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22 jun. 2009

Isabel Allende desde chica me gustaba escribir historias

domingo 21 de junio del 2009
Traducida a 27 idiomas, se ganó hace rato un lugar en el areópago latinoamericano y mundial. Con “Mi País Inventado”, la escritora radicada en Sausalito, California, impactó en su debut como ensayista. Con notable memoria y sentido de la autocrítica devela el misterio de ser chileno. En esta entrevista habla de su pasión literaria y de cómo cambió su vida con la publicación de “La Casa de los Espíritus”.
Por Jorge Abasolo Aravena.
Resulta complejo resumir en pocas palabras la personalidad de una mujer tan original y desconcertante como Isabel Allende. Un escritor tiene un poco de cada uno de sus personajes decía Malraux. Aplicando ese apotegma a la menuda escritora chilena, dejemos establecido que su carácter es dulce, pero múltiple.
Se trata de la escritora más leída en Latinoamérica y desde hace años vastamente conocida en Europa y Estados Unidos. No en vano sus libros se han traducido a 27 idiomas.

Repaso una entrevista que le hacen a inicios de la década del 70, cuando contaba con 28 años de edad. Muy segura de sí misma y con desparpajo inusual para un chileno –menos aún para una chilena!- señalaba entonces que le gustaría ser escritora “y a hacerlo en una casa llena de árboles, sin timbres ni candados, repleta de niños y amigos y llegar a ser tan famosa que venda sólo con mi nombre para no hacer publicidad, la que es insufrible”.

¿Profecía auto-cumplida? Pocas personas pueden vaticinarse un sueño de ese tipo y verlo convertido en realidad al cabo de unos cuantos años.Inteligente y receptiva, es intensamente afable al conversar. Quedó muy atrás la Isabel Allende indolente, díscola y refractaria, que rezumaba un humor feminista y visceral en la revista “Paula”.

Hoy por hoy, me atrevo a decir que se trata de una mujer frágil, de voz atiplada y algo trémula, pero tremendamente asertiva;y siempre dispuesta a hablar de Chile...y de las cosas chilenas.
Estaba de buen humor ese día la Allende. Hasta se dio maña para bromear y hacerme una dedicatoria maravillosa –con dibujo incluido- de su libro “Retrato en Sepia”, donde refrenda que su febril imaginación está lejos de anquilosarse. En lo personal, fue justamente ese libro el que terminó demostrándome que estamos en presencia de una escritora colosal, de marca mayor.
Por cierto, no seré yo quien descubra las cualidades de la Isabel Allende.

Yo sencillamente quiero hacer resaltar que se trata de una mujer de una sensibilidad hisperestésica, con sello propio. Ni corriente ni opaca. Es de esas personas que están hechas para sobresalir en medio de la multitud espesa, uniforme y hasta tediosa.
Y no es por su estatura física, pues es bastante baja;ni menos por su voz, la que saca muy desde el alma, lo que le da un sonsonete emotivo y frágil.

-Sus columnas en la revista “Paula” –década del 70- marcaron época. ¿Cuánto de humor le queda a Isabel Allende? Se lo pregunto porque los sociólogos sostienen que el humor se pierde con los años. -Yo creo que se pierde con la falta de ejercicio más que con los años. Aquella época en que yo tenía que producir un artículo de humor cada dos semanas...y tenía que producir todas las semanas un programa de televisión con humor, me permitía estar entrenada. Ese entrenamiento ya no lo tengo.

-O puede ser que usted vive ahora en un país donde se cultiva un humor más sano. ¿Es más cáustico el humor chileno? -Más cáustico, sí. Fíjate que cuando yo salí de Chile, después del Golpe Militar...me fui a Venezuela. Y yo creí que podría hacer periodismo en ese país. Y conseguí finalmente que me aceptaran una columna de humor en un periódico;y no le caía graciosa a nadie. Encontraban que era de una causticidad y de una maldad atroz. Lo consideraban humor negro. Y no le hacía ninguna gracia a los venezolanos. Tuve que aprender que el humor no tenía por qué hacerse sobre la base de fregar a otros. Y es que eso es muy chileno.

