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15 nov. 2007

Cuando tengas dudas preguntate que es lo más generoso


Isabel:
Mi generación fue criada para seguir los pasos de nuestras madres. Hoy, se espera que las mujeres se eduquen, estén informadas, trabajen fuera de casa, tengan una carrera, etc. esto no fue así para mi generación.

Cuando era una adolescente, se inventó la píldora anticonceptiva y, de pronto, todo cambió para las mujeres. Llevó un tiempo que el concepto de mujeres fuertes y empoderadas llegara a Chile, y más tiempo aun que llegara a mi neolítica familia, pero al final lo hizo. Poco después, empecé a trabajar como periodista en una revista femenina. Éramos cinco mujeres jóvenes que se atrevían a tratar temas que nadie discutía en público.

Estoy orgullosa de decir que en pocos años provocamos un profundo cambio en nuestra cultura. Las mujeres que entonces luchaban por la liberación tenían que soportar más presiones: tenían menos medios y habilidades, se sentían culpables porque las criticaban hasta sus madres, había un techo impenetrable en el trabajo, ganaban mucho menos que los hombres y trabajaban más que los hombres para poder cuidar a los hijos y el hogar. Se suponía que los hombres no hacían las tareas domésticas. Hoy, los hombres jóvenes saben que tendrán que compartir las tareas del hogar y ayudar a cuidar a los niños.
Los obstáculos parecían inmensos para las mujeres de mi generación, pero también era inmensa la energía. Estábamos convencidas de que ganaríamos la guerra, aunque perdiéramos algunas batallas, y a su debido tiempo –quince o veinte años como máximo– las mujeres de todo el mundo tendrían vidas mucho mejores. Hoy, a medida que más mujeres ingresan a la fuerza laboral, son más firmes, tienen más derechos e incluso cambiaron las reglas de juego. Por ejemplo, ahora tenemos nuevas leyes que nos protegen del acoso sexual, tenemos licencias por maternidad más largas, etc. Lo que queremos es igualdad con los hombres en materia de derechos, sexualidad, oportunidades, trabajos, salarios, etc.
No queremos ser iguales a los hombres; queremos tener las mismas opciones. Esta generación joven de mujeres tendrá un tremendo impacto en el futuro: cambiará nuestra civilización y nos llevará a otra etapa de la evolución. Aunque no todas las mujeres lograron lo que mi generación quería para ellas, algo es verdad: nunca antes en la historia tantas se han sentido tan empoderadas. El sueño de unir a las mujeres se hizo realidad. ¡Y es una excelente noticia!
Lori:
Empecé a trabajar con Isabel hace ocho años. En ese momento, yo tenía mi propia empresa de diseño gráfico y diseñé su libro Afrodita. También estaba saliendo con su hijo, Nicolás, y me pidieron que ayudara en la fundación familiar porque la organización había crecido demasiado rápido y no tenían la infraestructura para manejarla. En ese momento, pensé que sería un trabajo por seis meses: establecer la visión y la misión de la Fundación, crear un sitio web y un proceso para manejar las donaciones, diseñar su papel membretado y poner en funcionamiento algunos sistemas básicos.
Bueno, ya pasaron siete años y me enamoré del trabajo de la Fundación, para no mencionar al hijo de Isabel, con el que me casé en 1999. Trabajar con Isabel fue un regalo increíble para mí. Posiblemente sea la trabajadora más ardua que conozco y, al mismo tiempo, el ser humano más generoso que haya conocido jamás. Escribir, hacer una gira presentación de un libro, estar con su familia, pintar, hacer joyas, cocinar… todo lo que hace lo hace con calma, con un corazón generoso, con una completa concentración, con un espíritu alegre y con un montón de amor y un alma increíblemente generosa. No hay nada casual en su proceso de escritura o en su compromiso por su trabajo.
Escribe todos los días por casi 14 horas, empezando el 8 de enero y terminando solo cuando el libro está listo.
Suele citar una frase de su hija Paula: “Cuando tengas dudas, pregúntate qué es lo más generoso”.
E Isabel vive ese lema a cada minuto, todos los días de su vida. La visión de Isabel es tener el 50% de mujeres en el manejo del mundo. Ella escribió: “Quiero traer a la mesa la energía femenina. Quiero que las mujeres trabajen juntas por la paz, por la protección de ambiente, por la eliminación de la pobreza, por la educación, por el cuidado de la salud para todos, y mucho más.
Deseo que las mujeres puedan crear sus propios partidos políticos y votar masivamente por esas cuestiones que les importan a ellas y a sus familias”. Mi visión está en sincronía con la de nuestra Fundación, que está guiada por la visión de un mundo en el cual las mujeres hayan logrado justicia social y económica. Esta visión incluye el empoderamiento de las mujeres y niñas y la protección de las mujeres y los niños. Empoderamiento quiere decir tener el control de sus vidas y tener independencia económica. Creemos que los medios para obtenerlo son: autodeterminación reproductiva, cuidado de la salud y educación.
Para lograr justicia social, las mujeres y los niños deben estar protegidos de: violencia, explotación, discriminación.
Unirse, compartir información, hablar con los demás. Saber que otras mujeres están ahí para ti, ser testigos de sus vidas, aprender de su experiencia... te harán sentir empoderada. El aislamiento hace que la gente se sienta impotente y débil. Ésa es la idea del confinamiento en solitario: quebrar el espíritu. También les diría a las mujeres jóvenes: procúrense una educación, ayúdense a ustedes mismas.

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