Seguidores

19 oct. 2008

LA SUMA DE LOS DIAS

La familia es el eje de La suma de los días. ¿Cuál cree que es el papel de la familia en el mundo actual?

La familia tradicional está desapareciendo en los países industrializados, pero sigue siendo el eje de la sociedad en el resto del mundo, con todas las ventajas e inconvenientes que ese tipo de familia conlleva. En la cultura occidental moderna la familia ha cambiado por completo, ya no se ajusta a los moldes de antes, y creo que mi libro es un buen ejemplo de ello. Tengo una familia compuesta, añadida, parchada, adoptada, de gente que a veces no está relacionada por lazos de sangre, de diferentes razas, creencias, temperamentos, etc. Estamos juntos porque nos queremos a pesar de las peleas y problemas, que nunca faltan. La familia nos da seguridad, protección, compañía; y también nos rompe los nervios, pero yo no podría vivir sin ella.

¿Qué significa ser madre?

A mi edad me siento madre de mucha gente, no sólo de Paula y Nico. Soy la matriarca, la mujer madura que tiene la misión de cuidar a los jóvenes y facilitarles las cosas, para que no tropiecen tanto como he tropezado yo en el viaje de mi vida. Me siento matriarca de mi hijo Nico y de Lori, su adorable mujer, de mis nietos, de Juliette y sus hijos (ella es mi asistente), de mis hijastros, ahora de mis padres, que están viejos y frágiles, e incluso de la primera mujer de Nico, a pesar de que están divorciados desde hace más de 10 años. Asumo mi papel de madraza con orgullo y liviandad. Nunca lo he sentido como una carga o como una tremenda responsabilidad. Se hace lo que se puede, no más, y por el camino se arreglan las cargas, como decía mi abuelo cuando iba con una recua de mulas por la cordillera de los Andes hacia la Patagonia argentina.

¿Qué papel, de todos lo que le ha tocado vivir en su familia, es con el que más ha disfrutado?

Al terminar este libro comprendí que mi característica más fuerte es la maternidad, que la ejerzo con inagotable energía y gusto, pero todavía lo que más disfruto es mi relación amorosa con Willie. Si tengo que escoger entre dormir con mis nietos o con mi marido, prefiero lo segundo. ¿Es posible la vida sin el amor de un hombre? Supongo que la vida es posible sin el amor de un hombre, porque hay tantas otras formas de amor que pueden llenar el alma y ocupar los días, desde la familia hasta el servicio a la comunidad, pero por suerte yo he vivido casi siempre enamorada. Este año cumplo 65 años y me siento tan enamorada como estaba a los 15. Mis nietos opinan que es bochornoso; preferirían que lo disimulara, para que no fueran a enterarse sus amigos.

¿Qué piensa de la infidelidad en la pareja?
Hay toda clase de acuerdos entre las parejas, incluso el amor libre. Yo he probado la infidelidad y no me funciona, porque termino amando a medias. Con Willie acordamos desde el principio que tendríamos una relación monógama y por mi parte lo he cumplido al pie de la letra. No puedo meter las manos al fuego por él, claro, pero no me ha dado motivos de celos. Antes le decía que si lo sorprendiera en una infidelidad los iba a matar a él, a sus hijos y al perro. Ahora me he calmado un poco y eso me parece una reacción algo exagerada, porque después habría que limpiar los charcos de sangre. Si lo pillara le rompería todo lo que tiene, desde sus manuscritos hasta su sombrero Borsalino, y lo pondría de patitas en la calle.

Un aspecto importante de La suma de los días es la presencia de diferentes religiones e incluso creencias personales.

¿Qué papel tiene la religión en su vida?

No pertenezco a ninguna religión organizada pero tengo una práctica espiritual diaria y siento respeto por las creencias ajenas, aunque me espanta el auge del fundamentalismo que hoy es evidente en casi todas las religiones monoteístas. Las adicciones también aparecen a lo largo del libro.

¿Cómo piensa que debe afrontarse este problema?

Después de haber vivido 20 años en contacto con las adicciones de los hijos de Willie y sus terribles consecuencias, creo que hay que legalizar las drogas y controlarlas, tal como se controla el alcohol o los medicamentos. Lo peor de la adicción es la criminalidad, la corrupción, el dinero sucio que financia el vicio y el hecho de que los adictos terminan convertidos en guiñapos humanos, marginados de la sociedad, con mínima ayuda o simpatía. Necesitan ayuda, no castigo.

¿Dónde están sus raíces después de treinta años lejos de su Chile natal?

Mis raíces están firmemente plantadas en Willie, mi familia y mis libros.

¿Qué significa la escritura para Isabel Allende?

¿Cuánto de imaginación y cuánto de realidad hay en su obra?

La escritura me permite aclarar un poco la confusión de la vida. Al nombrar las cosas, las entiendo y las recuerdo, por eso esta memoria ha sido tan importante para mí. Al escribir sobre mi familia he podido ver las relaciones con cierta perspectiva, darme cuenta de las tensiones y de las corrientes subterráneas que nos llevan en diferentes direcciones; también he llegado a conocer mejor a cada miembro de la familia. Todos tienen su propia versión de los hechos y he tratado de barajarlas en forma equilibrada, lo que no siempre es posible. Generalmente escribo ficción, de manera que hay un componente muy alto de imaginación en todos mis libros, pero en

La Suma de los Días, como en Paula, he procurado acercarme lo más posible a la verdad y a la realidad. Aclaro, eso sí, que en ambos casos se trata de libros muy personales, muy subjetivos. Son libros escritos desde la emoción y el recuerdo.

¿Cree que La suma de los días podría servir de ayuda a personas que han tenidos problemas de familia, tal como sucedió con muchos de los lectores que se identificaron con la historia de Paula?

No puedo contestar esta pregunta, porque no tengo idea cómo será recibido este libro, tal como tampoco lo sabía en el caso de Paula. Escribí ese libro como una catarsis, sin imaginar que tocaría a tantas personas en todo el mundo durante tantos años. Todavía recibo cartas de lectores conmovidos por la historia de mi hija.

¿Qué cuerdas puede hacer vibrar La Suma de los Días?

Eso lo dirá el tiempo.

Después de todo lo vivido y contado en La suma de los días ¿Qué sueño le queda por cumplir?

A ver, a ver… sueños por cumplir… No se me ocurre ninguno realista. Sueño con tener piernas largas, por ejemplo, pero eso es como soñar con Antonio Banderas. A veces me pongo ansiosa porque siento que el libro que estoy escribiendo se ha atrancado, o porque hay demasiadas actividades en mi agenda y no me queda tiempo ni para respirar, entonces digo en voz alta que "sueño con jubilarme". A Willie y al resto de la familia les dan ataques de pánico cuando digo eso, porque la idea de tenerme ociosa interfiriendo en sus vidas, dándoles órdenes, cambiando la decoración de la casa e inventado proyectos que los incluyen a todos ellos, es aterradora. Pero no es verdad: no sueño con jubilarme. Sueño con seguir escribiendo, seguir enamorada y seguir cerca de mi familia hasta el fin de mis días.

Preguntando a Isabel

Isabel Allende
“Soy fiel no sólo por virtud sino por falta de oportunidades
"He hecho las paces con la muerte de mi hija y otras pérdidas formidables que han marcado mi camino"
Su última novela es un libro-cuento mágico, ecologista, natural “y muy de tradiciones”, como afirma su autora. El bosque de los pigmeos cierra un ciclo de tres libros (La Ciudad de las Bestias y El Reino del Dragón) que conforman una aventura vital apasionante que esta escritora hizo para sus nietos.

1. ¿Satisfecha con tu vida?
Sí, porque deseo muy poco y puedo vivir sin temor.

2. A pesar de la muerte de tu hija Paula...
He hecho las paces con la muerte de mi hija y otras pérdidas formidables que han marcado mi camino. Me han enseñado que lo único que se tiene es el amor que se da.

3. ¿Fue difícil de contar en un libro (Paula)?
No, fue un ejercicio de reflexión y memoria. Me vino bien.

4. De joven, ¿eras así de fuerte?
No sé: mi niñez la marcó la tradición, un rígido sentido del honor y la religión católica. Luego, me hice feminista y escapé de casa casándome de blanco con el hombre que se suponía adecuado...

5. El fin de tu matrimonio, ¿fue duro?
Doloroso: casi siempre el divorcio se vive como una perdida o un fracaso, pero no fue violento ni drástico porque emocionalmente esa relación había terminado mucho antes.

6. Y luego, volvió el amor...
Willie, mi compañero, dice que fue un encuentro de almas, pero yo no sentí nada espiritual, pura lujuria. Llevaba viviendo en castidad mucho tiempo: dos o tres semanas me parece...

7. La fidelidad, ¿importa?
Hay parejas que no tienen ese requisito y se las arreglan bien, pero como nosotros ya conocemos los peligros de incluir a terceras personas en una relación, hemos pactado fidelidad. Además, yo soy muy celosa y no tengo tiempo para espiarlo...

8. ¿No siempre fuiste fiel?
Con Willie sí, no sólo por virtud, también por falta de oportunidades. No hay muchos candidatos dispuestos a seducir a una abuela ajena...

