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19 sept. 2006

Isabel Allende: «Cuando una mujer tiene ambición, es una perra; cuando la tiene un hombre, es un general»
ISMAEL ROZALEN











Isabel Allende le firmaba ayer en Plasencia un ejemplar de su novela a la más joven entre sus futuras lectoras
ELENA DAPENA. PLASENCIA.
«¿No le parece que la portada del libro evoca una crucifixión?», le preguntó a Isabel Allende el periodista. «¡Ni de vaina! -respondió ella-. La Inés Suárez de la foto se muestra desnuda y con la mirada dice «Si le gusta, bueno; y si no, se jode. Y yo me veo en ella. Es la actitud de la entrega, el desafío y la posesión».
Un mismo temperamento para dos mujeres separadas por más de cuatro siglos de historia: la protagonista de la última novela de Isabel Allende y su recreadora. «Durante el proceso del libro -comentó la escritora durante la presentación- fuimos una». La pasión movió a Inés Suárez, nacida en Plasencia (Cáceres) en el siglo XVI, a conquistar Chile. Y el mismo sentimiento rige cada texto -y cada comentario- de la mujer que ha querido plasmar la vida de esta desconocida costurera en forma de novela histórica.
«Inés del alma mía» es el último libro de la escritora chilena. Allende se documentó durante cuatro años para ajustarse lo máximo posible a cada acontecimiento y personaje de la historia y, una vez empapada de fechas y datos, vomitó «desde el vientre» trescientas sesenta y siete páginas cargadas de las aventuras, desventuras, amores y desamores de una extremeña que, a pesar del cuasi anonimato en que ha permanecido hasta ahora, fue pieza clave en la dominación de Chile. Juan de Málaga partió al nuevo mundo en busca de fortuna y su mujer, Inés Suárez, no dudó en perseguirle.
No le movieron ni el amor ni la fidelidad, ni siquiera la soledad de «viuda en vida»; Inés no quería a su esposo, pero el afán de vivencias corría por sus venas con la fuerza suficiente como para embarcarse sin más rumbo que una tierra tan inmensa como peligrosa.
La presentación del libro tuvo lugar en Plasencia. Allende, acompañada de su inseparable feminismo («cuando una mujer tiene ambición, es una perra; cuando la tiene un hombre, es un general», y «en los libros de Chile aparece la historia como una conquista de machos corajudos»), quiso reivindicar en todo momento el papel de la mujer en las sociedades: las pasadas, las presentes y las que están por llegar.
También le dio tiempo a la novelista a hablar de historia, de geografía, de literatura y hasta de política. Celebró la paridad en el Gobierno chileno, lamentó -como estadounidense que es, por matrimonio, desde hace dos décadas- las medidas de George Bush y desveló cuál es la mayor recompensa que le ha supuesto su larga trayectoria en el mundo de las letras:
«ahora puedo decir lo que quiera y la gente me cree».
25 años de «La casa de los espíritus»
Y su tiempo le ha costado. El año que viene, «La casa de los espíritus» cumplirá veinticinco años. Según Isabel Allende, siente fascinación por la historia desde que creó aquella novela. «La escribí por impulso -confesó-, porque veía que la historia que otros escribieron no era la que yo viví». Desde entonces no ha dejado de escribir con un pie en Europa y otro en Iberoamérica. Ella es la mezcla de ambas culturas -tiene ascendencia mapuche, castellana y vasca- y sobre ambas escribe. «Yo soy mestiza -se enorgullece-, producto de las dos corrientes, y tengo la capacidad de entender al español que fue y conquistó y al indio que fue conquistado».
Quizás esta mezcolanza haya sido la «culpable» de un género que ha frecuentado con éxito: el realismo mágico. Tanto lo ha trabajado que ha terminado por superponerse a ella. Si en «Eva Luna» lo buscaba, en «Inés del alma mía» ha sido él quién le ha perseguido. «Todos los acontecimientos que parecen realismo mágico -se refiere a su última novela- son de verdad», afirmó muy seria.
Inés Suárez vivió más de siete décadas. Treinta años en Plasencia y cuarenta y tres en América. Nació para costurera de pueblo y murió siendo la mujer más rica e influyente de Chile. Espada en mano, conquistó una tierra repleta de plata, oro y futuro. Tuvo una vida plena, una vida con la que Isabel Allende desea identificarse: «Yo también habría cruzado el mundo, habría ido a buscar a mi marido escurridizo. Espero llegar a los 73 años -concluye- con la misma pasión, la misma fuerza y las mismas ganas de estar enamorada».

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