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26 nov. 2007

"DAR HASTA QUE DUELA"



"Da hasta que duele" La política y el amor en Isabel Allende

Se me ocurre que los terroristas de Al Qaeda fueron los más sorprendidos con el alcance del atentado. Pensaban hacer un hueco en las torres, nunca se imaginaron que se vendrían abajo. En ese caso la reacción habría sido menos histérica y el Gobierno habría hecho un cálculo más realista del poder del enemigo”,

declara.Jorge Ramos/Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

Fecha de actualización: 11/25/2007

Estados Unidos es su país adoptivo y no piensa dejarlo. Pero su cariño por este país no le impide a la escritora chilena, Isabel Allende, ser durísima y demoledora en su crítica social.

“A los estadounidenses les encanta la idea de la inmigración, es el fundamento del sueño americano —un pobre diablo que llega a estas orillas con una maleta de cartón puede convertirse en millonario—, pero detestan a los inmigrantes”, señala Allende.

Hay más. En su libro “La suma de los días”, Allende utiliza la cita de su nieta Andrea —“palabras, no bombas”— para criticar la guerra de Bush en Iraq.

“El presidente Bush no prestaba oídos, divagaba como un loco, desprendido de la realidad y rodeado de sicofantes”, dice. Añade que es, también, implacable con una prensa poco crítica y sedosa con el poder. Los bombardea por solo presentar imágenes “asépticas” de una guerra sangrienta.

Sugiere, además, un cierto grado de exageración en la reacción norteamericana tras el 11 de septiembre de 2001.

“Se me ocurre que los terroristas de Al Qaeda fueron los más sorprendidos con el alcance del atentado. Pensaban hacer un hueco en las torres, nunca se imaginaron que se vendrían abajo. Supongo que en ese caso la reacción habría sido menos histérica y el Gobierno habría hecho un cálculo más realista del poder del enemigo”, declara.

Allende se queja amargamente de cómo ha cambiado un país que, en un momento dado, era considerado uno de los principales defensores de la libertad y los derechos humanos en el mundo.

“Sucedió lo que nadie podía haber imaginado poco antes en Estados Unidos”, escribe, “se suspendió el derecho a hábeas corpus de los detenidos y se legalizó la tortura”, en claras referencias a los abusos en las cárceles de Guantánamo y Abú Ghraib.

Pero su crítica no es partidista. Igual azota a Bill Clinton, durante el escándalo por su romance con Mónica Lewinski, al decir que se trató de la “chupada” más cara de la historia. Esa frase, que pronunció por primera vez en una entrevista (pero que aquí no reproduzco completamente), la perseguiría, muy a su pesar, en otros encuentros con la prensa.

Pero no es política lo que domina el nuevo libro de Allende.

El libro está planteado como una serie de cartas a su hija Paula —contándole lo que ha ocurrido desde que ella murió por un mal tratamiento de una rara enfermedad— y cómo intenta superar su terrible ausencia.

“En todos estos años me parece que se han ido abriendo mis cavernas selladas y con tu ayuda ha entrado luz”, escribe.

Este libro es, también, una suma de reflexiones sobre la familia y la vida a principios del siglo 21. Las familias, nos explica, “como casi todo en este mundo, se transforman y evolucionan”.

Y sigue: “No hay reglas fijas para las relaciones humanas, se pueden reinventar, podemos ser originales... La vida no es una foto, en que uno ordena las cosas para que se vean bien y luego fija la imagen para la posteridad; es un proceso sucio, desordenado, rápido, lleno de imprevistos... La vida se hace caminando sin mapa y no hay forma de volver atrás”.

Inevitablemente encontramos trivia allendista. ¿Cuándo se ha sentido más famosa Allende? No, no es por el éxito de sus libros, sino en una vuelta al estadio —durante las Olimpiadas de Invierno en Italia en 2006— y bien acompañada por la actriz Sofía Loren. Por si le interesa saber, Antonio Banderas es una de sus (inocentes) debilidades y usa una frase —“los demás tienen más miedo que tú”— para vencer el miedo a enfrentarse con auditorios llenos.

La parte más tierna del libro se esconde en las últimas páginas. La escritora tiene el privilegio de contar su propia historia con final feliz. ¿Y por qué no?

Tras describir los altibajos de su matrimonio, Allende descubre el verdadero amor con su pareja en esos pequeños detalles que forman las horas.

“Estas rutinas de cada día nos unen más que los alborotos de la pasión”, advierte.

Y, al final, se suelta ante su esposo Willie; se tira sin paracaídas después de toda una vida protegiendo férreamente su independencia.

Paula, su hija, decía que había que “dar hasta que duela”. (Allende ha creado una fundación —iniciada con los ingresos de la publicación de su libro “Paula”— para brindar educación, protección, salud y control de la natalidad a las mujeres.) Pero esa frase va más allá de los fines filantrópicos.

Este es un libro en que se nota que da hasta que duele. No es fácil para nadie exponerse así. Uno se queda con la impresión de que nos ha contado casi todo. Pero quizás está condenada a hacerlo.

Como ella misma dice: “Lo que no escribo se me olvida, es como si nunca hubiera sucedido”.
The New York Times Syndicate.

21 nov. 2007

SIEMPRE TAN MAJA NUESTRA SEÑORA ISABEL

Olivia y yo detestamos el Ford 1932 de Willie porque no tiene ventanas y el viento nos revuelve el peinado.
Olivia, aterrorizada, en el Ford 32, último trofeo de Willie (por lo menos no es una nueva esposa jóven).

15 nov. 2007

Cuando tengas dudas preguntate que es lo más generoso


Isabel:
Mi generación fue criada para seguir los pasos de nuestras madres. Hoy, se espera que las mujeres se eduquen, estén informadas, trabajen fuera de casa, tengan una carrera, etc. esto no fue así para mi generación.

Cuando era una adolescente, se inventó la píldora anticonceptiva y, de pronto, todo cambió para las mujeres. Llevó un tiempo que el concepto de mujeres fuertes y empoderadas llegara a Chile, y más tiempo aun que llegara a mi neolítica familia, pero al final lo hizo. Poco después, empecé a trabajar como periodista en una revista femenina. Éramos cinco mujeres jóvenes que se atrevían a tratar temas que nadie discutía en público.

Estoy orgullosa de decir que en pocos años provocamos un profundo cambio en nuestra cultura. Las mujeres que entonces luchaban por la liberación tenían que soportar más presiones: tenían menos medios y habilidades, se sentían culpables porque las criticaban hasta sus madres, había un techo impenetrable en el trabajo, ganaban mucho menos que los hombres y trabajaban más que los hombres para poder cuidar a los hijos y el hogar. Se suponía que los hombres no hacían las tareas domésticas. Hoy, los hombres jóvenes saben que tendrán que compartir las tareas del hogar y ayudar a cuidar a los niños.
Los obstáculos parecían inmensos para las mujeres de mi generación, pero también era inmensa la energía. Estábamos convencidas de que ganaríamos la guerra, aunque perdiéramos algunas batallas, y a su debido tiempo –quince o veinte años como máximo– las mujeres de todo el mundo tendrían vidas mucho mejores. Hoy, a medida que más mujeres ingresan a la fuerza laboral, son más firmes, tienen más derechos e incluso cambiaron las reglas de juego. Por ejemplo, ahora tenemos nuevas leyes que nos protegen del acoso sexual, tenemos licencias por maternidad más largas, etc. Lo que queremos es igualdad con los hombres en materia de derechos, sexualidad, oportunidades, trabajos, salarios, etc.
No queremos ser iguales a los hombres; queremos tener las mismas opciones. Esta generación joven de mujeres tendrá un tremendo impacto en el futuro: cambiará nuestra civilización y nos llevará a otra etapa de la evolución. Aunque no todas las mujeres lograron lo que mi generación quería para ellas, algo es verdad: nunca antes en la historia tantas se han sentido tan empoderadas. El sueño de unir a las mujeres se hizo realidad. ¡Y es una excelente noticia!
Lori:
Empecé a trabajar con Isabel hace ocho años. En ese momento, yo tenía mi propia empresa de diseño gráfico y diseñé su libro Afrodita. También estaba saliendo con su hijo, Nicolás, y me pidieron que ayudara en la fundación familiar porque la organización había crecido demasiado rápido y no tenían la infraestructura para manejarla. En ese momento, pensé que sería un trabajo por seis meses: establecer la visión y la misión de la Fundación, crear un sitio web y un proceso para manejar las donaciones, diseñar su papel membretado y poner en funcionamiento algunos sistemas básicos.
Bueno, ya pasaron siete años y me enamoré del trabajo de la Fundación, para no mencionar al hijo de Isabel, con el que me casé en 1999. Trabajar con Isabel fue un regalo increíble para mí. Posiblemente sea la trabajadora más ardua que conozco y, al mismo tiempo, el ser humano más generoso que haya conocido jamás. Escribir, hacer una gira presentación de un libro, estar con su familia, pintar, hacer joyas, cocinar… todo lo que hace lo hace con calma, con un corazón generoso, con una completa concentración, con un espíritu alegre y con un montón de amor y un alma increíblemente generosa. No hay nada casual en su proceso de escritura o en su compromiso por su trabajo.
Escribe todos los días por casi 14 horas, empezando el 8 de enero y terminando solo cuando el libro está listo.
Suele citar una frase de su hija Paula: “Cuando tengas dudas, pregúntate qué es lo más generoso”.
E Isabel vive ese lema a cada minuto, todos los días de su vida. La visión de Isabel es tener el 50% de mujeres en el manejo del mundo. Ella escribió: “Quiero traer a la mesa la energía femenina. Quiero que las mujeres trabajen juntas por la paz, por la protección de ambiente, por la eliminación de la pobreza, por la educación, por el cuidado de la salud para todos, y mucho más.
Deseo que las mujeres puedan crear sus propios partidos políticos y votar masivamente por esas cuestiones que les importan a ellas y a sus familias”. Mi visión está en sincronía con la de nuestra Fundación, que está guiada por la visión de un mundo en el cual las mujeres hayan logrado justicia social y económica. Esta visión incluye el empoderamiento de las mujeres y niñas y la protección de las mujeres y los niños. Empoderamiento quiere decir tener el control de sus vidas y tener independencia económica. Creemos que los medios para obtenerlo son: autodeterminación reproductiva, cuidado de la salud y educación.
Para lograr justicia social, las mujeres y los niños deben estar protegidos de: violencia, explotación, discriminación.
Unirse, compartir información, hablar con los demás. Saber que otras mujeres están ahí para ti, ser testigos de sus vidas, aprender de su experiencia... te harán sentir empoderada. El aislamiento hace que la gente se sienta impotente y débil. Ésa es la idea del confinamiento en solitario: quebrar el espíritu. También les diría a las mujeres jóvenes: procúrense una educación, ayúdense a ustedes mismas.

