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19 oct. 2008

LA SUMA DE LOS DIAS

La familia es el eje de La suma de los días. ¿Cuál cree que es el papel de la familia en el mundo actual?

La familia tradicional está desapareciendo en los países industrializados, pero sigue siendo el eje de la sociedad en el resto del mundo, con todas las ventajas e inconvenientes que ese tipo de familia conlleva. En la cultura occidental moderna la familia ha cambiado por completo, ya no se ajusta a los moldes de antes, y creo que mi libro es un buen ejemplo de ello. Tengo una familia compuesta, añadida, parchada, adoptada, de gente que a veces no está relacionada por lazos de sangre, de diferentes razas, creencias, temperamentos, etc. Estamos juntos porque nos queremos a pesar de las peleas y problemas, que nunca faltan. La familia nos da seguridad, protección, compañía; y también nos rompe los nervios, pero yo no podría vivir sin ella.

¿Qué significa ser madre?

A mi edad me siento madre de mucha gente, no sólo de Paula y Nico. Soy la matriarca, la mujer madura que tiene la misión de cuidar a los jóvenes y facilitarles las cosas, para que no tropiecen tanto como he tropezado yo en el viaje de mi vida. Me siento matriarca de mi hijo Nico y de Lori, su adorable mujer, de mis nietos, de Juliette y sus hijos (ella es mi asistente), de mis hijastros, ahora de mis padres, que están viejos y frágiles, e incluso de la primera mujer de Nico, a pesar de que están divorciados desde hace más de 10 años. Asumo mi papel de madraza con orgullo y liviandad. Nunca lo he sentido como una carga o como una tremenda responsabilidad. Se hace lo que se puede, no más, y por el camino se arreglan las cargas, como decía mi abuelo cuando iba con una recua de mulas por la cordillera de los Andes hacia la Patagonia argentina.

¿Qué papel, de todos lo que le ha tocado vivir en su familia, es con el que más ha disfrutado?

Al terminar este libro comprendí que mi característica más fuerte es la maternidad, que la ejerzo con inagotable energía y gusto, pero todavía lo que más disfruto es mi relación amorosa con Willie. Si tengo que escoger entre dormir con mis nietos o con mi marido, prefiero lo segundo. ¿Es posible la vida sin el amor de un hombre? Supongo que la vida es posible sin el amor de un hombre, porque hay tantas otras formas de amor que pueden llenar el alma y ocupar los días, desde la familia hasta el servicio a la comunidad, pero por suerte yo he vivido casi siempre enamorada. Este año cumplo 65 años y me siento tan enamorada como estaba a los 15. Mis nietos opinan que es bochornoso; preferirían que lo disimulara, para que no fueran a enterarse sus amigos.

¿Qué piensa de la infidelidad en la pareja?
Hay toda clase de acuerdos entre las parejas, incluso el amor libre. Yo he probado la infidelidad y no me funciona, porque termino amando a medias. Con Willie acordamos desde el principio que tendríamos una relación monógama y por mi parte lo he cumplido al pie de la letra. No puedo meter las manos al fuego por él, claro, pero no me ha dado motivos de celos. Antes le decía que si lo sorprendiera en una infidelidad los iba a matar a él, a sus hijos y al perro. Ahora me he calmado un poco y eso me parece una reacción algo exagerada, porque después habría que limpiar los charcos de sangre. Si lo pillara le rompería todo lo que tiene, desde sus manuscritos hasta su sombrero Borsalino, y lo pondría de patitas en la calle.

Un aspecto importante de La suma de los días es la presencia de diferentes religiones e incluso creencias personales.

¿Qué papel tiene la religión en su vida?

No pertenezco a ninguna religión organizada pero tengo una práctica espiritual diaria y siento respeto por las creencias ajenas, aunque me espanta el auge del fundamentalismo que hoy es evidente en casi todas las religiones monoteístas. Las adicciones también aparecen a lo largo del libro.

¿Cómo piensa que debe afrontarse este problema?

Después de haber vivido 20 años en contacto con las adicciones de los hijos de Willie y sus terribles consecuencias, creo que hay que legalizar las drogas y controlarlas, tal como se controla el alcohol o los medicamentos. Lo peor de la adicción es la criminalidad, la corrupción, el dinero sucio que financia el vicio y el hecho de que los adictos terminan convertidos en guiñapos humanos, marginados de la sociedad, con mínima ayuda o simpatía. Necesitan ayuda, no castigo.

¿Dónde están sus raíces después de treinta años lejos de su Chile natal?

Mis raíces están firmemente plantadas en Willie, mi familia y mis libros.

¿Qué significa la escritura para Isabel Allende?

¿Cuánto de imaginación y cuánto de realidad hay en su obra?

La escritura me permite aclarar un poco la confusión de la vida. Al nombrar las cosas, las entiendo y las recuerdo, por eso esta memoria ha sido tan importante para mí. Al escribir sobre mi familia he podido ver las relaciones con cierta perspectiva, darme cuenta de las tensiones y de las corrientes subterráneas que nos llevan en diferentes direcciones; también he llegado a conocer mejor a cada miembro de la familia. Todos tienen su propia versión de los hechos y he tratado de barajarlas en forma equilibrada, lo que no siempre es posible. Generalmente escribo ficción, de manera que hay un componente muy alto de imaginación en todos mis libros, pero en

La Suma de los Días, como en Paula, he procurado acercarme lo más posible a la verdad y a la realidad. Aclaro, eso sí, que en ambos casos se trata de libros muy personales, muy subjetivos. Son libros escritos desde la emoción y el recuerdo.

¿Cree que La suma de los días podría servir de ayuda a personas que han tenidos problemas de familia, tal como sucedió con muchos de los lectores que se identificaron con la historia de Paula?

No puedo contestar esta pregunta, porque no tengo idea cómo será recibido este libro, tal como tampoco lo sabía en el caso de Paula. Escribí ese libro como una catarsis, sin imaginar que tocaría a tantas personas en todo el mundo durante tantos años. Todavía recibo cartas de lectores conmovidos por la historia de mi hija.

¿Qué cuerdas puede hacer vibrar La Suma de los Días?

Eso lo dirá el tiempo.

Después de todo lo vivido y contado en La suma de los días ¿Qué sueño le queda por cumplir?

A ver, a ver… sueños por cumplir… No se me ocurre ninguno realista. Sueño con tener piernas largas, por ejemplo, pero eso es como soñar con Antonio Banderas. A veces me pongo ansiosa porque siento que el libro que estoy escribiendo se ha atrancado, o porque hay demasiadas actividades en mi agenda y no me queda tiempo ni para respirar, entonces digo en voz alta que "sueño con jubilarme". A Willie y al resto de la familia les dan ataques de pánico cuando digo eso, porque la idea de tenerme ociosa interfiriendo en sus vidas, dándoles órdenes, cambiando la decoración de la casa e inventado proyectos que los incluyen a todos ellos, es aterradora. Pero no es verdad: no sueño con jubilarme. Sueño con seguir escribiendo, seguir enamorada y seguir cerca de mi familia hasta el fin de mis días.

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