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13 de oct. de 2008

ISABEL ALLENDE

La vida en Estados Unidos que sedujo a Isabel Allende

La novelista chilena llegó a California hace 15 años, sin conocer el idioma ni la cultura norteamericana. Hoy, con carta de nacionalidad en la mano, declara que su hogar está allí, donde reposan las cenizas de su hija Paula, están sus amigos y donde es una activa figura de la vida cultural. En San Rafael, frente a la bahía de San Francisco, se levanta La Casa de los Espíritus, la residencia que comparte con su esposo y que invaden sus nietos.
Andrés Gómez Bravo
08/06/2003 00:00
Cuando Isabel Allende se instaló con su marido Willian Gordon en San Rafael, California, era una perfecta extranjera. Corría 1988 y la escritora chilena más leída en el mundo no tenía amistades en la tranquila localidad norteamericana, ubicada al norte de San Francisco. Un día fue a comprar guantes a una pequeña tienda y la vendedora le recomendó llevar también un sombrero que le combinaba; pero ella sólo adquirió los guantes. "Tres días más tarde, el sombrero llegó al correo con una nota de la mujer que decía que había leído mi primera novela, La Casa de los Espíritus, y el regalo era su señal de afecto. Así, ella se hizo mi primera amiga", relata la autora.
La segunda fue la dueña de una librería, quien le invitó una taza de té cuando llegó a comprar y no le cobró por el libro que llevaba. Y la tercera, "una famosa joyera, a quien encontré en un salón de belleza en San Rafael, donde ambas nos habíamos teñido el pelo de color púrpura. Ella leía uno de mis libros y yo llevaba sus pendientes. El resto fue relativamente fácil".

Hoy la novelista cuenta con nacionalidad norteamericana y es una personalidad en San Rafael, ciudad de 56 mil habitantes, frente a la bahía de San Francisco. "Ella es parte de la vida cultural de California. Todas las semanas se la oye en la radio o en las noticias de la televisión. Es muy popular. Todo el mundo la lee y llena los lugares donde se presenta", cuenta su amiga Celia Correas, académica de la Universidad Estatal de California y autora de Isabel Allende, Vida y Espíritus.
El lunes, la escritora emprendió una gira de promoción de su libro Mi País Inventado. El tour comprende Chicago, Boston, Nueva York, Washington D.C. y Phoenix, Arizona. La obra ya está entre las más vendidos en San Francisco y este fin de semana entra a la lista de best seller de The New York Times, en el número 15.
El éxito
Isabel Allende ya era famosa al llegar a Estados Unidos, pero sobre todo en Europa y América Latina. El Plan Infinito (1993), donde relata la vida de su esposo Willie Gordon, marcó su ingreso a la sociedad norteamericana. Sin embargo, el éxito explotó con Paula, la memoria sobre la muerte de su hija, que suma tres millones y medio de copias vendidas.
La consagración absoluta se la dieron Afrodita y, sobre todo, La Hija de la Fortuna. En febrero del 2000 la popular conductora de televisión Oprah Winfrey recomendó la novela y, en ocho horas, La Hija de la Fortuna alcanzó el tope de pedidos en la tienda virtual Amazon. A la semana estaba en el número 1 de la lista de best seller de The New York Times y en marzo las ventas superaban el millón de ejemplares.

A la fecha, la obra de la escritora ha entregado más de 35 millones de unidades en todo el mundo. "He ganado muchísimo dinero. Mucho más del que necesito. Por eso tengo una fundación a la que va a parar la mayor parte de lo que gano", ha relatado. Creada tras la muerte de su hija, La Fundación Isabel Allende ocupa buena parte de su tiempo. A través de esta institución entrega becas a estudiantes de origen latino en Estados Unidos, colabora con escuelas y proyectos de ayuda a niños en riesgo social, financia refugios para mujeres maltratadas, entre otras labores .
La oficina de la fundación está en Sausalito, a 20 minutos de San Rafael, en el mismo edificio donde Willie Gordon tiene su estudio de abogado. "Contratos, entrevistas, invitaciones a dar conferencias, planificación de proyectos comunitarios, donaciones, cartas, llamadas y mensajes llegan a diario", apunta Celia Correas.

"Mi oficina es como un biombo que me aísla", confesó la escritora. "Hay desconocidos que se ponen furiosos porque no los ayudo a comprar un taxi o porque no tengo tiempo para editar el manuscrito de 600 páginas de su anciana madre, que en paz descanse. Respondo negativamente un 95% de las invitaciones y el resto lo paso por un filtro".
Para ello cuenta con la ayuda de Giulia Welch, casada con Ernesto, el esposo de Paula, y Lori Barra, la diseñadora de Afrodita que terminó casada con su hijo Nicolás y que dirige la fundación. Pero las decisiones las toma ella.