UNA TRIADA CON SENTIDO -Su novela “Retrato en Sepia”, ¿se podría sindicar como la continuación de “Hija de la Fortuna”, y parte de una trilogía en la que se debe incluir primeramente a “La Casa de los Espíritus”? -Sí...las tres novelas pueden considerarse como una trilogía. La verdad es que deseo expresar mi enorme alegría al percibir que se hayan captado las conexiones entre estos tres libros. Sin duda, ello quiere decir que los personajes de “La Casa de los Espíritus” –que vio la luz hace ya veinte años- todavía existen en la memoria de muchas personas.
-¿Es posible hacer una lectura independiente de cada libro? -Por supuesto. Pero si leen primero “Hija de la Fortuna”, luego “Retrato en Sepia” y finalmente “La Casa de los Espíritus”, tenemos una saga familiar que cubre ciento treinta años.

RAZONES DE LA LITERATURA -Joaquín Edwards Bello decía que escribía por vanidad. García Márquez señala que escribe para que lo quieran sus amigos;y Antonio Skármeta dice que escribe para los pasajeros de una utopía humanista. ¿Por qué y para qué escribe Isabel Allende? -(Piensa) Primero, escribo porque me gusta;y después para que la gente se quiera más...se conozca más. Ahora, escribo también porque pienso que si una pudiera –como un libro- abrirle la mente a algún utópico lector. Abrirle la mente para que entienda el mundo en términos de diversidad, en términos de aceptación, de tolerancia o de compasión, en vez de las cosas mezquinas que muchas veces activan a la gente. Pienso que eso sería muy bueno. Pero en el fondo, escribo porque me gusta. Cuando me siento a escribir un libro, nunca me hago un propósito didáctico o un propósito de prédica, ni mucho menos.

-¿Qué percibe cuando pasado un tiempo usted lee un libro suyo? ¿Siente algo de pudor? -Es que yo no leo mis propios libros. Excepto, cuando me toca hacer alguna gira por los Estados Unidos. Cuando se publica un libro mío en inglés, me toca hacer una gira generalmente por doce o dieciocho ciudades, en que tengo que leer un fragmento del libro en diferentes librerías. Esa es la única vez en que vuelvo a leer un libro mío. Y no alcanzo a leerlo todo, sino que leo un pedazo solamente.

-¿Y qué siente en ese momento? -Como es en otro idioma, siento que no lo escribí yo, fíjate. Para darte un ejemplo bien concreto, cuando escribí el libro “Paula”...(Se le nublan los ojos) yo nunca he podido volver a leer ese libro. Ni siquiera partes de ese libro. En cambio hice una gira por los Estados Unidos leyendo partes de ese mismo libro en inglés, sin ningún problema. Y es que era como si no lo hubiera escrito yo...como que no tuviera que ver mucho conmigo. La lengua es como la sangre, como un filtro.

ESCRITURA Y SENTIDO -Una vez Marta Blanco me dijo que la literatura tiene el deber de ser trascendente. ¿De acuerdo con el aserto? -No necesariamente. Creo que la primera obligación de la literatura es entretener, captar a un lector. Y una vez que tu lo captas puedes hacer lo que te de la gana con él. Pero, primero tienes que captarlo.

-Qué le interesa más a usted: ¿hacer pensar o emocionar? -No es que me interese una u otra cosa. Además, creo que ambas cosas no necesariamente van separadas. Creo que a través de la emoción tu puedes plantear ideas. Y a través de las ideas puedes emocionar.

