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21 abr. 2009

Isabel Allende o la Magia de las Palabras

Isabel Allende o la magia de las palabras
EDDIE MORALES
Valparaíso, Chile
emorales@upla.cl
Nació en Casablanca, en la región de Valparaíso (Chile), en 1953. Profesor Titular de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso (UPLA), dictando la cátedra de Literatura Hispanoamericana y Chilena Colonial, además de la de Hispanística Medieval. Ha escrito múltiples artículos y reseñas de su especialidad en revistas chilenas y extranjeras. Es autor de libros como "De Literatura y Religiosidad" (1999), o "Mito y antimito en Garc ía Márquez" (2002)+ sobre EDDIE MORALES - Valparaíso, Chile

17-03-09 La escritora creció al lado de su madre, en casa del abuelo, luego que esta anulara su matrimonio; en esa casa vivió rodeada de una corte de tíos solterones, todos ellos personajes estrafalarios. Estos tenían establecido algo así como una firme tradición del relato oral en la familia. Esta tradición, así como las lecturas de colecciones de Julio Verne, Emilio Salgari, la Enciclopedia Británica, el Tesoro de la Juventud, nutren su imaginación en los días de infancia. Según Coddou, “no sorprende que, ya convertida en mujer madura y escritora de fama, Isabel Allende pueda sugerir que fue de esa familia suya, tan extravagante, que sacó las ideas (como ella dice) para su primera novela".En casa de su abuelo creció hasta que su madre se unió a Ramón Huidobro, diplomático de carrera, y todos partieron de viaje por diversos países.

Cuenta Isabel Allende en un artículo periodístico de 1988 en el desaparecido diario La Época: “A los 11 años yo vivía en Bolivia. Mi madre se había casado con un diplomático, hombre de ideas avanzadas, que me puso en un colegio mixto. Tardé meses en acostumbrarme a convivir con varones, andaba siempre con las orejas rojas y me enamoraba todos los días de uno diferente”. De Líbano regresó a Chile en 1958 enviada por el “tío Ramón”, ya que ese país estaba al borde de la guerra civil. Vuelve a la casa de sus abuelos: “la estabilidad de la infancia -a donde siempre le devuelve su memoria como un espacio feliz-, está muy ligada a la vieja casona familiar; allí transcurre parte importante de la historia que, compañera suya por años y alimentada por experiencias personales posteriores, se convertirá en la base de su primera ficción”.

En una entrevista reproducida en el semanario chileno Hoy, Isabel Allende revela que su trabajo como periodista que inició en 1967 en la revista Paula, es el resultado no de una preparación sistemática, sino producto del azar mientras trabajaba en las oficinas de la FAO en Santiago, cuando debió salir al aire en un programa televisivo en forma inesperada. Posteriormente, colabora en forma regular con artículos, entrevistas y reportajes en la mencionada revista Paula. Luego dirigirá una revista infantil, Mampato, donde publica algunos cuentos. Incursiona con no poco éxito en el teatro con tres obras escritas especialmente para la compañía teatral de Tomás Vidiella, entre estas, cabe destacar El embajador, que se representa en Santiago en 1973.En 1974 marcha exiliada a Venezuela, junto a su familia, su esposo Miguel Frías y sus hijos Paula y Nicolás. Trabaja en el periódico El Nacional de Caracas escribiendo artículos de humor, e incluso con algunas amigas formó también una sociedad y sacó adelante un colegio, trabajando en la parte administrativa. Ha contado que de vez en cuando se encerraba y escribía cuentos, ideas para cuentos, ideas para novelas que cristalizarán en 1982 cuando publique La casa de los espíritus. A partir de esa fecha, y con el éxito inmediato que alcanza, Isabel Allende se dedica plenamente a la literatura. En los años siguientes aparecen De amor y de sombra (1984), Eva Luna (1987), Cuentos de Eva Luna (1989), El plan infinito (1993), Paula (1994), Afrodita (1997), Hija de la fortuna (1999), Retrato en sepia (2000), entre otros textos.La escritora, de acuerdo con el esquema generacional de la literatura hispanoamericana y chilena de Cedomil Goic, pertenece a la generación de 1972. De acuerdo con las propuesta teórica de José Promis, la novelista chilena se adscribe al programa narrativo de la novela de la desacralización.