La imagen de EEUU al mundo

Isabel Allende "horrorizada" por la imagen que EEUU proyecta al mundo


WASHINGTON (AFP) — La escritoria chilena Isabel Allende se dijo "orgullosa" de tener la ciudadanía estadounidense, pero se manifestó "horrorizada" por la imagen que Estados Unidos proyecta al mundo, durante una charla este miércoles en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington.
"Estoy muy orgullosa de ser estadounidense por las razones correctas", explicó Allende, pero "(estoy) horrorizada por la imagen que proyectamos al mundo", sostuvo la escritora.
Allende, quien durante más de una hora habló en un formato de entrevista y fue reiteradamente aplaudida por la concurrencia, también tuvo palabras de crítica para el presidente estadounidense George W. Bush, sobre todo cuando se le preguntó "qué es lo que le disgusta" y la escritoria respondió con un seco: "Bush".
Entre varias conocidas anécdotas de su vida, como el encuentro con el poeta chileno Pablo Neruda que la inclinó a decidirse por la literatura, Allende se refirió también a la cuestión migratoria tras ser interrogada sobre las deportaciones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.
Los inmigrantes van a un lugar por elección, y trabajan pensando en el futuro, dijo. "Vienen a trabajar (...) escapando de la extrema pobreza y la violencia", añadió, y predijo que como ocurrió con otras corrientes migratorias en Estados Unidos, los hispanos -la mayoría de quienes llegan a Estados Unidos son latinos- serán asimilados.
Allende promueve por estos días su nuevo libro "La suma de los días", que se encuentra en los primeros lugares de venta en varios países de América Latina.

12 nov. 2007

Dallas/Fort Worth

Al fin traen a Isabel Allende
12:00 AM CST on Monday, November 12, 2007
LORENA FLORES/Al Día

Hoy lunes el Dallas Women's Foundation estará celebrando su almuerzo anual número 22, su evento más importante del año, para el cual han invitado como oradora principal a la escritora chilena Isabel Allende.

"Hemos estado tratando de invitarla por varios años, pero es un poco difícil tenerla porque está muy ocupada escribiendo libros. Nosotros no habíamos tenido una mujer hispana como oradora desde hace mucho tiempo y sentíamos que era muy importante hacerlo ahora", cuenta vía telefónica Becky Skyes, directora ejecutiva del Dallas Women's Foundation.

Conocida por obras como La Casa de los Espíritus, Paula, Mi país inventado, Hija de la fortuna, entre otros Isabel Allende es una de las autoras, activistas y filántropos más conocidas en el mundo.

"Nos encantan sus mensajes, ella tiene su propia fundación para ayudar a las mujeres y simpatizamos mucho con su manera de ver el mundo", dice Skyes sobre otros atributos que llamaron la atención para invitar a Allende.
Con una trayectoria de más de 22 años, el Dallas Women's Foundation es una organización pública que se encarga de conceder fondos a organizaciones locales que ayudan a las mujeres y a las niñas.

"Somos una de 120 fundaciones iguales alrededor del mundo, 20 de ellas en otros países y alrededor de 100 en Estados Unidos. La nuestra es una de las fundaciones más antigua y grandes. No tenemos miembros, tenemos donadores y estos incluyen varios miles de donadores activos que colaboran con donaciones desde $5 hasta cifras mayores", explica la directora ejecutiva de la fundación que actualmente está presentado especial atención a la problemática alrededor de las mujeres y niñas latinas en Dallas.

Anteriormente el almuerzo anual ha tenido como invitados a figuras como la ex primera dama Rosalynn Carter, la primera ministra de Pakistán Benazir Bhutto y Wangari Maathai, acreedora al premio Nóbel de la paz.
"Siempre tratamos de traer líderes y personas interesantes, este año esperamos más de 2,000 personas en el evento y será uno de los más grandes en términos de asistentes y del dinero que se recaudará", dice la directora ejecutiva de la fundación.

La charla de Isabel Allende, que se llevará a cabo en el Adam's Mark Hotel, girará en torno a su vida, su pasión por ayudar a las mujeres y la fuerza e importancia de la mujer para construir una comunidad. Para más información visite www.dallaswomensfoundation.org o llame al 214 965-9977.
lflores@aldiatx.com
469 977 3629

3 nov. 2007

Isabel Allende


Die Dolmetscherin Michi Strausfeld und Isabel Allende


Isabel Allende und Hannelore Hoger beim Signieren der Bücher


Rinhard Wittmann und Isabel Allende vor der Lesung in der Aula der LMU



Vor der Lesung


Auf dem Weg zur Lesung


Isabel Allende und Hannelore Hoger

© Lissy Mitterwallner Galerie: Isabel Allende im September 2007

Ayer y Hoy






25 oct. 2007

Mis Memorias son una celebración de la familia

Isabel Allende: «Mis memorias son una celebración de la familia»

ABC Isabel Allende, ayer en Berlín
SERGI DORIA. ENVIADO ESPECIAL. BERLIN.
15-9-2007 09:06:08

El cielo sobre BerlÍn. Nubes y claros. En la zona del Zoo, colas para ver un oso blanco y la gente que entra apresurada por los primeros fríos en el metro de Kurfurstendamm. En un hotel cercano a la iglesia que los berlineses llaman «muela careada», encontramos a Isabel Allende. La capital alemana no aparece en su libro «La suma de los días» pero ella, como la ciudad, se considera «una eterna trasplantada». Está en Berlín para participar en un Festival Internacional de Literatura: el domingo leerá fragmentos de «Inés del alma mía» y atenderá a sus lectores alemanes.
Hablamos de «La suma de los días». Podría haberse titulado como cualquiera de sus 69 capítulos. Hay biografía y biología. Hay aguas oscuras, almas antiguas, días de luz y de luto. Hay budismo, erotismo, cocina. Una escritora desfaciendo entuertos domésticos.

-¿Estamos ante su libro más irónico?
-Es una celebración de la familia, la amistad. Vivir cerca, trabajar juntos, disfrutar de la comodidad y de las vacaciones.

-Y su hija Paula de interlocutora...

-Mi primera memoria fue Paula, porque ella murió. La tengo presente, no de forma depresiva, sino llena de energías. Hemos creado una fundación muy proactiva. Estamos trabajando en Chiapas con una mujer, Olga Sánchez, que recoge a los niños vagabundos que sufren amputaciones. Cada vez que se traduce el libro sobre Paula me llegan cartas, todos los días. En casa sigue presente porque su enfermedad, la porfiria, afecta a Nico y a sus hijos. Paula murió por una negligencia médica, un accidente. Había huelga en el hospital, cortes de electricidad... Willie, que es abogado, quería ir a juicio pero... ¿a quién vamos a demandar, a Dios?

