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31 may. 2010

Isabel Allende: “Todos somos supervivientes”

Isabel Allende: “Todos somos supervivientes”

Autor: MARIO SIERRA
Ahí están los libros de Stieg Larsson, la trilogía Millenium, imbatibles a la cabeza de los más vendidos. Y haciéndoles frente, Isabel Allende, metro cincuenta de mujer infinita que se encuentra a pocos ejemplares de romper el triunvirato Larsson con su última obra: “La isla bajo el mar” (Plaza & Janés). Ella escribe y millones de fieles corren a recogerse bajo el ala de esta matriarca generosa. “Siempre que te leo siento en el pecho un impulso que bombea felicidad a mis venas”, le dice un fan. Y a Isabel se le arrebolan las mejillas.

Nació en una época sin televisión. Se crió en la cocina zapeando entre radionovelas y las historias de abuelas videntes y tías telequinésicas que le contaba su mamá. La misma madre, doña Panchita, que años después recorrería editoriales y agentes hasta que Carmen Balcells vio en “La casa de los espíritus” el libro inmortal que luego fue. Más tarde llegarían otros muchos, hasta éste último, uno de los que más le han dolido. No le hizo bien a su alma descubrir las atrocidades que se cometían con los esclavos en el siglo XVIII. “La de Haití, el país más pobre de América, fue la peor forma de esclavitud imaginable. Los explotaban a muerte. Los alimentaban con algo peor que comida de perro podrida. Ni siquiera tenían hijos: no sobrevivían lo suficiente”, explica. Isabel estuvo enferma durante todo el proceso. Fue su marido, William, el que se dio cuenta “de que era por culpa del libro. Me decía: “Te pondrás bien en cuanto lo acabes”. Así fue”.

MUJER HOY. En la historia de la esclava Zarité vuelve a reunir sus principales obsesiones: la libertad, el exilio, la magia, la familia y las mujeres. Otra vez ellas, fuertes y apasionadas.

ISABEL ALLENDE. Es que los personajes femeninos débiles son fastidiosos. ¿Quién va a poner eso en una novela? Nadie. En todos mis libros hay mujeres fuertes porque así somos.

MH. Estos personajes son la energía que sacan la historia adelante. ¿Cómo se le ocurrió escribir este libro?

IA. En 2005, en mi tercera visita a Nueva Orleans, me enamoré de la ciudad y descubrí que su carácter se lo dio una ola de refugiados que llegaron durante el siglo XVIII: colonos franceses que escaparon de la actual Haití cuando triunfó la rebelión de los esclavos. Llegaron a miles, con sus familias blancas, sus concubinas negras y sus hijos mulatos. La esclavitud no es un tema pasado de moda. Hoy en día hay más esclavos que nunca: 27 millones de personas.

MH. ¿En la rebeldía de Zarité se aprecia la suya?

IA. Imagínate: nací en el Chile de los años cuarenta, en una familia católica, conservadora y patriarcal. Mi abuelo era como Dios y mi mamá era una víctima. Yo nunca quise ser como ella, quería ser como mi abuelo, mandar sobre mí misma, tener dinero. Las cosas han cambiado, pero las mujeres todavía tenemos que hacer el doble de esfuerzo para obtener la mitad de reconocimiento.

MH. ¿También en la literatura?

IA. Por supuesto. Si “El amor en los tiempos del cólera”, uno de los libros más maravillosos de Gabriel García Márquez, lo hubiera escrito una mujer, quizá lo hubieran tachado de romántico y femenino. Muchas han rebajado el nivel sentimental de sus libros por temor a que los críticos las tacharan de blandas.

MH. Y usted, ¿se ha censurado alguna vez para que no parezca que escribe sólo para mujeres?

IA. No. Yo me autocensuro en otras cosas. Por ejemplo, ni te imaginas todo lo que leí y aprendí sobre torturas a los esclavos durante la investigación para “La isla bajo el mar”. Es inimaginable lo que les hacían. Y en eso sí, en eso me siento responsable de no hacer daño.

MH. ¿En qué sentido?

