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16 sept. 2006

Entrevista con todas las Letras

ENTREVISTA
Con todas las letras

Con 35 millones de libros vendidos, la chilena Isabel Allende es una de las más taquilleras de la literatura latinoamericana. Desde California, bien de entrecasa, cuenta por qué no lee las críticas a su obra y habla de su última novela.
Ana Laura Pérez alperez@clarin.com

Abre la puerta ella misma. En esa esquina de película con happy end ubicada a una cuadra y media del mar, en Sausalito, frente mismo de la ciudad de San Francisco. Ella no parece estar apurada y recibe con los gestos y las referencias que la mayor parte de la gente reserva para sus amigos. En esa casa que fuera el primer prostíbulo de la zona y donde su marido tiene ahora su estudio de abogado, Isabel Allende tiene su oficina. No es el lugar donde escribe, no. Es el lugar donde se encarga de las relaciones públicas y las cuestiones editoriales.

Por eso, las bibliotecas blancas tienen varios volúmenes de cada uno de sus muchos libros. Y en las paredes blancas cuelgan algunas fotos. Sus hijos, sus nietos y aquella de un desfile de damas en la que aparece detrás de Sofía Loren, con idéntico look: sonrisa de gran angular, cabello peinado al spray y trajecito sastre claro. Lleva la sonrisa pícara que cualquier mujer pondría si le tocara compartir la pasarela con la diva italiana.

Pero salvo estas justificadas excepciones, mandan los afiches enmarcados de las películas basadas en sus textos y de los carteles con los que las librerías promocionan a todo bombo y platillo la aparición de un nuevo by Allende. Algo que ocurre con rigurosa frecuencia anual.

Y que ocurre hoy: Inés del alma mía (Sudamericana), la novela basada en la historia real de Inés Suárez –la mujer que nació en 1507 en España y murió en 1580, después de haber fundado Chile codo a codo con Pedro de Valdivia–.

Para que el ciclo de la liturgia literaria se repita sin fisuras, cada 8 de enero enciende su computadora y escribe la primera frase. Jura y perjura que hasta que ese momento no sabe qué libro va a empezar.Para la última frase, sin embargo, carece de protocolo. "Generalmente termino el libro sin saberlo.

Hay veces que llego a mi oficina –a la mañana siempre empiezo muy temprano–, prendo la computadora y me doy cuenta de que no puedo agregarle nada sin empeorarlo. Ese libro terminó el día anterior. Otras veces he trabajado todo el día, se hacen las 8 o las 9 de la noche, y me sale la frase que se enlaza con la primera frase. No lo planteo. Se da así."Entonces, punto final y a pensar en otra cosa. Así es que Inés Suárez ha salido de su pequeño estudio, pero no de su vida. Ahora vienen los viajes de promoción, el único aspecto de su trabajo que le molesta. Ella no fantasea con ningún retiro ("Sin la escritura estaría en una silla de ruedas, aburridísima"). Sólo fantasea con abandonar los tours promocionales: "Me matan.

Pero estoy obligada por contrato, porque cada vez más los libros son productos y cada editor los vende como si fueran jabón."Todavía falta colgar el afiche promocional de su último libro. Pero en la mesa ratona que circundan unos sillones mullidos, color manteca, se apila la nueva horneada. Cuesta creer que alguien con su ritmo de trabajo se emocione con la salida de otro título. Con éste alcanza la quincena, traducidos a más de treinta idiomas.

El entrenamiento no quita que éste sea un momento "de profundo alivio". Habrá que adjudicar a eso su contento. O a su inclaudicable cordialidad.Tiene puesto un vestido negro, largo, de tela de jersey. El conjunto tiene la ventaja de ser elegante y casual. Encima, abierta, una camisola larga de seda de tonos verdes claros contrasta con los aros y el collar de cuentas de coral. Hace ya un rato que no se retoca el maquillaje: sus labios conservan el color carmín, pero han perdido algo del brillo. Los ojos, en cambio, resaltan sobre el renglón oscuro del delineador. En los pies, unas sandalias en tono crema le agregan algunos centímetros de altura, uno de los dudosos beneficios que la cultura ha dado con más generosidad a la mujer que al hombre. "Me pongo tacos apenas me levanto: ¡Es que mido un metro cincuenta!".

Para escribir usa lo que antes era el galpón de la piscina, al fondo del jardín, en San Rafael, a media hora de Sausalito. Allí no llega el teléfono y nada la distrae. Para encargarse de otros asuntos distintos de la escritura, dentro de la casa tiene una cuarto donde chequea los mails y se encarga de cuestiones burocráticas. Y aunque la mayor parte del tiempo no sale, se arregla cada mañana como si fuera a hacerlo.