-Ha escrito que el amor con Willie ha sido un regalo de la madurez. ¿Cómo se vive el amor en la sesentena?
-Con una profunda camaradería. Hay sexo y pasión, pero la amistad, la confianza pesan más. Sabes lo que puedes perder si haces tonterías. A los 35 veía un tipo estupendo y me hubiera ido con él a la cama. Hoy no. Willie y yo estamos cómodos. Nos aceptamos. El me acepta como soy y yo quiero cambiarlo porque el hombre siempres es un proyecto. Como los países, susceptible de mejora.

-Su encuentro con Willie podría titularse «Isabel y la extrana familia»...
-Cuando llegué a su vida, su familia era un desastre imposible de describir: un hijo en prisión y otros dos enganchados a la droga. Yo aporté un estilo de familia chileno. Creí que con amor todo se resolvería y me equivoqué. Fueron veinte años muy dif´íciles. Todas las familias son extrañas: hay secretos, tragedias, separaciones... Pero no todas tienen alguien que lo registre. Yo escribía cartas a mi madre y ese material me sirvió para reconstruir momentos. Willie y Nicolás se han acostumbrado a que yo lo anoto todo y, tarde o temprano, lo voy a contar.

-Hay biografía y fisiología.

Afirma que «no hay nada tan ridículo como una vieja con «ínfulas de Lolita». Estamos en pleno auge de la «body culture»»...
-Sobre todo en Los Ángeles, pero en mi entorno no se percibe ese culto al cuerpo. Soy la única que me he retocado, debido a mi proyección pública y una vanidad patológica. A Willie le da igual cómo yo me vea: le molesta que me tiña el pelo de rubio. Yo sí me fijo en él. «Nos estamos desmoronando juntos» me dice, pero yo no lo asumo así. Me cuido y procuro evitar la rutina, que es lo que de verdad nos mata.

-¿Qué le queda por escribir?
-Una novela erótica. Me dijeron que escribiera una biografía de Salvador Allende, pero no soy capaz, porque sería muy subjetiva. «La suma de los días» es memoria, pero también una forma de ficción porque mis recuerdos son subjetivos.

-Usted vivió trece años en Venezuela. ¿Qué piensa de Chávez?
-Un político con carisma y apoyo popular anclado en los setenta, por su ideología y sus ínfulas dictatoriales. En Venezuela mis amigos eran de izquierdas: ninguno de ellos es hoy chavista. Es un régimen de corrupción, listas negras, control del Congreso y el Ejército, cierre de medios de comunicación... No olvidemos que en Venezuela hubo caudillaje hasta 1958.

24 oct. 2007

16 mayo 2007 Retratos












Photos from Isabel Allende's speaking eventApril 11, 2007,
at the LBJ Student Center Mall







12 oct. 2007

Conexiones

ALLENDE-VARO
La "sorprendente" conexión entre Isabel Allende y las pinturas de Remedio Varo
Agencia EFESábado, 6 de octubre 2007


La literatura de la escritora chilena Isabel Allende y las pinturas de la española Remedios Varo, dos creadoras de diferentes épocas y países que jamás llegaron a encontrarse, muestran "una sorprendente conexión" que revela en un ensayo la investigadora Elena Morales y que ha admitido la autora de "La casa de los espíritus".

De hecho, Isabel Allende ha remitido una carta a Elena Morales, también escritora, profesora y doctora en Bellas Artes, en la que se confiesa "muy impresionada" por los paralelos entre las pinturas de Varo y sus textos", que ha releído "bajo una nueva luz", según indica la misiva, a la que tuvo acceso Efe.

"Los cuadros me revelan dimensiones ocultas de mi propia escritura. Sin duda hay una asombrosa conexión, una alquimia entre Remedios y yo, que desafía distancias y tiempos", añade Allende.

Elena Morales explicó a Efe que su ensayo "Los universos mágicos de Remedios Varo e Isabel Allende. Fantasmas y espíritus", que se presentará el 11 de octubre en Tenerife, parte de una investigación que se remonta a 1988, cuando asistió a una retrospectiva de Remedios Varo en Madrid.

Ocho años después leyó "La casa de los espíritus" de Isabel Allende, una novela "que me recordó muchísimo al universo de Varo. Al estudiar más a fondo las obras de estas dos creadoras constaté, progresivamente, muchas más conexiones".

Una vez que dispuso "de un considerable muestrario de analogías" decidió enviárselas, junto con un breve cuestionario, a Isabel Allende, pues Remedios Varo falleció en 1963 en México, adonde había viajado tras la ocupación nazi de Francia en la Segunda Guerra Mundial.

Remedios Varo, nacida en Gerona en 1908, se rodeó de intelectuales y artistas en Barcelona y París, entre ellos el canario Oscar Domínguez o Leonora Carrington, y se la considera entre las mayores aportaciones españolas al surrealismo.

Para Elena Morales, aunque en ocasiones el enfoque difiere, son muchas las temáticas que comparten Varo y Allende, como la familia y la tradición, las mujeres, la supeditación a las fuerzas cósmicas, los sueños y la magia, la violencia y la política, los personajes creativos, los sucesos psicológicos, los espíritus, la soledad, la ciencia, los viajes o el amor.

"Allende y Varo representan mujeres creativas e intuitivas en constante búsqueda de libertad e independencia", prosigue la investigadora, quien considera que la analogía "más rotunda" es que ambas encarnan "el ideal de artista donde vida y arte van íntimamente entreverados".

La FAU

Publicado el jueves 11 de octubre del 2007
LITERATURA
Lanzan la Revista Oral de la FAU con número dedicado a Isabel Allende
ADRIANA HERRERA
Especial/El Nuevo Herald
La noche de junio en que la revista oral de Miami, De boca en boca, presentó en la Florida Atlantic University un número dedicado a Gabriel García Márquez con su singular formato de una ''revista'' que no se lee, sino se presenta en vivo, sección a sección, el entusiasmo sobrepasó lo esperado.
Tras la presentación, las directivas de la universidad y los estudiantes graduados de carreras afines al cine, la literatura y los estudios culturales, consideraron memorable esta experiencia creativa que funde dos polos distantes: humor y academia, y decidieron crear sus propia versión de la revista oral, una edición alterna en vivo que se fundaría en Boca Ratón, como sucedánea de la que hace tres años fundó un grupo de escritores y artistas de la diáspora colombiana en Miami, con la dirección editorial de Jaime Cabrera y Daniel Angulo.
Número a número, Hernando Olivares, crítico de cine y profesor de Cultura Latinoamericana a través del Cine de la Florida Atlantic University, FAU, había sido desde el inicio de la revista De Boca en Boca, el encargado de esa ''página'', una de las más apreciadas por el público. Debido a su experiencia, por unanimidad le designaron la tarea de dirigir la nueva Revista Oral de la FAU, que también tendrá números monográficos dedicados a un escritor.
El lanzamiento se hará con una edición dedicada a Isabel Allende. ''Vamos a debutar --explica Olivares-- con un número titulado "Invocando espíritus en Boca", en el cual presentaremos una escenificación de "La casa de los espíritus", y una serie de cuadros de escenas inspirados en varias obras de Allende: desde su cuento "Clarisa", hasta escenas de "Eva Luna" y de "Afrodita''.
Como se trata de una revista con distintas secciones habrá ''páginas'' humorísticas inspiradas en los textos que recuerdan a la Isabel Allende que se hizo famosa en Chile no con novelas mágico realistas, sino con picantes columnas sobre la vida real de las parejas en un Chile conservador. ``Clara Parsons ha realizado una divertida adaptación de Civilice a su troglodita y de El troglodita en la cama.
''No se trata de una función en el estilo tradicional, sino de una propuesta que romperá la separación entre los actores en escena y el público'', explica Olivares quien sostiene que, como De Boca en Boca, la Revista Oral de la FAU combinará narración en vivo, música, pintura, videos y presentaciones, pero tendrá una propuesta más teatral. El performance colectivo --semejante a un happening-- comenzará con una puesta en escena de una tertulia literaria. Alfredo Palacios será un literato que se enfrentará a la feminista Ariana Magdaleno, acérrima defensora de Allende. Pero de la ''página'' crítica se pasará a dar vida a diferentes personajes: en la revista desfilará Afrodita recreada por Lizz Petersen y, no faltará una entrevista filmada con dobles de Isabel Allende (Consuelo Sheen) y del director de cine Bille August (Olivares) que se verán bombardeados a preguntas.
Habrá páginas que reviven la escena política de la caída de Salvador Allende, tío de la escritora, y responsable de un exilio que a la postre la hizo encontrar su destino pues la imposibilidad de estar con su abuelo a la hora de la agonía, la hizo comenzar una larga carta que se convirtió en La casa de los espíritus, publicada hace 25 años. Desde entonces siempre inicia sus libros en la misma fecha. ''Creo que Isabel Allende es una de las escritoras latinoamericanas más reconocidas en este momento, no sólo por su obra sino también porque ha promovido a otras escritoras jóvenes'', declaró Nora Erro-Peralta, profesora del departamento de lenguas, lingüística y literatura comparada en la FAU y una de las entusiastas promotoras de la Revista Oral que se lanza en el Mes de la Herencia Hispana en un acto dedicado no sólo a Isabel Allende, sino a otras figuras culturales de la época como el músico Víctor Jara, en un acto patrocinado por la oficina de Asuntos Multiculturales, el Departamento de Lenguas Extranjeras y el Centro de Estudios de Latinoamérica y el Caribe de esta universidad.
''Para mí, el personaje más fascinante de Allende es Eva Luna porque es una empleada doméstica que se convierte en escritora'', dice Erro-Peralta. De su habilidad para contar historias se apropiarán los 30 creadores de la Revista Oral que, según Olivares, están tan entusiasmados con el lanzamiento como si se tratara de una producción de Broadway. No importa que sea sólo un colectivo formado por estudiantes graduados: esa hora y media de la función será inolvidable en el ámbito académico por su carácter lúdico y su inteligente --e irreverente-- humor.•
adrianaherrerat@aol.com
Revista Oral de la FAU. Isabel Allende y 'La casa de los espíritus'. Hoy a la 7:00 p.m. en el Coyote Jack's Restaurant, FAU, 77 Glades Road, Boca Ratón. (561) 297-3860.