IA. ¿Tú has leído “American Psycho”? [la novela de Breat Easton Ellis, de 1991, que narra la vida de un yuppie de Mahattan que asesina de forma psicótica y ritual a las mujeres]. Yo no habría publicado jamás algo así. ¿Para qué le voy a meter ideas a todos los locos que andan sueltos por ahí? Eso sí, voy al detalle cuando se trata de sexo.

MH. ¿Y eso?
IA. No quiero que aprendan de torturas, pero sí de sexo [risas].

MH. Hay quien sostiene que las mujeres escriben las escenas sexuales de otra manera.
IA. El mayor afrodisíaco para la mujer es la intimidad, el tiempo que pasamos con la otra persona, ese espacio para el amor. Un tipo en pelotas en las páginas centrales de una revista no nos excita, no nos funciona el hombre como objeto.

MH. ¿Eso se nota en la literatura?

IA. Ahora en Estados Unidos se publican pequeños cuentos eróticos. Nosotras queremos que los encuentros sexuales tengan una historia, no que vengan a entregarte la pizza y te violen en la cocina.

MH. Eso me recuerda a un chiste: ¿Por qué las mujeres no ven porno? Pues porque al final no hay boda.

IA. [Risas] Es buenísimo. El otro día, en un congreso sobre mujeres e igualdad, una chica leyó un poema. Empezaba con que las mujeres tenemos derecho al orgasmo, y de ahí, para adelante. Pero eso, como mínimo.

MH. Es la escritora en castellano más leída del mundo, sin embargo, sus compañeros de profesión no la han tratado demasiado bien.

IA. Me da rabia que cuando se habla de literatura a secas se asume que está escrita por un hombre blanco. Y todo lo demás necesita adjetivos: literatura infantil, literatura china, literatura femenina... Mucha crítica es terriblemente machista. Siendo mujer es más difícil ser publicada, ser tenida en serio, ser estudiada en las universidades.

MH. Sin embargo, usted lo ha logrado, ha triunfado en su oficio. ¿Y en la vida?

IA. Soy feliz con lo que tengo: un buen matrimonio, que es una cosa rara.

MH. ¿Y cómo sobrevive el matrimonio a una mujer tan feminista e independiente?

IA. Porque Willie es un hombre fuerte que nunca se siente inferior por mi éxito. Tenemos respeto y espacio. Nos encontramos en lo que nos gusta compartir y nos encanta estar juntos. Estoy convencida que si yo me muero mañana, él me echará de menos, pero no se va a desesperar. Tiene su propia vida y todo lo necesario para ser la persona que siempre ha sido.

MH. ¿Y el romanticismo?

IA. ¿Te puedes creer que no puedo llevarlo a ver una película sentimental porque llora? Pero al mismo tiempo, si salimos del cine y alguien está intentando robarle el coche, es capaz de ir a por él y matarlo. El contraste es brutal.

MH. Entonces le pidió matrimonio en un momento romántico.

IA. No. No. ¡Cómo se te ocurre! ¡Le pedí yo en matrimonio! Él iba corriendo espantado, y yo lo agarré por detrás. Yo estaba en plena gira de promoción. Vino a verme y me invitó a comer. Dos días seguidos. Luego regresé a Venezuela y le conté a mi hijo que había conocido un gringo que me había gustado. No sabía ni su apellido. Y mi hijo me dijo: “Mamá, ¿Por qué no vas a pasar una semana con él y te lo quitas de la cabeza?”.

MH. ¡Qué maravilla de hijo!

IA. Así que le mandé un fax, y creo que recibió la noticia horrorizado [risas]. La semana se convirtió en seis meses, y me caducaba la visa para residir en EE.UU. Le dije que tendría que casarse conmigo para que pudiera quedarme, y me contestó que no servía para eso. Le dí un ultimátum: “Tienes hasta mañana a las doce”. A las doce menos cuarto, dijo: “Venga, vale, me caso”. Y ocurrió. Se transformó y se volvió un entusiasta de nuestro matrimonio. Según yo hemos estado varias veces a punto de divorciarnos. Él dice que jamás, que son ideas mías de escritora que se inventa argumentos.

