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26 abr. 2009

El Reino del Dragón de Oro, mi favorito de la Trilogía

"El calendario es un invento humano; el tiempo a nivel espiritual no existe"
"¿Cuántas veces te he dicho que no creas todo lo que oyes?. Busca tu propia verdad"
"Todo es relativo nos parecerán muchos si nos atacan y pocos si son amistosos"
"Se desprendian de las distracciones y los valores del mundo, aunque no olvidaban el sufrimiento,que existe en todas partes"
"Su objetivo era perfeccionarse espiritualmente a través del dominio de su propia fuerza y de sus emociones"
"De todas las fragancias la mas dulce es la de la virtud"
"Todos vamos a morir es lo único seguro"
"Soy una persona de acción, una reportera de viajes y aventuras no una burócrata"
"Toda materia orgánica irradia energia o aura, un halo de luz invisible para el ojo humano, salvo en el caso de ciertas personas con poderes psíquicos"
"¿Cómo podré alcanzar la iluminación ante las tentaciones del mundo?"
"El Deseo y el temor son ilusiones,debes practicar el desprendimiento"
"El afecto es como la luz del mediodía y no necesita la presencia del otro para manifestarse.La separación entre los seres tambien es ilusoria, puesto que todo esta unido en el universo"
"Nuestros espiritus siempre estarán juntos comprobó que el mismo no era impermeable a la emoción, porque se había contagiado de la tristeza de su discipulo"
"Esas personas que ves acampando allí abajo son familias que nacen, viven y mueren en la calle. Sus únicas posesiones la ropa que llevan sobre el cuerpo y unos tarros para cocinar,los mas pobres de los pobres"
"Tampoco me gustaría tener mas de lo que necesito" (Mi frase favorita)
"El camino de la salvación era siempre individual y se basabaen la compasión hacia todo lo que existe. La teoría de nada servía sin la práctica"
"La base del Budismo es la compasión hacia todo lo que vive o existe. Cada uno debe buscar la verdad o la iluminación dentro de sí mismo, no en otros o en cosas externas. No interesan los bienes materiales"
"Compartían un idioma de gestos e intenciones"
"Se volvió hacia dentro hacia ese espacio misterioso que todos tenemos cuando cerramos los ojos y expulsamos los pensamientos de la mente"
"Nada en el mundo es permanente , todo cambia se descompone, muere y se renueva en otra forma; por lo tanto aferrarse a las cosas de este mundo es inútil y causa sufrimiento"
"La tormenta arranca del suelo al fornido roble, pero no al junco, porque éste se dobla. No calcules mi fuerza sino mis debilidades"
"...Soltó las amarras que la sujetaban al mundo y se fue suavemente, sin ningún esfuerzo y sin dolor, con la misma gracia con que se elevaba cuando se convertía en águila y sus alas poderosas la sostenían por encima de las nubes y la llevaban cada vez mas arriba, hacia la luna"
"Sabían que el peor enemigo, así como la mayor ayuda, suelen ser los propios pensamientos, enviaron energía positiva"
"Su cuerpo era el templo de su espíritu y debía tratarlo con respeto y cuidado"
"Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge de nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos construyen el mundo"
"El respeto por toda forma de vida, fundamento del budismo, era el lema de ambos"
"...Si vuestro karma es que os juntéis, sucederá de todos modos. Si no lo es, nada que hagas cambiará el curso de la vida"
"Enviaban sus oraciones como rayos de energía positiva al espacio infinito y al espíritu que reina en todo lo que existe"
"A los seres humanos nos cuesta mucho modificar nuestra esencia y evolucionar a un estado superior de conciencia"
Los seres humanos estamos acercandonos hacia nuestra propia destrucción la codicia, avaricia,egoísmo,ambición nos esta hundiendo en un enorme abismo de horror y tragedia espiritual somos libres de escoger el camino del bien o del mal.

EL VIENTO BAJO MIS ALAS...¿Acaso supiste que eres mi heroe?

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25 abr. 2009

CARLOS SANTANA,ISABEL ALLENDE Y YO

jueves, diciembre 11, 2008
CARLOS SANTANA, ISABEL ALLENDE Y YO
MIS PREMIOS

Al recibir el reconocimiento, en el escenario, Isabel Allende se seca una lágrima y parece decir: "Nunca pensé que un día iba a estar tan cerca de Fredy Campos..."

Una mañana de principios del 2003, me llamó por teléfono mi amigo Tom Wilson, director de la Agencia Comunitaria de Canal, aquí en San Rafael, California, y me descerrajó la siguiente pregunta:Oye Jesús (Aquí me llaman por mi primer nombre), ¿Aceptarías recibir un reconocimiento junto con Santana e Isabel Allende?Pensando en buen salvadoreño, me dije a mí mismo: “estijueputa quizás está en puntueverga”, y para no faltarle al respeto, sin decir palabra colgué el teléfono.A los segundos, el mismo Tom, ahora riéndose me dice: “No hombre no es mentira, la Agencia les quiere reconocer a Uds. tres por ser hispanos que han dado sus aportes a la cultura en San Rafael”, (la paja no me la trago pero la saboreo), a lo que en un estado casi letárgico le pregunté que cuándo y dónde y luego de sus respuestas le repliqué, “Déjame llamarte de regreso en unos minutos”, al colgar el teléfono le grito a mi mujer:

Mi mujer y yo flanqueamos al súper genio Carlos Santana-¡Alhijueputttta, me están poniendo al nivel de Santana e Isabel Allendeeeee, viejaaaa! Ella, con mucha diplomacia me replica:-Yo pensaba que ya no le ponías a la punto rojo Fredy.- No amor, no es paja, el Tom Wilson me acaba de llamar diciéndome que nos van a dar un reconocimiento en Tiburón en Mayo. Puta, qué verga, no me lo puedo creerrrrr!” Al ratito llamé a Tom y le dije la célebre respuesta salvadoreña: “Por maje no…!Tom, que es un gringo que conoce el carácter hispano como la palma de su mano se puso a reir y me dijo, vente el Jueves y platicamos.Tanto Carlos Santana, el universalmente famoso guitarrista que revolucionó la música rock en los finales de los 60, como Isabel Allende, la mundialmente conocida escritora nivel Premio Nobel y yo, a quien ya a la siguiente cuadra nadie conoce, vivimos en San Rafael, una chulada de ciudad ubicada al norte de la Bahía de San Francisco. Solo que yo vivo en el getto de la ciudad.