9. ¿Y con otros..?
Me arrepiento de las mentiras y traiciones en mi primer matrimonio; dejan cicatrices imborrables

10. ¿Cómo te ven los demás?
Con una máscara, diferente a como yo misma me veo

11. ¿Te preocupa?
No, me preocupa la injusticia social: es tan abrumante en América Latina que sólo un cretino dejaría de verla. Yo la percibí desde bien pequeña.
12. ¿Y cuál crees que es la clave para ayudar?
Impaciencia de corazón y la certeza de que he recibido mucho y a la tumba me iré desnuda. Sólo se tiene lo que uno da.
13. ¿Eso dónde lo aprendiste?
Me lo enseñó mi hija Paula con su alegre desprendimiento y con la tremenda lección de su agonía y su muerte.
14. ¿Para qué escribes?
Escribo para que no me derrote el olvido y para nutrir mis raíces, que ya no están plantadas en ningún lugar geográfico, sino en la memoria y en los libros que he escrito.
15 ¿Y para quién?
La escritura es un trabajo lento, silencioso y solitario. Cada libro es un mensaje lanzado al mar en una botella, no sé qué orillas alcanza ni a qué manos va a parar.
16. ¿Lees los manuscritos a alguien antes de publicarlos?
No, es como pasearte en ropa interior... ¿Para qué lucir la celulitis si con medias me veo mucho mejor?
17. ¿Cuál es tu personaje favorito?
Eva Luna, porque se rebela contra su destino y sale adelante usando el único don que le dio la naturaleza: el don de contar. Porque es femenina y feminista. Porque tiene un corazón recto y no teme a su propia sensualidad.
18. ¿Así eres tú?
Así aspiro a ser.
19. ¿Crees en el feminismo?
El feminismo es una revolución en marcha, tiene altibajos, pero ya no puede echarse marcha atrás. Por lo demás, se ha logrado muy poco, todavía la inmensa mayoría de la humanidad no ha oído hablar de igualdad de derechos de la mujer.
20. Tus inicios fueron en el periodismo feminista...
No exactamente: éramos un grupo de mujeres jóvenes, emancipadas, llenas de ideas originales, atrevidas. No éramos un grupo organizado de feministas, sino de periodistas que trabajábamos en una revista femenina.
21. Entonces, ¿imaginaste tu éxito?
¡Claro que no! Siempre me atrajo contar cuentos; antes me decían mentirosa, ahora que me gano la vida con mentiras resulta que soy escritora.
22. ¿Por qué las mujeres usamos menos el humor que ellos?
Porque tenemos que gastarlo en sobrevivir. Los hombres que se toman a sí mismos tan en serio pueden usar el sentido del humor que les sobra para ganarse la vida.
23. Un trauma de tu infancia...
Las monjas me echaron porque mi madre, separada de mi padre, se enamoró de otro hombre.
24. ¿Ella te enseñó a ser afectuosa?
Aprendí a ser afectuosa con mis hijos; desde que nacieron los he tenido muy apretados.
25. ¿Qué defectos tienes?
Soy crédula, es fácil engañarme si me pillan el lado sentimental. Y soy muy independiente, no quiero que se metan en mi vida como yo me meto en la de los demás
26. ¿Nunca pides consejo?
Rara vez, y cuando lo hago no lo oigo.
27. Una rareza...
Necesito por lo menos ocho horas de soledad y silencio.
28. ¿Qué es la vida para ti?
Un proceso natural, doloroso e incómodo unas veces, y maravilloso otras; pero al final, sólo recordamos lo bueno.
29. ¿Cómo es eso?
Sólo recordamos lo que deseamos preservar: lo más brillante y lo más oscuro. Los grises se pierden.
30. ¿Lloras en silencio?
Sí, me han tocado en suerte algunas pruebas de las que no requieren palabras, sino lágrimas

Una clase de Historia con Isabel Allende

Radio Internacional Feminista/ Julio 2003
Una clase de Historia con Isabel Allende

Entrevista de Laura Flanders/Radio Working Assets/ San Francisco CAWorkingForChange.com Junio 9, 2003 Traducido del inglés por Ana Ugalde

Radio Internacional Feminista

"Esto es lo que sucedió con los nazis en Alemania… y la gente creyó que lo podía soportar. Si, lo podían tolerar siempre y cuando no afectara su vida personal. Tenemos que parar esto ahora. Tenemos que detenerlo porque se nos está saliendo de las manos. Este gobierno está haciendo cosas que no son permitidas por nuestra Constitución. Por eso tenemos que reaccionar. Por Dios, ¿qué es lo que la gente está esperando? Isabel Allende.

A la autora chilena Isabel Allende le tocó vivir una dictadura y ella no es de las que se va a sentar y mirar por segunda vez cómo se roban una democracia.
En su última autobiografía, “Mi país inventado: un paseo nostálgico por Chile”, ella explora los recuerdos de su tierra natal, las lecciones de su propia historia y sus interpretaciones de lo que significa ser chilena, y ahora estadounidense.
Isabel Allende fue entrevistada por Laura Flanders y por la audiencia de Radio Working Assets, un programa radial con llamadas, transmitido de lunes a viernes en KALW-91.7 fm en San Francisco y en www.workingassetsradio.com.

La entrevista se llevó a cabo el 29 de mayo, 2003.
1.- Nos referimos al golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile, que derrocó a su primo Salvador Allende y los ataques en esa misma fecha en los Estados Unidos. Usted dice que esas dos fechas, con una diferencia de casi 30 años entre uno y otro, han venido a representar toda una diferencia en su vida y que los ataques a los EEUU cambiaron su relación tanto con Chile como con este país, que es desde hace muchos años su hogar. ¿Puede explicarse?
Bueno. Un martes 11 de septiembre de 1973, tuvimos un golpe militar en Chile. Fue un ataque terrorista a una democracia, patrocinado por la CIA. Muchos años después, tuvimos un ataque terrorista en esta democracia, los EEUU, donde ahora vivo. Pienso que en mi mente, ambos eventos tienen un gran significado porque en el primero perdí mi país. Tuve que salir y viví en el exilio por muchos, muchos años. Y el segundo evento me hizo sentir que yo tenía – había ganado un país. Por primera vez afloró ese sentimiento; sentí que me podía relacionar con la vulnerabilidad que la gente estaba sintiendo.
Cuando vine a los EEUU hace 16 años, una de las cosas que le dije a mi esposo fue que este era un país muy arrogante. Consistía en una especie de optimismo infantil, una arrogancia infantil de que aquí no podía suceder nada, que todo el mundo estaba seguro. que podíamos prosperar indefinidamente y que todo sería cada vez mejor y mejor. Así no es como es la vida en el resto del mundo. Por eso siempre me sentía muy alienada. El 11 de septiembre del 2001, pienso que la gente por primera vez se dio cuenta cómo es la vida en el resto del mundo y entonces supe que con ese sentimiento yo sí me podía relacionar.

2.-Nos referimos al golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile, que derrocó a su primo Salvador Allende y los ataques en esa misma fecha en los Estados Unidos. Usted dice que esas dos fechas, con una diferencia de casi 30 años entre uno y otro, han venido a representar toda una diferencia en su vida y que los ataques a los EEUU cambiaron su relación tanto con Chile como con este país, que es desde hace muchos años su hogar. ¿Puede explicarse?
Bueno. Un martes 11 de septiembre de 1973, tuvimos un golpe militar en Chile. Fue un ataque terrorista a una democracia, patrocinado por la CIA. Muchos años después, tuvimos un ataque terrorista en esta democracia, los EEUU, donde ahora vivo. Pienso que en mi mente, ambos eventos tienen un gran significado porque en el primero perdí mi país. Tuve que salir y viví en el exilio por muchos, muchos años. Y el segundo evento me hizo sentir que yo tenía – había ganado un país. Por primera vez afloró ese sentimiento; sentí que me podía relacionar con la vulnerabilidad que la gente estaba sintiendo.
Cuando vine a los EEUU hace 16 años, una de las cosas que le dije a mi esposo fue que este era un país muy arrogante. Consistía en una especie de optimismo infantil, una arrogancia infantil de que aquí no podía suceder nada, que todo el mundo estaba seguro. que podíamos prosperar indefinidamente y que todo sería cada vez mejor y mejor. Así no es como es la vida en el resto del mundo. Por eso siempre me sentía muy alienada. El 11 de septiembre del 2001, pienso que la gente por primera vez se dio cuenta cómo es la vida en el resto del mundo y entonces supe que con ese sentimiento yo sí me podía relacionar.

3.- Cuando usted se traslada a Chile en los escritos de "Mi País Inventado", la mayoría del libro trata del período anterior a 1973, en el cual, como usted lo describe, los chilenos, por lo menos los de su clase, adolecían de la misma negación, según lo describe usted: “ Nosotros los chilenos no teníamos ni idea de lo que significaba un golpe militar, pues contábamos con una larga y sólida tradición democrática”. Y continúa diciendo: “No, eso nunca nos pasaría a nosotros, proclamábamos (señalando a las “repúblicas bananeras” de otras partes) que en Chile hasta los soldados creían en la democracia. Nadie se atrevería a violar nuestra Constitución." Pues sí, fue violada. En 24 horas, todo cambió. Puede suceder en cualquier parte. Sucedió en Italia, en España, en Alemania, ha sucedido en todas partes del mundo. Así que nadie es inmune a algo así. Pienso que es importante recordarlo. Que solo apreciamos las cosas cuando las perdemos. Eso puede suceder con la salud, puede suceder con la democracia. Eso es lo que pasó en Chile.

4.-Tuvo usted conciencia, de manera inmediata, del cambio que había sucedido en su vida?
No. Todo sucedió tan rápido. Sucedió en un día, pero no nos dimos cuenta porque había censura. Todos los medios fueron censurados y no había noticias, solo rumores. Como teníamos una larga tradición democrática, pensamos que los soldados regresarían a sus barracas en una semana y que convocarían a elecciones de nuevo. Nosotros nunca pensamos – pienso que ni siquiera los militares – que pasarían 17 años y que tendrían las brutales características que tuvo. Fue una sorpresa.
5.- Mucha de la familia de Allende – la más cercana, tal vez, salió inmediatamente después del golpe. Creo que usted lo mencionó antes; les enviaron un avión o un bote de México para que la gente se fuera. Usted no lo hizo. Se quedó, continuó haciendo cierto tipo de trabajo…
¿cuándo fue que se dio cuenta que tenía que salir y partió hacia Venezuela?

Creo que fue como un año después. Me di cuenta… poco a poco, que había estado involucrada en cosas ... por las que se podía perder la vida... como esconder a gente, pasar información fuera del país, tratar de llevar a algunas personas a embajadas para buscar asilo y ese tipo de cosas. Me fue dando más y más miedo. Sentí que el círculo de represión se acercaba cada vez más a mi cuello y hubo un momento en el que no lo pude tolerar más. Hubo señales de que me tenían en la "lista negra." Todo eso eran, como dije, rumores. Nunca se pudo confirmar nada. Las reglas cambiaban todo el tiempo. La represión se fue haciendo cada vez más y más eficiente, más efectiva. Eso sucedió de manera rápida, pero por etapas.
Sabes, es algo muy extraño: se aprende a vivir con las cosas. Por ejemplo, si te quitan algo, digamos la libertad de prensa o... si, digamos que tu teléfono es intervenido y dices “Bueno, yo puedo vivir con eso” y al día siguiente te pasa otra cosa, y dice "Bueno, tendré que vivir con eso también” y así sigue la cosa. Y entonces después de muchos meses, te das cuenta que lo has perdido todo. Pero como que te has acostumbrado a eso. Y entonces llega un momento en el que estás hablando de tortura en el desayuno con tus hijos. Y de pronto estás ante esta epifanía o revelación en la que tomas conciencia de la clase de vida que estás viviendo.. . ese es el punto donde yo salí.

