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26 sept. 2008

Plenitud de Vida y espiritus

PLENITUD DE VIDA Y ESPIRITU
( entrevista a Isabel Allende por Eileen Truax)
Se ha curtido en experiencias enriquecedoras, que le han mostrado las fases de su creatividad literaria y su existencia como mujer; por eso, Isabel Allende grita que es feminista, que la globalización no la convence, que trabaja a diario con su realidad de inmigrante y que sólo se arrepiente de lo que no ha hecho en sus 65 años.
“Llega un momento en la vida en que uno se da cuenta de que no hay que vivir limitado; hay que vivir con exageración, porque vamos a vivir una vez”. Y a sus 65 años de edad, Isabel Allende es una mujer que ha vivido casi de todo, y lo ha vivido bien.
Nacida en Lima, Perú, hija de Tomás Allende y sobrina del que fuera presidente de Chile, Salvador Allende, Isabel ha vivido desde su infancia saboreando las mieles y los sinsabores de quien recorre el mundo, unas veces por voluntad propia y otras porque las circunstancias la han obligado; pero en todos los casos, sus experiencias han quedado plasmadas a través de sus letras, convirtiéndola en una de las escritoras latinoamericanas más prolíficas y queridas de los últimos tiempos.
“Yo he sido extranjera toda mi vida porque soy hija de diplomáticos y siempre nos cambiábamos antes de que alcanzara a hacer amigos en alguna parte”, recuerda.
“Así que siempre era la niña nueva en el colegio, la niña nueva en el barrio, muchas veces no hablaba el idioma, no tenía amigos; no fue una infancia fácil. Llegué a Chile a los 15 años y dije: ya no me muevo más de aquí, yo quiero pertenecer a alguna parte”.
Pero 15 años después llegó el golpe militar a Chile y la escritora buscó refugio político en Venezuela, donde permaneció por 13 años.
Su última migración, la que la trajo a vivir a California hace 20 años, fue por amor.
Un día de visita en San Francisco conoció al abogado y también escritor William C. Gordon, y al poco tiempo estaba haciendo una maleta para quedarse con él definitivamente.
Fue junto a él que pasó el trance más difícil de su vida, la muerte de su hija Paula, que diera origen a uno de sus libros más exitosos y por el cual aún le siguen llegando cartas de todo el mundo.
“La diferencia es que cuando vine a los Estados Unidos no fue por situaciones forzadas: yo tomé la decisión”, puntualiza al hablar de su arribo a este país. “Y yo vine no porque estaba enamorada de Estados Unidos, ni perseguía el ‘sueño americano’; vine por Willy”.
Como en el caso de todos los hispanos en Estados Unidos, la migración no fue un paso fácil. “Al principio me costó mucho porque no entendía las reglas del juego, no hablaba el idioma, Willy tenía una vida muy rara”, relata.
“El amor siempre era más que los problemas, menos mal; pero me costó mucho. Hasta que me di cuenta de que yo no tenía por qué perder nada de lo que traía; ni el idioma, ni mis costumbres, ni mis tradiciones, ni la memoria de las cosas pasadas, ni el sentido de familia, del honor, ni todas las cosas que me habían acompañado toda mi vida. Se trataba de ir agregando, tomar de este país lo mejor que me ofrecía, aprender el idioma, incorporarme sin renunciar a nada de lo anterior. Y lo hemos conseguido, tenemos una familia completamente bicultural”.
VIVIR EN INGLÉS,HABLAR EN ESPAÑOL
Isabel Allende es como escribe: sencilla, cálida, serena y al tiempo apasionada, hablando con una gran convicción.
Aunque la cita para la entrevista tiene lugar en medio de un evento concurrido, ella se las ingenia para encontrar un lugar privado y acaba conversando con la reportera en una recámara, sentada sobre la cama.
“A mi edad miro para atrás y me arrepiento de lo que no he hecho, no de lo que he hecho. No hay amores de los que me arrepienta, no hay comidas deliciosas de las que me arrepienta, todo lo contrario. Me arrepiento de las dietas que he hecho, de haberme pasado esclavizada con la virtud y el pecado y un montón de cosas que son puras limitaciones”, dice con una certeza que pretende ser un mensaje directo.

Con más de 25 años en la producción literaria, Allende reconoce que su evolución como escritora ha estado en parte marcada por sus cambios de residencia. “Vivo en inglés y escribo en español; ha habido una influencia en el idioma y ahora escribo de una manera más directa, con frases más cortas, menos adjetivos. Pero también han pasado muchos años; si yo escribiera hoy un libro como La casa de los espíritus no tendría el éxito que tuvo entonces”, considera.
“Hoy día la literatura es mucho más visual, más inmediata, hay una gran influencia del cine, de la cultura del video, de la cultura urbana”.

A pesar de ello, reconoce que no es una entusiasta del fenómeno de la globalización. “Hasta ahora solamente es globalización para el capital, para el dinero, para los empresarios; los seres humanos están limitados por fronteras artificiales. Si vamos a hablar de globalización, globalicémonos en todo: en las ideas, en la tecnología, en la ciencia, en la inmigración, en el trabajo, y no solamente en el capital”, señala.

Sin embargo, en esta evaluación, Allende considera que América Latina, su Latinoamérica plasmada en cada uno de sus 18 libros, se encuentra mejor ahora.
“Salvo el caso de Venezuela con Chávez, la izquierda no se presenta como era en los años 70. Ahora hay, sobre todo en los países latinoamericanos, una búsqueda de soluciones intermedias, que utilizan el mercado libre para que económicamente exista una forma de capitalismo y al mismo tiempo una combinación con sistemas socialistas que ayuden y protejan a la población. Y prácticamente no hay dictaduras en América Latina”, dice refiriéndose a los regímenes que la obligaron a vivir en el exilio. “Ahora la gente aún se mueve, vienen a Estados Unidos de México y de todo Centroamérica, pero es por razones económicas”.
Y justamente ahí es donde hay pendientes. “A Estados Unidos lo veo mal, peor que nunca”, afirma.

“Los años del período de (George W.) Bush han sido fatales para la imagen de Estados Unidos, afuera e internamente; tenemos un país polarizado, en el que hay 47 millones de personas sin seguro médico. El problema es que tenemos un gobierno corrupto, que ha mentido básicamente. La gente se ha acostumbrado a vivir con miedo y a vivir con la mentira, y eso es muy grave en un país.”

Al hablar de migración, Allende considera “inevitable” la construcción de una política migratoria “que permita a la gente venir a trabajar y regresar a su país con trato de trabajo digno, no lo que hay hoy día”.
“Como mujer siento que tengo mucho que hacer todavía. Cuando empecé en el feminismo yo pensaba que era una revolución imparable. Hoy me doy cuenta de que falta todo por hacer; en cualquier circunstancia, guerra, fundamentalismo, crisis económica, la primera víctima es la mujer. Por eso me da mucha rabia que las mujeres jóvenes no quieran llamarse feministas”, asegura enfática.
“Si no les gusta la palabra feminista, que usen otra, pero el trabajo hay que hacerlo, por nosotras y por nuestras hermanas que todavía están fritas”.

Fuente: La Opinión, Los Angeles, EE.UU.
Eileen Truax

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