2 abr. 2007

Flor y Canto

FLOR Y CANTO01 de abril de 2007
Por: Adela Celorio

“El arte es el alma de un pueblo, es por eso que yo pretendo gobernar en prosa, pero también con poesía y sin olvidar la música”.
Eso, dicho por un político, suena a primavera. Y eso es más o menos lo que yo escuché que dijo Michele Bachelet en el encuentro literario que organizó la embajada de Chile con motivo de la visita de su Presidenta a nuestro país.
Algo inédito por cierto, ya que a los políticos sólo les ocupa la cosa política; pero resulta que la Presidenta de Chile es mujer y eso hace la gran diferencia.

Acompañada de sus compatriotas los escritores Isabel Allende y Antonio Skármenta y moderados nada menos que por el doctor Ramón de la Fuente, rector de la UNAM, la señora Bachelet presidiría el evento que prometía ser un banquetazo que yo empezaba a saborearme cuando más adelante leí en la invitación: “Antiguo Colegio de San Ildefonso” ¡Ay, no! ¿Allá en lo más conflictivo del Centro Histórico?
Sólo de pensar en arrojarme al turbulento mar de autos con locos furiosos al volante, enfrió mi entusiasmo; aunque pensándolo un poco, me dije a mí misma: -Mí misma, todo sacrificio vale la pena-.
Y fue entonces cuando, magnánima, decidí extender la invitación a mi incondicional amiga Barullo. –No te lo puedes perder, es un evento excepcional y si te animas, yo puedo acompañarte –ofrecí-.
¿Y dices que es hasta el Centro?, respondió Barullo como queriendo dudar.
Pero adelantándome a una negativa, le dije contundente: -Está bien, pasa por mí a las cinco porque la cita es a las siete.
Puntual como es ella, a las cinco estaba en mi puerta y juntas partimos hacia el Centro.
Mientras Barullo al volante se concentraba en avanzar contra viento y marea, yo relajada me entregué al disfrute del paisaje terroso, pero recamado en jacarandas.
Tuve tiempo de agasajarme con las glicinas y bugambilias que se columpian en las bardas de las casonas que aún persisten en los altos del Paseo de la Reforma y con los tímidos anticipos de mayo en los brotes de las azucenas en los camellones.
Más adelante, ya en la zona devastada por el secuestro temporal que le infligieron las hordas perredistas, ahora en franco proceso de restauración, es sede de exposiciones de escultura, conciertos, conferencias, teatro y danza con que se celebra en este mes el Festival de Primavera, cuyo origen es en realidad la fundación de México-Tenochtitlan, un 13 de marzo allá por 1325.
(Buen momento y buena opción para quienes, aprovechando que los capitalinos salimos en estampida este fin de semana, quieran venir a vacacionar por acá).
Hora y media más tarde, llegamos al Zócalo donde toda felicidad se apagó.
Algunas calles cerradas para privilegiar el paso de la señora Bachelet, nos obligaron a llegar hasta el barrio de Tepito, donde aún con la destreza de Barullo al volante encallamos entre los puestos de vendedores “ambulantes” que invaden las calles.
¡Ni modo! Abandonamos el auto a su suerte y seguimos en un taxi para llegar tarde como todo mundo.
Por supuesto el evento se retrasó y estuvimos a tiempo para escuchar a Isabel Allende, cuyos ojos enormes y redondos me recordaron los de una ardilla inteligente: “Los mexicanos al menos ventilan su machismo en las canciones; los chilenos, en cambio, lo ocultan”, dijo entre otras cosas, muchas de las cuales no pude escuchar porque el salón era muy grande y mi oído muy torpe.
Skármenta ameno y ligero como es, relató anécdotas de Borges, de Rulfo y por supuesto de la chilena Gabriela Mistral; pero el plato fuerte fue indiscutiblemente esa mujer culta, lúcida, guapota, agnóstica, comunista, madre soltera y primera mujer presidenta de Chile.
Valió la pena una odisea que nos permitió recuperar, aunque sólo sea por unas horas, nuestra más genuina vocación de flor y canto.

