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28 sept. 2009

"Me casé con un Pene"

Isabel Allende, autora de La isla bajo el mar, confiesa moverse entre la imaginación, la magia y los sueños

¿Usted cree que hay islas bajo el mar?
En el caso de mi libro, sí. Los esclavos de la colonia francesa de Saint Domingue creían que para ir al paraíso había que bajar al fondo del mar, donde estaba Guinea.

¿Usted tiene, como ellos,sus loas protectoras?
En Brasil me echaron las conchitas ésas, y dijeron que mi loa es Iemanyá, la diosa madre, la del agua y el mar. Dije: son tonterías. Lo volví a hacer en otra ciudad, y salió lo mismo. Así que empiezo ya a creer un poquito.

Entiendo lo de la diosa madre. Siempre dice que va de matriarca.
Porque incluye madre, suegra, abuela, hija. Soy como Marlon Brando en El Padrino.

¿Un poco Corleone?
Sí. Podría asesinar fácilmente a quien haga daño a alguien que yo quiera.

¿De qué es esclava?
Ay, de los sentimientos. Del cariño, por mis padres, por los hijos; de algunas causas: todas las que atañen a la justicia, a la mujer. Y del chocolate negro.

¿A quién le haría un buen vudú?
A Obama. Le colgaría algún fetiche, algún collar para protegerlo de tanto loco suelto que anda por ahí.

¿Y el vudú de los alfileritos?
¿El de la magia negra? A todos los torturadores. Y después, posiblemente a los banqueros, que han quebrado a tanta gente y la tienen en la ruina.

Cuenta que, por ser muy independiente, siempre estuvo obsesionada con que nadie le pagara un restaurante. ¿No tendría que revisar su postura, tal y como está el patio?
Ahora me toca a mí pagarlo [ríe].

Trabajó como periodista. ¿No pudo haber hecho algo de provecho?
Podria haber hecho empanadas. Me habría ido mejor. Hago algunas comidas, pero el que cocina es mi marido, mi gringo.

¿Sigue usando a su perra como despertador?
Sí, mi Olivia, a la que echo horriblemente de menos. Mire, se la voy a mostrar [saca foto de su Olivia]. Ahora, si me pide una foto de los nietos, no la tengo.

Y cuando viaja, ¿cómo se despierta?
Con Willie [su marido], que ronca, y me despierta tempranito.

"La ficción ocurre en el vientre, y si lo proceso demasiado, se me pone duro". ¿Ahora cómo lo tiene?
Vacío, y a punto de empezar a gestar algo, porque nos vamos aproximando al 8 de enero [fecha fetiche en la que empieza a escribir].

Su hijo dice que hay cosas peores que tener una escritora en la familia. ¿Usted lo cree?
Sí, dice que hay cosas peores. Yo podría ser, por ejemplo, un asesino a sueldo. O asesora de Bush.

Ha comentado que Freud opinaría que lo suyo es envidia del pene. ¿Lo echa de menos?

Tengo uno. Quiero decir que me casé con uno, con un pene [ríe]. No es que yo lo lleve puesto.

Su protagonista, Zarité, dice que ha bailado siempre. ¿Usted a qué son se mueve?
Al de la imaginación. Soy más mala para el baile... Es como mover un bus.

¿Huye de la realidad o tiene muchos pájaros en la cabeza?
Pájaros. Miles de pájaros. Según mi padrastro, soy mitómana, todo lo veo torcido, o distinto, o con otro ángulo. O lo exagero. O lo convierto en historia. Me tortura la imaginación. Cualquier cosa la sueño, la revivo, me obsesiona, me pena.

Siempre empieza los libros el 8 de enero y quema salvia. Lo hizo cuando escribió El Zorro. ¿Se ve más cerca del personaje o de Antonio Banderas?

Ay, ojalá estuviera cerca de Antonio Banderas. A lo mejor un ratito... Está buenísimo. Todavía está buenísimo.
¿Y esa importancia que da al helado de coco?

Ya no es importante. Ahora lo es el chocolate. En él hay algo oscuro. Está lleno como de una energía misteriosa.

Misteriosa, para nada: luego se ve a la altura de la cadera.
Después de los sesenta da igual, querida, porque, tengas caderas o no, ya eres invisible. Podrás andar en pelotas en la Plaza de Armas, y no te van a mirar.

Repite y repite que el punto G está en el oído. ¿No tiene usted una anatomía un poco rara?
No, querida, el punto G está en el oído. Se han hecho estudios sobre por qué los hombres ven pornografía, y es porque su erotismo es visual. A las mujeres tienen que susurrarnos en el oído. Eso sí que nos excita. Si Antonio Banderas te susurra en el oído, déjate de cosas [risas]. Aunque te recite la guía de teléfonos.

El caso es que le susurren.
Sí. Mi marido dice que es la única forma de que yo escuche.

¿Hay algo que le gustaría tener?
Piernas largas, veinte años menos y a Banderas un sábado por la noche.

¿Y si llega el 8 de enero y no se le ocurre nada?
Ya me ha pasado. La jodí.

Perfil
Tiene 67 años, un hijo, tres nietos y una perra con la que le gusta caminar. Cuenta que, a pesar de salir a libro cada dos años, tiene tiempo para todo, desde tomarse un café a hacer el amor o ir al cine. Dice tener muchos defectos: "Intrusa, dominante, curiosa, habladora, indiscreta, impertinente... Puedo ir por orden alfabético". Y una única manía: pintarse los ojos. Le encanta hacer collares, y se siente protegida por fuerzas invisibles.

Diario El País
KARMENTXU MARÍN 27/09/2009
Foto: GORKA LEJARCEGI

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