Con la célebre escritora chilena, más orgullosos no nos podemos sentir mi mujer y yo.La cosa es que en el marco de una recaudación de fondos para la agencia, se organizó el evento en la ciudad de Tiburón, California. El formato que se le dio fue que los tres íbamos a estar en el escenario y yo les iba a hacer una entrevista, luego se iba a tener una cena, se iba a subastar una guitarra donada y firmada en el acto por Santana, se iban a regalar el último libro de la célebre escritora y el último CD del mítico guitarrista. Finalmente se entregaría el pequeño galardón.La verdad, nunca me quedó muy claro por qué me invitaron a mí, por eso cuando recibí la presea, un corazón de plata, como palabras de agradecimiento dije:La ciudad nos reconoce porque los tres somos perfectos: ella es una perfecta escritora, él es un perfecto guitarrista y yo un perfecto desconocido.Olvidaba decir que gracias a mi presencia (...) en el evento se recaudaron $28,000,00.
Publicado por Alfredo Campos en 12:33 PM

FACES












































































21 abr. 2009

Isabel Allende o la Magia de las Palabras

Isabel Allende o la magia de las palabras
EDDIE MORALES
Valparaíso, Chile
emorales@upla.cl
Nació en Casablanca, en la región de Valparaíso (Chile), en 1953. Profesor Titular de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso (UPLA), dictando la cátedra de Literatura Hispanoamericana y Chilena Colonial, además de la de Hispanística Medieval. Ha escrito múltiples artículos y reseñas de su especialidad en revistas chilenas y extranjeras. Es autor de libros como "De Literatura y Religiosidad" (1999), o "Mito y antimito en Garc ía Márquez" (2002)+ sobre EDDIE MORALES - Valparaíso, Chile

17-03-09 La escritora creció al lado de su madre, en casa del abuelo, luego que esta anulara su matrimonio; en esa casa vivió rodeada de una corte de tíos solterones, todos ellos personajes estrafalarios. Estos tenían establecido algo así como una firme tradición del relato oral en la familia. Esta tradición, así como las lecturas de colecciones de Julio Verne, Emilio Salgari, la Enciclopedia Británica, el Tesoro de la Juventud, nutren su imaginación en los días de infancia. Según Coddou, “no sorprende que, ya convertida en mujer madura y escritora de fama, Isabel Allende pueda sugerir que fue de esa familia suya, tan extravagante, que sacó las ideas (como ella dice) para su primera novela".En casa de su abuelo creció hasta que su madre se unió a Ramón Huidobro, diplomático de carrera, y todos partieron de viaje por diversos países.

Cuenta Isabel Allende en un artículo periodístico de 1988 en el desaparecido diario La Época: “A los 11 años yo vivía en Bolivia. Mi madre se había casado con un diplomático, hombre de ideas avanzadas, que me puso en un colegio mixto. Tardé meses en acostumbrarme a convivir con varones, andaba siempre con las orejas rojas y me enamoraba todos los días de uno diferente”. De Líbano regresó a Chile en 1958 enviada por el “tío Ramón”, ya que ese país estaba al borde de la guerra civil. Vuelve a la casa de sus abuelos: “la estabilidad de la infancia -a donde siempre le devuelve su memoria como un espacio feliz-, está muy ligada a la vieja casona familiar; allí transcurre parte importante de la historia que, compañera suya por años y alimentada por experiencias personales posteriores, se convertirá en la base de su primera ficción”.

En una entrevista reproducida en el semanario chileno Hoy, Isabel Allende revela que su trabajo como periodista que inició en 1967 en la revista Paula, es el resultado no de una preparación sistemática, sino producto del azar mientras trabajaba en las oficinas de la FAO en Santiago, cuando debió salir al aire en un programa televisivo en forma inesperada. Posteriormente, colabora en forma regular con artículos, entrevistas y reportajes en la mencionada revista Paula. Luego dirigirá una revista infantil, Mampato, donde publica algunos cuentos. Incursiona con no poco éxito en el teatro con tres obras escritas especialmente para la compañía teatral de Tomás Vidiella, entre estas, cabe destacar El embajador, que se representa en Santiago en 1973.En 1974 marcha exiliada a Venezuela, junto a su familia, su esposo Miguel Frías y sus hijos Paula y Nicolás. Trabaja en el periódico El Nacional de Caracas escribiendo artículos de humor, e incluso con algunas amigas formó también una sociedad y sacó adelante un colegio, trabajando en la parte administrativa. Ha contado que de vez en cuando se encerraba y escribía cuentos, ideas para cuentos, ideas para novelas que cristalizarán en 1982 cuando publique La casa de los espíritus. A partir de esa fecha, y con el éxito inmediato que alcanza, Isabel Allende se dedica plenamente a la literatura. En los años siguientes aparecen De amor y de sombra (1984), Eva Luna (1987), Cuentos de Eva Luna (1989), El plan infinito (1993), Paula (1994), Afrodita (1997), Hija de la fortuna (1999), Retrato en sepia (2000), entre otros textos.La escritora, de acuerdo con el esquema generacional de la literatura hispanoamericana y chilena de Cedomil Goic, pertenece a la generación de 1972. De acuerdo con las propuesta teórica de José Promis, la novelista chilena se adscribe al programa narrativo de la novela de la desacralización.