6 oct. 2007

Honoris causa

Allende y Gordon reciben doctorado
Honoris causa del Whittier College a Isabel Allende y su esposo William
Eileen Truax
eileen.truax@laopinion.com 06 de octubre de 2007


A su manera, ambos son trotamundos. Ella, nacida en Perú, criada en Chile, exiliada en Venezuela, habiendo vivido en Europa y en los últimos años en Estados Unidos junto a su esposo, es una de las escritoras latinoamericanas más prolíficas y más queridas de los últimos tiempos.
Él, criado en el Este de Los Ángeles, recorrió el mundo pidiendo "aventón" durante un año; peleó con Estados Unidos durante la guerra en Vietnam; ha trabajado como abogado de inmigrantes, y tras su decisión de sacar el "gusanito" de la escritura, ya va por su tercer libro.

Ambos, Isabel Allende y su esposo William C. Gordon, recibieron el jueves pasado el doctorado Honoris Causa en Humanidades por parte del Whittier College, por su trayectoria y por su trabajo con la comunidad en favor del conocimiento.

Y aunque sólo Gordon es egresado de Whittier, los dos fueron recibidos como si estuvieran en casa. "Crecí en el Este de Los Ángeles, en un barrio en donde hablabas español o te daban cuello", relató el escritor al recibir la investidura de su nuevo cargo, recordando que los 14 años llegó a estudiar a la preparatoria en Whittier, donde, dijo, se abrieron su mente y su corazón.
"Aquí aprendí sobre los principios morales, de integridad, de honestidad; sobre adquirir conocimiento no sólo por el conocimiento en sí, sino para aplicarlo, para hacer del mundo un lugar mejor", señaló. Y el mundo lo ha tratado bien, asegura. ¿La prueba? Se casó con Isabel Allende.

"Yo sé que vengo aquí sólo de acompañante de Willie", empezó su propio discurso de agradecimiento la escritora. Bromeando sobre la manera en que se dio su relación de pareja; "cuando me lo presentaron me dijeron que era el único soltero heterosexual que quedaba en San Francisco", Allende dijo que al casarse ambos hicieron votos para que su matrimonio fuera un puente entre las culturas latina y anglosajona.

"Creo que hemos logrado tener una familia bicultural, tener una voz", consideró. "Él como abogado, ha representado a los inmigrantes durante más de 20 años, y yo he tratado de acercar la cultura americana a los lectores en español y de traer algo de Latinoamérica a los lectores en inglés.

Al hacer referencia a los nuevos mecanismos de comunicación y a la tecnología, Allende reconoció que el mundo se ha "encogido". "Sin embargo, seguimos luchando por un mundo en el que la raza, el sexo, la religión, las preferencias, no definan el destino de la gente".
Durante noventa años Whittier College ha entregado grados honorarios a personajes que han jugado un papel relevante en la comunidad, entre los cuales se incluye a Reuben Martínez, propietario de la cadena Librería Martínez, por su labor de difusión cultural; al actor Bob Hope, al atleta Rafe Johnson, al autor de historias infantiles Theodore "Dr. Seuss" Geisel, y a la primera dama Lou Henry Hoover por su labor filantrópica.

5 oct. 2007

Olivia,Dalai Lama, Juliette

El lema de Olivia: no se necesita ser de pura raza para tener estilo.

Su Santidad señalándome el estrecho sendero de la iluminación.
Creo que me gusta más el Dalai Lama que Antonio Banderas... Esta es la famosa coreógrafa y bailarina Anna Halprin. ¡Cómo me gustaría tener su espíritu!

Juliette, la beldad de nuestra familia, con sus dos niños griegos masticando rosas.

El Sexo...

El sexo, según Isabel Allende
Mis apreciados(as) lectores (as). Recibí este artículo por Internet de una persona muy querida. Su contenido es tan “especial”, que no pude dejar de compartirlo con ustedes. Muchos lo habrán leído, a ellos, mis disculpas, pero los que no lo han hecho, confío lo disfruten tanto como yo. Pocas veces se tiene la oportunidad de leer algo tan… requetebueno…como esto. Un fuerte abrazo y, que sólo la perfección se manifieste en vuestro mundo y asuntos.
Nery Estévez.

Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile. Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico.
Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un bebé -me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito. ¡Un hijo! Era lo último que deseaba. Siguieron días terribles, me dio fiebre, perdí el apetito, vomitaba. Mi amiga confirmó que los síntomas, eran iguales a los de su mamá.

Por fin una monja me obligó a confesar la verdad. Estoy embarazada -admití hipando. Me vi cogida de un brazo y llevada por el aire hasta la oficina de la Madre Superiora. Así comenzó mi horror por las muñecas y mi curiosidad por ese asunto misterioso cuyo solo nombre era impronunciable: sexo. Las niñas de mi generación carecíamos de instinto sexual, eso lo inventaron Masters y Johnson mucho después. Sólo los varones padecían de ese mal que podía conducirlos al infierno y que hacía de ellos unos faunos en potencia durante todas sus vidas.
Cuando una hacía alguna pregunta escabrosa, había dos tipos de respuesta, según la madre que nos tocara en suerte. La explicación tradicional era la cigüeña que venía de París y la moderna era sobre flores y abejas.

Mi madre era moderna, pero la relación entre el polen y la muñeca en mi barriga me resultaba poco clara. A los siete años me prepararon para la Primera Comunión. Antes de recibir la hostia había que confesarse. Me llevaron a la iglesia, me arrodillé detrás de una cortina de felpa negra y traté de recordar mi lista de pecados, pero se me olvidaron todos.

En medio de la oscuridad y el olor a incienso escuché una voz con acento de Galicia.
-¿Te has tocado el cuerpo con las manos?
-Sí, padre.
-¿A menudo, hija?
-Todos los días...
-¡Todos los días!
¡Esa es una ofensa gravísima a los ojos de Dios, la pureza es la mayor virtud de una niña, debes prometer que no lo harás más! . Prometí, claro, aunque no imaginaba cómo podría lavarme la cara o cepillarme los dientes sin tocarme el cuerpo con las manos. (Este traumático episodio me sirvió para 'Eva Luna', treinta y tantos años más tarde. Una nunca sabe para qué se está entrenando).

Nací al sur del mundo, durante la Segunda Guerra Mundial en el seno de una familia emancipada e intelectual en algunos aspectos y casi paleolítica en otros. Me crié en el hogar de mis abuelos, una casa estrafalaria donde deambulaban los fantasmas invocados por mi abuela con su mesa de tres patas. Vivían allí dos tíos solteros, un poco excéntricos, como casi todos los miembros de mi familia. Uno de ellos había viajado a la India y le quedó el gusto por los asuntos de los fakires, andaba apenas cubierto por un taparrabos recitando los 999 nombres de Dios en sánscrito. El otro era un personaje adorable, peinado como Carlos Gardel y amante apasionado de la lectura. (Ambos sirvieron de modelos -algo exagerados, lo admito-para Jaime y Nicolás en 'La casa de los espíritus').

La casa estaba llena de libros, se amontonaban por todas partes, crecían como una flora indomable, se reproducían ante nuestros ojos. Nadie censuraba o guiaba mis lecturas y así leí al Marqués de Sade, pero creo que era un texto muy avanzado para mi edad el autor daba por sabidas cosas que yo ignoraba por completo, me faltaban referencias elementales.
El único hombre que había visto desnudo era mi tío, el fakir, sentado en el patio contemplando la luna y me sentí algo defraudada por ese pequeño apéndice que cabía holgadamente en mi estuche de lápices de colores. ¿Tanto alboroto por eso?

