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21 ene. 2010

Isabel Allende, conócela en 9 claves

Acaba de cumplir 50 años trabajando: empezó a escribir a los 17 y ahora, a los 67, se ha ganado el derecho a una jubilación. Sin embargo, esta inquieta, vital y encantadora mujer no da tregua: “Ya no necesito trabajar para vivir... económicamente, pero mantengo a mucha gente, mi trabajo me conserva viva y sana; si no escribiera más, me volvería loca. Además, mientras estoy encerrada en mi ratonera, no molesto a nadie”, ironiza la escritora chilena. Sigue igual de combativa y feminista que en su juventud: “Cuando una pasa de los 60, ya no hay que tener miedo a nada; no me he relajado, pero ahora ya no pierdo el tiempo en batallas inútiles: solo intento convencer a los jóvenes; a los viejos conservadores, ni me tomo la molestia.”

¿Su batalla más inmediata? “Hay que desmilitarizar el mundo. En Estados Unidos, la mitad de los hogares tienen armas debajo de la cama. Las mujeres jóvenes deben luchar por resolver los confl ictos por medios pacíficos.” A raíz de su última novela, ‘La isla bajo el mar’, descubrió que hay 27 millones de esclavos en el mundo –muchos de ellos, niños–, por eso se ha implicado con la ONG internacional Free the Slaves (www.freetheslaves. net) para acabar con la esclavitud infantil.

Nuevo libro
“Me lleva años madurar una historia”
La semilla del libro surgió en 2005, mientras se documentaba para ‘El Zorro’: “Se necesitan años para que las ideas se asienten; te persiguen hasta que sientes una necesidad tan grande de contarla, que no te queda otra salida que hacerlo.”

“Enfermé al investigar la esclavitud”
Al documentarse sobre el mundo de la esclavitud para escribir este último libro, cayó enferma del estómago durante dos años: la deshumanización y la crueldad hicieron mella en su cuerpo. “Tengo muchos sueños y reacciones físicas al escribir, porque me meto mucho en mis personajes.”

Su universo...
“Me confunden con mi prima, la hija de Salvador Allende”
Mucha gente la confunde con la hija de Salvador Allende, que también se llama Isabel y que es comunista: “El FBI debe de tener un archivo así de grande sobre mí, con todo lo que hace mi prima.” Nunca escribiría la biografía de Salvador: “Soy de novela; si no puedo mentir, estoy frita.”

“Cada 8 de enero empiezo un libro”
En 1981 recibió la noticia de que su abuelo, al que adoraba, se moría. Era el 8 de enero, y la carta que comenzó a escribirle resultó ser el inicio de su primera novela, La casa de los espíritus. Desde entonces, cada 8 de enero empieza una nueva novela. Y cada día, al ponerse a escribir, enciende una vela. Superstición y disciplina.

“¿Mi mejor obra? La Fundación”
Hace ahora 13 años creó Isabel Allende Foundation, en homenaje a su hija Paula Frías. La dirige su nuera Lori. “Trabajamos para mejorar la salud, la educación y la protección de mujeres y niños. Si se les da poder y oportunidades a las mujeres, se solucionan problemas.” www. isabelallendefoundation.org

“Lo daría todo por Paula”
Su hija falleció en diciembre de 1992, a causa de la porfiria. “Daría todo lo que tengo y lo que soy por volver a tener a mi hija conmigo.” Isabel tiene otro hijo, Nico, que vive también en San Francisco.

“Mi marido acaba de publicar su cuarto libro y está feliz”
William Gordon se convirtió en el esposo de la escritora hace 21 años, porque necesitaba el permiso de residencia. Este encantador abogado californiano, imán de causas perdidas, lanzó su primera novela de misterio en 2006. “Cuando me enteré, le dije: ¿te crees que vas a competir conmigo? No me hizo ningún caso. Tiene una seguridad en sí mismo aplastante: no hay nada que lo pueda asustar. Va por el cuarto libro y está feliz.” Ambos disfrutan cocinando y viajando juntos.

“Muchos me regalan sus vidas para que las cuente”
“Cada día me llegan cartas y mails en los que la gente me cuenta historias trágicas o llenas de aventuras. No puedo contarlas porque no son mías, aunque a veces tomo algún detalle.” Una muestra de su calidad humana: Isabel contesta siempre personalmente la primera carta de cada persona que le escribe.

“Escribo en el garaje de mi casa, en Sausalito”
Escribe siempre en su estudio de Sausalito, “una cochera que mi marido arregló. Trabajo en silencio, en soledad, con las velas prendidas, con mis libros, con las fotografías de las personas que amo... Eso es lo ideal, aunque si uno siente la llamada de escribir, lo hace en cualquier parte… Es como la necesidad de hacer el amor”.

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