6.- Al final, Pinochet sufrió las zancadillas de sus propios artilugios legales, dejando abierto el caso de los tantos, tantos y tantos desaparecidos; lo suficientemente abierto como para ser procesado. Cuando fue acusado, en América Latina particularmente, la expectativa era que la justicia por fin sería cumplida--- y que finalmente se pondría un fin a esta cultura de impunidad.
¿Qué pasó con ese sentimiento?


Bueno, yo pienso que sabemos que hay impunidad, pero hay impunidad en el mundo. Mire las cosas horribles que otra gente ha hecho – para empezar los Estados Unidos – , existe impunidad. Los que deberían ser castigados por sus crímenes no lo son. Y los que no han cometido crímenes van a la silla eléctrica. Así que el mundo es un lugar muy injusto y tenemos que vivir con eso. Históricamente, ha habido impunidad para la mayoría de los crímenes
7.-Piensa usted que los estadounidenses en general sienten que existe, aquí mismo, una “cultura de la impunidad”?
No. Para nada. En los EEUU creemos que somos los mejores del mundo, que tenemos la mejor democracia del mundo, que la justicia siempre se cumple, que los malos siempre lo pagan, que los buenos siempre son recompensados, etc. Estilo Hollywood. Pero cuando analizamos la historia de nuestro país, nos damos cuenta que la mayoría de las cosas salen mal, muy mal.

8.-Comenta usted que el 11de septiembre de cierta manera le dio a usted una misión diferente, una nueva misión... ¿en qué radica la diferencia?
Cuando llegué a este país, vine porque me enamoré o caí en redes lujuriosas de un tipo. No vine porque estuviera siguiendo el Sueño Americano. Ni sabía que existía el Sueño Americano; vine aquí con la idea de que en una semana se me pasaría el enamoramiento y entonces regresaría. Eso fue hace 16 años, él todavía sigue en mis adentros y yo me hice norteamericana. Amo este país y me gustaría cambiar las cosas que no me gustan; pienso que tengo pertenencia y que tengo una misión. Mi misión es servir de puente entre dos culturas.
Hablo inglés y español. Escribo en español, mis libros son publicados en inglés. Todo el tiempo estoy con un micrófono, dirigiéndome a las audiencias. Por ello, tengo la posibilidad de hablarles sobre lo que yo veo en otras partes y que la gente de aquí ignora. Están desinformados o no les importa, porque no saben realmente lo que está pasando.
9.- ¿Qué es lo más importante en la lista de cosas que quieres decir?
La paz. La paz está de primero en la lista, porque pienso que podemos ir a otro país e invadirlo y tenemos el derecho de hacerlo. Inventamos toda clase de excusas para hacerlo y ahora estamos inventando excusas para invadir Irán o Siria o lo que sea. Eso no es algo que podamos hacer con impunidad. Tarde o temprano pagaremos por eso. Y la gente tiene que saber eso.

Pregunta por teléfono: Keith de Fairfax – ¿Se disculparán los EEUU?
No, los EEUU no pedirá disculpas y no se trata de eso. El punto es que no cometamos el mismo error una y otra vez. Porque lo mismo se hizo en Nicaragua y en Guatemala. Apoyamos a los "contras", apoyamos a Noriega en Panamá. Hemos apoyado a los peores dictadores de América Latina. Hemos destruido gobiernos democráticos para instalar tiranos – la clase de gobierno que nunca toleraríamos en este país.
Eso es lo que necesitamos cambiar. Cuando sucedió lo del 11 de septiembre, por primera vez la gente se empezó a cuestionar "¿Por qué nos odian?" Nunca se habían hecho esa pregunta, ni siquiera se daban cuenta de lo que pasaba fuera de aquí.
Para los estadounidenses, el mundo existe cuando estamos en conflicto con algún lugar. Y de pronto, Afganistán salta en la pantalla de TV y se convierte en un lugar. Y existe por tres semanas para luego desaparecer en la neblina. Luego emerge Irak para de nuevo olvidarlo y después nos enfocamos en otra cosa. Nuestro horizonte de atención es realmente pequeño.

Pregunta por teléfono: David, hablando de La Casa de los Espíritus y cómo el fin lo desconcertó a él (reconciliación]
La intención de ese fin fue la reconciliación. Lo dice claramente el libro: no todo aquel que debiera ser castigado lo es. Y también dice que debemos sobreponernos... no podemos pagar con violencia. Debemos… nunca olvidar, y perdonar. Continuar con nuestras vidas. Pienso que eso ha pasado en Chile. El final del libro fue realmente atacado cuando salió el libro. El tiempo ha demostrado que esa era la única manera de seguir adelante y de recobrar la democracia. Teníamos que dejar ir la idea... a veces hasta la idea de la justicia con el fin de mantener la visión en el futuro. Sabe, esto fue hace 30 años. Me he encontrado con innumerables personas que habían sido víctimas de la dictadura. Nunca me he encontrado con alguien que diga: "Quiero violar al violador, quiero torturar al torturador, matar al asesino". Nunca. La gente no quiere hacer eso porque son diferentes, son mejores. Lo único que quieren es que se diga la verdad, que los muertos sean honrados y seguir adelante con sus vidas. Usted por lo visto no olvida. ¿Perdona usted a los EEUU por lo que hizo en Chile? Los EEUU como país ni siquiera sabía lo que estaba pasando en Chile. Fue el gobierno. No se puede culpar al pueblo de los EEUU por lo que hicieron Kissinger y Nixon ... o la CIA. Tampoco se puede culpar hoy a los EEUU por lo que está pasando en Irak. Porque la mayoría de la gente ni siquiera saben que lo que ven en la TV es un juego de video. No sabemos verdaderamente lo que está pasando allá. Como gente educada, tenemos la obligación de conseguir la información, pero no todo el mundo lo hace.

La noticia que me ha llamado la atención esta semana es la de Bahía Guantánamo, donde dicen que los oficiales de EEUU están básicamente planeando convertir el lugar en un campo de la muerte – con su propia línea de fuego (death row? ), su propia cámara de ejecución. Se nos ha dicho que este es un lugar para 680 detenidos sin juicio, donde habrá tribunales sin jurados ni apelaciones. Inclusive hasta se habla de la imposición de una pena de muerte. Según su experiencia con lo que pasó en Chile, ¿cuándo será que digamos, aquí en los EEUU, esto es muy parecido,? Tenemos que llamar a esto por su nombre, y ¿cuál es ese nombre?
Bueno, eso es lo que pasó en Alemania con los nazis. Poco a poco, sin duda, fueron apareciendo los campos de concentración y los campos de muerte por todo el país y otros países también. La gente creyó que lo podía soportar. Lo podían tolerar porque no afectaba sus vidas personales. Tenemos que detener esto. Tenemos que pararlo antes de que se nos salga de las manos. Este gobierno está haciendo cosas que no están permitidas por nuestra Constitución. Por eso podemos reaccionar. Por Dios, ¿qué está esperando la gente?

18 oct. 2008

LA FELICIDAD DE ESCRIBIR

ENTREVISTA: ISABEL ALLENDE
La felicidad de escribir
La autora de ‘La casa de los espíritus’ vuelve a la literatura con un libro sobre ‘El Zorro’, el héroe de leyenda. A los 62 años, la escritora chilena confiesa su pasión por la literatura.
JOSÉ MANUEL CALVO 10/07/2005

“Uno entiende que todo es cíclico, que tanto nacer como morir son momentos del mismo ciclo. Que está como pegado todo”. La escritora Isabel Allende habla en su oficina de Sausalito y más tarde en su casa de San Rafael, frente a la bahía de San Francisco, horas antes del nacimiento de dos mellizas, hijas de Ernesto, el hombre que estuvo casado con su hija Paula. Y la excitación por el parto inminente –“¡estamos locos por ver a las niñas!”– se enlaza con el recuerdo de Paula, que murió hace 13 años: “Ernesto, el viudo de Paula, se volvió a casar con una chica americana, Giulia Welch, que nació el mismo día que Paula. La madre de la chica se llama Paula; su padre nació el mismo día y el mismo año que yo. Se casaron y vivían en Nueva Jersey. Yo empecé a tirar cuerda para que se vinieran a California, porque los quería tener aquí, conmigo. En aquel momento estaba construyendo esta casa, y les dije: vénganse, y si acaso se consiguen un trabajo por aquí, yo les doy la casa vieja. Consiguieron trabajo y se vinieron –a la casa en la que murió Paula– el aniversario del mismo día que nosotros llegamos con Paula desde España, el 4 de mayo de 1992. Han sido muy felices ahí y ahora esperan mellizas. Giulia está como un galeón, yo nunca había visto una barriga de ese tamaño. Dos niñitas que se van a llamar Elisa Mariana y Cristina Pilar”.
¿Estos nacimientos le consuelan o le vuelven a abrir la herida? ¿Qué efecto le hacen en el recuerdo de su hija?
Me dan una gran felicidad, porque pienso que Ernesto merece ser feliz y que Paula lo protege desde el cielo, o desde donde sea. Le han pasado cosas a Ernesto con las fechas que son demasiado significativas. Todas éstas que acabo de decirte y otras, cosas demasiado significativas como para ignorarlas.
Yo creo que todos sentimos a Paula muy cercana, muy presente, como un espíritu benéfico. No te voy a decir que veamos fantasmas en la casa, pero hay una especie de conexión con la vida que antes no teníamos, porque nosotros no somos gente religiosa. Entonces, la idea de que existe un espíritu, de que la muerte es como un umbral, pero no necesariamente un fin, puede ser un consuelo. Y además, la respuesta que tuvo Paula ha sido mayor que la de todos mis otros libros juntos. Siguen llegando cartas todos los días, así que hay una presencia de ella que viene de los lectores también, y eso es bonito.

Usted escribió ‘Paula’ para entrar en aquel dolor y poder salir de él. Pero ¿en qué momento salió de verdad?
Yo creo que fue cuando nació mi nieta Nicole. Al morir Paula, mi nuera de entonces, la primera mujer de mi hijo Nicolás, dijo que querían tener otro bebé. Les dije que Paula no se podía reemplazar; pero cuando nació Nicole, yo corté su cordón umbilical: ése fue el momento en el que empezó la vida de nuevo.

¿Queda la cicatriz?
¡Claro! Yo veo una chica en blue jeans y con el pelo largo, flaca, caminando por la calle, con una mochila a la espalda, y se me aprieta el corazón, porque es Paula. Todavía es Paula. Y siempre será Paula, de 28 años. Hoy día tendría 40.