La poética de Isabel Allende, que puede ser descubierta a través de las entrevistas, artículos y conferencias, permite sostener que para ella la literatura, el oficio de la escritura, es un ejercicio que permite recuperar la historia, es decir, traer a la memoria aquellas circunstancias vitales necesarias para no perder la propia identidad y la identidad colectiva. La autora piensa que la clave de la literatura está en “escribir para que los hechos no se esfumen, para que la memoria no sea borrada por el viento. Escribir para registrar las cosas y nombrar las cosas. Escribir lo que no se debe olvidar” (La Época, Santiago, 6 de octubre de 1987). Por otra parte, sostiene que lo que busca es establecer una comunicación entre el emisor textual y el receptor real del discurso literario. En el mismo artículo citado, manifiesta que “eso tiene de maravilloso un libro: establece un vínculo entre quien lo escribe y quien lo lee. Es la magia de las palabras”. Para Isabel Allende, las palabras son el medio maravilloso que tiene el escritor para crear el mundo literario y provocar la emoción en el lector y llamarlo a la “conversión”. Las palabras, según la autora, tienen un poder mágico capaz de trasmutar la realidad o de aprehenderla en su más cruda realidad; por eso le llamaron desde pequeña la atención y construía con ellas juegos, canciones y relatos.

La casa de los espíritus es una novela que ha sido repetidamente reeditada por el éxito que tuvo desde el principio. Incluso fue llevada al cine en 1993 por el director Billie August y protagonizada por Jeremy Irons en el papel de Esteban Trueba. La novela de Isabel Allende entra en constante relación dialógica con la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, sin presuponer con ello que es una mera copia de la misma, como se pensó en un primer momento de recepción del relato, ya que hay en ella“numerosas modalidades de distanciamiento”, que permiten que el texto afirme su propia identidad “al proyectarse a ámbitos de significación que se apartan, en grado importante, de los que caracterizan al del narrador colombiano”. Entre estos rasgos distanciadores están ciertamente las figuras femeninas de la saga familiar: Nívea, Clara, Blanca, Alba que muestran en la escritura de Isabel Allende “un paso distinto y distante de las escritoras que la precedieron”, ya que las figuras femeninas “que reclaman para ellas una transformación de sus condiciones de existencia (y a) ejercer el derecho a ser sujetos del discurso”.Otra de sus novelas, también muy exitosa y llevada al cine, es De amor y de sombra que, en una primera lectura, aparece como una historia de amor entre Irene y Francisco, sus protagonistas; sin embargo, dicha relación se entrecruza con la historia política social de los cadáveres descubiertos en una mina abandonada y los fenómenos paranormales de Evangelina Ranquileo. La novela es esencialmente política, y su finalidad es hacer la crítica y la denuncia de un sistema político.La crítica recibió dividida la publicación de El plan infinito. Algunos la consideraron un traspiés en la producción narrativa de Isabel Allende, mientras otros le descubrieron méritos. La novela está ambientada en el oeste de los Estados Unidos y tiene como protagonista a Gregory Reeves, personaje que, según la propia escritora, está construido sobre la base de su actual marido. En el relato, el realismo brutal y los sobresaltos de la imaginación se entrelazan para dar cuenta del destino excepcional de un hombre y de la compleja textura de California.Precisamente, en la California del siglo XIX sitúa parte de la acción su novela Hija de la fortuna, en la época del descubrimiento del oro.

El relato es una novela histórica femenina que recrea dimensiones espacio-temporales de una década del siglo pasado en Chile, California y China. Después publicará Retrato en sepia, otra novela histórica situada a fines del siglo XIX en Chile, que narra la historia de una poderosa saga familiar, apareciendo en ella personajes ya conocidos de La casa de los espíritus y de Hija de la fortuna.Sus últimas obras son novelas llenas de sorprendentes aventuras protagonizadas por dos adolescentes como La ciudad de las bestias y El reino del dragón de oro . Son relatos escritos sobre la base de los más tradicionales códigos y tópicos escriturales de las novelas de aventuras del siglo XIX, que logran atrapar a todo de lectores por la agilidad de la prosa y al encanto de sus personajes. La imaginación prodigiosa de Isabel Allende queda plenamente corroborada con estas novelas que tienen un primitivo antecedente en los cuentos que publicó en la revista infantil Mampato.Isabel Allende es, en definitiva, una escritora en plena evolución.

20 abr. 2009

Vida de Grandes Escritores.

BIO da un vistazo a las vidas de escritores para celebrar la semana del Libro
Plumas latinoamericanas, europeas y estadounidenses serán las protagonistas de una semana que se dedica a varios de los más destacados autores de los siglos recientes. Mario Vargas Llosa e Isabel Allende están en la lista
19 de abril 2009 02:32 pm -

Las trayectorias de escritores tan diversos como Mario Puzo, Charles Dickens, Edgar Allan Poe, Anne Rice, Ian Fleming, Leo Tolstoy, Isabel Allende y Mario Vargas Llosa, serán evocadas en la celebración que el canal de televisión por cable The Biography Channel (BIO) prepara del 20 al 29 de abril para conmemorar el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

La primera vida que se repasará, el lunes a las 7:30 pm, será la de Mario Puzo, el estadounidense que escribió la obra que dio paso a la aplaudida trilogía de El Padrino en el cine. El martes, a las 6:30 pm, el protagonista de la programación será Charles Dickens, novelista de la era victoriana inglesa y cultor universal de la narración como principal género literario.