A los once años yo vivía en Bolivia. Mi madre se había casado con un diplomático, hombre de ideas avanzadas, que me puso en un colegio mixto. Tardé meses en acostumbrarme a convivir con varones, andaba siempre con las orejas rojas y me enamoraba todos los días de uno diferente. Los muchachos eran unos salvajes cuyas actividades se limitaban al fútbol y a las peleas del recreo, pero mis compañeras estaban en la edad de medirse el contorno del busto y anotar en una libreta los besos que recibían.

Había que especificar detalles: quién, dónde, cómo. Había algunas afortunadas que podían escribir:' Felipe, en el baño, con lengua.' Yo fingía que esas cosas no me interesaban, me vestía de hombre y me trepaba a los árboles para disimular que era casi enana y menos sexy que un pollo.

En la clase de biología nos enseñaban algo de anatomía y el proceso de fabricación de los bebés, pero era muy difícil imaginarlo. Lo más atrevido que llegamos a ver en una ilustración fue una madre amamantando a un recién nacido. De lo demás no sabíamos nada y nunca nos mencionaron el placer, así es que el meollo del asunto se nos escapaba ¿por qué los adultos hacían esa cochinada?

La erección era un secreto bien guardado por los muchachos, tal como la menstruación lo era por las niñas. La literatura me parecía evasiva y yo no iba al cine, pero dudo que allí se pudiera ver algo erótico en esa época.
Las relaciones con los muchachos consistían en empujones, manotazos y recados de las amigas: dice el Keenan que quiere darte un beso, dile que sí pero con los ojos cerrados, dice que ahora ya no tiene ganas, dile que es un estúpido, dice que más estúpida eres tú y así nos pasábamos todo el año escolar. La máxima intimidad consistía en masticar por turnos el mismo chicle.

Una vez pude luchar cuerpo a cuerpo con el famoso Keenan, un pelirrojo a quien todas las niñas amábamos en secreto. Me sacó sangre de narices, pero esa mole pecosa y jadeante aplastándome contra las piedras del patio, es uno de los recuerdos más excitantes de mi vida. En otra ocasión me invitó a bailar en una fiesta. A La Paz no había llegado el impacto del rock que empezaba a sacudir al mundo, todavía nos arrullaban Nat King Cole y Bing Crosby, ( ¡Oh, Dios! ¿Era eso la prehistoria? ).

Se bailaba abrazado, a veces chic-to-chic, pero yo era tan diminuta que mi mejilla apenas alcanzaba la hebilla del cinturón de cualquier joven normal. Keenan me apretó un poco y sentí algo duro a la altura del bolsillo de su pantalón y de mis costillas. Le di unos golpecitos con las puntas de los dedos y le pedí que se quitara las llaves, porque me hacían daño. Salió corriendo y no regresó a la fiesta.

Ahora, que conozco más de la naturaleza humana, la única explicación que se me ocurre para su comportamiento es que tal vez no eran las llaves.
En 1956 mi familia se había trasladado al Líbano y yo había vuelto a un colegio de señoritas, esta vez a una escuela inglesa cuáquera, donde el sexo simplemente no existía, había sido suprimido del universo por la flema británica y el celo de los predicadores. Beirut que era la perla del Medio Oriente. En esa ciudad se depositaban las fortunas de los jeques, había sucursales de las tienda s de los más famosos modistos y joyeros de Europa, los Cadillacs con ribetes de oro puro circulaban en las calles junto a camellos y mulas.

Muchas mujeres ya no usaban velo y algunas estudiantes se ponían pantalones, pero todavía existía esa firme línea fronteriza que durante milenios separó a los sexos. La sensualidad impregnaba el aire, flotaba como el olor a manteca de cordero, el calor del mediodía y el canto del muecín convocando a la oración desde el alminar. El deseo, la lujuria, lo prohibido...
Las niñas no salían solas y los niños también debían cuidarse. Mi padrastro les entregó largos alfileres de sombrero a mis hermanos, para que se defendieran de los pellizcos en la calle. En el recreo del colegio pasaban de mano en mano foto-novelas editadas en la India con traducción al francés, una versión muy manoseada de 'El amante de Lady Chaterley' y pocket-books sobre orgías de Calígula.

Mi padrastro tenía 'Las 'Mil y Una Noches' bajo llave en su armario, pero yo descubrí la manera de abrir el mueble y leer a escondidas trozos de esos magníficos libros de cuero rojo con letras de oro. Me zambullí en el mundo sin retorno de la fantasía, guiada por huríes de piel de leche, genios que habitaban en las botellas y príncipes dotados de un inagotable entusiasmo para hacer el amor. Todo lo que había a mi alrededor invitaba a la sensualidad y mis hormonas estaban a punto de explotar como granadas, pero en Beirut vivía prácticamente encerrada.

Las niñas decentes no hablaban siquiera con muchachos, a pesar de lo cual tuve un amigo, hijo de un mercader de alfombras, que me visitaba para tomar Coca-Cola en la terraza. Era tan rico, que tenía motoneta con chofer. Entre la vigilancia de mi madre y la de su chofer, nunca tuvimos ocasión de estar solos.
Yo era plana. Ahora no tiene importancia, pero en los cincuenta eso era una tragedia, los senos eran considerados la esencia de la feminidad. La moda se encargaba de resaltarlos: sweater ceñido, cinturón ancho de elástico, faldas infladas con vuelos almidonados. Una mujer pechugona tenía el futuro asegurado. Los modelos eran Jane Mansfield , Gina Lollobrigida y Sofía Loren. Qué podía hacer una chica sin pechos? Ponerse rellenos. Eran dos medias esferas de goma que a la menor presión se hundían sin que una lo percibiera. Se volvían súbitamente cóncavos, hasta que de pronto se escuchaba un terrible plop-plop y las gomas volvían a su posición original, paralizando al pretendiente que estuviera cerca y sumiendo a
la usuaria en atroz humillación. También se desplazaban y podía quedar una sobre el esternón y la otra bajo el brazo, o ambas flotando en la alberca detrás de la nadadora.

En 1958 el Líbano estaba amenazado por la guerra civil. Después de la crisis del Canal de Suez se agudizaron las rivalidades entre los sectores musulmanes, inspirados en la política panarábiga de Gamal Abder Nasser, y el gobierno cristiano. El Presidente Camile Chamoun pidió ayuda a Eisenhower y en julio desembarcó la VI Flota norteamericana. De los portaaviones desembarcaron cientos de marines bien nutridos y ávidos de sexo. Los padres redoblaron la vigilancia de sus hijas, pero era imposible evitar que los jóvenes se encontraran.
Me escapé del colegio para ir a bailar con los yanquis. Experimenté la borrachera del pecado y del rockn'roll. Por primera vez mi escaso tamaño resultaba ventajoso, porque con una sola mano los fornidos marines podían lanzarme por el aire, darme dos vueltas sobre sus cabezas rapadas y arrastrarme por el suelo al ritmo de la guitarra frenética de Elvis Presley. Entre dos volteretas recibí el primer beso de mi carrera y su sabor a cerveza y a Ketchup me duró dos años.

Los disturbios en el Líbano obligaron a mi padrastro a enviar a los niños de regreso a Chile. Otra vez viví en la casa de mi abuelo. A los quince años, cuando planeaba meterme a monja para disimular que me quedaría solterona, un joven me distinguió por allí abajo, sobre el dibujo de la alfombra, y me sonrió. Creo que le divertía mi aspecto.
Me colgué de su cintura y no lo solté hasta cinco años después, cuando por fin aceptó casarse conmigo. La píldora anticonceptiva ya se había inventado, pero en Chile todavía se hablaba de ella en susurros. Se suponía que el sexo era para los hombres y el romance para las mujeres, ellos debían seducirnos para que les diéramos la prueba de amor' y nosotras debíamos resistir para llegar 'puras' al matrimonio, aunque dudo que muchas lo lograran. No sé exactamente cómo tuve dos hijos.

Y entonces sucedió lo que todos esperábamos desde hacía varios años. La ola de liberación de los sesenta recorrió América del Sur y llegó hasta ese rincón al final del continente donde yo vivía. Arte pop, mini-falda, droga, sexo, bikini y los Beatles. Todas imitábamos a Brigitte Bardot, despeinada, con los labios hinchados y una blusita miserable a punto de reventar bajo la presión de su feminidad.

De pronto un revés inesperado: se acabaron las exuberantes divas francesas o italianas, la moda impuso a la modelo inglesa Twiggy, una especie de hermafrodita famélico. Para entonces a mí me habían salido pechugas, así es que de nuevo me encontré al lado opuesto del estereotipo. Se hablaba de orgías, intercambio de parejas, pornografía. Sólo se hablaba, yo nunca las vi. Los homosexuales salieron de la oscuridad, sin embargo yo cumplí 28 anos sin imaginar cómo lo hacen.

Surgieron los movimientos feministas y tres o cuatro mujeres nos sacamos el sostén, lo ensartamos en un palo de escoba y salimos a desfilar, pero como nadie nos siguió, regresamos abochornadas a nuestras casas. Florecieron los hippies y durante varios años anduve vestida con harapos y abalorios de la India.