¿La reconocería yo si la viera?
Cómo sería ella hoy a los 40, no lo sé, pero para mí ella siempre va a tener 28; siempre va a ser una niña graciosa, delgada, de melena castaña, con una actitud de bailarina…

En lo que Isabel Allende llama “la cabaña”, una construcción separada de la casa en donde se encierra once horas diarias cuando escribe, hay dos habitaciones. “Yo empiezo cada día allí, con una meditación en esos almohadones. Doy gracias por todo, me hablo con la Paulita, prendo mis velas, y luego me pongo a trabajar aquí, en esta otra habitación”. En la mesa, a un lado de la pantalla del ordenador, la foto de Paula; al otro, sus dos abuelos, los protagonistas de La casa de los espíritus, el libro que arrancó como una carta escrita en Caracas al abuelo que se moría en Chile. Isabel Allende empezó aquella carta un 8 de enero. La acabó un año más tarde. Desde entonces empieza siempre sus libros el 8 de enero. “Y esto es salvia, que quemo cada vez que comienzo a escribir, y que tiene un sentido mágico entre los indios. Cuando empecé El Zorro [el último de sus 15 libros, traducidos a casi treinta lenguas] y quemé la salvia me dije: ¡quiero ser un hombre de 20 años, joven, fuerte, romántico, enamorado! Y así escribí el libro”.

Para usted la familia es fundamental.
¿Sabes que me dicen “el padrino”? Porque dicen que soy igual a Marlon Brando en la película, que yo quiero tener a toda mi familia en varias casas cercadas con guardaespaldas para que no salgan [risas]. Esto que tenemos no es como yo quisiera, pero la verdad es que vivimos en tres casas que quedan a una o dos cuadras de distancia, a minutos caminando. Nos vemos todo el tiempo. Anoche cociné para 20 personas, hoy me tocan 17.

Qué contraste en una sociedad como la estadounidense, en la que la familia no es precisamente una estructura fuerte.
Sí, es un poco raro, pero a todo el mundo le acomoda, porque nos ayudamos mutuamente. Yo me siento respaldada, puedo hacer mi trabajo en paz porque tengo toda una infraestructura familiar que me sostiene. Siempre hay alguien. Si uno se enferma, siempre hay tres o cuatro personas listas para ayudar. Y hay privacidad, no nos invadimos unos a otros; por lo menos yo no lo siento, no sé si mi nuera americana pensará diferente [risas]. Y por supuesto, hay problemas, hay fricciones que se resuelven hablando.

¿Cómo ve su fortuna en la vida?
Yo creo que tengo una vida muy feliz. Una vida en la que me han pasado muchas cosas, pero una vida muy rica. Comparado con otras personas, he tenido mucho. He tenido éxito; he tenido fracasos, dolor y alegría. He tenido mucho amor siempre… En todas las vidas hay pérdidas, hay desgracias, hay separaciones, hay abandonos. A todos nos toca una cuota. Para mí, esa cuota ha sido compensada con cosas extraordinarias: como este tiempo que estoy viviendo ahora, que no va a durar mucho, en el que estamos todos juntos, que los nietos están creciendo en un ambiente familiar… Eso no va a durar siempre. Los niños van a ser adolescentes, se van a ir a la universidad y no les vamos a ver más que para Acción de Gracias. Por eso hay que gozarlo ahora. Y después, ya veremos.

¿Qué cosas haría diferente si pudiera volver a empezar?
Habría tratado de ir a la universidad y estudiar una carrera, habría tratado de casarme un poco más tarde… Habría tenido más cuidado de no pasar como un tanque por encima de las vidas ajenas, produciendo dolor a otra gente. Y habría tratado de empezar a escribir más temprano.

Willie Gordon entra en la casa que sirve de oficina en Sausalito. “Hola, viejito, ven a saludar. Éste es mi marido, mi adorado marido. ¿Cómo le fue?”. Willie Gordon, abogado californiano ya retirado, lleva sombrero y habla un español con acento chileno. Se casó en 1987 con Isabel Allende, chilena nacida en Perú –ahora, además, con nacionalidad estadounidense– y que ha vivido en Bolivia, Líbano, España y Venezuela. “Las raíces chilenas son fuertes; con Willie hablo casi todo en castellano, y escribo sólo en español, aunque simplificado por el inglés. Cuando veo mis primeros libros digo: ¿pero qué me pasó?, se me saltaron todos los puntos; ¡puras comas, párrafos de catorce líneas! Eso ya no lo hago, porque estoy acostumbrada a leer en inglés, a hablar en inglés, que es un idioma muy preciso. Ahora me preocupo de encontrar un buen sustantivo que reemplace tres adjetivos. Trato de que la frase vaya mucho más directa. Mi marido dice que, antes de abrir un sobre, él sabe si la carta viene en español o en inglés, porque la que está en inglés es mucho más liviana”. En ese español más directo, Isabel Allende escribe, por ejemplo, “sollozar a pulmón partido” en su último libro, El Zorro. “Así sollozaba yo cuando la Paula se murió. Te duelen los pulmones de dolor”.

‘El Zorro’ es una novela de encargo, ¿no?
A mí no se me hubiera ocurrido nunca escribirla. El Zorro tiene dueño: la familia Gertz compró en 1920 los derechos del personaje al autor, el novelista Johnson McCulley, que escribió La maldición de Capistrano en 1919. Cuando Douglas Fairbanks hizo la primera película muda de El Zorro, recreó al personaje, porque en la novelita era mínimo. Después de la película, McCulley hizo como setenta historietas, que luego fueron seriales de televisión en los cincuenta. John Gertz vino a mi casa en agosto de 2003 y me dijo que habían hecho de todo con El Zorro menos una obra literaria, y que si yo quería hacerla.

¿Y cuál fue su respuesta?
A mí me pareció completamente descabellada la idea. Además, me sentí ofendida y pensé: ¿qué se imagina esta gente, que yo escribo por encargo? ¿Y El Zorro? Imagínate, era como escribir sobre Batman. Pero me dejaron una caja con vídeos, con películas, con libros…, era verano, y yo de todas formas tenía que esperar hasta el 8 de enero para empezar a escribir un libro del que ya tenía preparado todo el material. Vi las películas, y luego empecé a leer sobre el momento histórico en el que supuestamente nació El Zorro, una época fascinante: la expansión de las ideas de la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas, las guerras de independencia en América… de todo. En California no pasaba nada; había indios, vacas y unos pocos misioneros, así que dije: bueno, si este muchacho nace aquí, tiene que salir de aquí. Y al estudiar la época, ya me fascinó el tema.
¿Y después?
Después empecé a estudiar a El Zorro, y descubrí que sentía una gran simpatía por el personaje, porque es un héroe liviano de corazón. Es una mezcla de Robin Hood, Peter Pan y Che Guevara, pero sin tragedias. Es un personaje liviano de sangre, alegre de corazón. Tiene esa cosa eternamente juvenil de Peter Pan, la idea de la justicia de Robin Hood y el valor y la parte social del Che. Y luego está toda la parte romántica: imagínate un tipo que se trepa a tu balcón de noche y al día siguiente no hay culpa, ni siquiera recuerdas quién era, porque tenía máscara. Y me pareció fantástico.

Pero a este El Zorro no le va bien en amores…
No, yo no quería hacer un héroe al que todo le va bien. Quería un tipo humano, que se pone el disfraz y le cambia la personalidad. Pero me enamoré del personaje completamente. Y luego descubrí que El Zorro es adorado en el mundo entero. ¿Sabes que el 64% de la población en China sabe quién es El Zorro, desde los abuelos hasta los nietos? ¡En China!

¿Qué le pidieron al encargarle el libro?
Yo tenía toda la libertad del mundo, con las limitaciones de no salirme de las características básicas: El Zorro se viste de negro, tiene máscara, usa látigo y espada, y defiende la justicia. Tenía un sirviente que se llama Bernardo, que a mí no me gustó en la televisión, y lo cambié por completo; tenía un caballo, que se llamaba Tornado, y tenía a su padre, Don Alejandro de la Vega. Pero con la época podía hacer lo que yo quería, porque se trataba de los primeros veinte años de El Zorro, cuando todavía no es El Zorro.

Isabel Allende buscó en las tradiciones de los indios americanos el viaje espiritual de la adolescencia en busca de la misión en la vida, en busca del espíritu totémico –no podía ser otro que un zorro– que guía al joven Diego de la Vega. Le inventó, para justificar su defensa de los indígenas, una madre india, Toypurnia, inspirada en una guerrera shoshone que se casó con un soldado español y adoptó el nombre de Regina; le llevó a Barcelona; le hizo miembro de una sociedad secreta, y le mezcló con piratas.

En el libro se dice que “los años dan flexibilidad a la gente”. ¿Cómo entendería eso El Zorro en su lucha por la justicia?
Todo hay que cuestionarlo. Todo. No hay cosa más torpe y más peligrosa que aceptar el juicio moral de otros, el dogma de otros o sus posiciones políticas, las que sean. Se ha matado –se sigue matando– en nombre de Dios; se mata en nombre de la justicia social, como hicieron en Rusia; se mata en nombre de la sociedad cristiana occidental, como hicieron en Chile. Se mata por miles de razones. Todo tiene que ser cuestionado.

¿Es más flexible ahora que hace 20 o 30 años?
Claro que soy más flexible. Sigo igualmente apasionada que antes y sería capaz de enamorarme locamente, como a los 20 o los 40; sería capaz de dejar todo tirado por salir detrás de una causa o detrás de un hombre. Pero ahora cuestiono mucho más. Antes yo no cuestionaba el socialismo, por ejemplo. Cuando yo tenía 25 años pensaba que el futuro del mundo era socialista; después, uno tiene que cuestionárselo, porque dices: bueno, esto no resultó de la manera en la que yo creía que iba a resultar. Me he cuestionado muchas cosas del feminismo; he sido siempre feminista, pero me cuestiono las formas en que se hacen las cosas y los objetivos: ¿queremos una supermujer que se echa todo a la espalda o queremos una mujer y un hombre que participan igual en la gerencia del mundo? Yo no pensaba así cuando tenía 20. Entonces, el hombre era el enemigo; hoy día, es el aliado natural.

“Si uno vive lo suficiente, alcanza a revisar sus convicciones y enmendar algunas”. Habla Diego de la Vega, pero parece Isabel Allende…
Claro. Te alcanza, si vives lo suficiente, para ver la relación entre las cosas, cómo todo es causa y efecto. Todo lo que uno hace trae consecuencias; si no de inmediato, a la larga. Todo. Y todo se paga, lo bueno y lo malo: yo he vivido 62 años, yo ya sé que eso es así. Y ando por el mundo con cuidado porque sé que si meto la pata, pago.