La poética de Isabel Allende, que puede ser descubierta a través de las entrevistas, artículos y conferencias, permite sostener que para ella la literatura, el oficio de la escritura, es un ejercicio que permite recuperar la historia, es decir, traer a la memoria aquellas circunstancias vitales necesarias para no perder la propia identidad y la identidad colectiva. La autora piensa que la clave de la literatura está en “escribir para que los hechos no se esfumen, para que la memoria no sea borrada por el viento. Escribir para registrar las cosas y nombrar las cosas. Escribir lo que no se debe olvidar” (La Época, Santiago, 6 de octubre de 1987). Por otra parte, sostiene que lo que busca es establecer una comunicación entre el emisor textual y el receptor real del discurso literario. En el mismo artículo citado, manifiesta que “eso tiene de maravilloso un libro: establece un vínculo entre quien lo escribe y quien lo lee. Es la magia de las palabras”. Para Isabel Allende, las palabras son el medio maravilloso que tiene el escritor para crear el mundo literario y provocar la emoción en el lector y llamarlo a la “conversión”. Las palabras, según la autora, tienen un poder mágico capaz de trasmutar la realidad o de aprehenderla en su más cruda realidad; por eso le llamaron desde pequeña la atención y construía con ellas juegos, canciones y relatos.

La casa de los espíritus es una novela que ha sido repetidamente reeditada por el éxito que tuvo desde el principio. Incluso fue llevada al cine en 1993 por el director Billie August y protagonizada por Jeremy Irons en el papel de Esteban Trueba. La novela de Isabel Allende entra en constante relación dialógica con la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, sin presuponer con ello que es una mera copia de la misma, como se pensó en un primer momento de recepción del relato, ya que hay en ella“numerosas modalidades de distanciamiento”, que permiten que el texto afirme su propia identidad “al proyectarse a ámbitos de significación que se apartan, en grado importante, de los que caracterizan al del narrador colombiano”. Entre estos rasgos distanciadores están ciertamente las figuras femeninas de la saga familiar: Nívea, Clara, Blanca, Alba que muestran en la escritura de Isabel Allende “un paso distinto y distante de las escritoras que la precedieron”, ya que las figuras femeninas “que reclaman para ellas una transformación de sus condiciones de existencia (y a) ejercer el derecho a ser sujetos del discurso”.Otra de sus novelas, también muy exitosa y llevada al cine, es De amor y de sombra que, en una primera lectura, aparece como una historia de amor entre Irene y Francisco, sus protagonistas; sin embargo, dicha relación se entrecruza con la historia política social de los cadáveres descubiertos en una mina abandonada y los fenómenos paranormales de Evangelina Ranquileo. La novela es esencialmente política, y su finalidad es hacer la crítica y la denuncia de un sistema político.La crítica recibió dividida la publicación de El plan infinito. Algunos la consideraron un traspiés en la producción narrativa de Isabel Allende, mientras otros le descubrieron méritos. La novela está ambientada en el oeste de los Estados Unidos y tiene como protagonista a Gregory Reeves, personaje que, según la propia escritora, está construido sobre la base de su actual marido. En el relato, el realismo brutal y los sobresaltos de la imaginación se entrelazan para dar cuenta del destino excepcional de un hombre y de la compleja textura de California.Precisamente, en la California del siglo XIX sitúa parte de la acción su novela Hija de la fortuna, en la época del descubrimiento del oro.

El relato es una novela histórica femenina que recrea dimensiones espacio-temporales de una década del siglo pasado en Chile, California y China. Después publicará Retrato en sepia, otra novela histórica situada a fines del siglo XIX en Chile, que narra la historia de una poderosa saga familiar, apareciendo en ella personajes ya conocidos de La casa de los espíritus y de Hija de la fortuna.Sus últimas obras son novelas llenas de sorprendentes aventuras protagonizadas por dos adolescentes como La ciudad de las bestias y El reino del dragón de oro . Son relatos escritos sobre la base de los más tradicionales códigos y tópicos escriturales de las novelas de aventuras del siglo XIX, que logran atrapar a todo de lectores por la agilidad de la prosa y al encanto de sus personajes. La imaginación prodigiosa de Isabel Allende queda plenamente corroborada con estas novelas que tienen un primitivo antecedente en los cuentos que publicó en la revista infantil Mampato.Isabel Allende es, en definitiva, una escritora en plena evolución.

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