El miércoles 22 de abril, desde las 6:30 pm, se transmitirán tres perfiles de vida: el de Ian Fleming, autor del inmortal James Bond; el de Leo Tolstoy, considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y, para cerrar la jornada en el espacio Nuestra Gente se verá un especial de dos horas sobre uno de los más importantes novelistas y ensayistas de Latinoamérica, el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

La bio del autor limeño será retransmitida el 26 de abril a las 6:30 pm.
Para el jueves 23, oficialmente el Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor, The Biography Channel emitirá a las 6:30 pm la vida del escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense Edgar Allan Poe.

La culminación de esta franja programática corresponderá a notables mujeres escritoras: Anne Rice, cuyo documental se emitirá el viernes 24, a las 6:30pm, y la chilena Isabel Allende, a quien se dedidará un programa el miércoles 29 de abril, a las 9:30 pm. Este especial se repetirá el jueves 30 de abril, a las 2:30 pm.

12 abr. 2009

En América la gente no tiene memoria historica

Isabel Allende: "En América Latina la gente no tiene memoria histórica" Gracias a su abuelo, la escritora Isabel Allende se dedicó a la literatura. Gracias al maestro Gabriel García Márquez descubrió que existía la libertad para escribir de todo y de la manera en que uno quisiera.
Dpa New York
A lo largo de su vida, marcada por el exilio por la dictadura del general Augusto Pinochet, la autora se dio cuenta de que en América Latina la gente "tiene poca memoria": Llegado el caso "podría ocurrir que Pinochet, si estuviera vivo, fuera votado" para presidir Chile, señaló Allende en Nueva York, donde asistió el sábado a una de las representaciones basada en su primera y exitosa obra, "La casa de los espíritus" (1982), y que se puede ver en el teatro del Repertorio Español hasta el mes de agosto.

Dirigida por José Zayas y escrita por Caridad Svich, la adaptación teatral de la célebre obra, resumida en dos horas y media de emotiva función, hicieron saltar las lágrimas a Allende.
"Estoy muy emocionada y honrada, porque nunca pensé que una obra como ésta, que apenas tiene diálogo y que habla de varias generaciones, pudiera ser representada en el cine (la versión cinematográfica se hizo en 1993 con estrellas como Jeremy Irons o Meryl Strep) o en el teatro", señaló durante una conversación con el público tras la función. "Y en cambio se puede", añadió.
"En Londres se hizo años atrás una adaptación de seis horas y había más gente en el escenario que entre el público", comentó tras la obra bromeando y destacando la originalidad de la adaptación de Svich y Zayas, así como el hecho de que se hubiera podido resumir en poco más de dos horas y en un elenco reducido de personajes.

Allende recordó que "La casa de los espíritus" empezó como una carta a su abuelo materno, Agustín Llona, cuando supo que estaba gravemente enfermo: "Entonces yo trabajaba en un colegio durante 12 horas haciendo doble turno". "Empecé un 8 de enero a escribirle una carta con anécdotas", recordó: "La primera fue con un perro, Barrabás, que inicia la novela, y que tenían mis abuelos y que mi abuelo convirtió en una alfombra para mi abuela".

"Luego, al cabo de un año de escribir las cartas, y que hacía en la cocina de la casa por la noche cuando llegaba del trabajo, me di cuenta de que tenía 500 páginas escritas".
Así se creó la famosa novela en la que su abuelo tiene una marcada presencia a través del personaje de Esteban Trueba, el patriarca de la saga. "Cuando mi madre fue abandonada por mi padre yo tenía tres años. Vivimos con mi abuelo, que era vasco (...) A él le debo el escribir y la disciplina".

"No teníamos nada en común, él, tan conservador, y yo, que era feminista. Se tiraba de los pelos", bromeó. A pesar de ello, la férrea disciplina que le inculcó -como bañarse en agua fría o comer carne dura- la ayudó luego: "Decía que a la vida se venía a sufrir y que era dura y que si pasaba algo bueno era para celebrarlo (...) Así que todo lo que viene bueno lo celebro mucho".
La disciplina de su abuelo la ayudó a seguir una carrera de escritora que requiere gran dosis de autodisciplina. En parte por disciplina y también por superstición, al tener tanto éxito con "La casa de los espíritus" se marcó la fecha del 8 de enero para empezar también sus otras novelas.
El 8 de enero de este año empezó así una nueva dedicada a un episodio vivido por su madre. Allende explicó que no pudo "encontrar el tono de la obra", con lo que la dejó para dedicarse a escribir sólo "el esqueleto" y recomenzarla el 8 de enero de 2010.

A la vez empezó a escribir otro libro, del cual no quiso adelantar detalles. "Es como cuando tienes novio", explicó a dpa: "Cuando lo tienes, mejor no hablar de él si no quieres que te lo quiten".
Allende rechaza que la encasillen en un género determinado: "Hay novelas que requieren realismo mágico y otras no". "Si hablo de la biografía de mi marido, Willie Gordon, un gringo nacido en Los Angeles, pues no cabe nada de realismo". "Cada libro tiene su tono".
Conocedora de la realidad de América Latina, y sobrina del presidente de Chile Salvador Allende, derrocado por el golpe militar de Pinochet, apunta: "En América Latina hay poca memoria histórica (...) Tenemos ese caudillismo y ese régimen dinástico".

"Si Pinochet estuviera vivo podría ocurrir que fuera votado por el pueblo", dice Allende, quien, aparte de su abuelo, invoca al escritor colombiano Gabriel García Márquez como el "hito de la literatura de América Latina" y quien le descubrió "la libertad total para explicar todo y de la manera que se quisiera."

11 abr. 2009

Amor Eterno..

Si me voy algún día que no se empañe tu sonrisa,
que sigas flotando en la nube rosa de mi eterno amor,
que mis besos te acompañen en tus noches calladas,
que mis brazos te arropen en tus eternas madrugadas...

