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27 oct. 2009

La Mejor Escritora de Latinoamerica

La escritora Isabel Allende, vocal del Patronato del Instituto Cervantes
EFE
El Consejo de Ministros ha nombrado hoy vocal del Patronato del Instituto Cervantes a Isabel Allende, la escritora de habla hispana con mayor número de lectores en el mundo y autora de una amplia obra en la que figuran títulos como "La casa de los espíritus", "Eva Luna", "Paula" o "Hija de la fortuna".

El Patronato es el órgano que orienta las actividades del Cervantes y sus vocales electos son designados entre destacados representantes de las letras y la cultura española e hispanoamericana, de las Reales Academias, universidades y otras instituciones sociales.

Además de los escritores galardonados con el Premio Cervantes, que son vocales natos, hay personalidades hispanoamericanas que forman parte del patronato como vocales electos, entre ellos Tomás Eloy Martínez, Juan Villoro, Federico Luppi, Ángeles Mastretta y, a partir de hoy, Isabel Allende, que sustituye a la poeta peruana Blanca Varela, fallecida el pasado mes de marzo.

Chilena nacida en Lima en 1942, donde su padre, Tomás Allende -primo hermano del presidente de Chile Salvador Allende-, estaba destinado como diplomático, la autora de "El plan infinito" publicó "La casa de los espíritus", su primera novela, en 1982, con la que comenzó una carrera literaria jalonada de éxitos.
Su obra está traducida a una treintena de idiomas y ha vendido 51 millones de ejemplares de sus novelas.

Además de los títulos ya citados, Allende es autora también de los libros "De amor y de sombra", "Cuentos de Eva Luna", "Afrodita", "Retrato en sepia", "Chile, mi país inventado", "Inés del alma mía" y "La suma de los días", entre otros.

El pasado mes de septiembre presentó en España su última novela, "La isla bajo el mar", en la que narra la vida de una esclava mulata en el Santo Domingo del siglo XVIII.

Residente en California desde hace veintiún años, Allende ha merecido numerosos premios y distinciones, entre los que figuran el de Autora del Año en Alemania (1984 y 1986), Grand Prix d'Evasion de Francia, Premio Gabriela Mistral de Chile, Premio Bancarella de Italia, Caballero de la Orden de las Artes de las Letras de Francia, y Premio Literario Harold Washington.

3 oct. 2009

La más reconocida

Es Isabel Allende una de las escritoras más reconocidas de América Latina
02 de Octubre, 2009 - 17:14 —
Reconocida escritora chilena por novelas bastante populares
México, 2 Oct. (Notimex).- Desde administradora de una secundaria durante su exilio caraqueño, hasta funcionaria de la Organización de las Naciones Unidas, la escritora chilena, Isabel Allende, es una de las novelistas más populares de Iberoamérica.
Ha sido distinguida en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos, tras reconocer su variada obra, que va del realismo mágico, la novela histórica, cuento, arte culinario hasta la literatura infantil y juvenil.
Varios de sus libros han nacido de cartas o reflexiones personales, y el humor es parte integral de sus escritos, ya sean periodísticos u obras literarias.
En una entrevista realizada por la revista "Selecciones", la autora, sobrina del fallecido presidente chileno, Salvador Allende, confesó que escribir se ha convertido en parte de su vida.
"No lo hago como sacrificio ni como trabajo, ni para ganar plata, sino que así, como otra gente medita, reza o viaja. yo escribo", explicó Allende, quien nació el 2 de agosto de 1942 en Lima, Perú, mientras su padre, Tomás, se desempeñaba como embajador en aquella nación.

Para Isabel Allende, escribir es un proceso lento que lleva muchas revisiones hasta llegar a la versión definitiva. "A veces leo en voz alta un párrafo que acabo de escribir y no me gusta el tono, pero si uno cambia tres adjetivos en un párrafo, le puede cambiar el tono a la realidad de lo que está contando".
Al hablar de su más exitoso libro, "La casa de los espíritus", su primera novela que alcanzó fama internacional y fue llevada a la pantalla grande, comentó que fue rechazada por cinco editoriales latinoamericanas.

