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24 sept. 2009

Lo mío es cazar Historias

Isabel Allende: "Lo mío es cazar historias"
Domingo 16 de Agosto del 2009
Entrevista Escritora superventas
En su casa de San Rafael, California, o en el departamento de sus padres, en Providencia, Isabel Allende es la misma mujer cálida, acogedora, de sonrisa amplia y ojos brillantes y expresivos. La misma que se fotografía con el personal de la cocina de un restorán en el que celebra con un almuerzo familiar sus 67 años. O que saluda de beso a la gente que la reconoce en las calles de Iquique, mientras su madre, Panchita Llona, le lleva la delantera en el recorrido turístico.
La misma que hace más de 25 años sorprendió al mundo con La casa de los espíritus y empezó a tejer la mejor de sus historias, la de su propia vida. Aunque su visita a Chile no contemplaba la promoción editorial, Isabel Allende aceptó esta entrevista pocos días antes del lanzamiento de La isla bajo el mar (Editorial Sudamericana). Sobre la mesa, junto a dos tazas de té, un ejemplar del libro autografiado para el "tío Ramón", su padrastro.
Ya entrenada en la investigación histórica, que ha dado frutos como Hija de la fortuna , Inés del alma mía y El Zorro , esta vez su interés se trasladó al Caribe, a la antigua colonia francesa en Saint-Domingue, hoy Haití, donde a fines del siglo XVIII estalló la revolución de los esclavos y más tarde la declaración de independencia de "la primera república negra". Dividida en dos partes, La isla bajo el mar abarca desde los años 1770 a 1793 en Saint-Domingue y luego desde 1793 a 1810 en Luisiana, hasta donde llegaron los franceses que huían de la sangrienta revolución. Pero el libro no sería de Isabel Allende si no tuviera una protagonista fuerte, digna y generosa, y una o varias historias de amor. La esclava Zarité es quien guía esta vez el relato y su voz la que se oye en algunos capítulos alternados con la narración general.

-¿Qué fue primero, el personaje o la trama?
-El lugar no me había llamado la atención hasta que hice la investigación por el Zorro. Fui a Luisiana, me metí al Caribe, y me fascinó la historia de los negros libres en Nueva Orleans, una cultura que creó el jazz, que es muy sui géneris, muy diferente al resto de los Estados Unidos. Al investigar sobre eso descubrí que el sello lo pusieron los refugiados franceses que escaparon de Saint-Domingue. Eran como diez mil personas blancas con sus familias, concubinas y esclavos y muchos de ellos llegaron a ser libres. Había una cultura de gente libre de color que mandaba a sus hijos varones a educarse en Europa y volvían profesionales, y a las niñas a un agregado que tenían las ursulinas, donde recibían la misma educación que las niñas blancas. Luego me puse a investigar Saint-Domingue, la colonia, y era tan brutal lo que estaba pasando en la isla que me sumergí en esa investigación. El personaje de Zarité surgió, no sé si era un sueño o si ya estaba despierta imaginando, pero la vi tan claramente que no tuve ningún problema en encontrar su voz y en definirla.

-Tus libros se han ido alternando entre dos grandes vertientes, las memorias y las novelas con investigación histórica. ¿Sientes que en ambos casos hablan de ti, de tus preocupaciones?
-No podría escribir sobre algo que no me toca profundamente. ¿Por qué escojo un tema, por qué siempre estoy escribiendo sobre mujeres? Porque siempre hay una búsqueda de la libertad, de la independencia. En el fondo, una se proyecta en lo que escribe y, aunque no quieras, entre líneas sale quién uno es. Pero es más difícil la memoria, porque ahí no soy sólo yo, sino que tengo que pedirles permiso, una vez que termino el libro, a todos los demás que salen en él. Eso me quita libertad. En La suma de los días uno de los hijos de Willie simplemente no quiso aparecer y yo tenía que respetarlo. En la novela puedes hacer lo que quieras.

-Zarité pierde a sus hijos y acoge uno ajeno. ¿Es por eso que le dedicas este libro a "mis hijos, Nicolás y Lori", tu nuera, sin mencionar a Paula?
-Lori lleva conmigo doce años, maneja mi fundación, trabajamos en el mismo edificio, vivimos al lado, nos hablamos o nos mandamos mensajes por e-mail varias veces al día por cosas de trabajo, por los niños, por miles de cosas. ¡Es mi hija, pues! Nicolás dice que yo siempre estoy buscando mujeres jóvenes a quienes acoger y a quienes hacerles de mamá, como si quisiera reemplazar a Paula. Y si lo hago es inconsciente, pero reconozco que me interesan mucho las vidas de las mujeres jóvenes, mi fundación se dedica a eso. Creo que la obligación de las mujeres de mi edad que pasaron por el feminismo es proteger a las jóvenes que están en la época reproductiva y están ocupadas de sobrevivir y de sus hijos. ¿No es un lindo papel, ser las ancianas, las brujas? Es cierto, la protagonista no hace ninguna diferencia entre el hijo que cría y los hijos de ella, está dispuesta a sacrificar la vida por ambos. No lo había pensado.