Si me voy algún día vida mía que la luz de tus ojos no se apague
porque son las estrellas que me guian.
Sentiras en el alma el fuego de mi amor que te abraza,
sentiras a tu lado esa fuerza extraña que nos ata.....
Si me voy algún día vida mia escribiras nuestra historia de amor,
la tejeras con rosas, claveles y azucenas la pintaras
con los colores del Amor aquellos que inventamos los dos...
y si te vas primero no habra en el mundo nadie que te extrañe como yo....

Si me voy algún día caballero azul de mis sueños dorados,
quiero que guardes la miel de mis apasionados labios,
que recuerdes mi sonrisa, mis disparatados anhelos,
mi optimismo,mi alegría, aquellos momentos inolvidables y bellos....


Si me voy algún día Amor de mi vida primavera de mis invernales tristezas,
te suplico no me llores mantenme viva en tu alegría,
dejame ser esa luz que siga alumbrado con mi amor tu vida,
dejame ser la mujer que en tus brazos se vuelve una niña....

Si me voy algún día recordaras mi perfume y mis rosas azules,
seguiran creciendo en tu corazón aquellas semillas de amor eterno
que nos juramos aquella noche de invierno,
aquella noche en que la luna se enamoro del sol.....

Estreno de la Casa de los Espiritus

Isabel Allende asistirá a estreno de La casa de los espíritus

La escritora chilena visitará el 11 de abril la sede del teatro Repertorio Español en Manhattan, donde se presenta la adaptación de su novela desde el pasado febrero

EFE El Universal Nueva York, EU Jueves 02 de abril de 2009 07:29

La escritora chilena Isabel Allende asistirá la próxima semana en Nueva York a una función de la obra de teatro "La casa de los espíritus", una adaptación de su primera novela, que publicó en 1982.
Allende, que reside en California, visitará el 11 de abril la sede del teatro Repertorio Español en Manhattan, donde se presenta la obra desde el pasado febrero, y, tras la función, participará de una sección de preguntas y respuestas con el público y la prensa.

En esta charla se espera discutir el impacto que tiene para la sociedad una pieza política como "La casa de los espíritus", el proceso de traducir una novela al escenario y las impresiones de Allende en cuanto a la puesta en escena, informó hoy el teatro.

La obra, una adaptación de Caridad Svich, está dirigida por José Zayas, que ha ganado numerosos premios de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE) de Nueva York y de la Organización Hispana de Actores Latinos (HOLA) por sus producciones "En ningún lugar de la frontera" y "Madre, el drama padre".

"La casa de los espíritus" es una obra de dimensiones épicas que cuenta la historia de una familia latinoamericana y los eventos históricos de un país sin nombre, pero evocador de Chile, a mediados del siglo veinte.

"La casa de los espíritus" tuvo su estreno mundial el pasado 18 de febrero y desde entonces se ha presentado a teatro lleno, recibiendo excelentes críticas por parte de la prensa hispana, de habla inglesa y la prensa internacional.

"The New York Times" destacó que "todas las actuaciones son excelentes".
"Un equipo de diseñadores de gran talento ha integrado una ambientación sonora y efectos visuales en una producción inolvidable. José Zayas ha dirigido la producción con evidente pasión por la novela de Allende", señaló el diario neoyorquino.

Tras "La casa de los espíritus", Allende publicó "De amor y sombra" en 1984, "Eva Luna" en 1989, "El plan infinitivo" en 1991 y varias antologías, como "Cuentos de Eva Luna", de 1990.
En su libro "Paula", publicado en 1994, comparte con los lectores los recuerdos de la vida de su hija, que murió en 1992 de una enfermedad sanguínea.

Su novela "Hija de la fortuna" fue seleccionada en el 2000 por Oprah Winfrey como parte de su club de libros y la Biblioteca Pública de Nueva York escogió en 2005 "La casa de los espíritus" como uno de los "50 libros para recordar" de los últimos 50 años.

7 abr. 2009

Un soplo Divino...

25/05/2008
Isabel Allende
"Siento que hay una especie de soplo divino, pero no me gusta la palabra Dios”
Texto de José Martí Gómez
Fotos de Carlos González Armesto
Isabel Allende ha tenido una vida azarosa que le ha dado material para construir una carrera literaria. Nacida como escritora con el realismo mágico de La casa de los espíritus y reafirmada con el drama personal que volcó en Paula, ha sabido adentrarse en muy distintos géneros. Ahora vuelve a los recuerdos con La suma de los días.

Un día de 1981, Mario Lacruz, director literario de recuerdo inolvidable, aparentemente adusto y en verdad un hombre tierno, empezó a leer una novela que arrancaba con un párrafo en el que se narraba cómo Barrabás llegó hasta la familia por vía marítima, según la anotación de la niña Clara. Lacruz siguió leyendo con cierto escepticismo la historia del perro anatómicamente mitológico que con el paso del tiempo fornicaría con las patas de un piano. La novela iba firmada por una joven autora chilena: Isabel Allende.“Otra que quiere imitar a García Márquez”, se dijo el gran lector que era Lacruz. Su instinto literario le impulsó, sin embargo, a seguir leyendo. Olfateó que, más allá de las influencias del autor de Cien años de soledad, ciertas, en las 380 páginas de La casa de los espíritus, que ese era el título, cohabitaba un mundo personal: el de un tío aventurero y soñador y una hermana que, de haber tenido cola de escamas, hubiese semejado una sirena; un abuelo paternalista y violento y una nieta a un mismo tiempo dulce y rebelde; un paisaje y una hacienda en la que capar cerdos y ver pelearse a los gallos eran las únicas distracciones al margen de practicar la violencia sexual bajo los eucaliptos o en una cama que era como un velero.