"Mi hijo me dice que para qué me pinto y me arreglo tanto. 'Ay Nicolás, es que no quiero que Willie (su esposo) me vea en pijama a las cuatro de la tarde'. Además, ya sé que cuando vaya a comprar pan alguna lectora va a querer sacarse una foto conmigo".Rompiendo el perímetro hogareño, hoy salió.

La mañana es un regalo y ella está de ánimo: que durante cuatro años juntó materiales sobre el personaje, que para la investigación contó con ayuda especializada en Chile, que siempre le interesó el pasado. ¿Por qué Inés Suárez? Porque le daba rabia "la conspiración del silencio en torno a la mujer" y porque era "lógico" que ella, dedicada a la defensa de los derechos de sus congéneres, se encargara finalmente de la más invisibilizada de la historia de su país. Ni más ni menos que la cofundadora de Chile. Claro. Si la historia no da cuenta de ellas –explica por si hubiera todavía algún despistado–, la valiente Inés corría con la desventaja de no ser la esposa legítima de Pedro de Valdivia. "Era lo que en esa época se llamaba barragana y, por lo tanto... ¡Viejo!..."Stop.

Intercepta la salida de Willie (William Gordon, su esposo) y le pide que arregle un foquito quemado del living. Una de dos. O él ya está acostumbrado, o es un emprendedor. Antes que después la cambia. Ella bromea con que es una de las cosas que le gustan de él y él responde en castellano que por eso siguen juntos. Ella le pide con determinación que regrese a buscarla. La misma energía con la que le recuerda que tenga cuidado de no asar al perro si deja el auto estacionado bajo el sol. Es un animal con pinta de sobreadaptado y cuidadísimo pelaje gris, cortado y peinado delicadamente. Hasta el animal es amable en Sausalito. Qué vivos. Sol la mayor parte del año, una vista espectacular de las sierras al Pacífico, el dinero que abunda... Fin del paréntesis doméstico.Rec."Barragana..."

¿Hay diferencias entre este libro y sus anteriores novelas históricas?

Claro. Si hubiera sido una esposa legítima y virtuosa la historia le habría dedicado 6 líneas en lugar de 4. Esta mujer apasionada tenía un valor de soldado. Se le ha reprochado a Inés la crueldad, que no era mayor que la de los demás conquistadores o los indios. Lo que se le reprocha es no portarse como una mujercita dejándose matar y violar en la primera batalla. Para describirla tuve que ser muy precisa con lugares y hechos porque cualquier historiador puede salirme al paso y decirme: "Esto no es verdad".Pero ella sabe que hay pocas cosas más puntuales que las críticas. "Siempre te descueran igual.

LEJOS DEL REALISMO MAGICO

Sin embargo les salió al cruce y a pedido de su editora consignó las fuentes históricas. "Lo hice porque cuando lo leyeron, algunas personas dijeron: 'Esto es realismo mágico'. ¡Pero qué realismo mágico! ¡Esta es la historia de Chile! Muchos me dicen que no puede ser que justo en el medio de la batalla se apareciera algo en el cielo y los indios salieran arrancando... ¡Eso está en las cartas de Pedro de Valdivia! Que Inés encontrara agua en el desierto también está documentado.

"Hay algo de disimulada amargura en lo que dice. "Recibo tantas críticas, de tantos medios, de tantas partes... positivas, negativas, críticas que no entiendo porque están escritas de manera literaria, académica, que no las entiendo. Ya no las leo. He ido encontrando un camino a punta de error. Los cometo una vez y ya entonces aprendo. Y luego cometo otros. ¡Siempre estoy inventando nuevos errores!"Ignora cuáles son los errores de este último libro. "No me doy cuenta de eso hasta que leo otra vez el libro en inglés y después de que pasa un tiempo". Por el paso del tiempo le daría terror releer La casa de los espíritus, "un libro espantosamente mal hecho", asume contrita.Ella jura que no recuerda que una crítica la afectara.

¿Ni siquiera la de Pablo Neruda, que aunque quiso conocerla le negó una entrevista diciéndole que era la peor periodista de Chile? Insiste en el juramento. Sólo presta atención al influyente The New York Times. "El peor comentario que recibí de ellos fue sobre Eva Luna, que hizo un especialista en béisbol que venía llegando del Uruguay y que jamás había leído nada de literatura latinoamericana. La consideré muy injusta porque la hizo alguien sin autoridad. No dañó al libro, pero me enseñó una lección muy importante: no puedes preocuparte ni por lo bueno ni por lo malo.