-También está presente el sincretismo religioso, muy propio del lugar y la época que describes, pero da la impresión de que es algo que te identifica.
-Yo no soy una persona particularmente religiosa, pero creo que existe mucho más de lo que podemos ver y que hay una dimensión espiritual en todo lo que existe. No creo en el Dios cristiano, ni en otro, pero habría sido imposible escribir una novela sobre Haití en aquella época sin el vudú. Porque lo que coordinó todo el movimiento de los esclavos fue la religión. Venían de distintas partes de áfrica, hablaban diferentes idiomas, tenían distintas religiones, y les tocó encontrarse en esta isla donde los cristianizaban a la fuerza apenas llegaban. Pero eso era todo, los bautizaban y se acabó, de ahí a explotarlos cuatro o cinco años, hasta que murieran y de ahí a reemplazarlos. Y lo que los mantuvo unidos fueron los ritos, las ceremonias, el tambor, el vudú, el animismo, la idea de que la única liberación posible era la muerte y cuando tú mueres te vas a la isla bajo el mar, que es Guinea. Sin ese elemento que hasta el día de hoy es tan fuerte en Haití, no se explicarían muchas de las cosas que pasaban.

-"El camino de la libertad es tortuoso", escribes. ¿Quisiste hablar de la libertad en un sentido amplio y de los costos que se pagan por ella?
-Si tú optas por la libertad en cualquier sentido, primero que nada tienes que tomar tus decisiones y pagar las consecuencias. Eso tiene un precio, a mí me parece siempre barato. Nosotras fuimos la generación del movimiento de liberación femenina, la generación de puente. Claro, recibimos muchos palos, y costaba salir a trabajar cuando eras discriminada, cuando ganabas la mitad que el hombre pero hacías el doble de trabajo, cuando además tenías que hacerte cargo de la casa, tener niños, había que luchar contra el patriarcado, contra el machismo. Era un precio alto de pagar, pero lo que ganamos fue ¡fantástico!
-En el caso de Haití, se pagó un precio altísimo por la libertad, pero es un pueblo que de alguna manera sigue esclavizado...
-... Por la pobreza. La isla está destrozada. En primer lugar, la deforestaron; en la época de Zarité era un bosque tropical y ahora es un desierto, montañas desérticas. Y es un país extraordinariamente pobre, con mucha corrupción y mucha violencia y muy creativo y de gran colorido. Un país que podría ser estupendo, maravilloso, y que sin embargo no lo es. Pero no es el único país pobre, no se le puede echar la culpa a la revolución. Peor estarían si fueran todos esclavos de los franceses.

-¿Consultaste también fuentes literarias para este libro, como "El reino de este mundo", de Alejo Carpentier?
-Lo había leído antes, por supuesto, pero no volví a hacerlo. Cuando estoy haciendo una investigación, en general voy a fuentes históricas. Aunque a veces en una novela se descubren cosas que no salen en los libros de historia. Pero tuve que averiguar muchas cosas, la legislación, quiénes eran esclavos, qué grados de esclavitud había, cuándo dejan de ser esclavos. Toda esa parte legal es fascinante, y atroz. En la investigación salió todo lo que les hacían a los esclavos, los castigos, las violaciones, las cosas horribles que les hacen los seres humanos a otros seres humanos. Esa parte tan cruel hizo muy pesada la investigación, pero una vez que encontré la voz de Zarité, salió como por un tubo, todo lo vi a través de los ojos de ella.

-Después de libros como "Hija de la fortuna", "Inés del alma mía" o éste, ¿seguirás con la investigación histórica?
-Inés era un personaje real, así que ahí estaba limitada por la información histórica que existía, pero en este libro o en Hija de la fortuna , fue una recreación de una época y el personaje es inventado, puede hacer lo que quiera.

Pero en este momento estoy escribiendo una novela que no tiene nada que ver con lo que he hecho antes, sucede en el 2009 y la protagonista es una niña de 19 años. Una parte va a pasar en Chiloé, otra en Berkeley. Es una novela completamente distinta, contemporánea, actual. Me preguntas para dónde voy, y no sé, no sabía que alguna vez iba a escribir una trilogía infantil o un libro como Afrodita . No sé lo que va a pasar.

-Pero tus libros siempre hablan del amor y los afectos.
-Yo creo que es lo más fundamental en mi vida, y a medida que envejezco me voy desprendiendo de todo menos de eso. Realmente lo que me importa son esos afectos y estar conectada. Lo demás se va perdiendo en la noche de los tiempos.

-¿Cómo te sientes entre ese mundo que se mueve por amor y el mundo literario, que se divide entre los que te atacan o te defienden?
-La verdad es que no pertenezco a ningún club literario, nunca estudié literatura, no estoy muy conectada con ningún grupo de escritores. Nunca participo en jurados para premios ni ninguna de esas cosas, porque no es mi mundo. Lo mío es cazar historias y yo creo que hay una cosa muy de periodista todavía. Estar a la caza de lo que está pasando y tratar de interpretarlo, de contarlo. Y eso es todo lo que hago, ése es mi oficio. Trato de hacerlo con cierta elegancia, me cuido de que el lenguaje sea correcto, pero es la historia la que me interesa, la gente. Y luego, mis libros se traducen. ¿Te imaginas cómo será leer un libro mío en Camboya? Quizás no se pueda traducir el tono, el lenguaje, la sutileza, pero sí la historia humana, el personaje. Eso es lo que hace que el libro sea pirateado en Camboya.

"Fascinada" con Barack Obama
"Hay mucha esperanza de que él pueda cambiar la posición de Estados Unidos en el mundo, involucrar a toda la juventud a hacer cambios fundamentales", cuenta Isabel Allende, quien se declara "completamente fascinada" con el Presidente de Estados Unidos. "él es brillante. él y su familia, su mujer y sus hijas, son gente maravillosa".

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