En suma, un mundo que entroncaba, con voz propia, con el realismo mágico imperante aquellos años. Mario Lacruz acertó. Plaza & Janés editó La casa de los espíritus, y un año después, de eso hace ya 26, me senté ante Isabel Allende mientras su novela irrumpía con fuerza en el mundo literario.Tras La casa de los espíritus llegaron muchas obras más. Es una autora que ha tocado prácticamente todos los géneros: las novelas juveniles, las históricas, las de aventuras y las memorias. El cuerpo le pide de vez en cuando el cambio de registro sin dejar de ser ella y sin perder la fidelidad de sus lectores, aunque ahora, tras muchos años residiendo en Estados Unidos, cree que la influencia del inglés tiene incidencia en su forma de escribir y ya no puede hacerlo como al principio, con frases largas, muchos adjetivos y el estilo barroco que en sus primeros libros fueron su ADN para identificarla literariamente.

Si La casa de los espíritus, su primera novela, era, según sus propias palabras, una caja de Pandora que nacía de un deseo de explicar un pueblo, un continente, una historia, un clamor de reconciliación, la última, La suma de los días, surge a partir de una conversación telefónica con Carmen Balcells, para Isabel Allende madraza más que agente literaria:–Escribe unas memorias, Isabel –le aconsejó Carmen.–Ya las escribí. ¿No te acuerdas? –le respondió Isabel.–Eso fue hace trece años.–A mi familia no le gusta verse expuesta, Carmen.–Tú no te preocupes de nada.

Mándame una carta de doscientas o trescientas páginas y me encargo de lo demás. Si hay que escoger entre contar una historia y ofender a los parientes, cualquier escritor profesional escoge lo primero.
–¿Estás segura, Carmen?
–Completamente, Isabel.La primera vez que nos vimos me dijo que escribía para tratar de evitar que los recuerdos los borre el viento. Por aquel tiempo, 1982, Isabel Allende era una exiliada negada para el ganchillo o la elaboración de una humilde tortilla de patatas. Contaba que al dejar Chile tras el golpe militar se llevó con ella una bolsa de tierra en la que en el exilio venezolano plantó un nomeolvides que creció más en su corazón que en la maceta.

Dos años después, en 1984, volvimos a sentarnos frente a frente. Isabel Allende ya era una escritora traducida a varios idiomas y con De amor y de sombra trataba de repetir éxito. Lo tuvo, pero cuando le dije que su primera novela me había gustado más, ella me respondió que no tenía opinión al respecto porque para una autora preguntarle cuál de sus libros le gusta más es como pedirle que nos diga qué hijo prefiere. Ahora es una mujer que afronta la entrevista con seguridad. Son muchos años de experiencia. Te mira a los ojos, coquetea con el magnetófono y con el objetivo del fotógrafo. Ya no responde a las preguntas bajando la vista mientras con su dedo índice va dibujando imaginarios contornos sobre el mantel. Pero, igual que entonces, sigue diciendo que el amor y la violencia son dos temas que están muy dentro de ella .La joven debutante que miraba con ilusión su futuro literario hoy es una mujer madura que mira con serenidad lo que define como “el descenso del cerro”: “En la profesión de escribir, como en todas las profesiones, uno llega a la cumbre del cerro y luego empieza a bajar. La cuestión está en saber darse cuenta de cuándo empiezas a decaer para así saber retirarte a tiempo”. Mientras llega ese día no quiere hablar de otro epílogo distinto al que cierra su última obra: “Fin (por el momento)”.
¿Cuánto y cómo ha cambiado su vida en estos años?
Ha cambiado completamente. Cuando nos conocimos, hace 26 años, yo trabajaba en una escuela en Caracas y me ganaba la vida difícilmente tras doce horas de trabajo diarias. Cuando escribí La casa de los espíritus me empezó a cambiar la vida. No inmediatamente, pero ya al tercer libro pude dejar el trabajo que tenía y dedicarme solamente a la escritura. Ese cambio en mi vida no fue sólo laboral. En el ámbito personal me dio una voz, me permitió expresarme en mis propios términos. Creo que en muchos aspectos he dejado de ser la persona que usted conoció entonces.

Los años suman.
En La suma de los días escribe que no falta drama en su vida y le sobra material de circo para escribir. Leyendo el libro, uno no puede menos que corroborarlo.Mi vida es increíble.
La muerte de su hija ocupa un espacio fundamental en esa vida.Justamente después de que Paula muriese tras un año de agonía desapareció la hija de Willie, mi marido. Suponemos que murió, pero no quedó rastro alguno de ella. Dejó una niñita recién nacida, prematura, y a todo eso se sumó una bancarrota de Willie –que de anteriores matrimonios tenía tres hijos adictos a las drogas–, el divorcio de mi hijo tras descubrir que su esposa era lesbiana... Pasamos cinco años pésimos, y cuando ahora miro hacia atrás me pregunto: ¿cómo sobrevivimos a esos años? Había material sobrado para poder escribir este libro, que no podía ser una novela porque había demasiado material para una novela.

Agua, cielo, cerros y bosque. ¿Es ese su paisaje ideal?
Sí. Es el del norte de California, en torno a la bahía de San Francisco.

¿Sigue creyendo que su hija murió por negligencia médica?
Sí, pero no le echo la culpa a nadie. Creo que son accidentes que suceden. Se sumaron una serie de coincidencias negativas que terminaron produciendo daños graves en el cerebro de Paula. Cuando me la entregaron, mi hija estaba en estado vegetativo.