Intenté fumar marihuana pero después de aspirar seis cigarros sin volar ni un poco, comprendí que era un esfuerzo inútil. Paz y amor. Sobre todo amor libre, aunque para mí llegaba tarde, porque estaba irremisiblemente casada. Mi primer reportaje en la revista donde trabajaba fue un escándalo.

Durante una cena en casa de un renombrado político, alguien me felicitó por un artículo de humor que había publicado y preguntó si no pensaba escribir algo en serio. Respondí lo primero que me vino a la mente: sí, me gustaría: entrevistar a una mujer infiel. Hubo un silencio gélido en la mesa y luego la conversación derivó hacia la comida. Pero a la hora del café la dueña de casa -treinta y ocho años, delgada, ejecutiva en una oficina gubernamental, traje Chanel- me llevó aparte y me dijo que sí le juraba guardar el secreto de su identidad, ella aceptaba ser entrevistada.

Al día siguiente me presenté en su oficina con una grabadora. Me contó que era infiel porque disponía de tiempo libre después de almuerzo, porque el sexo era bueno para el ánimo, la salud y la propia estima y porque los hombres no estaban tan mal, después de todo. Es decir, por las mismas razones de tantos maridos infieles, posiblemente el suyo entre ellos. No estaba enamorada, no sufría ninguna culpa, mantenía una discreta garçonière que compartía con dos amigas tan liberadas como ella.

Mi conclusión, después de un simple cálculo matemático fue que las mujeres son tan infieles como los hombres, porque sino ¿con quién lo hacen ellos? No puede ser solo entre ellos o todos siempre con el mismo puñado de voluntarias. Nadie perdonó el reportaje, como tal vez lo hubieran hecho si la entrevistada tuviera un marido en silla de ruedas y un amante desesperado. El placer sin culpa ni excusas resultaba inaceptable en una mujer. A la revista llegaron cientos de cartas insultándonos. Aterrada, la directora me ordenó escribir un artículo sobre 'la mujer fiel'. Todavía estoy buscando una que lo sea por buenas razones.

Eran tiempos de desconcierto y confusión para las mujeres de mi edad. Leíamos el Informe Kinsey, el Kamasutra y los libros de las feministas norteamericanas, pero no lográbamos sacudirnos la moralina en que nos habían criado. Los hombres todavía exigían lo que no estaba dispuestos a ofrecer, es decir, que sus novias fueran vírgenes y sus esposas castas. Las parejas entraron en crisis, casi todas mis amistades se separaron.

En Chile no hay divorcio, lo cual facilita las cosas, porque la gente se separa y se junta sin trámites burocráticos. Yo tenía un buen matrimonio y drenaba la mayor parte de mis inquietudes en mi trabajo. Mientras en la casa actuaba como madre y esposa abnegada, en la revista y en mi programa de televisión aprovechaba cualquier excusa para hacer en público lo que no me atrevía a hacer en privado, por ejemplo, disfrazarme de corista, con plumas de avestruz en el trasero y una esmeralda de vidrio pegada en el ombligo.

En 1975 mi familia y yo abandonamos Chile, porque no podíamos seguir viviendo bajo la dictadura del General Pinochet. El apogeo de la liberación sexual nos sorprendió en Venezuela, un país cálido, donde la sensualidad se expresa sin subterfugios. En las playas se ven machos bigotudos con unos bikinis diseñados para resaltar lo que contienen. Las mujeres más hermosas del mundo (ganan todos los concursos de belleza), caminan por la calle buscando guerra al son de una música secreta que llevan en las caderas.

En la primera mitad de los 80 no se podía ver ninguna película, excepto las de Walt Disney, sin que aparecieran por lo menos dos criaturas copulando. Hasta en los documentales científicos había amebas o pingüinos que lo hacían. Fui con mi madre a ver 'El Imperio de los Sentidos' y no se inmutó. Mi padrastro les prestaba sus famosos libros eróticos a los nietos, porque resultaban de una ingenuidad conmovedora comparados con cualquier revista que podían comprar en los kioskos. Había que estudiar mucho para salir airosa de las preguntas de los hijos (mamá ¿qué es pedofilia?) y fingir naturalidad cuando las criaturas inflaban condones y los colgaban como globos en las fiestas de cumpleaños.

Ordenando el closet de mi hijo adolescente encontré un libro forrado en papel marrón y con mi larga experiencia adiviné el contenido antes de abrirlo. No me equivoqué, era uno de esos modernos manuales que se cambian en el colegio por estampas de futbolistas. Al ver a dos amantes frotándose con mousse de salmón me di cuenta de todo lo que me había perdido en la vida.

¡Tantos años cocinando y desconocía los múltiples usos del salmón! ¿En que habíamos estado mi marido y yo durante todo ese tiempo? Ni siquiera teníamos un espejo en el techo del dormitorio. Decidimos ponernos al día, pero después de algunas contorsiones muy peligrosas - como comprobamos más tarde en las radiografías de columna- amanecimos echándonos linimento en las articulaciones, en vez de mousse en el punto G.

Cuando mi hija Paula terminó el colegio entró a estudiar Psicología con especialización en sexualidad humana. Le advertí que era una imprudencia, que su vocación no sería bien comprendida, no estábamos en Suecia. Pero ella insistió. Paula tenía un novio siciliano cuyos planes eran casarse por la iglesia y engendrar muchos hijos, una vez que ella aprendiera a cocinar pasta. Físicamente mi hija engañaba a cualquiera, parecía una virgen de Murillo, grácil, dulce, de pelo largo y ojos lánguidos, nadie imaginaría que era experta en esas cosas.

En medio del Seminario de Sexualidad yo hice un viaje a Holanda y ella me llamó por teléfono para pedirme que le trajera cierto material de estudio. Tuve que ir con una lista en la mano a una tienda en Amsterdam y comprar unos artefactos de goma rosada en forma de plátanos. Eso no fue lo más bochornoso. Lo peor fue cuando en la aduana de Caracas me abrieron la maleta y tuve que explicar que no eran para mí, sino para mi hija.

Paula empezó a circular por todas partes con una maleta de juguetes pornográficos y el siciliano perdió la paciencia. Su argumento me pareció razonable: no estaba dispuesto a soportar que su novia anduviera midiéndole los orgasmos a otras personas. Mientras duraron los cursos, en casa vimos videos con todas las combinaciones posibles: mujeres con burros, parapléjicos con sordomudas, tres chinas y un anciano, etc.

Venían a tomar el té transexuales, lesbianas, necrofílicos, onanistas, y mientras la virgen de Murillo ofrecía pastelitos, yo aprendía cómo los cirujanos convierten a un hombre en mujer mediante un trozo de tripa. La verdad es que pasé años preparándome para cuando nacieran mis nietos. Compré botas con tacones de estilete, látigos de siete puntas, muñecas infladas con orificios practicables y bálsamos afrodisíacos, aprendí de memoria las posiciones sagradas del erotismo hindú y cuando empezaba a entrenar al perro para fotos artísticas, apareció el Sida y la liberación sexual se fue al diablo.

En menos de un año todo cambió. Mi hijo Nicolás, ya se cortó los mechones verdes que coronaban su cabeza, se quitó sus catorce alfileres de las orejas y decidió que era más sano vivir en pareja monogámica. Paula abandonó la sexología, porque parece que ya no era rentable, y en cambio se propuso hacer una maestría en educación cognoscitiva y aprender a cocinar pasta con la esperanza de encontrar otro novio. Lo encontró, se casaron y luego vino la muerte y se la llevó, pero esa es otra historia.

