceptar que entre ella y yo no existía ese amor, esa pasión que despierta la gran literatura o lo que yo modestamente pueda sentir así.

Ha tenido éxito mundial y un reconocimiento gigantesco, pero estoy tan lejos de la posibilidad de que premien a la Isabel Allende que me parecería un gesto de demagogia y la confusión inútil entre ser una superventa y ser una autora de alta calidad literaria.

No es la misión de un premio como el Premio Nacional de Literatura consagrar a quien ha consagrado el mercado, sólo el mercado y para el mercado.

No existe un mundo propio, una aventura escritural, una propuesta distinta en la obra de Isabel Allende.

Sencillamente mancharía el premio y anotaría un punto en contra de la posibilidad de tener un galardón que esquive la mera figuración del éxito y considere incluso a quien puede que haya vendido poco y pueda ser hasta un desconocido, pero marque con su obra un hito en la historia de la literatura.

Premiar a Isabel Allende, tan amena ella, tan vendedora, es como premiar a JK Rowking, un sinsentido absoluto. Sería dejar fuera a poetas grandiosos que hace mucho rato esperan su bendición y novelistas en pleno cuarto creciente. Sería como imaginarse el Nobel premiando a Dan Brown. No corresponde, no es la idea mercadotécnica de la literatura, sino la consideración profunda, de pares que leen y piensan en el futuro y el patrimonio literario.

Se puede vivir sin leer jamás a Isabel Allende y eso no es enojarse con ella.

Hay muchos autores prescindibles y no por eso menos escritores, pero el Premio Nacional debe destacar algo que los demás quizás no vean, algo que cueste distinguir, algo que sea difícil considerar.

Oscar Hahn es poeta y breve y tremebundo, por dar un solo nombre entre los candidatos.

¿La poesía, jamás best seller, va a quedar eliminada para siempre? ¿El Me hace temblar esta apuesta allendista, rompe con el canon donde no figura bajo ninguna lengua que no sea la de cierto feminismo mal entendido.

¿Protestarán si premian a la Diamela Eltit porque le leen poco y la entienden menos? Sin embargo, su obra, por hermética que sea, es luz para muchos autores posteriores y es marca y sangre de tiempos duros y de una percepción espiritual y emocional distinta.

No doy mi voto a Isabel Allende y tiemblo ante el voto favorable de figuras reconocidas que la han colocado en lo más alto de nuestro panteón.

Mal signo sería su coronación, el equívoco del postboom y la venganza final de los iletrados, y perdón con los letrados que dicen admirarla. No es mi caso ya; tal vez soy yo el analfabeto de una época difícil.
Pero Dios nos pille confesados si se abre tal premiación hacia valores espurios sub o paraliterarios.

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