La Casa de los Espíritus
Tal como en la fundación, las cuentas domésticas las paga Isabel Allende. La única propiedad que posee es su casa en San Rafael, conocida como La Casa de los Espíritus. "Es una construcción preciosa -dice su amiga Celia Correas-, estilo español, que tiene una maravillosa vista del puente Golden Gate".
Ubicada en la cima de una colina, la casa destaca en el paisaje urbano de la ciudad. Cuando terminaron de construirla, contrataron un equipo para que le diera el toque especial. "Mancharon las paredes, lanzaron ácido sobre los rieles de hierro, y martillaron las puertas. Los vecinos se juntaron en la calle para observar con asombro esta destrucción metódica, preguntando qué diablos hacíamos. ¿Si queríamos una casa estropeada, por qué construimos una nueva?". El resultado es una construcción reciente que parece una casa chilena del siglo pasado.
Ajena a los grandes lujos, la decoración de La Casa de los Espíritus atestigua los constantes viajes de la escritora y sus aficiones. Tapicería turca, orfebrería marroquí, pinturas hechas por ella misma y muchas flores ambientan el interior. Cuenta con un amplio jardín, que es dominio de Willie Gordon, y junto a la piscina se ubica el escritorio de Isabel Allende. "Es una casita aparte, donde trabaja entre seis a ocho horas diarias. Siempre enciende velas y está acompañada por fotos de sus seres queridos", cuenta Celia Correas.
En su tiempo libre, cocina, teje y escribe tarjetas para sus lectores. Y oficia de abuela. Sus nietos Alejandro, Andrea y Nicole, hijos de Nicolás, viven a cinco minutos y se roban la atención de la escritora. Para ellos escribió la novela juvenil La Ciudad de las Bestias (2002).
Sus días comienzan temprano, con una caminata matinal, acompañada de su amiga Tabra Tunoa, la joyera que conoció recién llegada, una ex hippie que se ha transformado en artista de la orfebrería. Una o dos veces por semana visita el milenario bosque donde repartió las cenizas de Paula.
Disfruta con las viejas películas norteamericanas, en especial de El Tesoro de Sierra Madre y Casablanca. Le gusta la música clásica y viaja seguido a Nueva York junto a su marido para asistir a la temporada de teatro. Pero no todo ha sido fácil en Estados Unidos.
El american way life
La muerte de Paula y la de Jennifer, la hija de Willie Gordon, fueron dos golpes duros para la pareja (ver recuadro). Lo superaron con terapia y apoyo muto. Esa pérdida, en todo caso, no ha sido la única dificultad.
A Isabel Allende no le fue fácil integrarse a Estados Unidos. No sabía el idioma y desconocía los códigos culturales. "En las ocasiones que nos juntamos con amigos, puedo participar poco en la conversación, porque no conozco los acontecimientos o la gente de la que hablan, no vi las mismas películas en mi juventud, no bailé al son de la guitarra epiléptica de Elvis, no fumé marihuana ni salí a protestar contra la guerra de Vietnam", dice en Mi País Inventado.
Cuando llegó a San Rafael, le pareció todo demasiado limpio y ordenado. La gente del lugar practica yoga, budismo zen, gimnasia o alguna terapia espiritual. Parecen muy liberales, comenta, pero la intolerancia se manifiesta contra los inmigrantes. "La mayoría espera que los hispanos hagan el trabajo de servicio que nadie hará y que después desaparezcan silenciosamente con el crepúsculo hasta el otro día".
Le chocaba además el hedonismo de la sociedad, su premura con el tiempo, el gusto por la violencia. "Pensé que nunca me adaptaría... Parezco chilena. Cocino, sueño, escribo y hago el amor en español". Pero terminó integrándose. Ahora también practica yoga, mantiene un grupo de lectura y meditación, y vota por los candidatos demócratas.
"Me he acomodado al ritmo de este extraordinario lugar, tengo sitios favoritos donde pierdo el tiempo hojeando libros, paseando y hablando con amigos... Espero con ansias el pavo del día de acción de gracias y el esplendor kitsch de las Navidades. Incluso participo del obligado picnic del 4 de julio", comenta. "Mi marido, mis hijos, mis nietos, mis amigos y mis libros están aquí. Esta es mi casa ahora".

Las alegrías y dolores de la familia
La historia de Isabel Allende y Willie Gordon es la de una pasión fulminante. Se conocieron en 1987 y al año siguiente estaban casados. Ella ha dicho que la atracción fue puramente sexual. "Pero no fue sólo eso", cuenta en el libro de Celia Correas. "Eramos dos náufragos llegados de orillas distantes, habíamos pasado por pérdidas y desencantos, por muchas soledades".
Ella se había divorciado de Miguel Frías y tenía dos hijos; él contaba dos divorcios y tres hijos. Firmaron un acuerdo de fidelidad mutua y un acuerdo prematrimonial en que separaban el dinero de cada uno.

En 1992 murió Paula Frías, producto de porfiria, y a los siete meses falleció Jennifer, la hija de Gordon, por sobredosis de droga.
Jennifer dejó una hija, que nació portadora de VIH. Fueron días tristes y difíciles para ambos. "Willie y yo somos fuertes y testarudos, nos costó admitir que se nos había roto el corazón. Nos tomó tiempo y terapia poder por fin abrazarnos y llorar. El duelo fue un largo viaje al infierno, del cual salí gracias a él y a la escritura", relata.
Hoy permanecen juntos. La familia, que se ha disgregado un poco, se reúne cada Navidad en San Rafael.

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