"Si no le gusta la crítica académica, ni la de alguien poco preparado, ¿cuál será su lector ideal? Existe. Se llama Celia Correa Zapata. "Una argentina que enseña literatura en la Universidad Estatal de San José, en California. Ella ha leído a todos los latinoamericanos, es traductora, poeta y conoce mis libros, al punto de leer una cosa mía y saber si me estoy repitiendo". Es a la única persona a la que le manda los libros antes de publicar. Y sostiene que se somete a sus sugerencias. "Siendo cariñosa, es muy dura, ¡¿cómo no le voy a hacer caso?!". De los demás comentarios, ningún comentario.Ahora está un poquito irritada. Le cambió imperceptiblemente el gesto. Erguida en la silla contesta con desgano.

"Cuando era una joven periodista de la revista Paula me mandaron a ver una obra de teatro. La encontré estúpida, hice una crítica y a la semana cerraron la sala. Hace más de 35 años y no me olvido de esa gente que había hecho un esfuerzo de meses y tuvo que cerrar porque una chiquilla escribió un comentario irónico y burlón. Aprendí para siempre."En honor a esa promesa dice que no lee manuscritos ni integra jurados. Y en su mundo privado de lectora no hace el esfuerzo de avanzar más allá de las primeras páginas si el libro la aburre. Aquellos que sí o sí tiene que leer se los compra en cinta y los escucha en el auto, en ese ir y venir de media hora de su casa al estudio de Sausalito.Las críticas –que le niegan valor literario, ven esquemáticos sus personajes y demasiado simples sus tramas– no bajaron de cartel a Isabel Allende.

Desde su primer hit, La casa de los espíritus, de 1982, se ha convertido en una de las autoras más leídas del planeta. "Como dice Gabriel García Márquez (a quien se la ha vinculado por la naturaleza mágica de sus historias) somos pobres con plata.

"¿En qué consiste ser rico para esta millonaria? "En que uno puede cubrir todas sus necesidades sin tener que pensarlo.

" EL COLOR DEL DINERO

Su modesta declaración de bienes incluye la casa donde vive, la oficina en la que hablamos, el auto que maneja y la ropa que se pone. "No uso joyas, no uso pieles, no tengo lujos. No quiero tener que cuidar cosas. Después te vas al cementerio y las tienes que dejar acá." Todo lo que sobra va a una fundación inspirada en Paula –la hija de Isabel que murió en 1992– por su vocación de voluntaria. La fundación, que ahora maneja su nuera, realiza tareas sociales con mujeres y niños."He sido muy pobre. He trabajado desde los 17 años y durante mucho tiempo, en tres empleos simultáneos para que el dinero alcanzara al menos hasta el día 20 del mes. He llegado a pasar días sin comer." Eso fue en España, adonde viajó siguiendo el amor de un flautista argentino. Terminado el arrebato volvió al hogar junto a Miguel Frías, su primer marido y padre de Paula y Nicolás, nacidos en 1963 y 1965. Vivió con él 9 años más en Venezuela, tierra de exilio que los alojaría 13 años en total, donde escribió su primera novela. Hacia allí partieron después del golpe de Estado de 1973 contra su tío, Salvador Allende. No eran los primeros desarraigos. El primero fue al nacer, el 2 de agosto de 1942, en Lima, Perú. Allí estaba destinado su padre, Tomás Allende, diplomático. "Un día, cuando yo tenía alrededor de 4 años, mi padre salió a comprar cigarrillos y no regresó más", escribió en su autobiográfico Mi país inventado. Su mamá, Francisca Llona, anuló el matrimonio y volvió a Chile. Se unió a Ramón Huidobro, otro diplomático, con quien vivieron luego en Bolivia y Beirut. Por ellos vuelve seguido a Chile: "Tienen 86 y 90 años y están como tunas los dos.

"¿Escribir sobre la fundadora de Chile justo cuando por primera vez gobierna el país una mujer? Pura, feliz coincidencia, argumenta. Trabajaba en el libro mucho antes de que Michelle Bachelet tuviera, siquiera, posibilidades de ser candidata por el Socialismo. La alegra que "esto pase 500 años después".Aunque la admira, no pudo votarla porque vive en California desde hace dos décadas y, aunque en varias entrevistas declaró que jamás podría ser estadounidense, después del atentado a las Torres Gemelas adoptó la ciudadanía."Estoy orgullosa de ser americana, pero pertenezco al mundo de los inmigrantes latinos. Soy más afortunada que la mayoría; estoy legal y tengo con qué mantenerme. Sin embargo, cuando voy a la tienda Macy 's soy una latina más que va de compras." Sus mejores credenciales de su pertenencia hispana son un matrimonio... por "interés".