¿Le cuesta creer que estar en coma vegetativo es no darse cuenta de nada?
Según los médicos, el paciente que se encuentra en ese estado no percibe, no siente nada. Yo nunca tuve una respuesta de Paula. De ninguna clase. Trataba de ver en el fondo de sus ojos si había alguna respuesta a mis caricias o a mis palabras. No encontré nada. Pero creo que su espíritu seguía en ella, la animaba. Tras su muerte, he tratado de mantener vivo su recuerdo, su imagen, el trabajo que ella hizo... Para mí, Paula no está completamente muerta.
Es curiosa la relación que a veces se mantiene con muertos a los que se ha amado. La viuda de Salvador de Madariaga me contó, paseando junto a un lago suizo, que hablaba con su esposo y este le daba respuesta a cuestiones que le planteaba. Y en sus memorias, Elias Canetti escribe que la viuda del compositor Alan Berg hacía lo mismo. Y algo semejante me dijo Teresa Pàmies, autora de un libro bellísimo, Informe al difunto, dedicado al que fue su esposo.

¿Qué complicidad se establece en ese tipo de conversaciones?
Sin duda es un ejercicio de imaginación, porque nunca he visto el fantasma de Paula ni he oído su voz, salvo en sueños. Pero sí es cierto que a veces veo signos que me parece que son respuestas. Me formulo una pregunta y, de alguna manera, pasa algo ese día que me trae una respuesta que interpreto como una señal. Por eso digo que cuando hablo con Paula siempre lo hago como si ella me escuchara, aunque ella no está ni me responde. Le hablo a Paula como le hablo a mi madre, que vive en Chile, tiene 87 años y a la que escribo todos los días. No la veo, pero sé que está. A Paula tampoco la veo, pero sé que está en alguna parte.

¿Escribir sobre la muerte de su hija fue una experiencia positiva?
Para mí, sí.

¿Y para sus lectores?
Por eso fue precisamente una experiencia positiva para mí: por la reacción de la gente. De todos los libros que he escrito, creo que ya son 18, el que ha tenido mayor respuesta de los lectores ha sido Paula. Recibí y recibo muchas cartas, y el ochenta por ciento de esas cartas son por Paula.

¿Qué dicen en esas cartas?
Toda clase de cosas. Seleccioné las más significativas para un librito titulado Cartas de Paula. Muchas de esas cartas eran mejores que el libro que yo escribí. Eran cartas escritas por gente que se sintió tocada, sea por haber perdido un hijo o por ser gente joven que se identificaba con Paula. También podían ser cartas de gente que vio en Paula la relación madre-hija o la de mi hija con su esposo... Creo que en las cartas de los que me escribieron hubo una confrontación con sus propias pérdidas, y no me refiero solamente a la muerte, sino también a otro tipo de pérdidas. Todos perdemos cosas en la vida.

¿Cuántas cosas ha perdido usted?
Muchas. A mi padre, muy temprano. Más tarde perdí a mi país cuando vino el golpe militar de Augusto Pinochet. He pasado un divorcio, perdí una hija y he tenido una vida diría que complicada, con muchas pérdidas, pero también ha sido, y es, una vida con muchas ­compensaciones.

Da usted la sensación de ser vitalmente optimista.
Lo soy. En el transcurso de mi vida he visto que el mundo va para mejor. Nací en la mitad de la Segunda Guerra Mundial, cuando las bombas atómicas acababan de caer sobre Hiroshima y Nagasaki. Cuando había campos de concentración y millones de muertos y muchos países del mundo eran colonias de viejos imperios. Era un mundo en el que no existía la palabra feminismo y nadie se ocupaba de la explotación de los niños en el trabajo. Hoy estamos viviendo un momento álgido de la historia, pero se han obtenido muchas cosas en tan sólo el lapso de mi vida.

¿Sigue fiel a las Hermanas del Perpetuo Desorden?
Sí. Continuamos juntándonos todos los martes y meditamos y hablamos de nuestras cosas mientras tomamos vino. Somos seis mujeres, testigos de las vidas de las otras. Un círculo de mujeres que nos da fortaleza.
Me recuerda a Alcohólicos Anónimos... (Ríe.) Más o menos.

¿Ha explorado ya el revoltijo de deidades contradictorias que reconoce que existen en su interior?
Sigo sin explorar ese revoltijo. Mucha gente me pregunta por mi religión. No tengo religión, respondo. Salí del catolicismo cuando tenía 15 años y desde entonces he intentado un poco de todo. La verdad es que medito, trato de llevar una vida dentro de los parámetros de lo que considero más o menos moral y decente, sin hacer daño a nadie y haciendo el bien cuando puedo, y con esos mantras me las arreglo, más o menos. Y respecto a las diosas, a las deidades, a los signos astrológicos y todo eso que dicen que influye en las vidas, prefiero no explorarlo porque creo que todo es muy subjetivo, muy vago.

Paula le escribió antes de morir: “Ando buscando a Dios y no lo encuentro”. ¿Lo busca usted?
No. Siento que hay una especie de soplo divino, lo siento diría que muy profundamente, pero no me gusta la palabra Dios. Es muy masculina. Muy patriarcal.
No hacer daño, hacer el bien. Es una máxima bonita, pero no resulta fácil de aplicar en el día a día. Es más fácil que otras porque es precisa.
Las cosas precisas, una frase en una novela, por ejemplo, a veces cuestan mucho. No digamos ya en la vida...Es cierto, pero ante cada duda me pregunto lo que me preguntaría Paula: ¿qué es lo más generoso, compasivo, amoroso que puedo hacer en este caso? Para hacer el bien tengo una fundación que me permite ayudar a mucha gente.

¿Es supersticiosa en algunas cosas?
Más que supersticiosa soy ­disciplinada. Por ejemplo, el hecho de que empiece todos mis libros el 8 de enero se puede decir que es superstición, pero también es disciplina, porque mi vida es muy complicada y si no tuviera libres algunos meses del calendario, no podría escribir.

¿Cómo es Isabel Allende trabajando?
No soy el tipo de escritora que puede sentarse unas horas, irse de vacaciones y retomar la historia al volver. Yo tengo que terminar de un tirón la historia que he comenzado. Es como bailar: una va con el ritmo, con el aliento, con el suspense del texto, y si lo dejo, tengo que volver a empezar.