La gente que no cambia le da miedo a Isabel Allende. Y más aún la gente a la que “no le importan las consecuencias, porque creen que no las van a vivir, como hace Bush”. “Y la gente que tiene poder y cree que no debe rendir cuentas a nadie. No hay nada peor que el poder con impunidad. La gente hace horrores cuando tiene poder y tiene impunidad. Eso le pasa a una muchacha de 20 años del Medio Oeste en la prisión de Abu Ghraib y a un loco desatado lleno de testosterona. Cuando me preguntan qué es lo que más temo, siempre digo: el poder con impunidad. Porque las cosas que somos capaces de hacer son brutales. Brutales”.

Usted vivió el golpe de Estado que depuso a su tío, Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973 en Chile, y vivió aquí, en EE UU, los atentados del 11 de septiembre de 2001. ¿Tienen cosas en común esos días?
Mucho. Aparte de que ambos días fueron un martes 11 de septiembre, casi a la misma hora de la mañana, en las dos ocasiones se trató de un atentado terrorista contra una democracia. Si hay karma histórico, éste sería el caso. En los dos sitios murieron muchos inocentes. Cuando vi en la televisión el 11 de septiembre en Nueva York, con los edificios que caían, el humo, el pánico, las explosiones, las caras de la gente…, todo eso lo viví en Chile el 11 de septiembre, cuando bombardearon La Moneda y cuando se tomaron el país. No eran imágenes tan diferentes. Tanto los chilenos como los americanos cambiaron después de ese día, se dieron cuenta de que aquello –un golpe, un atentado– también les podía pasar a ellos. Los americanos se sintieron vulnerables por primera vez. Y en Chile había esta especie de soberbia de que un golpe ocurría en las repúblicas bananeras, jamás pasaría en Chile. Y pasó.

¿Qué descubrió el 11-S?
Me sentí conectada con los americanos por primera vez. Yo llevaba mucho tiempo aquí, pero siempre tenía la sensación de que era completamente extranjera, de que me era muy difícil relacionarme con un pueblo que tenía una especie de inocencia perenne con respecto al mundo, con una sensación como de que tienen derecho a la felicidad, y a la comodidad, y a la seguridad. Esa sensación no la hubo por un tiempo después del atentado. Luego volvió lentamente, pero en aquel periodo sentí por primera vez que pertenecía a Estados Unidos. Y para mí ha sido una muy buena experiencia para adaptarme y aprender todo lo que tengo que aprender de este país, que me ha dado muchísimo. Soy muy crítica con muchas cosas, pero como soy ciudadana, voto; tengo una voz, y al mismo tiempo tengo una obligación de servir, de dar de vuelta lo mucho que recibo.

Usted es la escritora latinoamericana más leída del mundo. Pero aquí abre la puerta de su oficina, conduce su coche, hace la comida para su familia…

Yo tengo una vida bien privada. Todo lo que tiene que ver con las novelas pasa en un círculo externo en el que estoy cuando salgo, cuando viajo para la promoción. Pero mi vida es simple. Y la familia me mantiene humilde: si se me van los humos a la cabeza, tengo varios nietos que me tiran para abajo. El otro día, uno me preguntaba: ¿en tu tiempo había electricidad? Éste es mi tiempo, para empezar, le dije, y sí, había electricidad.
Esos nietos son los que ahora, en el comedor de la casa de San Rafael, están aprendiendo español, “porque lo entienden, pero casi no lo hablan, van al colegio y todo es en inglés”. “Son Alejandro, Andrea y Nicole, y los dos niños de mi asistente, Aquileas y Aristoteles, que son como si fueran mis nietos, y una sobrina, Isabelita”.

Isabel Allende escribe “porque es lo único que sé hacer, porque me gusta contar historias, y porque puedo ganarme la vida así. Si no pudiera, tendría que hacer otra cosa, porque siempre voy a tener que mantener una familia”. Prepara sus libros “como quien hace empanadas, de a poco y con cariño”, y se encierra todo el día en su cabaña. “Paso desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde. Willie cocina todas las noches cuando estoy escribiendo; si no, compartimos. Yo no tengo nada más que hacer que escribir. Es fascinante poder hacerlo; no era así al principio, cuando escribía de noche, porque de día tenía un trabajo con sueldo fijo”.

Y ahora, ¿es casi la felicidad?
Total. Es la felicidad total poder hacerlo. Yo misma me envidio [risas], porque no tengo que hacer nada más que eso. Qué envidia me daría una persona que tiene una casita al fondo del patio y puede encerrarse ahí, y tiene un montón de gente a su alrededor que la ayuda. ¡Cómo no va a ser fantástico!
El libro ‘El Zorro: comienza la leyenda’, de Isabel Allende, publicado en España por Plaza & Janés, está ya a la venta.

17 oct. 2008

El Hombre de Plata autora Isabel Allende

ISABEL ALLENDE
El Hombre de Plata


El Juancho y su perra «Mariposa» hacían el camino de tres kilómetros a la escuela dos veces al día. Lloviera o nevara, hiciera frío o sol radiante, la pequeña figura de Juancho se recortaba en el camino con la «Mariposa» detrás. Juancho le había puesto ese nombre porque tenía unas grandes orejas voladoras que, miradas a contra luz, la hacían parecer una enorme y torpe mariposa morena. Y también por esa manía que tenía la perra de andar oliendo las flores como un insecto cualquiera.La «Mariposa» acompañaba a su amo a la escuela, y se sentaba a esperar en la puerta hasta que sonara la campana. Cuando terminaba la clase y se abría la puerta, aparecía un tropel de niños desbandados como ganado despavorido, y la «Mariposa» se sacudía la modorra y comenzaba a buscar a su niño.

Oliendo zapatos y piernas de escolares, daba al fin con su Juancho y entonces, moviendo la cola como un ventilador a retropropulsión, emprendía el camino de regreso.Los días de invierno anochece muy temprano. Cuando hay nubes en la costa y el mar se pone negro, a las cinco de la tarde ya está casi oscuro. Ese era un día así: nublado, medio gris y medio frío, con la lluvia anunciándose y olas con espuma en la cresta.--Mala se pone la cosa, Mariposa. Hay que apurarse o nos pesca el agua y se nos hace oscuro... A mí la noche por estas soledades me da miedo, Mariposa --decía Juancho, apurando el tranco con sus botas agujereadas y su poncho desteñido.La perra estaba inquieta. Olía el aire y de repente se ponía a gemir despacito. Llevaba las orejas alertas y la cola tiesa.--¿Qué te pasa? --le decía Juancho--. No te pongas a aullar, perra lesa, mira que vienen las ánimas a penar...

A la vuelta de la loma, cuando había que dejar la carretera y meterse por el sendero de tierra que llevaba cruzando los potreros hasta la casa, la Mariposa se puso insoportable, sentándose en el suelo a gemir como si le hubieran pisado la cola. Juancho era un niño campesino, y había aprendido desde niño a respetar los cambios de humor de los animales. Cuando vio la inquietud de su perra, se le pusieron los pelos de punta.--¿Qué pasa, Mariposa? ¿Son bandidos o son aparecidos? Ay... ¡Tengo miedo, Mariposa!El niño miraba a su alrededor asustado. No se veía a nadie. Potreros silenciosos en el gris espeso del atardecer invernal.

El murmullo lejano del mar y esa soledad del campo chileno.Temblando de miedo, pero apurado en vista que la noche se venía encima, Juancho echó a correr por el sendero, con el bolsón golpeándole las piernas y el poncho medio enredado. De mala gana, la Mariposa salió trotando detrás.Y entonces, cuando iban llegando a la encina torcida, en la mitad del potrero grande, lo vieron.Era un enorme plato metálico suspendido a dos metros del suelo, perfectamente inmóvil. No tenía puertas ni ventanas: solamente tres orificios brillantes que parecían focos, de donde salía un leve resplandor anaranjado. El campo estaba en silencio... no se oía el ruido de un motor ni se agitaba el viento alrededor de la extraña máquina.

El niño y la perra se detuvieron con los ojos desorbitados. Miraban el extraño artefacto circular detenido en el espacio, tan cerca y tan misterioso, sin comprender lo que veían.El primer impulso, cuando se recuperaron, fue echar a correr a todo lo que daban. Pero la curiosidad de un niño y la lealtad de un perro son más fuertes que el miedo. Paso a paso, el niño y el perro se aproximaron, como hipnotizados, al platillo volador que descansaba junto a la copa de la encina.Cuando estaban a quince metros del plato, uno de los rayos anaranjados cambió de color, tornándose de un azul muy intenso. Un silbido agudo cruzó el aire y quedó vibrando en las ramas de la encina. La Mariposa cayó al suelo como muerta, y el niño se tapó los oídos con las manos. Cuando el silbido se detuvo, Juancho quedó tambaleándose como borracho.En la semi-oscuridad del anochecer, vio acercarse un objeto brillante. Sus ojos se abrieron como dos huevos fritos cuando vio lo que avanzaba: era un Hombre de Plata.

Muy poco más grande que el niño, enteramente plateado, como si estuviera vestido en papel de aluminio, y una cabeza redonda sin boca, nariz ni orejas, pero con dos inmensos ojos que parecían anteojos de hombre-rana.Juancho trató de huir, pero no pudo mover ni un músculo. Su cuerpo estaba paralizado, como si lo hubieran amarrado con hilos invisibles. Aterrorizado, cubierto de sudor frío y con un grito de pavor atascado en la garganta, Juancho vio acercarse al Hombre de Plata, que avanzaba muy lentamente, flotando a treinta centímetros del suelo.Juancho no sintió la voz del Hombre de Plata, pero de alguna manera supo que él le estaba hablando. Era como si estuviera adivinando sus palabras, o como si las hubiera soñado y sólo las estuviera recordando.--Amigo... Amigo... Soy amigo... no temas, no tengas miedo, soy tu amigo...Poquito a poco el susto fue abandonando al niño. Vio acercarse al Hombre de Plata, lo vio agacharse y levantar con cuidado y sin esfuerzo a la inconsciente Mariposa, y llegar a su lado con la perra en vilo.--Amigo...

Soy tu amigo... No tengas miedo, no voy a hacerte daño... Soy tu amigo y quiero conocerte... Vengo de lejos, no soy de este planeta... Vengo del espacio... Quiero conocerte solamente...Las palabras sin voz del Hombre de Plata se metieron sin ruido en la cabeza de Juancho y el niño perdió todo su temor. Haciendo un esfuerzo pudo mover las piernas. El extraño hombrecito plateado estiró una mano y tocó a Juancho en un brazo.--Ven conmigo... Subamos a mi nave... Quiero conocerte... Soy tu amigo...Y Juancho, por supuesto, aceptó la invitación. Dio un paso adelante, siempre con la mano del Hombre de Plata en su brazo, y su cuerpo quedó suspendido a unos centímetros del suelo. Estaba pisando el brillo azul que salía del platillo volador, y vio que sin ningún esfuerzo avanzaba con su nuevo amigo y la Mariposa por el rayo, hasta la nave.Entró a la nave sin que se abrieran puertas. Sintió como si «pasara» a través de las paredes y se encontrara despertando de a poco en el interior de un túnel grande, silencioso, lleno de luz y tibieza.