"Tenía 45 años y pasaba por los Estados Unidos sin ninguna idea de quedarme. Lo conocí a Willie, me quedé con él y a los seis meses se me acabó la visa de turista. 'Ahora nos tenemos que casar', le dije. 'Ah, no... Yo ya me he casado dos veces antes. Tendría que pensarlo', dijo él. 'OK , le dije. 'Piénsalo hasta mañana al mediodía'.Vive con él desde entonces.

¿Se puede vivir varias décadas con alguien sin ser infiel, como Inés Suárez y Rodrigo Quiroga, el caballero con el que vivió los últimos treinta años, después de que Pedro de Valdivia la dejara?¡Depende de la edad!

¿Hasta qué edad se puede?Llega una edad –y yo estoy en esa edad– en que no hay nada más cómodo que la monogamia. ¡La sola idea de mostrarle mi celulitis a otro me llena de horror!

¿Le pasa como a Inés, que no reconoce su imagen en el espejo?

Siempre me extraña ser la de las imágenes de los artículos y la televisión. Por dentro me veo con menos color, casi sin cara, mucho más gris.

Ha dicho que los años profundizan lo que una ya es. ¿Qué virtudes y defectos le ha acentuado la edad?

Defectos... soy muy metete, muy mandona, quiero saber todo. Virtudes... el desprendimiento que mi mamá llama "política de piernas abiertas". Con la agonía y la muerte de mi hija tengo cada vez menos temor ante lo que me pueda pasar.

'Inés del alma mía' está estructurado como un legado, un repaso dedicado por Inés a Isabel, la hija de Rodrigo que ella adoptó.¿Es una forma de continuar el diálogo con su propia hija? ¿Una suerte de continuación de 'Paula', el libro desgarrador que escribió durante la agonía de su hija?

No lo pensé, fíjate. La primera frase me salió de aquí (se señala con la mano el centro del pecho, entre el estómago y los pulmones, eje de irradiación visceral). "Soy Inés Suárez, vecina de la leal ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, en el reino de Chile, en el año 1580 de Nuestro Señor." Sentí la voz de Inés adentro.

Van a cumplirse 15 años desde que Paula entró en coma y falleció. ¿Pasa el dolor? Lo explica con un ejemplo. La vida y sus complejidades se expresan como hechos."Todos los años, para la misma fecha, celebramos los cumpleaños de un montón de gente en la familia. Eso fue el domingo pasado. Ernesto, el marido de Paula, se casó con Julia y un año atrás tuvieron mellizas. Viven al lado de casa y vinieron. Ellos me regalaron un librito que armaron con las recetas de cocina que Paula había juntado. Muchas son recetas que yo le había dado y ella copió en tarjetas. Ernesto y Julia fotografiaron las tarjetas y así hicieron el libro.

"Se fue al baño a llorar.

"Y lloré, y lloré, y lloré... por la letra. Porque volví a ver su escritura y recordar sus cartas y recordarla a ella. El golpe es como un puñetazo en el estómago cuando el dolor te viene vivo, así (sus dos manos se hunden en el mismo centro del ser, entre los pulmones y el estómago). Otras veces me estoy duchando o voy manejando en el auto y a punta de nada algo pasa y la veo como un flash. Dicen que eso se llama síndrome de estrés postraumático. Lo mismo que le pasa a la gente que ha estado en la guerra. Es que ese año de la agonía de Paula fue tremendo. Me vuelven momentos claves, espantosos: el momento que la desenchufamos del respirador, en la silla de ruedas, con la traqueotomía, y ahí es donde me pega. Con mi hijo vivimos con ella presente y vivimos con eso bien. La tristeza viene a ratos.

"Borra la lágrima que la empaña, antes de que borronee el renglón negro del delineador.


1 comentario:

Florencia Victoria dijo...

Cómo puedo comunicarme con usted? Soy de Chile...Admiradora,seguidora, de Isabel Allende..Es mi modelo.mi alter Ego, me representa en sus conceptos en sus ideas ...La adoro
Encontré su blog y necesito conversar con usted...Mi mail florenciavictoria13@gmail.com muchas gracias

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