Yo compré ositos de peluche para los futuros nietos, me comí la Mouse de salmón y ahora cuido mis flores y mis abejas. Isabel Allende
Autor: Nery Estévez

20 sept. 2007

Allende prepara una novela histórica sobre esclavitud en el Haití siglo XVIII



Berlín.- La escritora chilena Isabel Allende, que acaba de publicar su libro de memorias "La suma de los días", prepara una novela histórica sobre la esclavitud, que estará ambientada en el Haití de finales del siglo XVIII.
En una entrevista concedida a Efe, Allende ha dicho que en enero de 2006, cuando pensaba comenzar a escribir esta novela histórica, "no estaba todavía madura y fue bueno que me llamara Carmen Balcells, mi agente, para que escribiera 'La suma de los días'".
Con este año ganado a los tres que ya había acumulado en la investigación previa, la escritora chilena, actualmente afincada en la costa oeste de EEUU, ha tenido tiempo "para seguir pensando, investigando y tratar de averiguar por qué quiero escribir esta historia".
Con la prevención habitual de todos los escritores a la hora de avanzar sus próximos proyectos, Allende, que participa en Berlín en un encuentro literario latinoamericano, ha revelado que "la historia comienza en el Haití de 1700, único lugar donde triunfó una revolución de esclavos, de las muchas que hubo en todo el mundo".
Aquellos esclavos revolucionarios, recuerda la autora, "vencieron a las tropas de Napoleón, que envió a 12.000 de sus mejores hombres y no lograron derrotar a los esclavos".
Aunque históricas, sus novelas del pasado pueden ser leídas en clave actual, como "Hija de la fortuna", una novela sobre la fiebre de oro en California, que "en realidad -aclara- es la historia de una mujer criada en un corsé en la época victoriana, que se escapa y entra en un mundo tan masculino como el de la fiebre del oro, un proceso en el que descubre la libertad".
Para Allende, el proceso de la escritura es, como ella misma recoge en "La suma de los días" (Areté), casi un "ritual", un viaje iniciático que "por autodisciplina" siempre comienza el 8 de enero.
"Si el libro que voy a escribir es una novela histórica, cuando comienzo el 8 de enero tengo ya investigados el lugar y la época en la que se desarrolla la trama", repone Allende.
Cuando la autora acomete la escritura de una novela histórica, el proceso de investigación previo es siempre muy similar: "empiezo por los libros de historia, luego trato de encontrar documentos de primera mano, como las cartas de los mineros que me sirvieron para 'Hija de la fortuna'; luego leo novelas sobre la época y veo las películas que tratan el mismo tema".
En el caso de "Hija de la fortuna", Allende no pudo ser más afortunada al coincidir su novela con el 150 aniversario del descubrimiento del oro en California, lo que propició exposiciones, documentales, artículos y suplementos en prensa, señala.
Sobre "La suma de los días", un libro de memorias continuación de "Paula", que recoge los avatares de su familia en los últimos trece años, desde la muerte de su hija, Allende confiesa que esta volumen puede ser considerado "terapéutico" porque le ha permitido reflexionar sobre lo vivido en estos últimos años, pero "en ningún caso se ha tratado de un exorcismo, porque es un libro celebratorio, alegre, que exalta la aventura de vivir".
Al tratarse de personajes reales, los miembros de su amplia familia, envió un borrador a cada uno de ellos -a la mitad traducido al inglés porque no leen español- y "al confrontar personalmente mi versión con la de ellos, pude profundizar en los detalles y me di cuenta de que muchas veces me quedaba en la pura anécdota".
Preguntada por la desnudez a la que expone a su familia con la publicación de este libro, Allende asevera que "si fuera pintora, pintaría lo que me importa, pero como soy escritora, escribo sobre lo que me importa, y eso es algo que mi hijo entiende y el resto de la familia empieza a entender".
Allende, instalada en su papel de matriarca del grupo, siente que "la escritura del libro y las posteriores reuniones conjuntas con toda la familia han servido para unirnos más, sentirnos más cercanos, porque somos una familia por elección, integrada por personas de diferentes orígenes, razas y creencias, que nos hemos juntado porque queremos estar juntos".

ISABEL ALLENDE


Isabel Allende: «Muchas mujeres hemos inventado una espiritualidad para sobrevivir»
La autora chilena publica 'La suma de los días', un libro de memorias en el que intenta demostrar que vivir vale la pena. La obra trata de forma positiva las relaciones humanas
16.09.07 -
PACO SOTO



La escritora chilena Isabel Allende acaba de publicar en España 'La suma de los días' (Areté), un libro de memorias en el que narra aspectos fundamentales de su vida y de su atípica familia. Pero ante todo habla de sentimientos y amor, de episodios dolorosos y terribles pero también felices y maravillosos. Isabel Allende, que concedió esta entrevista en Berlín, donde viajó para participar en la feria del libro, pone de manifiesto que «el hecho de poder escribir diariamente lo que una siente me ayuda mucho a superar el dolor y el sufrimiento».


¿El hilo conductor de 'La suma de los días' es la importancia de los sentimientos en los seres humanos?

Yo diría más bien que es un libro sobre las relaciones, y, sin duda, cuando hablamos de relaciones humanas nos referimos también a sentimientos. El libro es una celebración también de mi familia y de la vida que tenemos. Mi familia ha vivido problemas muy graves, de hijos muertos, de drogas, de nietos que nacen enfermos. En fin, a pesar de tanto dolor, hay que celebrar muchas cosas. En todas las familias hay problemas y creo que nosotros hemos superado la mayoría.


¿Es por esto último por lo que dice que, a pesar de que aborda cuestiones muy duras, no es un relato pesimista?

Por supuesto que no es pesimista, es un libro alegre, porque he querido demostrar que, a pesar de los pesares, la vida vale la pena. A veces no nos damos cuenta, y es una lástima. Por desgracia en la vida hay mucho sufrimiento, y sé de lo que hablo, y hasta he llegado a creer que Dios ha sido secuestrado por los hombres. Es quizá por esto que muchas mujeres de mi generación hemos tenido que inventar una espiritualidad para poder sobrevivir. Pero los sentimientos positivos nos permiten seguir viviendo.Pero el dolor y el sufrimiento son consustanciales al ser humano.En la vida hay de todo. Tengo la suerte de que escribo una carta a mi madre diariamente. Entonces todo queda registrado. Esta carta que nunca acabo me ha permitido sobrevivir al dolor. Creo que la mayoría de los seres humanos acabamos olvidándonos de los malos recuerdos y nos quedamos con lo bello. Lo aparcamos en el recuerdo. He conseguido borrar lo malo.


¿Qué representa la escritura en su educación sentimental?
Pues algo muy bello. Me ha ayudado mucho a superar los problemas y a madurar como persona.


¿Y también como mujer, madre y compañera sentimental?
Sin lugar a duda. Gracias a la escritura creo que soy mejor persona, pero también mejor madre, compañera, abuela, y hasta mejor madre adoptiva de mujeres jóvenes que conozco y están desamparadas. Desde que se murió mi hija Paula he andado como buscando a otras mujeres jóvenes para poder ayudarlas. El amor define toda mi vida, el amor a mis hijos, a mi marido y a mi familia. 'La suma de los días' es un libro de memoria sobre mi familia en el que el amor es fundamental. Tengo 65 años y suficiente madurez para escribir un libro de esta naturaleza. Cada 10 años, más o menos, una persona siente la necesidad de hacer cosas nuevas, siente que algo cambia en su cuerpo y en su mente. Las personas a tu alrededor cambian también, la vida cambia.Su relación con Willie, su marido, es básica en 'La suma de los días'.


¿Cómo sería su vida sin él?
Sin el amor por Willie yo no estaría en Estados Unidos. Llevamos 20 años juntos y es un compañero maravilloso. Y gracias a su carácter alegre y su tolerancia hemos podido formar una familia. Lo que él y yo tenemos es lo que va quedar: el amor.
«Soy mandona»

¿Qué ha aprendido con su último libro?

Pues que todo es temporal en esta vida y que todo cambia. En estos últimos años los niños han crecido, Nicolás, mi hijo, ya tiene más de 40 años; Paula, mi hija, murió. Hemos tenido momentos difíciles y reconozco que estar casado conmigo no es fácil.¿Por qué?Porque soy una persona muy complicada y mandona. Tengo una vida pública compleja. Viajo mucho y soy muy desordenada.


¿El humor es algo esencial para que dos personas puedan mantenerse unidas?
Seguramente. Ni Willie ni yo tenemos una visión tétrica de la vida. Todo lo contrario. Hemos tenido momentos de gran tristeza, por ejemplo, cuando murieron Paula y la hija de Willie. Su hijo mayor estaba en una prisión de alta seguridad de EE. UU.; el otro, perdido en la calle y usando heroína.

¿Qué le parece el mundo actual?
Es un mundo muy materialista, y me parece que hay verdadera nostalgia por valores humanos más profundos y espirituales. Vivimos mejor, en términos generales, pero no somos más felices.