El volumen está basado en un manuscrito que le escribió a su abuelo en la víspera de su muerte. "Haber pasado mi niñez con él me marco en definitiva", expresó la autora.
"Me marcó el carácter, la personalidad y los habitos con su manera estoica de ver el mundo, y de él obtuve un anecdotario muy rico para todos los libros que he escrito", indicó al apuntar que no hubiera podido escribir "La casa de los espíritus" sin esas experiencias.

El abandono de su padre cuando ésta tenía tres años de edad, quizá la marcó en sus libros, pues reconoció que en ellos no existe el personaje del padre amoroso, sino autoritario, remoto o ausente. Sigue Es Isabel. dos. ausente
"Hay mujeres fuertes y muy pocos padres. Hay maridos, amantes, pero padres no. Creo que al principio la vida me hizo feminista, me generó una desconfianza natural por el macho, por el hombre, pero luego adquirí esa confianza con mi hijo y con Willy", su marido, explicó.

Pese a esa ausencia, heredó algunos aspectos de su padre, entre ellos la rapidez mental y la ironía, una especie de atrevimiento frente a la vida.

Con todo ello, sus ancestros están presentes en todo momento de su vida: su abuela, su abuelo o su fallecida hija Paula, por quien escribió uno de sus libros.

"Los llevo dentro; en la sangre, en la memoria, en el anecdotario familiar. Son fuente de inspiración, y cada uno tenía en vida características particulares a las que recurro cuando necesito ese tipo de ayuda", concluyó.

1 oct. 2009

Hay canas y canas

Por MAR ESQUEMBRE
En los encuentros con mis amigas es frecuente que comentemos los cambios en nuestro aspecto físico y, de manera indefectible, esas conversaciones siempre acaban centrándose en la progresiva invisibilidad de las mujeres a partir de los 40 años y su agudización alrededor de los 60, especialmente por lo que atañe a los códigos de atracción entre los sexos. En una reciente entrevista a Isabel Allende en la que la periodista le hacía la observación de que el chocolate, una energía misteriosa para la escritora, luego se veía a la altura de la cadera, provocó la respuesta en el sentido que más arriba les he apuntado: "Después de los sesenta da igual, querida, porque, tengas caderas o no, ya eres invisible. Podrás andar en pelotas en la Plaza de Armas, y no te van a mirar".
La juventud y la belleza son claramente valores o atributos que priman sobre todos los demás asociados a las mujeres. Pero ni las técnicas más avanzadas pueden conservarlos eternamente. Así que la madurez aboca a la invisibilidad. Eso no ocurre con los hombres. Miren lo que pasa en la mayoría de los informativos de las cadenas generalistas españolas: ellas, jóvenes, guapas y delgadas. Ellos, como poco, diez años mayores, sin los atributos de ellas, sustituidos por una madurez que se interpreta como "experiencia". La "BBC", que no es ajena a esta situación, se ha propuesto enmendar los errores del pasado y busca presentadoras mayores de 50 años.
Está claro que las huellas del paso del tiempo en el cuerpo, aunque se encuentren por igual en mujeres y hombres, no nos afectan de la misma forma. No tienen más que comprobar que, cuando una pareja se rompe, por lo general el hombre siempre encuentra otra más joven, cosa que no suele suceder al revés. ¿Cuestión de biología?, ¿está en la naturaleza de hombres y mujeres que ello sea así? No me parece que sea una cuestión de carácter biológico, es decir, natural, sino cultural y, por tanto, susceptible de transformación. Una transformación que pasa por la eliminación de los estereotipos de género (y no sólo de los asociados al aspecto físico). Algo nada fácil porque la presión por cumplir con los mandatos de género desde todos los ámbitos, especialmente desde los medios de comunicación, es brutal. Y esa presión la llevamos instalada como si de un código genético se tratase; por más que nos afanemos en desmontar esos estereotipos, caemos víctimas de ellos. Yo la primera, cuando este verano mi marido descubrió que tenía canas. Me dijo "tendrás que ir a la peluquería, que tienes muchas canas". Intenté resistirme y razonar: "tantas como tú y no te digo nada". Me contestó: "Pero no es lo mismo", y salí pitando a que me hicieran las mechas. Ya ven cómo está el patio.

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