6 mar. 2007

Dolores Veintimilla de Galindo

DOLORES VEINTIMILLA DE GALINDO (Quito, 1829-1857)


A MIS ENEMIGOS
¿Qué os hice yo, mujer desventurada,

que en mi rostro, traidores, escupís
de la infame calumnia la ponzoña
y así matáis a mi alma juvenil?

¿Qué sombra os puede hacer una insensata
que arroja de los vientos al confín
los lamentos de su alma atribulada
y el llanto de sus ojos? ¡ay de mí!

¿Envidiáis, envidiáis que sus aromas
le dé a las brisas mansas el jazmín?
¿Envidiáis que los pájaros entonen
sus himnos cuando el sol viene a lucir?

¡No! ¡no os burláis de mí sino del cielo,
que al hacerme tan triste e infeliz,
me dio para endulzar mi desventura
de ardiente inspiración rayo gentil!

¿Por qué, por qué queréis que yo sofoque
lo que en mi pensamiento osa vivir?
Por qué matáis para la dicha mi alma?
¿Por qué ¡cobardes! a traición me herís?

No dan respeto la mujer, la esposa,
La madre amante a vuestra lengua vil...
Me marcáis con el sello de la impura...
¡Ay! nada! nada! respetáis en mí!

¡QUEJAS!
¡Y amarle pude! ... Al sol de la existencia

se abría apenas soñadora el alma ...
Perdió mi pobre corazón su calma
desde el fatal instante en que le hallé.

Sus palabras sonaron en mi oído
como música blanda y deliciosa;
subió a mi rostro el tinte de la rosa;
como la hoja en el árbol vacilé.

Su imagen en el sueño me acosaba
siempre halagüeña, siempre enamorada;
mil veces sorprendiste, madre amada,
en mi boca un suspiro abrasador;
y era él quien lo arrancaba de mi pecho,
él, la fascinación de mis sentidos;
él, ideal de mis sueños más queridos,
él, mi primero, mi ferviente amor.

Sin él, para mí, el campo placentero
en vez de flores me obsequiaba abrojos;
sin él eran sombríos a mis ojos
del sol los rayos en el mes de Abril.
Vivía de su vida aprisionada;
era el centro de mi alma el amor suyo,
era mi aspiración, era mi orgullo ...
¿por qué tan presto me olvidaba el vil?

No es mío ya su amor, que a otra prefiere;
sus caricias son frías como el hielo.
Es mentira su fe, finge desvelo...
Mas no me engañará con su ficción. . .
¡Y amarle pude delirante, loca!
¡No! mí altivez no sufre su maltrato;
y si a olvidar no alcanzas al ingrato
¡te arrancaré del pecho, corazón!

8 feb. 2007

QUEJAS DE DOLORES VEINTIMILLA DE GALINDO


¡QUEJAS!
¡Y amarle pude! ... Al sol de la existencia
se abría apenas soñadora el alma ...
Perdió mi pobre corazón su calma
desde el fatal instante en que le hallé.

Sus palabras sonaron en mi oído
como música blanda y deliciosa;
subió a mi rostro el tinte de la rosa;
como la hoja en el árbol vacilé.
Su imagen en el sueño me acosaba
siempre halagüeña, siempre enamorada;
mil veces sorprendiste, madre amada,
en mi boca un suspiro abrasador;
y era él quien lo arrancaba de mi pecho,
él, la fascinación de mis sentidos;
él, ideal de mis sueños más queridos,
él, mi primero, mi ferviente amor.

Sin él, para mí, el campo placentero
en vez de flores me obsequiaba abrojos;
sin él eran sombríos a mis ojos
del sol los rayos en el mes de Abril.
Vivía de su vida aprisionada;
era el centro de mi alma el amor suyo,
era mi aspiración, era mi orgullo ...
¿por qué tan presto me olvidaba el vil?

No es mío ya su amor, que a otra prefiere;
sus caricias son frías como el hielo.
Es mentira su fe, finge desvelo...
Mas no me engañará con su ficción

. . .¡Y amarle pude delirante, loca!
¡No! mí altivez no sufre su maltrato;
y si a olvidar no alcanzas al ingrato
¡te arrancaré del pecho, corazón!
Dolores Veintimilla de Galindo (Ecuatoriana)

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