Sus pies no tocaban el suelo, pero tampoco tenía la sensación de estar flotando.--Soy de otro planeta... Vengo a conocer la Tierra... Descendí aquí porque parecía un lugar solitario... Pero estoy contento de haberte encontrado... Estoy contento de conocerte... Soy tu amigo...Así sentía Juancho que le hablaba sin palabras el Hombre de Plata. La Mariposa seguía como muerta, flotando dulcemente en un colchón de luz.--Soy Juancho Soto. Soy del Fundo La Ensenada. Mi papá es Juan Soto --dijo el niño en un murmullo, pero su voz se escuchó profunda y llena de eco, rebotando en el túnel brillante donde se encontraba.El Hombre de Plata condujo al niño a través del túnel y pronto se encontró en una habitación circular, amplia y bien iluminada, casi sin muebles ni aparatos.

Parecía vacía, aunque llena de misteriosos botones y minúsculas pantallas.--Este es un platillo volador de verdad --dijo Juancho, mirando a su alrededor.--Sí... Yo quiero conocerte para llevarme una imagen tuya a mi mundo... Pero no quiero asustarte... No quiero que los hombres nos conozcan, porque todavía no están preparados para recibirnos... --decía silenciosamente el Hombre de Plata.--Yo quiero irme contigo a tu mundo, si quieres llevarme con la Mariposa --dijo Juancho, temblando un poco, pero lleno de curiosidad.--No puedo llevarte conmigo... Tu cuerpo no resistiría el viaje... Pero quiero llevarme una imagen completa de ti... Déjame estudiarte y conocerte. No voy a hacerte daño. Duérmete tranquilo... No tengas miedo... Duérmete para que yo pueda conocerte...Juancho sintió un sueño profundo y pesado subirle desde la planta de los pies y, sin esfuerzo alguno, cayó profundamente dormido.

El niño despertó cuando una gota de agua le mojaba la cara. Estaba oscuro y comenzaba a llover. La sombra de la encina se distinguía apenas en la noche, y tenía frío, a pesar del calor que le transmitía la Mariposa dormida debajo de su poncho. Vio que estaba descalzo.--¡Mariposa! ¡Nos quedamos dormidos! Soñé con... ¡No! ¡No lo soñé! Es cierto, tiene que ser cierto que conocí al Hombre de Plata y estuve en el Platillo Volador --miró a su alrededor, buscando la sombra de la misteriosa nave, pero no vio más que nubes negras. La perra despertó también, se sacudió, miró a su alrededor espantada, y echó a correr en dirección a la luz lejana de la casa de los Soto. Juancho la siguió también, sin pararse a buscar sus viejas botas de agua, y chapoteando en el barro, corrió a potrero abierto hasta su casa.--¡Cabro de moledera! ¡Adónde te habías metido! --gritó su madre cuando lo vio entrar, enarbolando la cuchara de palo de la cocina sobre la cabeza del niño. ¿Y tus zapatillas de goma? ¡A pata pelada y en la lluvia!--Andaba en el potrero, cerca de la encina, cuando..., ¡Ay, no me pegue mamita!..., cuando vi al Hombre de Plata y el platillo flotando en el aire, sin alas...--Ya mujer, déjalo. El cabro se durmió y estuvo soñando. Mañana buscará los zapatos. ¡A tomarse la sopa ahora y a la cama! Mañana hay que madrugar --dijo el padre.Al día siguiente salieron Juancho y su padre a buscar leña.--Mira hijo...

¿Quién habrá prendido fuego cerca de la encina? Está todo este pedazo quemado. ¡Qué raro! Yo no vi fuego ni sentí olor a humo... Hicieron una fogata redondita y pareja, como una rueda grande --dijo Juan Soto, examinando el suelo, extrañado.El pasto se veía chamuscado y la tierra oscura, como si estuviera cubierta de ceniza. El lugar quemado estaba unos centímetros más bajo que el nivel del potrero, como si un peso enorme se hubiera posado sobre la tierra blanda.Juancho y la Mariposa se acercaron cuidadosamente. El niño buscó en el suelo, escarbando la tierra con un palo.--¿Qué buscas? --preguntó su padre.--Mis botas, taita... Pero parece que se las llevó el Hombre de Plata.El niño sonrió, la perra movió el rabo y Juan Soto se rascó la cabeza extrañado.

16 oct. 2008

Isabel algo más

Isabel Allende Llona nació el 2 de agosto de 1942 en Lima. Es una conocida escritora y dramaturga chilena. Está considerada la más popular novelista iberoamericana. Ha vendido más de 35 millones de ejemplares y su trabajo ha sido traducido a más de 27 idiomas. También fue directora suplente de la revista Mampato. Hija de Tomás Allende, funcionario diplomático, y sobrina de Salvador Allende, ex presidente chileno, y de Francisca Llona.

Nació en Lima mientras su padre se desempeñaba como embajador de Chile en Perú. Sus padres se separaron en 1945, su madre retornaba a Chile con ella y sus dos hermanos donde vivió hasta 1953.Entre 1953 y 1958, su familia residió sucesivamente en Bolivia y Beirut (Líbano).

En Bolivia frecuentó una escuela estadounidense y en Beirut estudio en un colegio privado inglés. En 1958 retornó a Chile y se reencontró con Miguel Frías, con quien contrajo matrimonio en 1962.Desde 1959 hasta 1965 trabajó en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Santiago de Chile.

En 1963 nació su hija Paula. Los años siguientes pasó largas temporadas en Europa, residiendo especialmente en Bruselas y Suiza. De retorno a Chile en 1966 nació su hijo Nicolás.A partir de 1967 tomó parte en la redacción de la revista Paula, al tiempo que publicó artículos sobre diversos temas. Posteriormente realizó diversas colaboraciones para la revista infantil Mampato y publicó dos cuentos para niños La abuela Panchita y Lauchas y lauchones y una colección de artículos titulada Civilice a su troglodita; además trabajó en dos canales de televisión chilenos.

En 1973 estrenó su obra de teatro El embajador. Ese mismo año, se produjo el golpe de Estado encabezado por el general Pinochet, en el que murió su tío. En 1975 se autoexilió con su familia a Venezuela. Allí permaneció 13 años trabajando en el diario El Nacional de Caracas y en una escuela secundaria hasta 1982, y publicó su primer obra teatral La casa de los siete espejos (1975).

En 1981, teniendo su abuelo 99 años y estando el mismo a las puertas de la muerte, comenzó a escribirle una carta que se convirtió en un manuscrito. La casa de los espíritus (1982), su primera novela y, su obra más conocida. Ésta suscitó un gran interés y más tarde fue adaptada al cine (por Bille August) y al teatro.En 1984, publicó De amor y de sombra, la que rápidamente se convirtió en otro gran éxito y que también fue llevada al cine. Los viajes constantes que emprendió promocionando sus libros hicieron que su matrimonio con Frías llegara a término.

Divorciada de su marido, se casó con Willie Gordon el 7 de julio de 1988 en San Francisco.En 1988, concurrió a votar en el plebiscito que hizo dimitir al General Pinochet. En 1990, con el retorno de la democracia en Chile, fue distinguida con el premio Gabriela Mistral por el presidente Patricio Aylwin. Tras la muerte de su hija Paula, Allende publicó el libro de memorias Paula (1994). Éste está escrito en forma de carta dirigida a su hija, cuando ésta se encontraba en coma en un hospital de Madrid. Son una memoria de sus años de niñez y de exilio. Paula murió de porfiria en 1992.Actualmente reside en San Rafael (California). Ha sido distinguida en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos.

Isabel Allende; La impertinente civilizada

ISABEL ALLENDE: LA IMPERTINENTE CIVILIZADA


Eva Medalla
¿Cómo definiría la línea editorial de la revista Paula durante la época 1967-1973? ¿A quién iba dirigida, según usted? Isabel Allende: Creo que la línea de la revista era femenina y feminista, de vanguardia, no-politizada, moderna, glamorosa en comparación con otras revistas chilenas de entonces, intelectual, joven, dinámica, enérgica, contestataria.

¿Cómo se decidió a escribir su columna "Los Impertinentes"? ¿En qué se inspiró?
La idea de Los Impertinentes fue de la directora, Delia Vergara, quien había leído una carta mía que mi madre le mostró. Delia consideró que en esa carta había chispazos de humor y, sin conocerme, se puso en contacto conmigo y me invitó a participar en la revista. Colaboré desde el primer número con una columna de humor. Delia me dio plena libertad para escribir lo que yo quisiera. El humor se inspira generalmente en la vida cotidiana, los contrastes. Chile y su sociedad pacata y machista me servían de inspiración.
¿Qué la llevó a escribir "Civilice a su Hombre"?
En algunas notas se deja ver cierto tono de "pena" o "lástima" por estros "trogloditas". ¿Creía en aquel entonces que los hombres eran víctimas, en cierta forma, de los nuevos roles de la mujer en la sociedad? (en trabajo, política, otros).

El machismo chileno me dio tema para Civilice a su Troglodita. La idea era propagar el feminismo entre los hombres a través del humor. Los hombres leían esa columna más que las mujeres y se a veces me comentaban: “¡tengo un amigo igualito al que tú describes en tu civilice!” Siempre era un amigo. Es cierto que cuando comenzó el feminismo los hombres se sintieron atacados y se les movió el piso, pero nunca me dieron lástima; más lástima me daban las mujeres, que habían vivido por siglos sometidas y abusadas sin atreverse a chistar.

En Paula realizó muchos reportajes sobre decoración. ¿Qué buscaba en una casa para mostrarla? ¿Existía línea editorial para ello en cuanto a elegancia, modernidad, cambio, creatividad, etc.?
En la decoración buscábamos originalidad y algo que inspirara a las dueñas de casa de la clase media, que no tenían medios para comprar muebles de lujo u obras de arte. Pretendíamos belleza, buen gusto y comodidad sin gastar mucho. ¡Éramos ambiciosas!

