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25 oct. 2007

Mis Memorias son una celebración de la familia

Isabel Allende: «Mis memorias son una celebración de la familia»

ABC Isabel Allende, ayer en Berlín
SERGI DORIA. ENVIADO ESPECIAL. BERLIN.
15-9-2007 09:06:08

El cielo sobre BerlÍn. Nubes y claros. En la zona del Zoo, colas para ver un oso blanco y la gente que entra apresurada por los primeros fríos en el metro de Kurfurstendamm. En un hotel cercano a la iglesia que los berlineses llaman «muela careada», encontramos a Isabel Allende. La capital alemana no aparece en su libro «La suma de los días» pero ella, como la ciudad, se considera «una eterna trasplantada». Está en Berlín para participar en un Festival Internacional de Literatura: el domingo leerá fragmentos de «Inés del alma mía» y atenderá a sus lectores alemanes.
Hablamos de «La suma de los días». Podría haberse titulado como cualquiera de sus 69 capítulos. Hay biografía y biología. Hay aguas oscuras, almas antiguas, días de luz y de luto. Hay budismo, erotismo, cocina. Una escritora desfaciendo entuertos domésticos.

-¿Estamos ante su libro más irónico?
-Es una celebración de la familia, la amistad. Vivir cerca, trabajar juntos, disfrutar de la comodidad y de las vacaciones.

-Y su hija Paula de interlocutora...

-Mi primera memoria fue Paula, porque ella murió. La tengo presente, no de forma depresiva, sino llena de energías. Hemos creado una fundación muy proactiva. Estamos trabajando en Chiapas con una mujer, Olga Sánchez, que recoge a los niños vagabundos que sufren amputaciones. Cada vez que se traduce el libro sobre Paula me llegan cartas, todos los días. En casa sigue presente porque su enfermedad, la porfiria, afecta a Nico y a sus hijos. Paula murió por una negligencia médica, un accidente. Había huelga en el hospital, cortes de electricidad... Willie, que es abogado, quería ir a juicio pero... ¿a quién vamos a demandar, a Dios?

-Ha escrito que el amor con Willie ha sido un regalo de la madurez. ¿Cómo se vive el amor en la sesentena?
-Con una profunda camaradería. Hay sexo y pasión, pero la amistad, la confianza pesan más. Sabes lo que puedes perder si haces tonterías. A los 35 veía un tipo estupendo y me hubiera ido con él a la cama. Hoy no. Willie y yo estamos cómodos. Nos aceptamos. El me acepta como soy y yo quiero cambiarlo porque el hombre siempres es un proyecto. Como los países, susceptible de mejora.

-Su encuentro con Willie podría titularse «Isabel y la extrana familia»...
-Cuando llegué a su vida, su familia era un desastre imposible de describir: un hijo en prisión y otros dos enganchados a la droga. Yo aporté un estilo de familia chileno. Creí que con amor todo se resolvería y me equivoqué. Fueron veinte años muy dif´íciles. Todas las familias son extrañas: hay secretos, tragedias, separaciones... Pero no todas tienen alguien que lo registre. Yo escribía cartas a mi madre y ese material me sirvió para reconstruir momentos. Willie y Nicolás se han acostumbrado a que yo lo anoto todo y, tarde o temprano, lo voy a contar.

-Hay biografía y fisiología.

Afirma que «no hay nada tan ridículo como una vieja con «ínfulas de Lolita». Estamos en pleno auge de la «body culture»»...
-Sobre todo en Los Ángeles, pero en mi entorno no se percibe ese culto al cuerpo. Soy la única que me he retocado, debido a mi proyección pública y una vanidad patológica. A Willie le da igual cómo yo me vea: le molesta que me tiña el pelo de rubio. Yo sí me fijo en él. «Nos estamos desmoronando juntos» me dice, pero yo no lo asumo así. Me cuido y procuro evitar la rutina, que es lo que de verdad nos mata.

-¿Qué le queda por escribir?
-Una novela erótica. Me dijeron que escribiera una biografía de Salvador Allende, pero no soy capaz, porque sería muy subjetiva. «La suma de los días» es memoria, pero también una forma de ficción porque mis recuerdos son subjetivos.

-Usted vivió trece años en Venezuela. ¿Qué piensa de Chávez?
-Un político con carisma y apoyo popular anclado en los setenta, por su ideología y sus ínfulas dictatoriales. En Venezuela mis amigos eran de izquierdas: ninguno de ellos es hoy chavista. Es un régimen de corrupción, listas negras, control del Congreso y el Ejército, cierre de medios de comunicación... No olvidemos que en Venezuela hubo caudillaje hasta 1958.

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