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22 dic. 2009

Los premios reflejan la dinámica machista del mundo literario, según Isabel Allende


Santiago de Chile, 21 dic (EFE).- El mundo literario es machista y eso se refleja en una "acumulación" de hombres en los jurados y los ganadores de premios, a pesar de que las mujeres escriben tanto y tan bien como ellos, según la escritora chilena Isabel Allende.

Esa dinámica se observa generalmente en que en el otorgamiento de los premios participan, como parte del jurado, aquellos que los han ganado antes, "y así se van acumulando hombres", dijo en una entrevista con Efe la autora de "La casa de los espíritus".

"Siempre estas cosas han estado tradicionalmente en manos de hombres: la crítica, las editoriales, los profesores de literatura", apunta la escritora de 67 años, autora de una veintena de obras traducidas a 27 idiomas y con ventas que sobrepasan los 50 millones de ejemplares.

Allende suena como posible candidata al Premio Nacional de Literatura en 2010 y este año también figuró, por primera vez, entre los candidatos al Premio Cervantes, que finalmente ganó el mexicano José Emilio Pacheco. Son dos galardones que en conjunto solo suman a cinco ganadoras.

A juicio de Allende, "todavía es muy difícil para una mujer que la respeten y la reconozcan en el plano intelectual y en el plano de la literatura".

Pese a que acumula una treintena de premios a lo largo de su carrera, para la también autora de "De amor y sombra" e "Hija de la fortuna", en literatura una mujer "tiene que hacer el doble o el triple de esfuerzo para obtener la mitad del reconocimiento que un hombre".

Para Isabel Allende (Lima, 1942), superar ese machismo pasa "por hablar del tema, ponerlo sobre la mesa, hay que discutir sobre las cosas que uno quiere cambiar", pero lamenta que hasta ahora, "a nadie le importa (el tema), no se habla".

"Hay (en Chile) escritoras de calidad, como Elisabeth Subercasseaux o Marcela Serrano, que están publicando afuera, que tienen reconocimiento internacional y no lo tienen en Chile", sostiene.

Por lo demás, los premios, "¿para qué son? Los premios honran a quien lo da, más que a quien lo recibe", considera, "porque lo que importa es lo que uno ha hecho, lo que uno ha escrito".

"No voy a ganar el Premio Nacional, quienes lo dan son los mismos que me odian", apunta, en alusión a la inquina que le tiene un sector de la crítica local, que la juzga, en su opinión, no por lo que escribe sino por su apellido o porque la catalogan como una escritora comercial, producto de la mercadotecnia.

"La gente compra porque sigue a un autor, o porque le gustan los libros, o porque se recomienda de boca a boca. Lo demás, es pensamiento mágico", apostilla la escritora, quien se queja de que en Chile hay una suerte de envidia que lleva a tratar "de tirar abajo a todo aquel que no sea futbolista y sobresale de la media".

Sobre quienes la consideran un fruto de la mercadotecnia señala: "esa es una tontería, mientras más gente uno atraiga a la lectura, mientras más lectores haya, todos ganamos", subraya Allende, que considera una falacia que los libros se vendan sólo por efecto de campañas de mercado.

"En Chile hay esta idea, completamente subdesarrollada de que el marketing es una varita mágica que puede vender cualquier cosa".

La escritora, que vive en San Francisco (EE.UU.), considera que su obra tiene como constante a la mujer.

"Me ha tocado hablar mucho de la temática de la mujer, en un tiempo, en un espacio en el que su presencia era muy pobre, no había casi escritoras en el boom de la literatura latinoamericana", reflexiona.

Ello, "a pesar de que había muchas mujeres escribiendo, pero los que conformaron el boom eran hombres; los personajes femeninos en esas novelas a menudo eran estereotipos. He contribuido, junto con otras mujeres a darle voz al personaje femenino", remarca la autora, que ya siente ganas de escribir el próximo libro.

Lo hará el 8 de enero próximo, cuando bajará el telón de "La isla bajo el mar", una historia acerca de la esclavitud en el Haití del siglo XVIII para la que hizo investigación durante cuatro años.

Escribir una novela es, para Isabel Allende, un trabajo de tres partes: "una que es pura disciplina, otra parte que es inspiración y una tercera que es una suerte loca".

"Nunca trato de dar un mensaje ni de educar al lector ni de informarlo particularmente", sentencia Allende, que cree que por su formación periodística, no es ella la que entrega algo a sus lectores, sino al revés.

"No es que yo esté dando nada, soy yo la que recibe lo que está flotando por ahí y soy capaz de ponerlo en palabras, nada más", cuenta esta creadora, fanática de la corrección, que rehace "mil veces" un párrafo, o puede pasar la noche "pensando en un sustantivo que reemplace a tres adjetivos".

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