En algunos reportajes, Malú Sierra y Amanda Puz la mencionan dentro del proceso de "crear" a personajes que salen a vivir las experiencias que reportean (consumir marihuana, consultar a un vidente). ¿Cómo se les ocurrían los reportajes que harían? ¿Pensaron alguna vez que su credibilidad o seriedad podría ponerse en riesgo por trabajar con aquellos toques de humor y hacérselo saber a sus lectoras?
Nos juntábamos en “reuniones de pauta" para programar el número de la revista que correspondía, generalmente con dos meses de anticipación, de manera que estábamos planeando la Navidad en octubre y la moda de invierno cuando todavía hacía mucho calor. Las ideas surgían en el grupo, se nos ocurrían a todas, pero la decisión final era de la directora. Delia asignaba los reportajes y a mí por lo general me tocaban los más atrevidos y los menos serios, los que nadie más quería hacer. Delia decía que yo inventaba los reportajes porque los hacía demasiado rápido, pero no es cierto. Lo que pasa es que trabajaba como esclava. Nunca temí que no me tomaran en serio. No me importaba demasiado la opinión de los demás, porque en general las lectoras me trataban con cariño.

¿Recuerda haber sufrido algún tipo de censura, directa o indirectamente en su trabajo en Paula durante el periodo de la Unidad Popular, entre 1970 y 1973?
Nunca hubo censura durante el período de la Unidad Popular. Conocimos la censura y la autocensura inmediatamente después del golpe militar.

¿Diría que hubo un cambio en el rol femenino entre los años 1970 y 1973? De ser así, ¿hacia dónde fue el giro? ¿Sucedió lo mismo con la sociedad en general (si acaso vivió un cambio en su conjunto)?
La sociedad cambió con la elección de Salvador Allende, el país se polarizó políticamente, se dividieron las familias, había “amigos” y “enemigos”. Por primera vez el pueblo sintió que tenía cierto poder y voz, que estaba representado por el gobierno. Había mucha confusión y desorden. El rol de la mujer también cambió, porque eran los años del movimiento de liberación femenina, la píldora, la revolución sexual, etc. De todas maneras, los chilenos siempre han sido conservadores en lo social y muy católicos, así es que los cambios no eran tan espectaculares como yo habría deseado.

En las fotografías de moda de la revista Paula publicadas entre 1970 y 1973 se ve poca ropa negra. ¿En aquel entonces las mujeres preferían los colores ante el negro para vestir?
En los años de la Unidad Popular se puso de moda la ropa artesanal, las telas naturales, los tejidos de lana, hasta los ponchos se usaban. Ahora, al pensar en esa moda, me parece horrorosa. Una vez nos visitó una periodista peruana y me preguntó, espantada, por qué las chilenas se vestían de leprosas. Tal vez en la revista no había mucha ropa negra, pero toda mujer chilena de entonces y de hoy tenía el clásico “vestidito negro” que se ponía para las ocasiones más o menos elegantes. Las mujeres vestidas de Armani último modelo son un fenómeno moderno del Chile de billonarios, que no existía entonces.

¿Recuerda usted cómo se vestía para ir a trabajar a la revista? ¿Debía vestir de una manera específica o contaba con completa libertad para hacerlo? ¿Usaba maquillaje?
En la revista nos vestíamos cómo queríamos y cómo podíamos. La mujer que hacía la moda era soltera y con muy buena facha, de una familia rica y con acceso a todo lo que las tiendas de moda podían ofrecer, así es que se vestía como modelo. Delia Vergara y Malú Sierra generalmente andaban de bluyines, pero se veía estupendas porque eran preciosas. Amanda Puz tenía ropa discreta y no llamaba la atención. Yo me hacía la ropa en la casa.

¿Cree que su manera de vestir decía algo sobre su espíritu literario y creativo?
Yo me vestía de faldas largas y a veces con sombreros con flores. No creo que fuera síntoma de “espíritu literario o creativo”, simplemente monería. Copiaba a los cuatro o cinco hippies que deambulaban por Santiago.

¿Cree que la revista ocupaba un rol "educador" o "reflexivo", más allá del informativo, hacia sus lectoras? La revista Paula cambió a la sociedad chilena, tuvo más influencia que ninguna otra en su época, porque se atrevió a poner en evidencia problemas que los chilenos barrían debajo de la alfombra y a desafiar los convencionalismos que venían desde la Colonia. No creo que tuviéramos la intención de educar, eso habría sido algo pretencioso, pero queríamos abrir los ojos de las mujeres, obligarlas a mirar el machismo de frente y mejorar sus vidas con las herramientas que tenían entre manos.

¿Cree que la revista fomentaba un ideal determinado de belleza o, incluso, de vida?
No creo que tuviéramos un ideal de belleza o de vida. Cuestionábamos todo. El ideal de belleza cambiaba en cada temporada, pero supongo que siempre eran mujeres más o menos altas y flacas. En cuanto a la vida, sabíamos que nuestras lectoras eran en su mayoría de clase media y clase media alta, así es que la moda, la decoración, los reportajes, el arte, todo estaba más o menos dirigido a ese público.

¿Cómo lidió con los acontecimientos y factores negativos de la época de la Unidad Popular -como el desabastecimiento- para continuar escribiendo con humor sus columnas, incluso cuando trataban sobre estos hechos (por ejemplo, el camaleón, la colitis, y luego del golpe el toque de queda)? La época de la Unidad Popular fue muy interesante. Había tantas contradicciones y contrastes, que era muy fácil hacer humor. Después del golpe militar y el humor ya no fue posible por la censura. Los militares, que daban para burlarse hasta el infinito, eran tema prohibido.

¿Sintió durante su trabajo que el país vivía un peligro real de golpe de Estado o que la vida suya y de algunos amigos podría correr peligro tras un acontecimiento así?
Hacia mediados de l973 ya se rumoreaba la posibilidad de un golpe militar, pero los civiles no sabíamos lo que eso era y creo que nadie entre la gente que yo conocía lo temía verdaderamente. Nunca pensamos podía suceder, que sería brutal o que nos afectaría en lo personal. Nos llevamos una sorpresa cuando sucedió.

Durante la época de la UP se vivió también una explosión de creatividad artística (murales, música, moda). ¿Cree que esa creatividad fue "politizada" por el régimen para poder prohibirla?
La creatividad en tiempos dela Unidad Popular fue una expresión del pueblo, que se manifestó en canciones de protesta, actos masivos, pinturas murales, danzas folklóricas, teatro, etc. El gobierno de Allende no era criticado en estas manifestaciones de arte, al contrario, el arte se puso al servicio de la causa socialista. Fue prohibido después por los militares justamente por eso. Los artistas e intelectuales fueron perseguidos después del golpe militar, nunca durante la Unidad Popular.

¿Siente que la censura periodística que sucedió al golpe de Estado afectó directamente a Paula? ¿Cómo se manifestó esa censura?
La censura afectó a todos los medios de información. El equipo de Paula se desmanteló. Primero tuvo que asilarse Amanda Puz, después detuvieron a Malú Sierra para interrogarla, finalmente nos despidieron a todas (yo fui la primera en salir). Al irse Delia Vergara, el espíritu de Paula se desinfló por completo y la revista desapareció. Después fue reemplazada por otra del mismo nombre, que se regalaba dentro de un periódico, porque nadie la habría comprado.

¿Recuerda si luego del golpe de Estado tuvo que cambiar de manera de vestir? (obviar pantalones o faldas cortas, ciertos colores, etc.)
La dictadura impuso – sobre todo al comienzo – una cierta manera de vestir: faldas para las mujeres, corbatas y caras afeitadas para los hombres. En algunos bancos, corporaciones y negocios se impuso un uniforme para los empleados, sobre todo para las mujeres. Yo no cambié mi manera de vestirme, no tuve necesidad, porque nunca había usado pantalones y porque al cabo de poco tiempo me fui de Chile.

¿Qué fue lo que más le gustó de trabajar en Paula?
Paula me formó intelectualmente, me dio un lenguaje articulado para expresar mis ideas, me confirmó como feminista, me dio seguridad. Lo que más me gustó de esa época fueron mis compañeras. Delia Vergara, Malú Sierra y Amanda Puz me enseñaron a escribir, investigar, contar algo con habilidad, conducir una entrevista, observar la realidad. A ellas les debo mucho.

¿Cree que las revistas femeninas actuales han cambiado mucho respecto de lo que hizo Paula durante sus primeros años? De ser así, ¿cree que es para mejor o para peor?
No conozco ninguna revista femenina chilena que tenga hoy el papel determinante en la sociedad que tuvo Paula desde l967 hasta l974. Es una lástima.

Desde su punto de vista "extranjero". ¿Cree que actualmente los chilenos son "fomes" o "autocensurados" para vestirse?
Los chilenos siempre hemos sido fomes para vestirnos porque nos da miedo ser diferentes o hacer el ridículo. Nos aterroriza llamar la atención. Desde tiempos muy antiguos hemos tenido el clásico “hombre de gris”, con su terno, sus zapatitos lustrados, su corbata prudente. Las mujeres siguen la moda, todas iguales. Si un año se usa el morado, toda la población femenina anda como santo de bulto en Semana Santa. Si en la temporada siguiente se usa blanco o celeste, todas parecen bandera griega. Pero al menos ahora hay más recursos económicos y la moda está al alcance de más gente, no es sólo un privilegio de los ricos.

Eva Medalla es egresada del PET de Periodismo.

Aquellos años


PAULA Nº 149, 1973
"Me fui a ofrecer de corista al Bim Bam Bum"
Este reportaje es hoy una leyenda: la escritora Isabel Allende tiende a referirse en las entrevistas a su labor en revista Paula como un tiempo luminoso en el que incluso tuvo que ponerse plumas y lentejuelas para bailar en un teatro de variedades, el Bim Bam Bum. El lugar cerró sus puertas poco después, a consecuencia del toque de queda impuesto tras el golpe de Estado e Isabel Allende se transformó en una novelista de fama mundial.

Isabel Allende
¿Quién podría resistir un aviso tan tentador? Y empleada particular más encima... Cuando yo lo vi en el diario pensé con envidia en las hermosas de un metro setenta que podían postular. Da rabia ser petisa. Una vez antes quise ser azafata, pero también se necesitaba una altura mínima, así es que ni siquiera soñé con presentarme, y eso que tenía varios años menos, hablaba idiomas y me consideraba perfectamente capaz de pasar bandejas. (Además siempre me ha parecido estúpido que las azafatas tengan que ser altas. Después de todo, mientras menos pesen y midan, menos carga lleva el avión). Por todas estas razones, casi me caigo sentada de sorpresa cuando Delia Vergara me dijo con toda seriedad que me presentara al Bim Bam Bum como candidata al puesto de bailarina. –¡Pero si me faltan quince centímetros para el metro setenta! No me van a dejar pasar de la portería –alegué. –Nada se pierde con hacer la prueba –dijo Delia. –¿Y por qué tengo que ir yo? ¡Soy la única del equipo que no mide el metro setenta! –Porque a ti no te importa hacer el ridículo! –fue su escueta respuesta. ¡No digo yo..! Una vez que una empieza en esta pendiente de reírse de sí misma los demás le pierden el respeto a una.