14 sept. 2007

Isabel prepara novela de ficción

PUBLICA 'LA SUMA DE LOS DÍAS' (EL MUNDO)
Isabel Allende: 'Temía que mi nuevo libro provocara una ruptura en la familia'
EFESAN FRANCISCO.- La escritora chilena Isabel Allende temió "una ruptura familiar" por la publicación de su nueva obra, 'La suma de los días', que bucea en la vida de la autora y la de su familia en los quince años desde la muerte de su hija Paula.
Desde su casa de San Francisco, Allende ha hablado de su nueva obra, su concepto de familia, sus planes de futuro y la complejidad de escribir unas memorias basadas en acontecimientos y personajes reales.
"Temía que mi nuevo libro provocara una ruptura en la familia porque la gente no está acostumbrada a que sus cosas personales queden expuestas", ha afirmado Allende que, para evitar conflictos, confrontó su versión de los hechos con la de los familiares y amigos que aparecen en la historia.
"Quería ver lo que ellos sentían, cómo habían vivido el proceso, y ello contribuyó a hacer un libro mejor, más profundo y más honesto", ha añadido la autora.
'La suma de los días' comienza cuando la familia se reúne para esparcir las cenizas de Paula, fallecida en Madrid a los 28 años, y analiza las "tensiones y corrientes subterráneas" que arrastran a cada uno de los miembros del clan.
Allende recuerda que las dudas sobre difundir o no anécdotas personales también surgieron cuando publicó 'Paula', en 1994.
"Fue el viudo de Paula, Ernesto, quien me convenció de que el libro podría ayudar a otros y que ella estaría contenta. Por la misma razón creo que Paula estaría feliz con la publicación de 'La suma de los días'".
Añade que estas nuevas memorias "no son en absoluto tristes", pese a que muchos de los acontecimientos de estos últimos 15 años sí lo han sido.
"Todo depende de cómo mire uno las cosas. Yo he podido juntar un montón de gente para armar una familia, tengo un trabajo que me encanta y un marido que adoro y que, además, es mi amante. ¿Qué más quiero?", ha señalado.
El centro de 'La suma de los días' es precisamente esa familia que Allende ha ido creando poco a poco en las últimas dos décadas y que, pese a no compartir la misma casa, vive en un radio de escasos kilómetros y piensa en términos de comunidad.
"Cuando vine a California sólo pude traer a mi hijo Nicolás, pero ahora tengo aquí a mis nietos. Además hay amigos que se han ido incorporando a la familia, gente que ni siquiera habla el mismo idioma o tiene las mismas creencias".
Para Allende, ése es el futuro de la familia en las sociedades occidentales, "una familia por decisión, por elección. La familia tradicional, en la que la gente estaba relacionada por sangre y prácticamente obligada a permanecer junta ya casi no existe".
Allende, que alcanzó fama internacional con 'La casa de los espíritus' (1982), pasará los próximos meses promocionando 'La suma de los días' -"la parte más pesada de mi trabajo"-, pero espera poder recuperar el próximo año su tradición de empezar un nuevo libro cada 8 de enero.
"Creo que mi próxima obra será ficción", ha afirmado Allende, que asegura sentirse mucho más cómoda en ese género.
"He estado preparando una novela, pero aún no sé si estoy lista para escribirla. Los temas tienen que madurar, no es simplemente cuestión de sentarse a escribir", ha añadido la autora sin adelantar más sobre su próximo trabajo.
Cuando Isabel Allende está escribiendo se enclaustra en una cabaña en el patio de su casa californiana y sólo aparece "cuando mi marido me llama para cenar", pero la escritora afirma que esos retiros son buenos para la paz familiar.
"Cuando estoy escribiendo soy una persona encantadora pero, cuando no, la cosa se complica porque soy mandona, me meto en las vidas ajenas y se me ocurren un millón de ideas que incluyen al resto de la familia, así que a veces les obligo a hacer cosas que no quieren hacer", ha bromeado.

12 sept. 2007

Isabel vuelve a hablar con Paula

Isabel vuelve a hablar con PaulaTRINIDAD DE LEÓN-SOTELO (ABC)
MADRID. Jacques Brel dijo que «nunca se olvida nada, se acostumbra uno, eso es todo»; Van Gogh sentenció que «la tristeza dura para siempre»; Isabel Allende afirma que «aunque se quede bajo la piel, he aprendido a manejar la tristeza y hacerla mi aliada». No parece un mal camino y, desde luego, es el elegido a la hora de escribir su nuevo libro para el que Carmen Balcells, su «agente madraza», le aconsejó narrar sus memorias. La escritora pensaba que con «Paula» (1993) había saldado esa cuenta. Balcells no estaba de acuerdo, y venció. De este modo, nació «La suma de los días» (Areté), que se construye como una narración de todo lo acontecido, que no es poco, en el seno de la familia desde la muerte de su hija, a quien narra lo que no vivió.
Muchos lectores podrán pensar, incluso, que es en exceso prolija, que desnuda su intimidad, pero quizá sea, también, una más de las terapias por las que ha debido pasar para combatir el desgaste de penas insoportables. En todo caso, resulta hermoso que alguien se atreva a exponer su sentir, su alma, porque serán asimismo muchos los que alivien la suya a través de una que les es ajena, pero se les entrega.
Realismo mágico
Las memorias de Allende, hechas de dicha y sufrimiento se antojan próximas al realismo mágico -no entendido exclusivamente como género literario-, tal es lo que sucede. La autora de «La casa de los espíritus» no los olvida y les permite campar a sus anchas por sus nuevas páginas. Parece que el ser humano tiene la necesidad de creer en algo, y asiéndose a ello, Isabel visita astrólogos y participa en sesiones de espiritismo. Cree que «el misterio no es un recurso literario, como dicen mis enemigos, sino parte de la vida».
Relata la chilena que huyó de su patria, con sus hijos Nico y Paula, tras el golpe de Estado de Pinochet -ayer hizo 34 años-, que acabó con el gobierno legal de su tío, Salvador Allende. Recaló en Venezuela. Su hogar está ahora en San Francisco, cerca del célebre Golden Gate, en el lado oeste de la inmensa bahía. Se instaló en California con Willie, su segundo esposo, en 1986. Allí ha vivido rodeada de lo que llama su tribu -«no somos una familia, sino un pueblo»-, por cuya unión tanto ha luchado, aunque reconoce que, a veces, se pasó en el papel de matriarca -eso sí «sui generis», porque se autoinculpa de «mandona e independiente, tribal y solitaria por exigencias de su trabajo»-, no sólo con aquéllos a los que le unen lazos de sangre, sino con los amigos.
En «La suma de los días», con una omnipresente Paula como confidente, la lista de nombres se hace interminable: Nico, Alejandro, Nicole, Andrea, Tabra, la abuela Hilda, Fu, Grace, Sally, Celia, Jason, Jennifer, Giulia, Ernesto... El melodrama -ni la más intensa imaginación lo crearía, aunque ¿dónde está demostrado que no se abastezca de la realidad?- golpea al lector con dureza. Un ejemplo: Jennifer, hija de un primer matrimonio de Willie, se convierte en una drogadicta que no admite ayuda y se encamina hacia la destrucción total, algo que influye de modo traumático en quienes a través del cariño se empeñan en rescatarla. Otro: descubrir que Nico también lleva en sus genes la porfiria, la enfermedad que mató a Paula. ¿Uno más?: Celia, la esposa de Nico, descubre tras parir tres hijos que es lesbiana y Sally, su amor verdadero.
Lo que un hecho así supone para la familia no necesita comentarios, por muy liberal que la familia sea, y es cierto que Allende lo es. Quizá por eso sabe y ayuda a salir a los demás del hundimiento en el pozo de la infelicidad. No es extraño, pues, que un día le dijera a Willie: «Enderézate, tenemos que remar». Y vaya si remaron, incluso contra sus propios conflictos. Las alegres anécdotas de los nietos, el cariño que se impone a la adversidad, «locuras» familiares que mueven a risa y diversión, también campean por estas memorias. Isabel y Willie, viajeros ambos por cuenta propia, desierto incluido, se ausentan, a veces juntos, a veces ella en solitario por cuestiones profesionales. Destinos han sido Europa, Australia, Nueva Zelanda, zonas de África, Asia, incluyendo Estados Unidos, donde sólo le falta poner el pie en Dakota del Norte... Cosas de ser una escritora de fama mundial, algunos de cuyos títulos se han llevado al cine, no siempre con buen resultado.
Infinita vocación
La muchacha que empezó su carrera literaria en el periodismo se sumergió, después, en la ficción siempre con algún aliento de realidad vivida. Así nacieron «Hija de la fortuna», «De amor y de sombra», «Eva Luna», «El plan infinito»... Infinita parece su vocación, aunque ya no siga el rito de empezar un nuevo libro el 8 de enero de cada año. Como mujer, tal y como le escuchó a su tío Ramón, ha sabido deshacerse de «la camisa de fuerza de las convenciones». En su opinión, «la vida se hace caminando sin mapas ni forma de volver atrás». Deja claro que los enredos surgen en el momento menos pensado, pero ha logrado que ninguno de índole familiar asuste a sus nietos.
Feminista y femenina asegura que «nada la hace sentirse tan insegura como la falta de un espejo» y de hecho confiesa que se ha sometido a la cirugía plástica. Tenía 45 años cuando encontró a Willie y ahora anda en la sesentena. Mujer de carácter, escribe que desde que era niña cuidó de sí misma y se negó a ser la doncella del cuento, si bien ahora le gustaría serlo: «Me he cansado de matar dragones». Willie le asegura que para él siempre ha sido lo que ansía. Quizá por eso ella le hace una de las más poderosas declaraciones de amor que puedan darse: «Me conoce más que yo misma y aun así me ama. Como dos ciegos nos tocamos, nos olemos, percibimos la presencia del otro como se siente el aire». Sus memorias lo dejan claro.
Isabel Allende como madre se exige una oración interminable. Como mujer, su amor cabe en uno de esos boleros que arrasan el corazón y le permiten renacer día a día.

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