MH. Willie y usted han superado la muerte de dos hijos.

IA. Cuando Paulita enfermó estábamos en Madrid. Durante cinco meses, Willie venía de California cada dos semanas sólo para pasar la noche del sábado conmigo. Y cuando nos llevamos a Paula a casa, nunca se quejó. Nunca dijo “se me jodió la vida, ahora tengo que hacerme cargo de esta chica, mi mujer no me hace ni caso, no quiere acostarse conmigo”. Un año después de fallecer Paula, murió su hija. De sobredosis, aunque no sabemos si fue un asesinato. Esos terribles años los superamos con suerte, terapia y mucho amor.

MH. Pero alguna pelea habrá.

IA. Claro que sí. Pero después se nos pasa. Willie dice que eso no son peleas, que peleas son lo que tiene él en los juzgados, que lo que nosotros hacemos es intercambiar opiniones, ¡pero si yo estoy a punto de asesinarlo!

MH. En “La casa de los espíritus” cuenta la historia de su familia. ¿Usted ve fantasmas como su abuela Clara?

IA. Estoy convencida de que hay más de lo que podemos explicar. Yo no hago espiritismo, pero los sueños me ayudan mucho cuando tengo que tomar una decisión y estoy confundida. A veces son como una alarma. O me cuentan un personaje, como Zarité, la protagonista de mi última novela.

MH. Quizá por eso sus personajes sufren tanto.

IA. Yo no sé si podría escribir una historia sobre señoras en un barrio americano, que tienen problemas pero no tragedia. Porque todos somos supervivientes de pérdidas, dolores, separaciones… de mucha angustia. Que podamos reírnos y amar habla de la maravilla que es la fortaleza humana.

MH. Y en ese proceso de supervivencia, ¿cómo ayudan los libros?

IA. Nos hacen más humanos. Descubrimos que no estamos solos, que otra gente siente como nosotros, se enamora, ama, quiere, odia y tiene los mismos miedos que nosotros. No estamos solos. Y esa es la maravilla de la literatura.

GRIPE A, FEMINISMO Y SOLIDARIDAD

• Durante la conversación, la autora tose varias veces. No puedo evitar comentarle que hace unos días se habló de que tenía la gripe A. “Sí, la pasé. Pero fue muy leve. Los médicos dicen que los nacidos antes del año 50 toleramos mejor esta gripe, porque se parece en algo a una cepa que pasamos de pequeños”, explica.

• Isabel Allende aterriza en Madrid tras pasar por un congreso de mujeres en Nueva York. Está entusiasmada: “¿Sabes que incluso somos diferentes en la manera en la que donamos dinero? Ellos sostienen las grandes instituciones: así tienen notoriedad. Las mujeres prefieren donativos anónimos en pequeñas cosas que mejoran la vida de los demás”.

ISABEL EN CIFRAS

• 8 de enero. Es la fecha en la que comienza a escribir sus obra. Sólo una vez se saltó este sistema “y la jodí”, afirma. En su última novela la magia de este ritual empezó a funcionar cuanto soñó a la protagonista.

• 13 novelas. Isabel Allende ha tocado todos los estilos literarios. Además de sus novelas, algunas de ellas dirigidas al público juvenil, ha escrito un libro de memorias, varios cuentos y tres obras de teatro.

• 21 años casada. Más de dos décadas unen a Allende con su “gringo”: “Alguien que no tiene nada en común conmigo. Venimos de mundos tan diferentes que a veces lo veo y pienso: “¿Quién es ese señor?”.

• 1982, el éxito. Fue el año de publicación de “La casa de los espíritus” y del comienzo de una carrera fulgurante. De hecho, esta novela ha sido escogida por el time como una de los mejores de los últimos 60 años.

• 27 idiomas. La autora nacida en Lima, pero de nacionalidad chilena, ha vendido más de 51 millones de ejemplares de sus novelas que, además, han sido traducidas a más de 27 idiomas.


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