Descargar reportaje completo en formato PDF

13 oct. 2008

ISABEL ALLENDE

La vida en Estados Unidos que sedujo a Isabel Allende

La novelista chilena llegó a California hace 15 años, sin conocer el idioma ni la cultura norteamericana. Hoy, con carta de nacionalidad en la mano, declara que su hogar está allí, donde reposan las cenizas de su hija Paula, están sus amigos y donde es una activa figura de la vida cultural. En San Rafael, frente a la bahía de San Francisco, se levanta La Casa de los Espíritus, la residencia que comparte con su esposo y que invaden sus nietos.
Andrés Gómez Bravo
08/06/2003 00:00
Cuando Isabel Allende se instaló con su marido Willian Gordon en San Rafael, California, era una perfecta extranjera. Corría 1988 y la escritora chilena más leída en el mundo no tenía amistades en la tranquila localidad norteamericana, ubicada al norte de San Francisco. Un día fue a comprar guantes a una pequeña tienda y la vendedora le recomendó llevar también un sombrero que le combinaba; pero ella sólo adquirió los guantes. "Tres días más tarde, el sombrero llegó al correo con una nota de la mujer que decía que había leído mi primera novela, La Casa de los Espíritus, y el regalo era su señal de afecto. Así, ella se hizo mi primera amiga", relata la autora.
La segunda fue la dueña de una librería, quien le invitó una taza de té cuando llegó a comprar y no le cobró por el libro que llevaba. Y la tercera, "una famosa joyera, a quien encontré en un salón de belleza en San Rafael, donde ambas nos habíamos teñido el pelo de color púrpura. Ella leía uno de mis libros y yo llevaba sus pendientes. El resto fue relativamente fácil".

Hoy la novelista cuenta con nacionalidad norteamericana y es una personalidad en San Rafael, ciudad de 56 mil habitantes, frente a la bahía de San Francisco. "Ella es parte de la vida cultural de California. Todas las semanas se la oye en la radio o en las noticias de la televisión. Es muy popular. Todo el mundo la lee y llena los lugares donde se presenta", cuenta su amiga Celia Correas, académica de la Universidad Estatal de California y autora de Isabel Allende, Vida y Espíritus.
El lunes, la escritora emprendió una gira de promoción de su libro Mi País Inventado. El tour comprende Chicago, Boston, Nueva York, Washington D.C. y Phoenix, Arizona. La obra ya está entre las más vendidos en San Francisco y este fin de semana entra a la lista de best seller de The New York Times, en el número 15.
El éxito
Isabel Allende ya era famosa al llegar a Estados Unidos, pero sobre todo en Europa y América Latina. El Plan Infinito (1993), donde relata la vida de su esposo Willie Gordon, marcó su ingreso a la sociedad norteamericana. Sin embargo, el éxito explotó con Paula, la memoria sobre la muerte de su hija, que suma tres millones y medio de copias vendidas.
La consagración absoluta se la dieron Afrodita y, sobre todo, La Hija de la Fortuna. En febrero del 2000 la popular conductora de televisión Oprah Winfrey recomendó la novela y, en ocho horas, La Hija de la Fortuna alcanzó el tope de pedidos en la tienda virtual Amazon. A la semana estaba en el número 1 de la lista de best seller de The New York Times y en marzo las ventas superaban el millón de ejemplares.

A la fecha, la obra de la escritora ha entregado más de 35 millones de unidades en todo el mundo. "He ganado muchísimo dinero. Mucho más del que necesito. Por eso tengo una fundación a la que va a parar la mayor parte de lo que gano", ha relatado. Creada tras la muerte de su hija, La Fundación Isabel Allende ocupa buena parte de su tiempo. A través de esta institución entrega becas a estudiantes de origen latino en Estados Unidos, colabora con escuelas y proyectos de ayuda a niños en riesgo social, financia refugios para mujeres maltratadas, entre otras labores .
La oficina de la fundación está en Sausalito, a 20 minutos de San Rafael, en el mismo edificio donde Willie Gordon tiene su estudio de abogado. "Contratos, entrevistas, invitaciones a dar conferencias, planificación de proyectos comunitarios, donaciones, cartas, llamadas y mensajes llegan a diario", apunta Celia Correas.

"Mi oficina es como un biombo que me aísla", confesó la escritora. "Hay desconocidos que se ponen furiosos porque no los ayudo a comprar un taxi o porque no tengo tiempo para editar el manuscrito de 600 páginas de su anciana madre, que en paz descanse. Respondo negativamente un 95% de las invitaciones y el resto lo paso por un filtro".
Para ello cuenta con la ayuda de Giulia Welch, casada con Ernesto, el esposo de Paula, y Lori Barra, la diseñadora de Afrodita que terminó casada con su hijo Nicolás y que dirige la fundación. Pero las decisiones las toma ella.

La Casa de los Espíritus
Tal como en la fundación, las cuentas domésticas las paga Isabel Allende. La única propiedad que posee es su casa en San Rafael, conocida como La Casa de los Espíritus. "Es una construcción preciosa -dice su amiga Celia Correas-, estilo español, que tiene una maravillosa vista del puente Golden Gate".
Ubicada en la cima de una colina, la casa destaca en el paisaje urbano de la ciudad. Cuando terminaron de construirla, contrataron un equipo para que le diera el toque especial. "Mancharon las paredes, lanzaron ácido sobre los rieles de hierro, y martillaron las puertas. Los vecinos se juntaron en la calle para observar con asombro esta destrucción metódica, preguntando qué diablos hacíamos. ¿Si queríamos una casa estropeada, por qué construimos una nueva?". El resultado es una construcción reciente que parece una casa chilena del siglo pasado.
Ajena a los grandes lujos, la decoración de La Casa de los Espíritus atestigua los constantes viajes de la escritora y sus aficiones. Tapicería turca, orfebrería marroquí, pinturas hechas por ella misma y muchas flores ambientan el interior. Cuenta con un amplio jardín, que es dominio de Willie Gordon, y junto a la piscina se ubica el escritorio de Isabel Allende. "Es una casita aparte, donde trabaja entre seis a ocho horas diarias. Siempre enciende velas y está acompañada por fotos de sus seres queridos", cuenta Celia Correas.
En su tiempo libre, cocina, teje y escribe tarjetas para sus lectores. Y oficia de abuela. Sus nietos Alejandro, Andrea y Nicole, hijos de Nicolás, viven a cinco minutos y se roban la atención de la escritora. Para ellos escribió la novela juvenil La Ciudad de las Bestias (2002).
Sus días comienzan temprano, con una caminata matinal, acompañada de su amiga Tabra Tunoa, la joyera que conoció recién llegada, una ex hippie que se ha transformado en artista de la orfebrería. Una o dos veces por semana visita el milenario bosque donde repartió las cenizas de Paula.
Disfruta con las viejas películas norteamericanas, en especial de El Tesoro de Sierra Madre y Casablanca. Le gusta la música clásica y viaja seguido a Nueva York junto a su marido para asistir a la temporada de teatro. Pero no todo ha sido fácil en Estados Unidos.
El american way life
La muerte de Paula y la de Jennifer, la hija de Willie Gordon, fueron dos golpes duros para la pareja (ver recuadro). Lo superaron con terapia y apoyo muto. Esa pérdida, en todo caso, no ha sido la única dificultad.
A Isabel Allende no le fue fácil integrarse a Estados Unidos. No sabía el idioma y desconocía los códigos culturales. "En las ocasiones que nos juntamos con amigos, puedo participar poco en la conversación, porque no conozco los acontecimientos o la gente de la que hablan, no vi las mismas películas en mi juventud, no bailé al son de la guitarra epiléptica de Elvis, no fumé marihuana ni salí a protestar contra la guerra de Vietnam", dice en Mi País Inventado.
Cuando llegó a San Rafael, le pareció todo demasiado limpio y ordenado. La gente del lugar practica yoga, budismo zen, gimnasia o alguna terapia espiritual. Parecen muy liberales, comenta, pero la intolerancia se manifiesta contra los inmigrantes. "La mayoría espera que los hispanos hagan el trabajo de servicio que nadie hará y que después desaparezcan silenciosamente con el crepúsculo hasta el otro día".
Le chocaba además el hedonismo de la sociedad, su premura con el tiempo, el gusto por la violencia. "Pensé que nunca me adaptaría... Parezco chilena. Cocino, sueño, escribo y hago el amor en español". Pero terminó integrándose. Ahora también practica yoga, mantiene un grupo de lectura y meditación, y vota por los candidatos demócratas.
"Me he acomodado al ritmo de este extraordinario lugar, tengo sitios favoritos donde pierdo el tiempo hojeando libros, paseando y hablando con amigos... Espero con ansias el pavo del día de acción de gracias y el esplendor kitsch de las Navidades. Incluso participo del obligado picnic del 4 de julio", comenta. "Mi marido, mis hijos, mis nietos, mis amigos y mis libros están aquí. Esta es mi casa ahora".

Las alegrías y dolores de la familia
La historia de Isabel Allende y Willie Gordon es la de una pasión fulminante. Se conocieron en 1987 y al año siguiente estaban casados. Ella ha dicho que la atracción fue puramente sexual. "Pero no fue sólo eso", cuenta en el libro de Celia Correas. "Eramos dos náufragos llegados de orillas distantes, habíamos pasado por pérdidas y desencantos, por muchas soledades".
Ella se había divorciado de Miguel Frías y tenía dos hijos; él contaba dos divorcios y tres hijos. Firmaron un acuerdo de fidelidad mutua y un acuerdo prematrimonial en que separaban el dinero de cada uno.

En 1992 murió Paula Frías, producto de porfiria, y a los siete meses falleció Jennifer, la hija de Gordon, por sobredosis de droga.
Jennifer dejó una hija, que nació portadora de VIH. Fueron días tristes y difíciles para ambos. "Willie y yo somos fuertes y testarudos, nos costó admitir que se nos había roto el corazón. Nos tomó tiempo y terapia poder por fin abrazarnos y llorar. El duelo fue un largo viaje al infierno, del cual salí gracias a él y a la escritura", relata.
Hoy permanecen juntos. La familia, que se ha disgregado un poco, se reúne cada Navidad en San Rafael.

Visitas

Archivo del blog