¿Horas de trabajo?
Entre ocho y diez horas diarias, salvo el domingo.

¿Máquina de escribir u ordenador?
Ordenador. Directamente. Sin guión previo.

¿Con la estructura de la novela en mente?
No. Con una idea vaga del lugar y de la época en los que sucede la historia. Al empezar una novela no conozco a los personajes de la historia, no sé cómo evolucionarán. Es a medida que voy escribiendo que poco a poco se va perfilando la novela, y allá por la quinta semana sé más o menos de qué se trata. En mi manera de trabajar hay mucho trabajo perdido. Si tuviese previamente un buen guión y a los personajes dentro de mi cabeza, podría trabajar de manera mucho más eficiente, pero ese sistema no me funciona.

Y cuando deja de darle al ordenador ¿desconecta su cabeza de lo que está escribiendo?
No. Estoy a todas horas metida en el libro, sueño con él. Tomo notas en cualquier momento, trato de no viajar, no hago vida social y sólo veo a mi familia.

¿Y la familia cómo lo lleva?
Está acostumbrada a verme pasar unos meses casi en trance. Me soportan buenamente.

Decía que a Dios lo ve patriarcal. Pero para matriarcado, el suyo...
Es cierto. Reconozco que mi matriarcado es brutal, pero es una fuerza mucho más generosa y compasiva que la masculina. Si uno piensa en los crímenes que se cometen, en la violencia que se ejerce sobre las personas, el 99,9 por ciento es por parte de los hombres. Si cruzo una calle solitaria y veo avanzar hacia mí a una mujer, no me sentiré amenazada. Si ese encuentro se produce con un hombre, siento dentro de mí una campana de alerta que me advierte de una posible amenaza. He trabajado toda mi vida con mujeres y siempre me he sentido muy cómoda.

No planifica sus novelas, pero su hija decía que resultaba curioso que a las mujeres guapas las mata antes de llegar a la página sesenta. ¿Celos?
(Ríe.) La verdad es que las mujeres muy lindas no son buenos personajes. Tienen poco interés.

¿Y los triunfadores masculinos?

Tampoco. Me gustan los personajes marginales, la gente que tiene que luchar por obtener algo, los que, teniéndolo todo en contra, salen adelante. Esa es la gente que me fascina. La gente fuerte.

¿Ha encontrado ese personaje masculino en la vida real?
Me casé con uno. Es como corcho: se hunde un millón de veces y vuelve a salir a flote.

Está muy enamorada de ese hombre...
Sí. Veinte años llevamos juntos. En ese tiempo, que es mucho, a veces me han dado ganas de matarlo, pero en general lo quiero mucho.

Al reflexionar en La suma de los días sobre lo que fueron los años sesenta, parece destilar cierta ironía. Como si no le acabasen de convencer.
No me tocó vivir esos años porque esa época de promiscuidad y de drogas fue un fenómeno muy californiano que cuando llegó a Chile fue mínimo, y a mí me había pasado la época porque ya era madre. Vista desde lejos, me parece que fue una época importante porque abrió muchas puertas y provocó muchos cambios. En mi vida personal no me afectó. Mi vida siempre fue disciplinada, muy burguesa.

¿Su memoria es muy selectiva?
Creo que la memoria es como una novela: muy subjetiva. En la memoria y en la vida uno elige qué cosas recordar y también elige los adjetivos que va a emplear, y eso ya da un tono a libro, como lo da a la vida.
Memoria selectiva para recordar lo que de bueno hubo en el pasado. Prudencia para no arruinar el presente. Optimismo desafiante para encarar el futuro. Es un buen tríptico para afrontar la madurez.Me lo enseñó mi padrastro, el tío Ramón, que vivió su vida con ese lema. A mí me ha servido mucho y por eso al recordar trato de rememorar lo bueno. No olvido que me han pasado cosas duras, cosas que todavía me duelen, pero en general he tenido una vida buena y la recuerdo con felicidad.

“La vida se hace caminando sin mapa, y no hay forma de volver atrás”, escribe. ¿Se muestra escéptica sobre el poder que tenemos para controlar nuestras vidas?
Muchas cosas cambiaron mi vida sin que yo tuviese control sobre ellas. La primera fue que mi padre se marchó cuando yo era muy pequeña y eso obligó a mi madre a volver a vivir con sus padres. Yo me crié con mi abuelo, y eso determinó mi infancia. Fuera de mi control estuvo el hecho de que mi madre se casara con un diplomático y nos pasáramos viajando una parte de nuestra vida. El tenerme que despedir de todo cada dos años y tener que volver a aprender otro idioma fueron cosas que también me marcaron. Y el exilio, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la muerte de mi hija, el divorcio... Una serie de cosas que escapan a tu control y te obligan a cambiar de rumbo. Crees que tienes un plan de vida y ese plan de vida nunca resulta. Controlamos lo pequeño. La mayor parte de cosas realmente importantes que nos suceden no las controlamos, y eso puede cambiar nuestro destino.

Hace 26 años me dijo: “Si miras al pasado, no puedes tener paz”. ¿La tiene hoy?
Cuando le dije eso estaba fresco el golpe de Estado en Chile, yo vivía en el exilio y al mirar hacia atrás pensaba que no se podía tener paz si una piensa en todo lo que había perdido. Ahora me gusta mirar hacia atrás, reconstruir el pasado para poder hacer literatura y vivir. En el fondo, creo que hoy tengo mucha paz.

¿Y pasión?
También, Pero sobre todo, mucha paz.

¿Escribir ayuda a reconstruir ese pasado en el que creía no podría a volver a tener paz?
Ayuda a ordenarlo, a acomodarlo en la cabeza poniéndole límites.

Mientras, sigue soñando con lo imposible: el tener unas piernas largas...
Eso sí

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