-Hay cursos de pintura para quienes desean aprender a pintar;escuelas de teatro para quienes desean actuar. Pero, no existen academia para formar escritores. Luego, ¿cómo nace y se forma un escritor? -En mi caso debo decirte que desde chica me gustaba contar historias. Desde chica fui caminando por la periferia de la literatura, sin atreverme nunca a decir que yo quería ser escritora porque habría sonado de una vanidad sin límites, de una pretensión inmensa. Y tampoco había muchos modelos femeninos para dedicarse a la escritura. Si yo hubiese sido hombre, a los 19 años habría publicado mis Memorias, pero siendo mujer...estaba liquidada. No tenía el estímulo suficiente para ser creativa en ese campo. Empecé por el periodismo, que era lo que más se parecía. Después empecé a escribir teatro y hasta escribí un par de libros infantiles. Iba como caminando por los alrededores sin atreverme nunca a decir “lo que yo quiero es escribir una novela”. Y después vino mi ida a Venezuela y el fracaso mío para encontrar trabajo. No pude encontrar trabajo como periodista. ¡Me fue pésimo...!

Absolutamente pésimo. Y en el año 1981, cuando yo ya había renunciado un poco a la idea de que iba a poder hacer algo que valiera la pena con mi vida, recibí una llamada telefónica en que me comunicaban de que mi abuelo se estaba muriendo. Yo creo que ya en ese momento tenía yo “La Casa de los Espíritus” dentro de mí. Como que se había estado gestando por años;y la llamada telefónica fue lo que me obligó a sentarme a escribir la primera línea...sin pensar yo que me iba a salir una novela. Yo simplemente me puse a escribirle una carta a mi abuelo.

A muy poco andar me di cuenta que era como una carta espiritual, porque mi abuelo se estaba muriendo. Luego, no iba a alcanzar a leer la carta de ninguna manera. Y lo curioso es que después que se murió seguí escribiendo, y fue saliendo, saliendo a borbotones una cosa que se había estado gestando sola por muchos años. Y eso marcó un cambio radical en mi vida. A partir de ese libro, todo cambió para mí.

-En consecuencia, ¿usted cree en los fenómenos parapsicológicos? -Es que no lo atribuyo a razones parapsicológicas. Más bien considero que así nace siempre la escritura...y nace el arte. Nace de una cosa que se va acumulando adentro y que –eventualmente- una tiene que dejar salir y darle forma. Lo considero una necesidad más que un fenómeno parapsicológico. Luego, mi respuesta es sí. En algunos casos, sí creo. Aunque también pienso que están muy exagerados en algunos casos. Pero creo que sí...que existe la intuición, que existe una capacidad humana de relacionar casos de manera inconsciente y de llegar a ciertas conclusiones que parecen casi mágicas.

Aclaro –por si acaso- que yo no creo en fantasmas. Por ejemplo, yo no creo que mi hija Paula se me aparezca, pero veo señales en el universo que me contactan con ella. Y reconozco que ando pendiente de esas señales, que son un ejercicio de imaginación, en el fondo. Pero, veo coincidencias, veo relaciones. Yo paso mucho rato sola. Mi vida es callada. La escritura es siempre callada, y estoy muchos días y muchos meses sola. Pero en este ejercicio de soledad y de concentración... o eso de irse para adentro, uno va viendo cosas que en el ruido del mundo uno simplemente no ve. Empiezas a oír voces, a ver relaciones, causa y efecto...y ves como todo va apareciendo entretejido, en otra dimensión.

LOS POPES DE LAS LETRAS -Alone recomendaba a quienes querían seguir el duro oficio de las letras, que leyeran a Guy de Maupasant. Para el gran crítico, ahí estaba casi todo. Un manantial inagotable de sabiduría. ¿A quién o a quienes recomendaría usted? -Yo no me atrevería a recomendarle a nadie una cosa semejante. Y es que creo que cada uno busca a su maestro. Y a veces no es uno, sino que son muchos...y muchas veces no tienen nada que ver con el ámbito con el cual una está trabajando. A veces me inspira más una película que un libro. O un poema de Pablo Neruda. También me puede inspirar una novela más que otra. Yo ya pertenezco a la generación del cine.

Muchas veces una imagen del cine me conmueve tan profundamente que me lleva al llanto.

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